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jesus es ¿Dios o su hijo?

============ COMPÁRESE CON EL APARTADO DE TRINIDAD ============

JESUCRISTO:

Definición: El unigénito Hijo de Dios, el único Hijo traído a la existencia directamente por Jehová. Este Hijo es el primogénito de toda la creación. Por medio de él fueron creadas todas las otras cosas del cielo y de la Tierra. Es el segundo personaje en cuanto a importancia en el universo. Es el Hijo a quien Jehová envió a la Tierra para que diera su vida como rescate por la humanidad, y así abrió, a los de la prole de Adán que ejercieran fe, la oportunidad de obtener vida eterna. Este mismo Hijo, restaurado a la gloria celestial, gobierna ahora como Rey, y tiene autoridad para destruir a todos los inicuos y efectuar el propósito original de su Padre para con la Tierra. La forma hebrea del nombre Jesús significa “Jehová Es Salvación”; Cristo es el equivalente de la palabra hebrea Ma·shi´ach (Mesías), que significa “Ungido”.

¿Fue Jesucristo un personaje histórico, real?

La Biblia misma proporciona la prueba principal de que Jesucristo es un personaje histórico. El relato escrito de los Evangelios no consiste en una narración vaga de sucesos que hubieran tenido lugar en algún tiempo no especificado y en una localidad sin nombre. Se declaran específicamente, con lujo de detalles, el tiempo y el lugar de los sucesos. Por ejemplo, véase Lucas 3:1, 2, 21-23.

Josefo, historiador judío del primer siglo, se refirió al apedreamiento de “Santiago, hermano de Jesús a quien llamaban el Cristo” (The Jewish Antiquities, [Antigüedades judaicas], Josefo, Libro XX, sección 200). Una referencia directa y muy favorable a Jesús, que se encuentra en el Libro XVIII, secciones 63, 64, ha sido puesta en tela de juicio por algunos que afirman que la misma fue agregada más tarde o fue cambiada por los cristianos para darle realce; pero se reconoce que el vocabulario y el estilo son básicamente los de Josefo, y el pasaje se encuentra en todos los manuscritos disponibles.

Tácito, historiador romano que vivió a fines del primer siglo E.C., escribió: “Christus [forma latina de “Cristo”], del cual el nombre [cristiano] se originó, sufrió la pena capital durante el reinado de Tiberio a manos de uno de nuestros procuradores, Poncio Pilato” (The Complete Works of Tacitus [Obras completas de Tácito], Nueva York, 1942, “The Annals” [“Anales”], Libro 15, pár. 44).

En cuanto a las primeras referencias históricas no cristianas a Jesús, The New Encyclopædia Britannica declara: “Estos relatos independientes demuestran que en tiempos antiguos ni siquiera los adversarios del cristianismo dudaron alguna vez de la historicidad de Jesús, la cual varios autores de a fines del siglo XVIII, del siglo XIX y de a principios del siglo XX pusieron en tela de juicio por primera vez y por razones de poco peso” (1976, Macropædia, tomo 10, pág. 145).

¿Fue Jesucristo sencillamente un hombre bueno?

Es interesante el hecho de que Jesús reprendió a un hombre que se dirigió a él usando el título de “Buen Maestro”, porque Jesús reconocía que él mismo no era el modelo de la bondad, sino su Padre (Mar. 10:17, 18). No obstante, para estar a la altura de lo que las personas generalmente quieren decir cuando dicen que alguien es bueno, Jesús ciertamente ha debido ser una persona que decía la verdad. De hecho, hasta sus enemigos reconocían que era tal clase de persona (Mar. 12:14). Él mismo dijo que había existido antes de haber llegado a ser humano, que era el Hijo unigénito de Dios, que era el Mesías, aquel cuya venida había sido predicha por todas las Escrituras Hebreas. O era lo que afirmaba ser, o era un impostor craso, pero ninguna de las dos opciones dejan margen para que se le considere como sencillamente un hombre bueno. (Juan 3:13; 10:36; 4:25, 26: Luc. 24:44-48.)

¿Fue Jesús tan solo un profeta cuya autoridad fuera semejante a la de Moisés, Buda, Mahoma y otros líderes religiosos?

Jesús mismo enseñó que era el singular Hijo de Dios (Juan 10:36; Mat. 16:15-17), el predicho Mesías (Mar. 14:61, 62), que había existido en el cielo antes de llegar a existir como humano (Juan 6:38; 8:23, 58), que se le daría muerte y que entonces sería resucitado al tercer día, después de lo cual regresaría a los cielos (Mat. 16:21; Juan 14:2, 3). ¿Fueron verídicas estas afirmaciones?, y, por lo tanto, ¿fue él realmente diferente de todos los demás profetas verdaderos de Dios y contrasta marcadamente con todos los supuestos líderes religiosos? La verdad se haría patente al tercer día después de su muerte. ¿Lo resucitó entonces Dios de entre los muertos, y confirmó así que Jesucristo había dicho la verdad y que realmente era el singular Hijo de Dios? (Rom. 1:3, 4.) De hecho, más de 500 testigos vieron a Jesús vivo después de su resurrección, y sus apóstoles fieles fueron testigos oculares cuando él empezó a ascender nuevamente al cielo y entonces desapareció de la vista de ellos en una nube (1 Cor. 15:3-8; Hech. 1:2, 3, 9). Quedaron tan completamente convencidos de que él había sido levantado de entre los muertos que muchos de ellos arriesgaron su propia vida para dar a conocer ese hecho a otros. (Hech. 4:18-33.)

¿Por qué no aceptaron a Jesús como el Mesías los judíos en general?

La Encyclopaedia Judaica dice: “Los judíos del período romano creían que Dios levantaría [al Mesías] para romper el yugo de los paganos y reinar sobre un reino de Israel restaurado” (Jerusalén, 1971, tomo 11, col. 1407). Querían ser liberados del yugo de Roma. La historia judía testifica que, basándose en la profecía mesiánica registrada en Daniel 9:24-27, ciertos judíos esperaban al Mesías durante el primer siglo E.C. (Luc. 3:15). Pero dicha profecía también relacionaba su venida con el “acabar con el pecado”, y el capítulo 53 de Isaías indica que el Mesías mismo moriría a fin de hacer que esto fuera posible. Sin embargo, a los judíos en general no les parecía necesario que alguien muriera por los pecados de ellos. Creían ocupar una posición justa ante Dios por ser descendientes de Abrahán. A Rabbinic Anthology (Una antología rabínica) dice: “Tan grande es el [mérito] de Abrahán que él puede hacer expiación por todas las vanidades cometidas y las mentiras pronunciadas por Israel en este mundo” (Londres, 1938, C. Montefiore y H. Loewe, pág. 676). Al rechazar a Jesús como el Mesías, los judíos cumplieron la profecía en que se había predicho respecto a él: “Fue despreciado, y no lo tuvimos en alta estima”. (Isa. 53:3, JP.)

Antes de morir, Moisés predijo que la nación se apartaría de la adoración verdadera y que, como resultado de esto, le acaecería calamidad. (Léase Deuteronomio 31:27-29.) El libro de Jueces testifica que esto ocurrió repetidas veces. En los días del profeta Jeremías, la infidelidad de la nación resultó en que fuera desterrada a Babilonia. ¿Por qué permitió Dios también que los romanos destruyeran a Jerusalén y su templo en 70 E.C.? ¿De qué infidelidad había sido culpable la nación para que Dios no la protegiera como lo había hecho cuando ella había confiado en Él? Poco antes de esto ellos habían rechazado a Jesús como el Mesías.

¿Es Jesucristo realmente Dios?

Juan 17:3, VV (1977): “[Jesús oró a su Padre:] Esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero [“solo Dios verdadero”, TA], y a Jesucristo, a quien has enviado.” (Note que Jesús no se refirió a sí mismo, sino a su Padre en el cielo, como “el único Dios verdadero”.)

Juan 20:17, VV (1977): “Jesús le dijo [a María Magdalena]: Suéltame, porque aún no he subido a mi Padre; mas ve a mis hermanos, y diles: Subo a mi Padre y a vuestro Padre, a mi Dios y a vuestro Dios.” (Así que, para el resucitado Jesús, el Padre era Dios, al igual que el Padre era Dios para María Magdalena. Es interesante que no hallamos ni una sola vez en las Escrituras que el Padre haya llamado al Hijo “mi Dios”.)

Véanse también las páginas 403, 404, 409, 410, en la sección titulada “Trinidad”.

¿Prueba Juan 1:1 que Jesús sea Dios?

Juan 1:1 VV (1977): “En el principio era el Verbo, y el Verbo estaba con Dios, y el Verbo era Dios [también GR, CI, Str].” NE dice: “lo que Dios era, la Palabra lo era”. Mo dice: “el Logos era divino”. AT y Sd nos dicen que “la Palabra era divina”. La versión interlineal ED dice: “un dios era la Palabra”. NM dice: “la Palabra era un dios”; NTIV usa las mismas palabras.

¿Qué ven estos traductores en el texto griego que hace que algunos de ellos se abstengan de verterlo: “la Palabra era Dios”? El artículo definido (el) aparece antes de la palabra the·os´ (Dios) la primera vez que esta se usa, pero no la segunda vez. El uso del sustantivo con el artículo indica una identidad, una personalidad, mientras que el uso de un predicado nominal en singular sin artículo antes del verbo (conforme se construye la oración en griego) indica que se trata de cierta cualidad de alguien. Por eso el texto no está diciendo que la Palabra (Jesús) fuera lo mismo que el Dios con quien estaba, sino que la Palabra era semejante a Dios, divino, un dios. (Véase NM, edición con referencias, de 1984, en inglés, pág. 1579.)

¿Qué quiso decir el apóstol Juan al escribir Juan 1:1? ¿Quiso decir que Jesús mismo es Dios, o acaso que Jesús y el Padre componen un Dios? En el mismo capítulo, versículo 18, Juan escribió: “A Dios nadie [“ningún hombre, KJ, Dy] le ha visto jamás; el unigénito Hijo [“el dios unigénito”, NM], que está en el seno del Padre, él le ha dado a conocer” (VV [1977]). ¿Había visto algún ser humano a Jesucristo, el Hijo? ¡Claro que sí! Por lo tanto, ¿estaba diciendo Juan que Jesús era Dios? Es obvio que no es así. A fines de su Evangelio, Juan resumió el asunto, diciendo: “Éstas se han escrito para que creáis que Jesús es el Cristo, [no Dios, sino] el Hijo de Dios”. (Juan 20:31, VV [1977].)

¿Prueba la exclamación de Tomás en Juan 20:28 que Jesús sea en verdad Dios?

Juan 20:28 (VV [1977]) dice: “Tomás respondió y le dijo: ¡Señor mío, y Dios mío!”.

No es de ningún modo objetable el referirse a Jesús como “Dios”, si esto era lo que Tomás tenía presente. Esto estaría en armonía con las palabras que Jesús mismo citó de los Salmos, donde a hombres poderosos, a jueces, se les llamó “dioses” (Juan 10:34, 35, VV [1977]; Sal. 82:1-6). Claro, Cristo ocupa una posición mucho más elevada que dichos hombres. Debido a la singularidad de la posición que él ocupa con relación a Jehová, en Juan 1:18 (NM) se llama a Jesús el “dios unigénito”. (Véase también EMN.) Isaías 9:6 (VM) también describe a Jesús proféticamente como “Poderoso Dios”, pero no como el Dios Todopoderoso. Todo esto está en armonía con el que se describa a Jesús como “un dios”, o “divino”, en Juan 1:1 (NM, AT).

