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¿Cómo acercarse a Dios en oración?

1. Orar es hablar humildemente con Dios. Hay que orar a Dios con regularidad. Si lo hacemos, nos sentiremos allegados a él como a un amigo muy querido. Aunque Jehová es muy grande y poderoso, escucha nuestras oraciones. ¿Ora usted a Dios regularmente? (Salmo 65:2; 1 Tesalonicenses 5:17.)

2. La oración es parte de nuestra adoración. Por eso, hemos de orar únicamente a Jehová Dios. Cuando Jesús estuvo en la Tierra, siempre oraba a su Padre, a nadie más. Nosotros hemos de hacer lo mismo. (Mateo 4:10; 6:9.) Pero debemos orar siempre en el nombre de Jesús. Así indicamos que respetamos la posición de Jesús y que tenemos fe en su sacrificio de rescate. (Juan 14:6; 1 Juan 2:1, 2.)

3. Cuando oramos a Dios, debemos hablarle desde el corazón. No debemos recitar nuestras oraciones de memoria ni leerlas de un devocionario. (Mateo 6:7, 8.) Podemos orar en cualquier posición respetuosa, en cualquier momento y en cualquier lugar. Dios oye hasta las oraciones que hacemos en silencio, en nuestro corazón. (1 Samuel 1:12, 13.) Es bueno que hagamos nuestras oraciones personales en un lugar tranquilo y aislado de otras personas. (Marcos 1:35.)

4. ¿Sobre qué asuntos puede usted orar? Sobre cualquier cosa que pudiera tener efecto en su amistad con él. (Filipenses 4:6, 7.) La oración modelo muestra que debemos orar a favor del nombre y el propósito de Jehová. También podemos pedirle que satisfaga nuestras necesidades materiales, que perdone nuestros pecados y que nos ayude a resistir las tentaciones. (Mateo 6:9-13.) Nuestras oraciones no han de ser egoístas. Solo debemos pedir cosas que estén en armonía con la voluntad de Dios. (1 Juan 5:14.)

5. Usted puede orar siempre que su corazón le motive a dar gracias a Dios o a alabarlo. (1 Crónicas 29:10-13.) No deje de orar cuando tenga problemas y su fe se vea sometida a prueba. (Salmo 55:22; 120:1.) También es apropiado orar antes de las comidas. (Mateo 14:19.) Jehová nos invita a que oremos “en toda ocasión”. (Efesios 6:18.)

6. Si cometemos un pecado grave, tenemos que orar sin falta y rogar a Jehová que nos muestre misericordia y nos perdone. Dios está “listo para perdonar” siempre y cuando le confesemos nuestros pecados y hagamos todo lo posible por no volver a cometerlos. (Salmo 86:5; Proverbios 28:13.)

7. Jehová solo escucha las oraciones de los justos. Para que Dios escuche sus oraciones, usted debe esforzarse al máximo por vivir en conformidad con Sus leyes. (Proverbios 15:29; 28:9.) Cuando ore, debe hacerlo con humildad. (Lucas 18:9-14.) Sus obras tienen que respaldar lo que pide en oración. Así demostrará que tiene fe y que ora con sinceridad. Solo entonces contestará Jehová sus oraciones. (Hebreos 11:6.)

¿Qué es el Reino de Dios?

1. Cuando Jesús estuvo en la Tierra, enseñó a sus seguidores a pedir en oración que venga el Reino de Dios. La palabra española “reino” se relaciona con un gobierno regido por un rey. El Reino de Dios es un gobierno especial. Está establecido en el cielo y gobernará sobre la Tierra. Santificará el nombre de Dios, es decir, lo hará santo. Hará que se efectúe la voluntad de Dios en la Tierra tal como en el cielo. (Mateo 6:9, 10.)

2. Dios prometió que Jesús llegaría a ser el Rey de Su Reino. (Lucas 1:30-33.) Cuando Jesús estuvo en la Tierra, demostró que sería un Gobernante bondadoso, justo y perfecto. Cuando regresó al cielo, no fue entronizado enseguida como Rey del Reino de Dios. (Hebreos 10:12, 13.) En 1914, Jehová le dio a Jesús la autoridad que le había prometido. Desde entonces, Jesús ha gobernado en el cielo como Su Rey nombrado. (Daniel 7:13, 14.)

3. Jehová también ha escogido a algunos hombres y mujeres fieles de la Tierra para que vayan al cielo. Estas personas gobernarán a la humanidad al lado de Jesús como reyes, jueces y sacerdotes. (Lucas 22:28-30; Revelación 5:9, 10.) Jesús llamó a estos cogobernantes en su Reino un “rebaño pequeño”. Son un total de 144.000. (Lucas 12:32; Revelación 14:1-3.)