El contexto nos ayuda a llegar a la conclusión correcta al respecto. Poco antes de la muerte de Jesús, Tomás había oído la oración de Jesús en la que este se dirigió a su Padre llamándolo “solo Dios verdadero” (Juan 17:3, VM). Después de ser resucitado, Jesús había enviado un mensaje a sus apóstoles, entre ellos a Tomás, en el que había dicho: “Subo [...] a mi Dios y vuestro Dios” (Juan 20:17, VM). Después de escribir lo que Tomás dijo cuando de hecho vio y tocó al resucitado Cristo, el apóstol Juan declara: “Éstas empero han sido escritas, para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios; y para que, creyendo, tengáis vida en su nombre” (Juan 20:31, VM). Por lo tanto, si alguien concluye que la exclamación de Tomás significa que Jesús mismo es “el único Dios verdadero” o que Jesús es un “Dios Hijo” componente de una trinidad, tiene que examinar nuevamente lo que Jesús mismo dijo (versículo 17) y la conclusión que el apóstol Juan claramente expresa (versículo 31).

¿Indica Mateo 1:23 que Jesús cuando estuvo en la Tierra fuera Dios?

Mat. 1:23, VM: “He aquí, una virgen concebirá y dará a luz un hijo, y será llamado Emmanuel; que, traducido, quiere decir: Dios con nosotros [“Dios está con nosotros”, BD]).”

Al anunciar el nacimiento futuro de Jesús, ¿dijo el ángel de Jehová que el niño sería Dios mismo? No; el anuncio fue: “Él será grande, y será llamado Hijo del Altísimo” (Luc. 1:32, 35, VM; las bastardillas son nuestras). Además, Jesús mismo nunca afirmó que él fuera Dios, sino “Hijo de Dios” (Juan 10:36, VM; las bastardillas son nuestras). Dios envió a Jesús al mundo; por eso, mediante este Hijo unigénito, Dios estuvo con la humanidad. (Juan 3:17; 17:8.)

No era raro que los nombres hebreos incluyeran en sí la palabra para Dios o hasta una forma abreviada del nombre personal de Dios. Por ejemplo, Eliatá significa “Dios Ha Venido”; Jehú significa “Jehová Es Él”; Elías significa “Mi Dios Es Jehová”. Pero ninguno de estos nombres implicaba que el que llevaba el nombre fuera Dios mismo.

¿Qué significa Juan 5:18?

Juan 5:18, VM: “A causa de esto los judíos procuraban con mayor empeño matarle; porque no solamente quebrantaba el sábado, sino que también llamaba a Dios su propio Padre, haciéndose igual a Dios.”

Fueron los judíos que no creían quienes razonaron que Jesús estaba tratando de hacerse igual a Dios al afirmar que Dios era su Padre. Aunque Jesús debidamente se refirió a Dios como Padre suyo, nunca afirmó que él fuera igual a Dios. Respondió de manera directa a los judíos: “En verdad, en verdad os digo: No puede el Hijo hacer nada de sí mismo, sino lo que ve hacer al Padre” (Juan 5:19, VM; véanse también Juan 14:28 y Juan 10:36). Aquellos judíos no creyentes fueron los que también afirmaron que Jesús quebrantaba el sábado, pero estaban equivocados en cuanto a esto también. Jesús observó la Ley perfectamente, y declaró: “Es lícito hacer bien en día de sábado”. (Mat. 12:10-12, VM.)

¿Prueba que Jesús sea Dios el hecho de que se le rinda adoración?

En Hebreos 1:6 se da a los ángeles la instrucción de que ‘adoren’ a Jesús, de acuerdo con las traducciones FS, VP, VM, VV (1977) y BJ. NM dice que “le rindan homenaje”. En Mateo 14:33 se dice que los discípulos de Jesús “le adoraron”, de acuerdo con la manera de verter el pasaje VV (1977), VM, TA; otras traducciones dicen que “se arrodillaron” (BR), “se pusieron de rodillas delante de Jesús” (VP), “se postraron ante él” (BJ), “le rindieron homenaje” (NM).

La palabra griega que se traduce “adoraron” es pro·sky·ne´o, la cual, de acuerdo con un diccionario bíblico, A Greek-English Lexicon of the New Testament and Other Early Christian Literature, también “se usaba para designar la costumbre de postrarse ante una persona y besarle los pies, el ruedo del vestido, o besar la tierra” (Chicago, 1979, Bauer, Arndt, Gingrich, Danker; segunda edición en inglés; pág. 716). Este es el término que se usa en Mateo 14:33 para expresar lo que los discípulos hicieron para con Jesús; en Hebreos 1:6 para indicar lo que los ángeles deben hacer para con Jesús; en Génesis 22:5 en la Versión de los Setenta en griego para describir lo que Abrahán hizo para con Jehová y en Génesis 23:7 para describir lo que Abrahán hizo, en armonía con la costumbre de aquel entonces, para con las personas con quienes tenía tratos comerciales; en 1 Reyes 1:23, en la Versión de los Setenta, para describir lo que el profeta Natán hizo al acercarse al rey David.

En Mateo 4:10 (VM) Jesús dijo: “Al Señor tu Dios adorarás [de pro·sky·ne´o], y a él solamente servirás”. (En Deuteronomio 6:13, del cual Jesús evidentemente cita aquí, aparece el nombre personal de Dios, el tetragrámaton.) En armonía con eso, tenemos que comprender que es pro·sky·ne´o con una actitud particular de corazón y mente lo que se debe dirigir únicamente a Dios.

¿Prueban los milagros efectuados por Jesús que él sea Dios?

Hech. 10:34, 38, VV (1977): “Pedro, abriendo la boca, dijo: [...] ungió Dios con el Espíritu Santo y con poder a Jesús de Nazaret, y [...] éste pasó haciendo el bien y sanando a todos los oprimidos por el Diablo, porque Dios estaba con él.” (Así que Pedro no concluyó, debido a los milagros que observó, que Jesús fuera Dios, sino que Dios estaba con Jesús. Compárese con Mateo 16:16, 17.)

Juan 20:30, 31, VV (1977): “Hizo además Jesús muchas otras señales [“milagros”, BD; “señales milagrosas”, VP] en presencia de sus discípulos, las cuales no están escritas en este libro. Pero éstas se han escrito para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo, tengáis vida en su nombre.” (Así que la conclusión a la que correctamente debemos llegar, basándonos en los milagros que él ejecutó, es que Jesús es “el Cristo”, el Mesías, “el Hijo de Dios”. La expresión “Hijo de Dios” es muy diferente de “Dios Hijo”.)

Los profetas precristianos como Elías y Eliseo efectuaron milagros parecidos a los de Jesús. No obstante, eso ciertamente no era prueba de que ellos fueran Dios.

¿Es Jesús lo mismo que Jehová en el “Antiguo Testamento”?

Véanse las páginas 204, 205, en la sección titulada “Jehová”.

¿Es creer en Jesucristo todo lo que se requiere para la salvación?

Hech. 16:30-32, VV (1977): “Señores, ¿qué debo hacer para ser salvo? Ellos [Pablo y Silas] dijeron: Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo, tú y tu casa. Y le hablaron la palabra del Señor [“Dios”, NC, EH (1976), también BJ, nota] a él y a todos los que estaban en su casa”. (En este asunto de ‘creer en el Señor Jesucristo’, ¿bastaba tan solo con que este hombre dijera sinceramente que había creído? Pablo mostró que se requería más que eso; a saber, tener conocimiento y aceptar la Palabra de Dios, así como Pablo y Silas pasaron a predicarla al carcelero. ¿Sería genuina la creencia de alguien en Jesús si no adorara al Dios a quien Jesús adoró, si dicha persona no pusiera en práctica lo que Jesús enseñó en cuanto a la clase de personas que sus discípulos deberían ser, o si no hiciera la obra que Jesús mandó que hicieran sus seguidores? No podemos ganarnos la salvación; solo es posible obtenerla sobre la base de la fe en el valor del sacrificio de la vida humana de Jesús. Pero tenemos que vivir en conformidad con la fe que profesamos, aunque el hacerlo incluya el pasar por dificultades. En Mateo 10:22 [VV (1977)] Jesús dijo: “El que persevere hasta el fin, éste será salvo”.)

¿Tuvo Jesús una existencia celestial antes de llegar a ser humano?

Col. 1:15-17, VV (1977): “El cual [Jesús] es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda la creación [...] Todo fue creado por medio de él y para él. Y él es antes de todas las cosas.”

Juan 17:5, VV (1977): “[En oración Jesús dijo:] Padre, glorifícame tú al lado tuyo, con aquella gloria que tuve contigo antes que el mundo existiese.” (También Juan 8:23.)

¿Tiene Jesús su cuerpo carnal en el cielo?

1 Cor. 15:42-50, EH (1976): “Así también será la resurrección de los muertos: se siembra en corrupción, se resucita en incorrupción. [...] se siembra cuerpo puramente humano, se resucita cuerpo espiritual. [...] Así también está escrito: El primer hombre, Adán, fue ser viviente; el último Adán, espíritu vivificante. [...] Os digo esto, hermanos: que la carne y la sangre no pueden heredar el reino de Dios, ni la corrupción hereda la incorrupción.” (Las bastardillas son nuestras.)

1 Ped. 3:18, VV (1977): “También Cristo padeció una sola vez por los pecados, [...] siendo a la verdad muerto en la carne, pero vivificado en espíritu [“en el espíritu”, CI, LT, EMN, BJ].” (Véase la página 327.)

Ilustración: Si un hombre paga una deuda a favor de un amigo, pero entonces inmediatamente toma de vuelta el dinero del pago, obviamente la deuda continúa en vigor. De igual manera, si, al ser resucitado, Jesús hubiera tomado posesión nuevamente de su cuerpo humano de carne y sangre, que había sido dado en sacrificio para pagar el precio del rescate, ¿qué efecto habría tenido esto en los preparativos que había estado haciendo para librar de la deuda del pecado a personas fieles?

Es cierto que Jesús apareció en forma física ante sus discípulos después de su resurrección. Pero en ciertas ocasiones, ¿por qué no lo reconocieron al principio? (Luc. 24:15-32; Juan 20:14-16.) En cierta ocasión, para el provecho de Tomás, Jesús apareció con la prueba física de las marcas de los clavos en las manos y la herida de una lanza en el costado. Pero ¿cómo le fue posible en aquella ocasión aparecer repentinamente en medio de ellos aunque las puertas estaban cerradas con llave? (Juan 20:26, 27.) En dichas ocasiones, Jesús evidentemente materializó cuerpos, como los ángeles lo habían hecho en tiempos pasados cuando aparecieron ante seres humanos. El deshacerse del cuerpo físico de Jesús al resucitarlo no presentó problema alguno para Dios. Es interesante que aunque Dios no dejó el cuerpo físico en la tumba (evidentemente a fin de reforzar la convicción de los discípulos de que Jesús realmente había sido levantado), se dejaron allí los paños de lino en los que había estado envuelto; no obstante, el resucitado Jesús siempre apareció completamente vestido. (Juan 20:6, 7.)

¿Son Jesucristo y Miguel el arcángel la misma persona?

El nombre de este Miguel aparece solo cinco veces en la Biblia. A la gloriosa persona celestial que lleva tal nombre se le llama “uno de los principales príncipes”, “el gran príncipe que está de parte de los hijos de tu pueblo [el de Daniel]”, y “el arcángel” (Dan. 10:13; 12:1; Jud. 9, VV (1977). Miguel significa “¿Quién Es Como Dios?”. El nombre evidentemente designa a Miguel como aquel que toma la delantera en defender la soberanía de Jehová y en destruir a los enemigos de Dios.

En 1 Tesalonicenses 4:16 VV (1977) se declara que el mandato de Jesucristo para que comience la resurrección se da “con voz de arcángel”, y Judas 9 dice que el arcángel es Miguel. ¿Sería apropiado comparar la voz de mando de Jesús a la de alguien que tuviera menos autoridad que él? Es razonable, por lo tanto, concluir que el arcángel Miguel es Jesucristo. (Es interesante que la expresión “arcángel” nunca se encuentra en plural en las Escrituras, lo cual sugiere que hay uno sólo.)

Revelación 12:7-12 dice, con relación al hecho de que se confiriera la autoridad real a Cristo, que Miguel y sus ángeles harían guerra contra Satanás y expulsarían del cielo a él y a sus ángeles inicuos. Luego se describe a Jesús dirigiendo los ejércitos del cielo en una guerra contra las naciones del mundo (Rev. 19:11-16). ¿No es razonable que Jesús también fuera el que toma medidas en contra de aquel a quien se describe como “el gobernante de este mundo”, Satanás el Diablo? (Juan 12:31.) En Daniel 12:1 (VV [1977]) se asocia el ‘levantarse de Miguel’, para actuar con autoridad, con un “tiempo de angustia, cual nunca lo hubo hasta entonces”. Eso ciertamente cuadraría con lo que experimentarían las naciones cuando Cristo como ejecutor celestial tomara medidas contra ellas. Por lo tanto, las pruebas indican que al Hijo de Dios se le conoció como Miguel antes de venir a la Tierra y también se le conoce por dicho nombre desde su regreso al cielo, donde reside como el glorificado Hijo celestial de Dios.

----------------Si alguien dice...----------------------------

‘Ustedes no creen en Jesús’

Usted pudiera contestar: ‘Evidentemente usted cree en Jesús. Yo también; de no ser así no estaría a su puerta hoy’. Entonces pudiera añadir: ‘De hecho, en nuestras publicaciones se destaca la importancia de ejercer fe en Jesús. (Refiérase a un capítulo apropiado en cualquiera de los libros que esté ofreciendo y úselo como base para entablar una conversación en la que haga resaltar el papel de Jesús como Rey. O lea la declaración de la página 2 de La Atalaya respecto al propósito de la revista)’.

O contestar: ‘¿Me permite preguntarle por qué opina así?’.

Otra posibilidad: ‘Parece que alguien le ha dicho eso a usted, pero permítame decirle que no es así, pues tenemos una fe muy fuerte en Jesucristo’. Entonces pudiera añadir: 1) ‘Pero no creemos todo lo que las personas dicen acerca de Jesús. Por ejemplo, hay quienes dicen que él simplemente fue un hombre bueno, no el Hijo de Dios. Nosotros no creemos eso, ¿lo cree usted?... Eso no es lo que la Biblia enseña’. 2) ‘Tampoco creemos las enseñanzas de grupos que contradicen lo que Jesús mismo dijo acerca de su relación con su Padre (Juan 14:28). Su Padre le ha dado autoridad de gobernante que influye en la vida de todos nosotros hoy (Dan. 7:13, 14)’.

SI LE PREGUNTAN... ‘¿Acepta usted a Jesús como su Salvador personal?’

Usted pudiera contestar: ‘La Biblia claramente dice... (cite Hechos 4:12). Yo creo en eso. Pero también he aprendido que ello va acompañado de responsabilidades importantes. ¿En qué sentido? Bueno, si realmente creo en Jesús, entonces no puedo creer en él solo hasta el grado que me parezca conveniente’. Entonces pudiera añadir: ‘La vida perfecta que él dio en sacrificio hace posible que obtengamos el perdón de nuestros pecados. Pero también sé que es importante prestar atención a sus instrucciones respecto a nuestras responsabilidades como cristianos (Hech. 1:8; Mat. 28:19, 20)’.

O contestar: ‘(Después de confirmar el hecho de que usted sí cree en Jesús como Salvador, no solo suyo, sino de todos los que ejercen fe en él...) Es importante que respondamos con aprecio no solo por lo que él hizo en el pasado, sino también por lo que está haciendo ahora (Mat. 25:31-33)’.

‘He aceptado a Jesús como mi Salvador personal’

Usted pudiera contestar: ‘Me alegra saber que usted cree en Jesús, porque hoy son muchísimas las personas que no toman en cuenta lo que Jesús hizo por nosotros. Usted sin duda conoce bien el texto bíblico de Juan 3:16, ¿verdad?... Pero ¿dónde vivirán para siempre dichas personas? Algunas estarán con Cristo en el cielo. Pero ¿muestra la Biblia que todas las personas buenas vayan allí? (Mat. 6:10; 5:5)’.

¿existe la trinidad?

¿Debería creer en ella?

Muchos suelen decir que creen en la Trinidad, pero no todos la entienden de la misma manera.

¿Qué es, exactamente, la Trinidad?

¿La enseña la Biblia?

¿Es igual Jesucristo al Dios Todopoderoso, y parte de la Trinidad?

¿CREE usted en la Trinidad? En la cristiandad, la mayoría de la gente cree en ella. Después de todo, por siglos ha sido la doctrina central de las iglesias.

Por eso, sería de esperarse que no pudiera ponerse en tela de juicio tal enseñanza. Pero en tela de juicio está, y últimamente hasta algunos de sus apoyadores han añadido leña al fuego de la controversia.

¿Por qué deberíamos considerar con más que interés pasajero un asunto como este? Porque Jesús mismo dijo: “Esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a tu enviado, Jesucristo”. Esas palabras muestran que todo nuestro futuro gira en torno de que sepamos cuál es la verdadera naturaleza de Dios, y eso significa llegar a las raíces de la controversia sobre la Trinidad. Por lo tanto, ¿por qué no la examina? (Juan 17:3, Biblia de Jerusalén [BJ], católica.)

Hay varios conceptos de la Trinidad. Sin embargo, por lo general la enseñanza trinitaria asegura que en la Deidad hay tres personas: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo; sin embargo, juntos son un solo Dios. La doctrina dice que los tres son coiguales, todopoderosos e increados, porque los tres han existido eternamente en la Deidad.

Sin embargo, hay quienes afirman que la doctrina de la Trinidad es falsa, que el Dios Todopoderoso es singular, un solo ser separado, eterno y omnipotente. En cuanto a Jesús, dicen que antes de ser hombre Jesús era, como los ángeles, una persona celestial separada a quien Dios había creado, y que por eso tiene que haber tenido principio. Enseñan que en ningún sentido ha sido Jesús alguna vez igual al Dios Todopoderoso, que Jesús siempre ha estado sujeto a Dios y todavía lo está. También creen que el espíritu santo no es una persona, sino la fuerza activa de Dios.

Los apoyadores de la Trinidad dicen que esa enseñanza no se funda solo en la tradición religiosa, sino también en la Biblia. Los críticos de esa doctrina dicen que la Trinidad no es enseñanza bíblica, y una fuente histórica hasta declara: “El origen de [la Trinidad] es enteramente pagano” (The Paganism in Our Christianity [Lo pagano en nuestro cristianismo]).

Si la Trinidad es verdad, se degrada a Jesús cuando se dice que nunca fue igual a Dios como parte de la Deidad. Pero si la Trinidad es falsa, se degrada al Dios Todopoderoso cuando se dice que tiene un igual, y peor aún, cuando se llama a María la “Madre de Dios”. Si la Trinidad es falsa, se deshonra a Dios cuando se dice, como está escrito en el libro Catholicism: “A menos que [las personas] mantengan íntegra e incontaminada esta Fe, sin duda perecerán para siempre. Y la Fe católica es esta: adoramos a un solo Dios en Trinidad”.

Como se ve, hay buenas razones para que usted desee saber la verdad sobre la Trinidad. Pero antes de examinar el origen de esa doctrina y la alegación que se hace de que es la verdad, sería conveniente definirla de modo más específico. ¿Qué es, exactamente, la Trinidad? ¿Cómo la explican sus apoyadores?

A menos que se indique lo contrario, las citas de la Biblia se toman de la versión en lenguaje moderano Traducción del Nuevo Mundo de las Santas Escrituras (Con Referencias), edición de 1987.

¿Cómo se explica la Trinidad?

LA IGLESIA Católica Romana dice: “La Trinidad es el término con que se designa la doctrina central de la religión cristiana  [...] Así, en las palabras del Credo de Atanasio: ‘el Padre es Dios, el Hijo es Dios y el Espíritu Santo es Dios, y sin embargo no hay tres Dioses, sino un solo Dios’. En esta Trinidad [...] las Personas son coeternas y coiguales: todas, igualmente, son increadas y omnipotentes” (The Catholic Encyclopedia).

Casi todas las demás iglesias de la cristiandad concuerdan con esa definición. Por ejemplo, la Iglesia Ortodoxa Griega también dice que la Trinidad es “la doctrina fundamental del cristianismo”, y hasta asegura: “Son cristianos los que aceptan como Dios a Cristo”. En el libro Our Orthodox Christian Faith (Nuestra fe ortodoxa cristiana), la misma iglesia declara: “Dios es trino y uno. [...] El Padre es totalmente Dios. El Hijo es totalmente Dios. El Espíritu Santo es totalmente Dios”.

Así, se dice que la Trinidad es “un solo Dios en tres Personas”. De cada una se asegura que no tiene principio y que ha existido desde la eternidad. De cada una se afirma que es todopoderosa, y que ninguna es mayor ni menor que las demás.

¿Se le hace difícil razonar así? Para muchos creyentes sinceros esto ha resultado confuso, contrario al razonamiento normal, diferente de todo cuanto han conocido. Preguntan: ¿Cómo puede ser que el Padre sea Dios, que Jesús sea Dios y que el espíritu santo sea Dios y sin embargo que no haya tres Dioses, sino un solo Dios?

“Más allá de lo que puede concebir la razón humana”

ESTA confusión es extensa. The Encyclopedia Americana dice que se considera que la doctrina de la Trinidad está “más allá de lo que puede concebir la razón humana”.

Muchos de los que aceptan la Trinidad la ven así. El monseñor Eugene Clark dice: “Dios es uno solo, y Dios es tres. Puesto que en la creación no hay nada comparable a esto, no podemos entenderlo, sino solo aceptarlo”. El cardenal John O’Connor declara: “Sabemos que es un misterio muy profundo, uno que jamás podríamos entender”. Y el papa Juan Pablo II habla del “misterio inescrutable de Dios la Trinidad”.

Por eso, A Dictionary of Religious Knowledge (Diccionario de conocimiento religioso) dice: “Los trinitarios no concuerdan entre sí sobre precisamente en qué consiste la doctrina, o, más bien, en precisamente cómo explicarla”.

Eso nos ayuda a comprender por qué la New Catholic Encyclopedia (Nueva enciclopedia católica) dice: “En los seminarios católicos romanos son pocos los maestros de teología trinitaria a quienes no se haya importunado alguna vez con la pregunta: ‘Pero ¿cómo enseña uno la Trinidad?’. Y si esa pregunta evidencia confusión entre los estudiantes, puede que no evidencie menos confusión entre los profesores”.

Se puede confirmar cuán verídica es esa observación con solo ir a una biblioteca y examinar los libros que apoyan la Trinidad. Se han escrito muchísimas páginas en un esfuerzo por explicarla. Con todo, después de luchar con un laberinto de términos y de explicaciones teológicas que confunden, los investigadores todavía están insatisfechos.