4. Tan pronto como Jesús llegó a ser Rey, echó a Satanás y sus perversos ángeles del cielo y los arrojó a la región de la Tierra. Por eso las condiciones han empeorado tanto en la Tierra desde 1914. (Revelación 12:9, 12.) Guerras, hambres, pestes, aumento del desafuero..., todo ello forma parte de una “señal” que indica que Jesús está gobernando y que este sistema se encuentra en sus últimos días. (Mateo 24:3, 7, 8, 12; Lucas 21:10, 11; 2 Timoteo 3:1-5.)

5. Jesús pronto juzgará a las personas y las separará como un pastor separa a las ovejas de las cabras. Él considerará “ovejas” a aquellos que hayan demostrado ser sus súbditos leales, y les otorgará vida eterna en la Tierra. Las “cabras” serán los que hayan rechazado el Reino de Dios. (Mateo 25:31-34, 46.) En el futuro cercano, Jesús eliminará a todas las personas semejantes a cabras. (2 Tesalonicenses 1:6-9.) Si usted desea ser una de las “ovejas” de Jesús, tiene que prestar atención al mensaje del Reino y actuar en conformidad con lo que aprende. (Mateo 24:14.)

6. La Tierra está dividida en muchos países y cada uno tiene su propio gobierno. Las naciones suelen combatir entre sí. Pero el Reino de Dios reemplazará a todos los gobiernos humanos. Será el único gobierno en toda la Tierra. (Daniel 2:44.) Entonces ya no habrá más guerras, crímenes ni violencia. Todas las personas vivirán juntas en paz y unidad. (Miqueas 4:3, 4.)

7. Durante el Reinado Milenario de Jesús, las personas fieles llegarán a ser perfectas y toda la Tierra se convertirá en un paraíso. Para el final de los mil años Jesús habrá hecho todo lo que Dios quería que hiciera. Entonces entregará el Reino a su Padre. (1 Corintios 15:24.) ¿Por qué no les explica a sus amigos y seres queridos lo que el Reino de Dios hará?

Cuál es el propósito de Dios para la Tierra?

1. Jehová creó esta Tierra para que los seres humanos disfrutaran de vivir en ella eternamente. Él quería que siempre estuviera habitada por personas felices y justas. (Salmo 115:16; Isaías 45:18.) La Tierra nunca será destruida; durará por toda la eternidad. (Salmo 104:5; Eclesiastés 1:4.)

2. Antes de crear al hombre, Dios escogió una pequeña parte de la Tierra, la convirtió en un hermoso paraíso y la llamó “jardín de Edén”. Allí colocó al primer hombre y a la primera mujer: Adán y Eva. Dios se proponía que tuvieran hijos y poblaran toda la Tierra. Poco a poco habrían convertido la Tierra entera en un paraíso. (Génesis 1:28; 2:8, 15.)

3. Adán y Eva pecaron porque desobedecieron deliberadamente la ley de Dios. Como consecuencia, Jehová los echó del jardín de Edén, y el paraíso se perdió. (Génesis 3:1-6, 23.) Pero Jehová no ha olvidado su propósito para la Tierra. Él promete convertirla en un paraíso habitado para siempre por seres humanos. ¿Cómo lo hará? (Salmo 37:29.)

4. Antes de que esta Tierra pueda ser un paraíso, tiene que desaparecer la gente inicua. (Salmo 37:38.) Esto ocurrirá en Armagedón, que es la guerra de Dios para poner fin a la iniquidad. A continuación, Satanás será encerrado por mil años, lo que significa que no quedará nadie inicuo para arruinar la Tierra. Únicamente sobrevivirá el pueblo de Dios. (Revelación 16:14, 16; 20:1-3.)

5. Entonces Jesucristo reinará sobre la Tierra por mil años (Revelación 20:6) y poco a poco irá eliminando el pecado de nuestra mente y nuestro cuerpo. Nos convertiremos en seres humanos perfectos tal como lo eran Adán y Eva antes de pecar. Entonces no habrá más enfermedad, vejez ni muerte. Los enfermos se curarán y los ancianos volverán a ser jóvenes. (Job 33:25; Isaías 33:24; Revelación 21:3, 4.)

6. Durante el Reinado de Mil Años de Jesús, las personas fieles trabajarán para convertir la Tierra entera en un paraíso. (Lucas 23:43.) Además, millones de muertos resucitarán y volverán a vivir como seres humanos en la Tierra. (Hechos 24:15.) Si hacen lo que Dios exige de ellos, seguirán viviendo eternamente en la Tierra. De lo contrario, serán aniquilados para siempre. (Juan 5:28, 29; Revelación 20:11-15.)