A este respecto, el jesuita Joseph Bracken dice en su libro What Are They Saying About the Trinity? (¿Qué están diciendo de la Trinidad?): “Los sacerdotes que con mucho esfuerzo aprendieron [...] la Trinidad durante sus años en el seminario mostraban natural vacilación en cuanto a presentarla a la gente desde el púlpito, aun durante el domingo de la Santísima Trinidad. [...] ¿Por qué aburrir a la gente con algo que al fin y al cabo no podría entender bien?”. Dice también: “La Trinidad es un asunto de creencia formal, pero tiene poco [efecto], o ninguno, en la vida y la adoración cotidianas de los cristianos”. Sin embargo, ¡es la “doctrina central” de las iglesias!

El teólogo católico Hans Küng dice en su libro Christianity and the World Religions (El cristianismo y las religiones mundiales) que la Trinidad está entre las razones del poco adelanto de las iglesias entre los pueblos no cristianos. Declara: “Tal como ha sucedido hasta ahora entre los judíos, ni siquiera musulmanes bien informados pueden captar la idea de la Trinidad. [...] Las distinciones que hace la doctrina trinitaria entre un solo Dios y tres hipóstasis no satisface a los musulmanes, pues los términos teológicos derivados del siriaco, el griego y el latín confunden a los musulmanes, en vez de iluminarlos. Para ellos todo es un juego de palabras. [...] ¿Por qué quisiera nadie añadir algo a la noción de la unicidad y singularidad de Dios, cuando lo único que se lograría con eso sería diluir y anular tal unicidad y singularidad?”.

“No es Dios de confusión”

¿QUÉ origen pudiera tener una doctrina tan confusa? The Catholic Encyclopedia afirma: “Un dogma tan misterioso presupone una revelación divina”. Los eruditos católicos Karl Rahner y Herbert Vorgrimler dicen en su Theological Dictionary: “En el sentido estricto [...] la Trinidad es un misterio [...] que no podría saberse sin que hubiera revelación, y hasta después de la revelación no puede quedar completamente inteligible”.

Sin embargo, el afirmar que por ser un misterio tan confuso la Trinidad tiene que haber venido de revelación divina crea otro gran problema. ¿Por qué? Porque la revelación divina misma no permite tal punto de vista acerca de Dios: “Dios no es Dios de confusión”. (1 Corintios 14:33, Versión Moderna.)

Por lo que en ese texto bíblico se dice, ¿podría responsabilizarse a Dios por una doctrina sobre sí mismo que es tan confusa que ni hebraístas, helenistas ni latinistas pueden explicarla?

Además, ¿tendrían que ser teólogos los que quisieran ‘conocer al único Dios verdadero y a su enviado Jesucristo’? (Juan 17:3, BJ.) Si así fuera, ¿por qué fueron tan pocos los líderes religiosos judíos educados que reconocieron a Jesús como el Mesías? Contrario a eso, sus discípulos fieles fueron campesinos humildes, pescadores, recaudadores de impuestos y amas de casa. Estas personas comunes estaban tan seguras de lo que Jesús enseñaba acerca de Dios que podían enseñarlo a otros y hasta estaban dispuestas a morir por su creencia. (Mateo 15:1-9; 21:23-32, 43; 23:13-36; Juan 7:45-49; Hechos 4:13.)

¿Se ve que la Biblia la enseñe claramente?

SI LA doctrina de la Trinidad fuera cierta, la Biblia debería presentarla con toda claridad, y consecuentemente. ¿Por qué? Porque, como afirmaron los apóstoles, por la Biblia Dios se ha revelado a la humanidad. Y como para adorar a Dios aceptablemente tenemos que conocerlo, la Biblia debería decirnos con claridad y precisión quién es él.

Para los creyentes del primer siglo las Escrituras eran la revelación auténtica de Dios. Eran la base de sus creencias, la autoridad que lo resolvía todo. Por ejemplo, cuando el apóstol Pablo predicó a la gente de la ciudad de Berea, aquellas personas “recibieron la palabra con suma prontitud de ánimo, y examinaban con cuidado las Escrituras diariamente en cuanto a si estas cosas eran así”. (Hechos 17:10, 11.)

¿A qué autoridad acudían, a su vez, los prominentes hombres de Dios de aquel tiempo? Hechos 17:2, 3 nos dice: “Según tenía por costumbre Pablo, [...] razonó con ellos a partir de las Escrituras, explicando y probando por referencias [tomadas de las Escrituras]”.

Jesús mismo dio el ejemplo al usar las Escrituras como base para su enseñanza, pues vez tras vez decía: “Está escrito”. “Les interpretó cosas referentes a él en todas las Escrituras.” (Mateo 4:4, 7; Lucas 24:27.)

Así que Jesús, Pablo y los creyentes del primer siglo utilizaron las Escrituras como base para su enseñanza. Sabían que “toda Escritura es inspirada de Dios y provechosa para enseñar, para censurar, para rectificar las cosas, para disciplinar en justicia, para que el hombre de Dios sea enteramente competente y esté completamente equipado para toda buena obra”. (2 Timoteo 3:16, 17; véanse también 1 Corintios 4:6; 1 Tesalonicenses 2:13; 2 Pedro 1:20, 21.)

Puesto que la Biblia puede “rectificar las cosas”, debería revelar con claridad información sobre un asunto tan fundamental como el que se supone que sea la Trinidad. Pero ¿ven teólogos e historiadores mismos que la Biblia enseñe claramente la Trinidad?

¿Está en la Biblia la palabra “Trinidad”?

UNA publicación protestante dice: “La palabra Trinidad no se encuentra en la Biblia [...] Fue solo en el siglo IV cuando halló formalmente lugar en la teología eclesiástica” (The Illustrated Bible Dictionary). Y una autoridad católica dice que la Trinidad “no es [...] ni directa ni inmediatamente [la] palabra de Dios” (New Catholic Encyclopedia).

The Catholic Encyclopedia comenta: “No hay hasta ahora en las Escrituras ningún término que por sí solo denote juntas a las Tres Divinas Personas. La palabra ????? [trí·as] (traducida al latín trinitas) se encuentra primero en Teófilo de Antioquía alrededor de 180 d. de J.C. [...] Poco después aparece en su forma latina, trinitas, en Tertuliano”.

Sin embargo, esto en sí mismo no prueba que Tertuliano enseñara la Trinidad. Por ejemplo, la obra católica Trinitas—A Theological Encyclopedia of the Holy Trinity (Trinitas.—Una enciclopedia teológica de la Santísima Trinidad) señala que ciertas palabras de Tertuliano fueron usadas después por otros para describir la Trinidad. Entonces advierte: “Pero nadie puede sacar conclusiones precipitadas basándose en el uso, pues él no aplica esas palabras a la teología trinitaria”.

El testimonio de las Escrituras Hebreas

AUNQUE en la Biblia no se encuentra la palabra “Trinidad”, ¿se enseña por lo menos con claridad la idea de la Trinidad en ella? Por ejemplo, ¿qué revelan al respecto las Escrituras Hebreas (el “Antiguo Testamento”)?

The Encyclopedia of Religion reconoce lo siguiente: “Hoy los teólogos concuerdan en que la Biblia hebrea no contiene ninguna doctrina de la Trinidad”. Y la New Catholic Encyclopedia dice también: “La doctrina de la Santísima Trinidad no se enseña en el A[ntiguo] T[estamento]”.

De manera similar, en su libro The Triune God (El Dios trino y uno), el jesuita Edmund Fortman admite esto: “El Antiguo Testamento [...] no nos dice nada, ni explícitamente ni por deducción obligatoria, acerca de un Dios Trino y Uno que sea Padre, Hijo y Espíritu Santo. [...] No hay ninguna prueba de que escritor sagrado alguno siquiera se imaginara que en la Deidad existiera una [Trinidad]. [...] Hasta el ver en [el “Antiguo Testamento”] sugerencias o prefiguraciones o ‘señales veladas’ de la trinidad de personas es ir más allá de las palabras y la intención de los escritores sagrados” (cursiva nuestra).

Un examen de las Escrituras Hebreas mismas corrobora esos comentarios. Como se ve, en los primeros 39 libros de la Biblia que componen el verdadero canon de las Escrituras Hebreas inspiradas no se enseña claramente una Trinidad.

El testimonio de las Escrituras Griegas

PUES bien, ¿hablan claramente de una Trinidad las Escrituras Griegas Cristianas (el “Nuevo Testamento”)?

The Encyclopedia of Religion dice: “Los teólogos concuerdan en que tampoco el Nuevo Testamento contiene una doctrina trinitaria explícita”.

El jesuita Fortman declara: “Los escritores del Nuevo Testamento [...] no nos dan ninguna doctrina formal o formulada de la Trinidad, ninguna enseñanza explícita de que en un solo Dios haya tres divinas personas coiguales. [...] En ningún lugar hallamos una doctrina trinitaria de tres entidades distintas que tengan vida y actividad divinas en la misma Deidad”.

The New Encyclopædia Britannica señala: “Ni la palabra Trinidad ni la doctrina explícita aparecen en el Nuevo Testamento”.

Bernhard Lohse dice en A Short History of Christian Doctrine (Breve historia de la doctrina cristiana): “Por lo que se refiere al Nuevo Testamento, en él no se halla ninguna doctrina trinitaria”.

También The New International Dictionary of New Testament Theology (El nuevo diccionario internacional de teología del Nuevo Testamento) declara: “El N[uevo] T[estamento] no contiene la doctrina de la Trinidad ya desarrollada. ‘En la Biblia no está la declaración expresa de que el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo sean iguales en esencia’ [dijo el teólogo protestante Karl Barth]”.

El profesor E. Washburn Hopkins, de la Universidad Yale, afirmó: “Parece que ni Jesús ni Pablo conocían la doctrina de la Trinidad; [...] no dicen nada en cuanto a ella” (Origin and Evolution of Religion).

El historiador Arthur Weigall señala: “Jesucristo nunca mencionó semejante fenómeno, y en ninguna parte del Nuevo Testamento aparece la palabra ‘Trinidad’. Solo trescientos años después de la muerte de nuestro Señor adoptó la Iglesia esa idea” (The Paganism in Our Christianity).

Como se ve, ni en los 39 libros de las Escrituras Hebreas ni en los 27 libros inspirados que componen el canon de las Escrituras Griegas Cristianas se ve que se enseñe claramente la Trinidad.

¿La enseñaron los cristianos primitivos?

¿ENSEÑARON la Trinidad los cristianos primitivos? Note los siguientes comentarios de historiadores y teólogos:

“El cristianismo primitivo no tenía una doctrina trinitaria explícita como la que se elaboró después en los credos” (The New International Dictionary of New Testament Theology).

“Sin embargo, al principio los cristianos primitivos no pensaron en aplicar aquella idea [de la Trinidad] a su propia fe. Tributaban sus devociones a Dios el Padre y a Jesucristo, el Hijo de Dios, y reconocían el [...] Espíritu Santo; pero no había ninguna idea de que estos tres fueran una verdadera Trinidad, coiguales y unidos en Uno” (The Paganism in Our Christianity).

“Al principio la fe cristiana no era trinitaria [...] Tampoco lo fue en las épocas apostólica y subapostólica, como se refleja en el N[uevo] T[estamento] y en otros escritos cristianos primitivos” (Encyclopædia of Religion and Ethics).

“La fórmula ‘un solo Dios en tres Personas’ no quedó firmemente establecida, y ciertamente no se asimiló por completo en la vida cristiana ni en su confesión de fe, antes del fin del siglo IV. [...] Entre los Padres Apostólicos no había existido nada que siquiera remotamente se acercara a tal mentalidad o perspectiva” (New Catholic Encyclopedia).

Lo que enseñaron los padres de antes del Concilio de Nicea

SE HA reconocido que en los primeros siglos tras el nacimiento de Cristo los padres de antes del Concilio de Nicea llevaron la delantera como maestros religiosos. Lo que ellos enseñaron es interesante.

Justino Mártir, quien murió alrededor del año 165 E.C., dijo que Jesús, antes de existir como humano, había sido un ángel creado que “no es el Dios que hizo todas las cosas”. Dijo que Jesús era inferior a Dios y “nunca hacía nada excepto lo que el Creador [...] deseaba que hiciera y dijera”.

Ireneo, quien murió alrededor de 200 E.C., dijo que antes de vivir como humano Jesús había tenido una existencia separada de la de Dios y era inferior a él. Mostró que Jesús no es igual al “Único y verdadero Dios”, quien es “supremo sobre todos, y no hay otro fuera de él”.

Clemente de Alejandría, quien murió alrededor de 215 E.C., dijo que Jesús antes de ser humano fue “una creación”, pero llamó a Dios el “único verdadero Dios increado e imperecedero”. Indicó que el Hijo “está después del único Padre omnipotente”, pero no es igual a él.

Tertuliano, quien murió alrededor de 230 E.C., enseñó la supremacía de Dios. Hizo la siguiente observación: “El Padre se diferencia del Hijo (otro), pues es mayor; porque el que engendra difiere del que es engendrado; el que envía difiere del que es enviado”. También dijo: “Hubo un tiempo en que el Hijo no existía. [...] Antes de todas las cosas, Dios estaba solo”.

Hipólito, quien murió alrededor de 235 E.C., dijo que Dios es “el un solo Dios, el primero y Único, el Hacedor y Señor de todo”, quien “no tenía cosa alguna coetánea [de la misma edad] con él [...] Sino que era Uno, solo por sí mismo, quien, por su voluntad, llamó a la existencia lo que no existía antes”, como a Jesús, quien fue creado mucho antes de que viviera como humano.

Orígenes, quien murió alrededor de 250 E.C., dijo que “el Padre y el Hijo son dos sustancias [...] dos cosas en cuanto a su esencia”, y que “en comparación con el Padre, [el Hijo] es una luz muy pequeña”.

Resumiendo la evidencia histórica, Alvan Lamson dice en The Church of the First Three Centuries (La iglesia de los primeros tres siglos): “La doctrina popular moderna de la Trinidad [...] no deriva apoyo alguno del lenguaje de Justino [Mártir]: y esta observación puede extenderse a todos los Padres de antes del Concilio de Nicea; es decir, a todos los escritores cristianos por tres siglos después del nacimiento de Cristo. Es verdad que hablan acerca del Padre, el Hijo y [...] el Espíritu santo, pero no como si fueran coiguales, no como si fueran una sola esencia numérica, ni como Tres en Uno, ni en ninguno de los sentidos admitidos ahora por los trinitarios. Precisamente lo contrario es la realidad”.

De manera que el testimonio de la Biblia y de la historia muestra claramente que la Trinidad fue desconocida por todos los tiempos bíblicos y por varios siglos después.

Cómo se desarrolló la doctrina de la Trinidad?

AL LLEGAR a este punto, puede que usted pregunte: ‘Si la Trinidad no es enseñanza bíblica, ¿cómo llegó a ser doctrina de la cristiandad?’. Muchos creen que fue formulada en el Concilio de Nicea en 325 E.C.

Pero eso no es totalmente correcto. El Concilio de Nicea sí aseguró que Cristo era de la misma sustancia que Dios, lo que colocó la base para la teología trinitaria posterior. Pero no estableció la Trinidad, pues en aquel concilio no se dijo que el espíritu santo fuera la tercera persona de una Deidad trina y una.

El papel de Constantino en Nicea

POR muchos años había habido mucha oposición, sobre base bíblica, al desarrollo de la idea de que Jesús fuera Dios. En un esfuerzo por resolver la disputa, el emperador romano, Constantino, convocó a todos los obispos a Nicea. En realidad asistieron alrededor de 300, una fracción del total.

Constantino no era cristiano. Supuestamente se convirtió más tarde en la vida, pero no se bautizó sino hasta que se hallaba en su lecho de muerte. Henry Chadwick dice sobre él en The Early Church (La iglesia primitiva): “Constantino, como su padre, adoraba al Sol Invicto; [...] su conversión no debería interpretarse como una experiencia interna de la gracia [...] Fue asunto militar. Él nunca comprendió muy claramente la doctrina cristiana, pero estaba seguro de que la victoria en el combate venía como dádiva del Dios de los cristianos”.

¿Qué papel desempeñó en el Concilio de Nicea aquel emperador no bautizado? La Encyclopædia Britannica relata: “Constantino mismo presidió y dirigió activamente las discusiones y personalmente propuso [...] la fórmula decisiva que expresaba la relación de Cristo con Dios en el credo que el concilio emitió, que es ‘consustancial con el Padre’ [...] Impresionados por el emperador, los obispos —con solo dos excepciones— firmaron el credo, aunque muchos de ellos no estaban muy inclinados a hacerlo”.

Por lo tanto, el papel de Constantino fue crítico. Después de dos meses de enconado debate religioso, aquel político pagano intervino y decidió a favor de los que decían que Jesús era Dios. Pero ¿por qué? Ciertamente no fue por convicción bíblica. “Básicamente, Constantino no entendía nada de las preguntas que se hacían en teología griega”, dice A Short History of Christian Doctrine. Lo que sí entendía era que aquella división religiosa era una amenaza para su imperio, y él quería fortalecer su dominio.

Sin embargo, ninguno de los obispos reunidos en Nicea promovió una Trinidad. Decidieron solamente sobre la naturaleza de Jesús, pero no el papel del espíritu santo. Si la Trinidad hubiera sido claramente una verdad bíblica, ¿no deberían haberla propuesto entonces?

Sigue el desarrollo

DESPUÉS de Nicea los debates sobre este asunto siguieron por décadas. Por un tiempo hasta se volvió a favorecer a los que creían que Jesús no era igual a Dios. Pero después el emperador Teodosio decidió contra ellos. Estableció el credo del Concilio de Nicea como la norma para su dominio y convocó el Concilio de Constantinopla en 381 E.C. para aclarar la fórmula.

Aquel concilio concordó en colocar al espíritu santo en el mismo nivel de Dios y de Cristo. Por primera vez empezó a perfilarse la enseñanza trinitaria de la cristiandad.

Sin embargo, ni siquiera después del Concilio de Constantinopla llegó la Trinidad a ser un credo extensamente aceptado. Muchos se oponían a él, y se atraían por ello violenta persecución. Solo en siglos posteriores fue formulada la Trinidad en credos fijos. The Encyclopedia Americana dice: “El desarrollo pleno del trinitarismo tuvo lugar en Occidente, en el escolasticismo de la Edad Media, cuando se quiso dar una explicación en términos filosóficos y sicológicos”.

El Credo de Atanasio

LA TRINIDAD fue definida en términos más completos en el Credo de Atanasio. Atanasio era un clérigo que había apoyado a Constantino en Nicea. El credo que lleva su nombre declara: “Adoramos a un solo Dios en Trinidad [...] El Padre es Dios, el Hijo es Dios y el Espíritu Santo es Dios; y sin embargo no hay tres dioses, sino un solo Dios”.

No obstante, ciertos eruditos bien informados concuerdan en que Atanasio no compuso ese credo. The New Encyclopædia Britannica comenta: “La Iglesia Oriental no conoció el credo sino hasta el siglo XII. Desde el siglo XVII los eruditos en general han concordado en que el Credo de Atanasio no fue escrito por Atanasio (quien murió en 373), sino que probablemente fue compuesto en el sur de Francia durante el siglo V. [...] La influencia de ese credo parece haberse visto principalmente en el sur de Francia y en España en los siglos VI y VII. Se usó en la liturgia de la iglesia en Alemania en el siglo IX y algún tiempo después en Roma”.

Por eso, pasaron siglos desde el tiempo de Cristo antes de que la Trinidad fuera aceptada extensamente en la cristiandad. Y en todo esto, ¿qué guió las decisiones? ¿Fue la Palabra de Dios, o razones clericales y políticas? En su libro Origin and Evolution of Religion, E. W. Hopkins contesta: “La definición ortodoxa final de la Trinidad fue principalmente un asunto de política eclesiástica”.

Se predijo la apostasía

ESTA lamentable historia de la Trinidad corresponde con lo que Jesús y sus apóstoles predijeron que sucedería después del tiempo de ellos. Dijeron que habría una apostasía, una desviación, un apartarse de la adoración verdadera hasta el regreso de Cristo, cuando se restauraría la adoración verdadera antes del día de destrucción que Dios ha fijado para este sistema de cosas.

Respecto a ese “día”, el apóstol Pablo dijo: “No vendrá a menos que primero venga la apostasía y el hombre del desafuero quede revelado”. (2 Tesalonicenses 2:3, 7.) Más tarde, predijo: “Después de mi partida, se introducirán entre vosotros lobos crueles que no perdonarán al rebaño; y también [...] de entre vosotros mismos se levantarán hombres y hablarán cosas perversas, para arrastrar a los discípulos detrás de sí”. (Hechos 20:29, 30, BJ.) Otros discípulos de Jesús también escribieron acerca de esta apostasía con su clase clerical ‘desaforada’. (Por ejemplo, véanse 2 Pedro 2:1; 1 Juan 4:1-3; Judas 3, 4.)

Pablo también escribió: “Porque vendrá un tiempo en que los hombres no soportarán la doctrina sana, sino que, arrastrados por sus propias pasiones, se harán con un montón de maestros por el prurito de oir novedades; apartarán sus oídos de la verdad y se volverán a las fábulas”. (2 Timoteo 4:3, 4, BJ.)

Jesús mismo explicó lo que había detrás de aquel desviarse en apostasía de la adoración verdadera. Dijo que él había sembrado buenas semillas, pero que el enemigo, Satanás, sobresembraría mala hierba en el campo. Así, junto con los primeros brotes del trigo apareció también la mala hierba. Sí, habría de esperarse una desviación del cristianismo puro hasta la siega, cuando Cristo rectificaría la situación. (Mateo 13:24-43.) The Encyclopedia Americana da este comentario: “El trinitarismo del siglo IV no reflejó con exactitud la enseñanza del cristianismo primitivo respecto a la naturaleza de Dios; al contrario, fue un desviarse de aquella enseñanza”. Entonces, ¿qué origen tuvo esta desviación? (1 Timoteo 1:6.)

Lo que influyó

POR todo el mundo de la antigüedad, hasta allá en los tiempos remotos de Babilonia, era común la adoración de dioses paganos agrupados en tres, o tríadas. Aquella influencia también dominó en Egipto, Grecia y Roma en los siglos antes, durante y después de Cristo. Y tras la muerte de los apóstoles aquellas creencias paganas empezaron a invadir el cristianismo.

El historiador Will Durant dijo: “El cristianismo no destruyó el paganismo; lo adoptó. [...] De Egipto vinieron las ideas de una trinidad divina”. Y en el libro Egyptian Religion, Siegfried Morenz señala: “Los teólogos egipcios estaban muy interesados en la trinidad [...] Se combina y trata a tres dioses como si fueran un solo ser, a quien se habla en singular. De ese modo la fuerza espiritual de la religión egipcia muestra un enlace directo con la teología cristiana”.