7. Así se cumplirá el propósito original de Dios para la Tierra. ¿Le gustaría tener parte en estas futuras bendiciones? En ese caso, tiene que seguir aprendiendo acerca de Jehová y continuar obedeciendo sus requisitos. Algo que le ayudará en esa dirección es asistir a las reuniones que se celebran en el Salón del Reino de los Testigos de Jehová de su localidad. (Isaías 11:9; Hebreos 10:24, 25.)

¿quién e el Diablo?

1. La palabra “diablo” significa alguien que dice mentiras malvadas acerca de otra persona. “Satanás” significa enemigo u opositor. Estos términos califican al principal enemigo de Dios. Al principio era un ángel perfecto que vivía con Dios en el cielo, pero luego se hizo vanidoso y quiso recibir la adoración que por derecho le pertenece a Dios. (Mateo 4:8-10.)

2. Este ángel, Satanás, habló con Eva a través de una serpiente y, con sus mentiras, consiguió que desobedeciera a Dios. De esta manera Satanás atacó la “soberanía” de Dios, es decir, su posición como el Altísimo. Puso en duda que Dios gobernara de manera adecuada y para el bien de Sus súbditos. También insinuó que ningún ser humano se mantendría leal a Dios. Al actuar así se convirtió en enemigo de Dios. De ahí que recibiera el nombre de Satanás el Diablo. (Génesis 3:1-5; Job 1:8-11; Revelación 12:9.)

3. Satanás trata de engañar a las personas para que lo adoren. (2 Corintios 11:3, 14.) Una manera de hacerlo es mediante la religión falsa. Si una religión enseña mentiras acerca de Dios, en realidad cumple el propósito de Satanás. (Juan 8:44.) Las personas que pertenecen a religiones falsas tal vez crean sinceramente que adoran al Dios verdadero, pero en realidad sirven a Satanás, pues él es ‘el dios de este mundo’. (2 Corintios 4:4.)

4. El espiritismo es otro medio que usa Satanás para controlar a la gente. Algunas personas tal vez invoquen a los espíritus para que las protejan, perjudiquen a otros, predigan el futuro o hagan milagros. Satanás es la fuerza malvada que está detrás de todas esas prácticas. Si queremos agradar a Dios, no debemos tener nada que ver con el espiritismo. (Deuteronomio 18:10-12; Hechos 19:18, 19.)

5. Satanás también engaña a la gente por medio del orgullo de raza extremado y la adoración de organizaciones políticas. Algunas personas creen que su nación o raza es superior a las demás. Pero eso no es cierto. (Hechos 10:34, 35.) Otras esperan que las organizaciones políticas resuelvan los problemas de la humanidad. De esta forma rechazan el Reino de Dios, el cual es la única solución para nuestros problemas. (Daniel 2:44.)

6. Otra manera de engañar Satanás a las personas es tentándolas con deseos pecaminosos. Jehová nos dice que evitemos las prácticas pecaminosas porque sabe que nos perjudicarán. (Gálatas 6:7, 8.) Puede que algunas personas quieran que usted se les una en tal proceder. Pero recuerde que en realidad es Satanás quien desea que usted haga esas cosas. (1 Corintios 6:9, 10; 15:33.)

7. Satanás puede valerse de persecución u oposición para que usted abandone a Jehová. Tal vez algunos de sus seres queridos se enfaden mucho por el hecho de que esté estudiando la Biblia. Otros quizás se burlen de usted. Pero ¿a quién le debe la vida? Satanás quiere asustarlo para que deje de aprender de Jehová. No permita que venza. (Mateo 10:34-39; 1 Pedro 5:8, 9.) Al resistir al Diablo, puede alegrar a Jehová y demostrar que apoya Su soberanía. (Proverbios 27:11.)

¿quien es Jesus?

1. Antes de venir a la Tierra, Jesús vivía en el cielo como persona espiritual. Fue la primera creación de Dios; por eso se le llama el Hijo “primogénito” de Dios. (Colosenses 1:15; Revelación 3:14.) Jesús es el único Hijo al que Dios creó directamente, sin ningún intermediario. Jehová utilizó a Jesús en su existencia prehumana como su “obrero maestro” al crear todas las demás cosas en el cielo y en la Tierra. (Proverbios 8:22-31; Colosenses 1:16, 17.) Dios también lo utilizó como su vocero principal. De ahí que a Jesús se le llame “la Palabra”. (Juan 1:1-3; Revelación 19:13.)

2. Dios envió a su Hijo a la Tierra transfiriendo la vida de este a la matriz de María. De modo que Jesús no tuvo un padre humano; por eso no heredó ni el pecado ni la imperfección. Dios envió a Jesús a la Tierra por tres razones: 1) para enseñarnos la verdad acerca de Dios (Juan 18:37), 2) para mantener integridad perfecta y así ponernos un modelo que imitar (1 Pedro 2:21) y 3) para sacrificar su vida a fin de liberarnos del pecado y la muerte. ¿Por qué era necesario ese sacrificio? (Mateo 20:28.)