Así, en Alejandría, Egipto, clérigos de fines del siglo III y de principios del IV, como Atanasio, reflejaron aquella influencia cuando formularon ideas que prepararon el camino para la Trinidad. Su propia influencia se esparció, y por eso Morenz ve “la teología alejandrina como intermediaria entre el legado religioso egipcio y el cristianismo”.

En el prólogo de la obra de Edward Gibbon History of Christianity leemos: “Si el cristianismo conquistó el paganismo, también es cierto que el paganismo corrompió el cristianismo. La Iglesia de Roma cambió el deísmo puro de los primeros cristianos [...] en el dogma incomprensible de la trinidad. Conservó como dignos de creerse muchos de los dogmas paganos, inventados por los egipcios e idealizados por Platón”.

A Dictionary of Religious Knowledge señala que muchos dicen que la Trinidad “es una corrupción tomada de las religiones paganas e injertada en la fe cristiana”. Y The Paganism in Our Christianity declara: “El origen de la [Trinidad] es enteramente pagano”.

Así, en la Encyclopædia of Religion and Ethics James Hastings escribió: “En la religión de la India, por ejemplo, nos encontramos con el grupo trinitario de Brahma, Siva y Visnú; y en la religión egipcia con el grupo trinitario de Osiris, Isis y Horus [...] Tampoco es únicamente en las religiones históricas donde se considera a Dios una Trinidad. Uno recuerda en particular el punto de vista neoplatónico de la Realidad Suprema o Final”, que “se representa como una tríada”. ¿Qué tiene que ver el filósofo griego Platón con la Trinidad?

El platonismo

SE CREE que Platón vivió desde 428 hasta 347 antes de Cristo. Aunque no enseñó la Trinidad en su forma actual, sus filosofías prepararon el camino para tal enseñanza. Después surgieron movimientos filosóficos que incluyeron creencias en tríadas, sobre las cuales ejercieron influencia las ideas de Platón acerca de Dios y la naturaleza.

El diccionario francés Nouveau Dictionnaire Universel dice de la influencia de Platón: “La trinidad de Platón, en sí meramente un rearreglo de trinidades más antiguas que se remontan hasta pueblos más primitivos, parece ser la trinidad racional de atributos de índole filosófica que dio origen a las tres hipóstasis o personas divinas respecto a las cuales enseñan las iglesias cristianas. [...] El concepto de la divina trinidad que tuvo este filósofo griego [...] puede encontrarse en toda religión antigua [del paganismo]”.

The New Schaff-Herzog Encyclopedia of Religious Knowledge (Nueva enciclopedia de conocimiento religioso Schaff-Herzog) muestra la influencia de aquella filosofía griega: “Las doctrinas del Logos y de la Trinidad recibieron su forma de Padres griegos, quienes [...] estuvieron bajo intensa influencia —fuera directa o indirectamente— de la filosofía platónica [...] No se puede negar que de esta fuente entraron errores y corrupciones en la Iglesia”.

The Church of the First Three Centuries dice: “La doctrina de la Trinidad fue formándose gradualmente en tiempos comparativamente tardíos; [...] se originó de una fuente enteramente diferente de las Escrituras judías y cristianas: [...] las manos de los Padres que impusieron la influencia de Platón la desarrollaron y la injertaron en el cristianismo”.

Para fines del siglo III el “cristianismo” y las nuevas filosofías platónicas se unieron de manera inseparable. Como declara Adolf Harnack en Outlines of the History of Dogma (Esquemas de la historia de los dogmas), la doctrina eclesiástica llegó a estar “firmemente arraigada en el terreno del helenismo [el pensamiento griego pagano]. Por consiguiente, llegó a ser un misterio para la gran mayoría de los cristianos”.

La iglesia alegó que sus nuevas doctrinas estaban basadas en la Biblia. Pero Harnack dice: “En realidad legitimó dentro de sí la especulación helénica, los puntos de vista supersticiosos y las costumbres de la adoración misteriosa pagana”.

En el libro A Statement of Reasons (Declaración de razones), Andrews Norton dice de la Trinidad: “No podemos hallar la historia de esta doctrina ni descubrir su fuente en la revelación cristiana, sino en la filosofía platónica [...] La Trinidad no es doctrina de Cristo ni de sus Apóstoles, sino una ficción de la escuela de los platónicos posteriores”.

Así, en el siglo IV E.C. la apostasía que predijeron Jesús y los apóstoles floreció plenamente. El desarrollo de la Trinidad fue solo una manifestación de esto. Las iglesias apóstatas también empezaron a abrazar otras ideas paganas, como las de un infierno de fuego, la inmortalidad del alma y la idolatría. En sentido espiritual, la cristiandad había entrado en sus predichos tiempos de oscuridad, dominada por una creciente clase clerical del “hombre del desafuero”. (2 Tesalonicenses 2:3, 7.)

¿Por qué no la enseñaron los profetas de Dios?

¿POR qué debería ser que, mientras pasaban milenios, ninguno de los profetas de Dios enseñara a su pueblo que existía una Trinidad? A más tardar, ¿no debería haber usado Jesús su aptitud de Gran Maestro para aclarar la Trinidad a sus seguidores? ¿Habría de inspirar Dios centenares de páginas de las Escrituras y todavía no usar ninguna parte de esta instrucción para enseñar la Trinidad si esta en realidad fuera la “doctrina central” de la fe?

¿Deben creer los cristianos que, siglos después de Cristo y después de haberse inspirado divinamente la escritura de la Biblia, Dios apoyaría el que se formulara una doctrina que fue desconocida a sus siervos por miles de años, que es un “misterio inescrutable”, que está “más allá de lo que puede concebir la razón humana”, que, según se confiesa, tuvo antecedentes paganos y fue “principalmente un asunto de política eclesiástica”?

El testimonio de la historia es claro: el enseñar la Trinidad es haberse desviado de la verdad, es haber apostatado de ella.

¿Qué dice la Biblia acerca de Dios y Jesús?

SI LA gente leyera la Biblia desde el principio hasta el fin sin que hubiera concebido ya la idea de la Trinidad, ¿se formaría tal concepto por su propia cuenta? De ninguna manera.

Lo que se le manifiesta muy claramente al lector imparcial es que solo Dios es el Todopoderoso, el Creador, separado y distinto de toda otra persona, y que Jesús —y esto aplica aun a la existencia que tuvo antes de ser hombre— es también separado y distinto, un ser creado, subordinado a Dios.

Dios es uno solo, no tres

LA ENSEÑANZA bíblica de que Dios es uno solo se llama monoteísmo. Y L. L. Paine, profesor de historia eclesiástica, indica que el monoteísmo en su forma más pura no da cabida a una Trinidad: “El Antiguo Testamento es estrictamente monoteísta. Dios es un solo ser personal. La idea de que allí se pueda hallar una trinidad [...] carece de todo fundamento”.

¿Se cambió del monoteísmo a otro tipo de creencia después que Jesús vino a la Tierra? Paine contesta: “Respecto a este punto, no hay cambio al pasar del Antiguo Testamento al Nuevo. Continúa la tradición monoteísta. Jesús era judío, educado por padres judíos en las escrituras del Antiguo Testamento. Su enseñanza era judía hasta la médula; ciertamente un nuevo evangelio, pero no una nueva teología. [...] Y él aceptaba como creencia suya el gran texto del monoteísmo judío: ‘Escucha, oh Israel, el Señor nuestro Dios es un solo Dios’”.

Esas palabras se encuentran en Deuteronomio 6:4. La Biblia católica Bover-Cantera (BC) expresa el pensamiento así: “Escucha, Israel: Yahveh, nuestro Dios, Yahveh es uno”. Según el análisis gramatical de ese versículo, la palabra “uno” no tiene calificativos en plural que insinúen que signifique más de una persona.

Pablo, apóstol cristiano, no indicó ningún cambio en la naturaleza de Dios tampoco, ni siquiera después de la venida de Jesús a la Tierra. Escribió: “Dios es uno solo”. (Gálatas 3:20; véase también 1 Corintios 8:4-6.)

Miles de veces por toda la Biblia se hace referencia a Dios como una sola persona. Cuando él habla, es como persona indivisa. La Biblia no podría ser más clara en esto. Como declara Dios: “Yo soy Jehová. Ese es mi nombre; y a ningún otro daré yo mi propia gloria”. (Isaías 42:8.) “Yo soy Yahveh, tu Dios [...] No tendrás otro Dios ante mí” (cursiva nuestra). (Éxodo 20:2, 3, BC.)

¿Por qué hablarían de Dios como de una sola persona todos los escritores bíblicos inspirados divinamente si él en realidad fuera tres personas? ¿Qué propósito tendría eso, excepto el de engañar a la gente? Podemos estar seguros de que si Dios estuviera compuesto de tres personas él se habría encargado de que los hombres que utilizó para escribir la Biblia declararan eso con suma claridad, para que no pudiera haber dudas al respecto. Al menos los escritores de las Escrituras Griegas Cristianas que se relacionaron personalmente con el propio Hijo de Dios habrían hecho eso. Pero no lo hicieron.

Más bien, lo que los escritores de la Biblia declararon con suma claridad es que Dios es una sola Persona... un Ser singular, sin divisiones, que no tiene igual: “Yo soy Jehová, y no hay ningún otro. Con la excepción de mí no hay Dios”. (Isaías 45:5.) “Tú, cuyo nombre es Jehová, tú solo eres el Altísimo sobre toda la tierra.” (Salmo 83:18.)

No es un Dios plural

JESÚS llamó a Dios “el único Dios verdadero”. (Juan 17:3.) Al referirse a Dios, nunca habló de él como de una deidad que consistiera en una pluralidad de personas. Por eso, en la Biblia solo se llama Todopoderoso a Jehová. De otro modo, se anularía el significado de la palabra “todopoderoso”. Nunca se llama así ni a Jesús ni al espíritu santo, porque solo Jehová es supremo. En Génesis 17:1 él declara: “Yo soy Dios Todopoderoso”. Y Éxodo 18:11 dice: “Jehová es mayor que todos los demás dioses”.

En las Escrituras Hebreas la palabra ´elóh·ah (dios) tiene dos formas plurales, a saber, ´elo·hím (dioses) y ´elo·héh (dioses de). Por lo general estas formas plurales aluden a Jehová, y en ese caso se traducen en singular, “Dios”. ¿Indican una Trinidad esas formas plurales? No, no lo hacen. En A Dictionary of the Bible, William Smith dice: “La caprichosa idea de que [´elo·hím] se refería a la trinidad de personas en la Deidad difícilmente cuenta ahora con apoyo entre los eruditos. Es o lo que los gramáticos llaman el plural mayestático, o denota la plenitud de fortaleza divina, la suma de los poderes que Dios despliega”.

The American Journal of Semitic Languages and Literatures (Revista estadounidense de idiomas y literaturas semíticos) dice de ´elo·hím: “Se construye casi invariablemente con un predicado verbal en singular, y toma un atributo adjetival en singular”. Para ilustrar esto, el título ´elo·hím aparece 35 veces por sí solo en el relato de la creación, y en cada ocasión el verbo que describe lo que Dios dijo e hizo está en singular. (Génesis 1:1–2:4.) Por eso, esa revista llega a esta conclusión: “[´Elo·hím] tiene que ser explicado más bien como un plural intensivo, que denota grandeza y majestad”.

´Elo·hím no significa “personas”, sino “dioses”. Por eso, los que afirman que esa palabra da a entender una Trinidad se convierten en politeístas, adoradores de más de un solo Dios. ¿Por qué? Porque el término significaría que habría tres dioses en la Trinidad. Pero casi todo apoyador de la Trinidad rechaza el punto de vista de que la Trinidad se componga de tres dioses distintos.

La Biblia usa también las palabras ´elo·hím y ´elo·héh para referirse a varios dioses-ídolos falsos. (Éxodo 12:12; 20:23.) Pero en otras ocasiones puede referirse a un solo dios falso, como cuando los filisteos aludieron a “Dagón su dios [´elo·héh]”. (Jueces 16:23, 24.) Se llama a Baal “un dios [´elo·hím]”. (1 Reyes 18:27.) Además, el término se usa para aludir a humanos. (Salmo 82:1, 6.) A Moisés se le dijo que él serviría de “Dios [´elo·hím]” para Aarón y para Faraón. (Éxodo 4:16; 7:1.)

Es obvio que el uso de los títulos ´elo·hím y ´elo·héh para aludir a dioses falsos, y hasta a humanos, no daba a entender que cada uno fuera una pluralidad de dioses; el aplicar ´elo·hím o ´elo·héh a Jehová tampoco significa que él sea más de una persona, especialmente cuando consideramos lo que el resto de la Biblia testifica sobre este asunto.

Jesús, un ser creado distinto

JESÚS fue humano mientras estuvo en la Tierra, aunque humano perfecto, porque fue Dios quien transfirió la fuerza de vida de Jesús a la matriz de María. (Mateo 1:18-25.) Pero aquel no fue el principio de su existencia. Él mismo declaró que había ‘descendido del cielo’. (Juan 3:13.) Por eso fue sencillamente natural que dijera más tarde a sus seguidores: “¿Y cuando veáis al Hijo del hombre [Jesús] subir adonde estaba antes?”. (Juan 6:62, BJ.)

Como se ve, Jesús existió en el cielo antes de venir a la Tierra. Pero ¿fue como una de las personas de una Deidad todopoderosa, eterna, trina y una? No, pues la Biblia dice claramente que Jesús, en la existencia que tuvo antes de ser humano, era un ser celestial creado, tal como los ángeles son seres celestiales creados por Dios. Ni los ángeles ni Jesús existieron antes de haber sido creados.

Jesús, en su existencia en los cielos, era el “Primogénito de toda la creación”. (Colosenses 1:15, BJ.) Fue “el principio de la creación de Dios” (Apocalipsis [Revelación] 3:14, según la versión católica de Straubinger [Str].) No sería correcto interpretar que “principio” [griego: ar·kjé] significa que Jesús fue el ‘principiador’ de la creación divina. Juan, en sus escritos bíblicos, usa varias formas de la palabra griega ar·kjé más de 20 veces, y siempre tienen el significado común de “principio”. Sí, Jesús fue creado por Dios como el principio de la creación invisible de Dios.

Note la relación estrecha que hay entre esas referencias al origen de Jesús y las expresiones de la “Sabiduría” figurativa en el libro bíblico de Proverbios: “Yahvéh me creó, primicia de su camino, antes que sus obras más antiguas. Antes que los montes fuesen asentados, antes que las colinas, fui engendrada. No había hecho aún la tierra ni los campos, ni el polvo primordial del orbe”. (Proverbios 8:12, 22, 25, 26, BJ.) Aunque se usa el término “Sabiduría” para personificar a aquel a quien Dios creó, la mayoría de los eruditos concuerda en que es realmente una figura retórica para aludir a Jesús como criatura celestial antes de su existencia humana.

Jesús, como la “Sabiduría” antes de que fuera humano, pasa a decir que “yo estaba allí [con Dios], como arquitecto”. (Proverbios 8:30, BJ.) En conformidad con ese papel de arquitecto u obrero maestro —“artífice”, BC; “aprendiz”, Nueva Biblia Española [NBE]— que trabajaba con Dios, Colosenses 1:16 dice de Jesús que “por medio de él, Dios creó todo lo que hay en el cielo y en la tierra” (Versión Popular [VP]).

De modo que fue por medio de este obrero maestro, su socio menor, por decirlo así, como el Dios Todopoderoso creó todo lo demás. La Biblia resume este asunto así: “Para nosotros no hay sino un solo Dios, el Padre, de quien vienen todas las cosas, [...] y un solo Señor, Jesucristo, por quien son todas las cosas” (cursiva nuestra). (1 Corintios 8:6, Str.)

Sin duda, fue a este obrero maestro a quien Dios dijo: “Hagamos al hombre a nuestra imagen”. (Génesis 1:26.) Algunos han alegado que las palabras “hagamos” y “nuestra” en esta expresión indican una Trinidad. Pero si alguien dijera: ‘Hagamos algo para nosotros’, normalmente nadie entendería que dentro del que hablara hubiera varias personas combinadas en una sola. Lo que se quiere decir es simplemente que dos o más personas van a trabajar juntas en algo. Así, también, cuando Dios usó “hagamos” y “nuestra”, sencillamente estaba hablando a otra persona, su primera creación celestial, el obrero maestro, Jesús antes de su vida como humano.

¿Pudiera tentarse a Dios?

EN MATEO 4:1 se dice que Jesús fue “tentado por el Diablo”. Después de mostrar a Jesús “todos los reinos del mundo y su gloria”, Satanás dijo: “Todas estas cosas te las daré si caes y me rindes un acto de adoración”. (Mateo 4:8, 9.) Satanás estaba tratando de hacer que Jesús fuera desleal a Dios.

Pero ¿qué prueba de lealtad sería esa si Jesús fuera Dios? ¿Pudiera Dios rebelarse contra sí mismo? No, pero ángeles y humanos podían rebelarse contra Dios, y algunos lo hicieron. Solo tendría sentido la tentación de Jesús si él no fuera Dios, sino un ser separado que tuviera su propio libre albedrío, alguien que pudiera haber sido desleal si hubiera optado por serlo, como un ángel o un humano.

Por otra parte, es inimaginable que Dios pecara y fuera desleal a sí mismo. “Perfecta es su actividad [...] Dios de fidelidad, [...] justo y recto es él.” (Deuteronomio 32:4.) Por eso, si Jesús hubiera sido Dios, no podría haber sido tentado. (Santiago 1:13.)

Puesto que Jesús no era Dios, pudo haber sido desleal. Pero permaneció fiel, y dijo: “¡Vete, Satanás! Porque está escrito: ‘Es a Jehová tu Dios a quien tienes que adorar, y es solo a él a quien tienes que rendir servicio sagrado’”. (Mateo 4:10.)

¿Cuánto había que pagar como rescate?

UNA de las razones principales por las cuales Jesús vino a la Tierra tiene también relación directa con la Trinidad. La Biblia dice: “Hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, un hombre, Cristo Jesús, que se dio a sí mismo como rescate correspondiente por todos”. (1 Timoteo 2:5, 6.)

Jesús, ni más ni menos que un humano perfecto, llegó a ser un rescate que compensó exactamente por lo que Adán había perdido: el derecho a la vida humana perfecta en la Tierra. Por eso, el apóstol Pablo bien podía llamar a Jesús “el último Adán”, y decir en el mismo contexto: “Así como en Adán todos están muriendo, así también en el Cristo todos serán vivificados”. (1 Corintios 15:22, 45.) La vida humana perfecta de Jesús era el “rescate correspondiente” exigido por la justicia divina... ni más ni menos. Un principio fundamental hasta de la justicia humana es que el precio que se paga debe corresponder con el mal que se haya cometido.

No obstante, si Jesús hubiera sido parte de una Deidad trinitaria, el precio de rescate habría sido infinitamente superior a lo que exigían las propias leyes de Dios. (Éxodo 21:23-25; Levítico 24:19-21.) Quien pecó en Edén fue solo un humano perfecto, Adán, no Dios. Por eso, para que en verdad el rescate estuviera en conformidad con la justicia de Dios tendría que ser estrictamente equivalente... un humano perfecto, “el último Adán”. Así pues, cuando Dios envió a Jesús a la Tierra como rescate, hizo de Jesús lo que satisfaría la justicia: no que Dios se hiciera carne, no un Hombre-Dios, sino un hombre perfecto, “inferior a los ángeles”. (Hebreos 2:9; compárese con Salmo 8:5, 6.) ¿Cómo podría parte alguna de una Deidad todopoderosa —Padre, Hijo o espíritu santo— ser alguna vez inferior a los ángeles?

¿Cómo es Jesús el “Hijo unigénito”?

LA BIBLIA llama a Jesús el “Hijo unigénito” de Dios. (Juan 1:14; 3:16, 18; 1 Juan 4:9.) Los trinitarios dicen que, puesto que Dios es eterno, también el Hijo de Dios es eterno. Pero ¿cómo puede alguien ser hijo y a la misma vez tener la misma edad de su padre?

Los trinitarios alegan que, en el caso de Jesús, el término “unigénito” no encierra en sí el mismo sentido de la definición del diccionario para “engendrar”, que es “procrear, propagar la propia especie” (Diccionario de la lengua española, 1984). Dicen que en el caso de Jesús tiene “el sentido de una relación inoriginada”, un tipo de relación de hijo único sin el engendramiento (Diccionario Expositivo de Palabras del Nuevo Testamento, por W. E. Vine). ¿Le parece lógico eso? ¿Puede un hombre pasar vida a un hijo sin engendrarlo?

Además, ¿por qué usa la Biblia la mismísima palabra griega para “unigénito” (como admite Vine sin explicación alguna) al describir la relación de Isaac con Abrahán? Hebreos 11:17 dice que Isaac era el “hijo unigénito” de Abrahán. No cabe duda de que, en el caso de Isaac, él era unigénito en el sentido normal, sin ser igual en tiempo ni posición a su padre.

La palabra griega básica para “unigénito” que se usa para aludir a Jesús e Isaac es mo·no·gue·nés, de mo·nos, que significa “único”, y guí·no·mai, raíz que significa “generar”, “llegar a ser (llegar a existir)”, declara la Exhaustive Concordance de Strong. Por lo tanto, mo·no·gue·nés se define como: “Único nacido, único engendrado, o sea, hijo único” (A Greek and English Lexicon of the New Testament, por E. Robinson).

El Theological Dictionary of the New Testament, publicado por Gerhard Kittel, dice: “[Mo·no·gue·nés] significa ‘de descendencia única’, o sea, sin hermanos o hermanas”. Este libro también declara que en Juan 1:18; 3:16, 18 y 1 Juan 4:9 “la relación de Jesús no solo se compara con la de un hijo único con su padre. Es la relación del unigénito con el Padre”.

Así que la vida de Jesús, el Hijo unigénito, tuvo comienzo. Y al Dios Todopoderoso se le puede llamar con razón su Engendrador, o Padre, en el mismo sentido que un padre terrestre, como Abrahán, engendra un hijo. (Hebreos 11:17.) Por lo tanto, cuando la Biblia dice que Dios es el “Padre” de Jesús, quiere decir lo que dice: que son dos seres distintos y separados. Dios es el mayor, Jesús es el menor... en términos de tiempo, posición, poder y conocimiento.

Cuando uno toma en cuenta que Jesús no fue el único hijo celestial creado por Dios en los cielos, queda patente por qué se usó en su caso el término “Hijo unigénito”. A una cantidad innumerable de otros seres celestiales creados —ángeles— se les llama también “hijos de Dios”, con el mismo sentido que aplicaba a Adán el término, porque la fuerza de vida en ellos había provenido de Jehová Dios, la Fuente de la vida. (Job 38:7; Salmo 36:9; Lucas 3:38.) Pero todos estos seres celestiales fueron creados mediante el “Hijo unigénito”, el único que fue engendrado directamente por Dios. (Colosenses 1:15-17.)