3. Al desobedecer el mandato de Dios, el primer hombre, Adán, cometió lo que la Biblia denomina “pecado”. De modo que Dios lo sentenció a muerte. (Génesis 3:17-19.) Como ya no se ajustaba a las normas de Dios, dejó de ser perfecto. Poco a poco fue envejeciendo, y finalmente murió. Adán transmitió el pecado a todos sus hijos. Por eso nosotros también envejecemos, enfermamos y morimos. ¿Cómo se podía salvar a la humanidad? (Romanos 3:23; 5:12.)

4. Jesús era un ser humano perfecto igual que Adán. Pero a diferencia de este, Jesús fue totalmente obediente a Dios, incluso bajo la mayor de las pruebas. Por lo tanto, él podía sacrificar su vida humana perfecta para pagar por el pecado de Adán. La Biblia se refiere a este acto con el término “rescate”. De esta manera los hijos de Adán podían ser liberados de la condenación a muerte. Todos los que ponen fe en Jesús pueden recibir perdón por sus pecados y vida eterna. (1 Timoteo 2: 5, 6; Juan 3:16; Romanos 5:18, 19.)

5. Cuando estuvo en la Tierra, Jesús curó a enfermos, alimentó a personas que tenían hambre y calmó tempestades. Hasta resucitó a muertos. ¿Por qué hizo milagros? 1) Sentía compasión por las personas que sufrían y quería ayudarlas. 2) Sus milagros probaron que era el Hijo de Dios. 3) Mostraron lo que hará a favor de la humanidad obediente cuando gobierne como Rey sobre la Tierra. (Mateo 14:14; Marcos 2:10-12; Juan 5:28, 29.)

6. Jesús murió, fue resucitado por Dios como criatura espiritual y regresó al cielo. (1 Pedro 3:18.) Posteriormente Dios lo hizo Rey. Jesús pronto acabará con toda la maldad y el sufrimiento de la Tierra. (Salmo 37:9-11; Proverbios 2:21, 22.)

[Ilustraciones de la página 7]

Como parte de su ministerio, Jesús enseñó, hizo milagros y hasta ofreció su vida por nosotros

¿quien es Dios, y cómo se llama?

1. La gente adora muchas cosas. Ahora bien, la Biblia nos dice que solo hay un Dios VERDADERO. Él creó todo lo que hay en el cielo y en la Tierra, y puesto que nos dio la vida, es el único que merece nuestra adoración. (1 Corintios 8:5, 6; Revelación [Apocalipsis] 4:11.)

2. Aunque Dios tiene muchos títulos, solo tiene un nombre: JEHOVÁ. En muchas Biblias se ha eliminado el nombre de Dios y se ha sustituido por los títulos Señor o Dios. Sin embargo, cuando se escribió la Biblia, el nombre Jehová aparecía en ella nada menos que unas siete mil veces. (Éxodo 3:15; Salmo 83:18.)

3. Jehová tiene un cuerpo, aunque no como el nuestro. “Dios es un Espíritu”, dice la Biblia. (Juan 4:24.) Un espíritu es una forma de vida muy superior a la nuestra. Ningún ser humano ha visto jamás a Dios. Aunque Jehová vive en el cielo, puede verlo todo. (Salmo 11:4, 5; Juan 1:18.) ¿Y qué es el espíritu santo? No es una persona, como Dios, sino la fuerza activa de Dios. (Salmo 104:30.)

4. La Biblia nos revela la personalidad de Jehová. Dice que sus cualidades sobresalientes son amor, justicia, sabiduría y poder. (Deuteronomio 32:4; Job 12:13; Isaías 40:26; 1 Juan 4:8.) También dice que es misericordioso, bondadoso, perdonador, generoso y paciente. Como hijos obedientes, debemos tratar de imitarlo. (Efesios 5:1, 2.)

5. ¿Debemos inclinarnos y orar ante imágenes, cuadros o símbolos? No. (Éxodo 20:4, 5.) Jehová dice que únicamente debemos adorarlo a él. No comparte su gloria con nadie ni con nada. Además, las imágenes no tienen ningún poder para ayudarnos. (Salmo 115:4-8; Isaías 42:8.)

6. ¿Cómo podemos llegar a conocer mejor a Dios? Una manera es observando las cosas que ha creado y meditando profundamente en lo que estas nos dicen de él. Las creaciones de Dios nos muestran que tiene gran poder y sabiduría. En todo lo que ha hecho percibimos su amor. (Salmo 19:1-6; Romanos 1:20.) Otra manera de aprender de Dios es estudiando la Biblia. En ella él nos dice mucho más acerca de la clase de Dios que es. También nos comunica su propósito y lo que quiere que hagamos. (Amós 3:7; 2 Timoteo 3:16, 17.)