¿Se creía que Jesús fuera Dios?

AUNQUE a Jesús se le llama frecuentemente en la Biblia el Hijo de Dios, nadie en el primer siglo siquiera pensó que él fuera Dios Hijo. Hasta los demonios, quienes ‘creen que hay un solo Dios’, sabían por su experiencia en las regiones celestiales que Jesús no era Dios. Por eso, correctamente, reconocían a Jesús como el “Hijo de Dios”, que tiene existencia separada. (Santiago 2:19; Mateo 8:29.) Y cuando Jesús murió, los soldados romanos, aquellos paganos que estaban cerca, ya sabían lo suficiente como para decir que lo que habían oído de los seguidores de Jesús tenía que ser correcto, no que Jesús fuera Dios, sino que “ciertamente este era Hijo de Dios”. (Mateo 27:54.)

Por consiguiente, la frase “Hijo de Dios” alude a Jesús como un ser creado que tiene existencia separada, no como parte de una Trinidad. Por ser el Hijo de Dios, no podía ser Dios mismo, porque Juan 1:18 dice: “A Dios nadie le ha visto jamás” (BJ).

Los discípulos creían que Jesús era el “un solo mediador entre Dios y los hombres”, y no Dios mismo. (1 Timoteo 2:5.) Puesto que por definición un mediador es alguien separado de los que necesitan mediación, implicaría contradicción el que Jesús correspondiera a cualquiera de las partes que estuviera tratando de reconciliar. Eso habría sido fingir que era lo que no era.

La Biblia habla clara y consecuentemente en cuanto a la relación de Dios con Jesús. Solo Jehová Dios es Todopoderoso. Creó directamente a Jesús antes de que viviera en la Tierra como humano. Por eso, Jesús tuvo principio, y jamás podría ser igual a Dios en poder ni en eternidad.

¿Es Dios superior a Jesús siempre?

JESÚS nunca afirmó que fuera Dios. Cuanto dijo acerca de sí mismo indica que de ninguna manera se consideraba igual a Dios... ni en poder ni en conocimiento ni en edad.

En todo período de su existencia, tanto en el cielo como en la Tierra, el habla y la conducta de Jesús manifiestan subordinación a Dios. Dios es siempre el superior, Jesús el inferior que fue creado por Dios.

Jesús distinguido de Dios

VEZ tras vez Jesús señaló que era una criatura separada de Dios y que él, Jesús, tenía sobre sí a un Dios, un Dios a quien adoraba y a quien llamaba “Padre”. En oración a Dios, es decir, al Padre, Jesús dijo: “[Tú], el único Dios verdadero”. (Juan 17:3.) En Juan 20:17 Jesús dijo a María Magdalena: “Voy a subir a mi Padre y vuestro Padre, a mi Dios y vuestro Dios” (Str). En 2 Corintios 1:3 el apóstol Pablo confirma esta relación: “Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo”. Puesto que Jesús tenía un Dios, su Padre, no podía ser a la misma vez ese Dios.

Los apóstoles no tuvieron reparos en hablar de Jesús y de Dios como entidades claramente distintas y separadas: “Para nosotros no hay más que un solo Dios, el Padre, [...] y un solo Señor, Jesucristo”. (1 Corintios 8:6, BJ.) El apóstol Pablo señala la distinción cuando menciona la “presencia de Dios, de Cristo Jesús y de los ángeles escogidos”. (1 Timoteo 5:21, BJ.) Tal como en lo que escribe Pablo distingue entre Jesús y los ángeles en el cielo, lo mismo hace con relación a Jesús y Dios.

Las palabras de Jesús en Juan 8:17, 18 también son significativas. Él declara: “En la propia Ley de ustedes está escrito: ‘El testimonio de dos hombres es verdadero’. Yo soy quien doy testimonio acerca de mí mismo, y el Padre que me envió da testimonio acerca de mí”. Aquí Jesús muestra que él y el Padre, es decir, el Dios Todopoderoso, tienen que ser dos entidades distintas, porque ¿de qué otro modo pudiera haber realmente dos testigos?

Otra manera como Jesús mostró que él era un ser separado de Dios fue al decir: “¿Por qué me llamas bueno? Nadie es bueno sino sólo Dios”. (Marcos 10:18, BJ.) De modo que Jesús decía que nadie es tan bueno como Dios, ni siquiera Jesús mismo. Dios es bueno de una manera que lo distingue de Jesús.

El siervo sumiso de Dios

VEZ tras vez Jesús hizo declaraciones como las siguientes: “El Hijo no puede hacer nada por su cuenta, sino lo que ve hacer al Padre”. (Juan 5:19, BJ.) “He bajado del cielo para hacer, no la voluntad mía, sino la voluntad del que me ha enviado.” (Juan 6:38.) “Lo que yo enseño no es mío, sino que pertenece al que me ha enviado.” (Juan 7:16.) ¿No es el que envía mayor que el enviado?

Esta relación se manifiesta claramente en la ilustración de Jesús acerca de la viña. Él comparó a Dios, su Padre, con el dueño de la viña, quien viajó al extranjero y la dejó a cargo de los cultivadores, quienes representaban al clero judío. Después, cuando el dueño envió un esclavo para conseguir parte del fruto de la viña, los cultivadores lo golpearon y lo enviaron con las manos vacías. Entonces el dueño envió un segundo esclavo, y después otro, y estos recibieron el mismo trato. Finalmente, el dueño dijo: “Enviaré a mi hijo [Jesús] el amado. Probablemente a este lo respeten”. Pero los cultivadores corruptos dijeron: “‘Este es el heredero; matémoslo, para que la herencia llegue a ser nuestra’. Con eso, lo echaron fuera de la viña y lo mataron”. (Lucas 20:9-16.) Así ilustró Jesús su propio puesto de enviado por Dios para hacer la voluntad de Dios, tal como un padre envía a un hijo sumiso.

Los seguidores de Jesús siempre lo vieron como siervo sumiso de Dios, no como igual a Dios. Oraron a Dios acerca de “tu santo siervo Jesús, a quien has ungido, [...] señales y prodigios por el nombre de tu santo siervo Jesús”. (Hechos 4:23, 27, 30, BJ.)

Dios es superior siempre

AL PRINCIPIO del ministerio de Jesús, cuando él salió del agua bautismal, la voz de Dios desde el cielo dijo: “Este es mi Hijo, el amado, a quien he aprobado”. (Mateo 3:16, 17.) ¿Estaba diciendo Dios que él era su propio hijo, que se aprobaba a sí mismo, que se enviaba a sí mismo? No; Dios el Creador decía que él, en su posición de superior, aprobaba al inferior, su Hijo Jesús, para la obra necesaria.

Jesús indicó la superioridad de su Padre al decir: “El espíritu de Jehová está sobre mí, porque él me ungió para declarar buenas nuevas a los pobres”. (Lucas 4:18.) El ungimiento se efectúa cuando un superior da autoridad o una comisión a alguien que todavía no tiene autoridad. Es obvio que aquí el superior es Dios, porque ungió a Jesús y le dio autoridad que Jesús anteriormente no tenía.

Jesús manifestó claramente la superioridad de su Padre cuando la madre de dos discípulos pidió que sus hijos se sentaran uno a la derecha y el otro a la izquierda de Jesús cuando él entrara en su Reino. Jesús contestó: “Sentarse a mi derecha y a mi izquierda no es cosa mía el concederlo, sino que es para quienes está preparado por mi Padre”, es decir, Dios. (Mateo 20:23, BJ.) Si Jesús hubiera sido el Dios Todopoderoso, podría haber dado aquellos puestos. Pero Jesús no podía darlos, porque le tocaba a Dios darlos, y Jesús no era Dios.

Las mismas oraciones de Jesús son ejemplo convincente de su posición inferior. Cuando se acercaba el tiempo en que Jesús había de morir, mostró quién era su superior al orar: “Padre, si deseas, remueve de mí esta copa. Sin embargo, que no se efectúe mi voluntad, sino la tuya”. (Lucas 22:42.) ¿A quién le oraba? ¿A una parte de sí mismo? No; le oraba a alguien enteramente separado de él, su Padre, Dios —cuya voluntad era superior y podía diferenciarse de la suya—, el Único que podía ‘remover aquella copa’.

Después, cuando estaba a punto de morir, Jesús clamó: “¡Dios mío, Dios mío! ¿por qué me has abandonado?”. (Marcos 15:34, BJ.) ¿A quién clamó Jesús? ¿A sí mismo o a una parte de sí mismo? De seguro ese clamor: “Dios mío” no provino de alguien que se considerara Dios. Y si Jesús fuera Dios, entonces, ¿quién lo había abandonado? ¿Se abandonó a sí mismo? Eso no tendría sentido. Jesús dijo también: “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu”. (Lucas 23:46.) Si Jesús fuera Dios, ¿por qué habría de encomendar su espíritu al Padre?

Después de su muerte, Jesús estuvo en la tumba por partes de tres días. Si fuera Dios, entonces Habacuc 1:12 está equivocado cuando dice: “Oh Dios mío, mi Santo, tú no mueres”. Pero la Biblia dice que Jesús sí murió y que estuvo inconsciente en la tumba. ¿Y quién lo resucitó de entre los muertos? Si verdaderamente estaba muerto, no se pudiera haber resucitado a sí mismo. Por otra parte, si en realidad no estaba muerto, su muerte fingida no habría pagado el precio de rescate por el pecado de Adán. Pero él sí pagó ese precio, porque verdaderamente murió. De modo que fue “Dios [quien] lo resucitó [a Jesús] desatando los dolores de la muerte”. (Hechos 2:24.) El superior, el Dios Todopoderoso, levantó de entre los muertos al inferior, su siervo Jesús.

¿Indica que Jesús fuera Dios el hecho de que pudiera ejecutar milagros, como el de resucitar a ciertas personas? Pues bien, los apóstoles y los profetas Elías y Eliseo tuvieron ese poder también, pero eso no significó que fueran más que hombres. Dios dio el poder de ejecutar milagros a los profetas, a Jesús y a los apóstoles para demostrar que los apoyaba. Pero eso no significó que ninguno de ellos fuera parte de una Deidad plural.

Había límite a lo que Jesús sabía

CUANDO Jesús dio su profecía acerca del fin de este sistema de cosas, declaró: “Mas de aquel día y hora, nadie sabe nada, ni los ángeles en el cielo, ni el Hijo, sino sólo el Padre”. (Marcos 13:32, BJ.) Si Jesús hubiera sido el Hijo que fuera parte igual de una Deidad, habría sabido lo que el Padre sabe. Pero Jesús no lo sabía, porque no era igual a Dios.

De manera similar, en Hebreos 5:8 leemos que Jesús “aprendió la obediencia por las cosas que sufrió”. ¿Podemos imaginarnos que Dios tuviera que aprender algo? No; pero Jesús sí aprendió, porque no sabía todo lo que Dios sabía. Y tuvo que aprender algo que Dios nunca tiene que aprender... la obediencia. Dios nunca tiene que obedecer a nadie.

La diferencia entre lo que Dios conoce y lo que Cristo conoce también existió cuando Jesús fue resucitado para ir al cielo y estar con Dios. Note las palabras de apertura del último libro de la Biblia: “Revelación de Jesucristo; se la concedió Dios”. (Apocalipsis [Revelación] 1:1, BJ.) Si Jesús mismo fuera parte de una Deidad, ¿habría sido necesario que otra parte de la Deidad —Dios— le diera una revelación? De seguro él habría conocido todo aquello, porque Dios lo conocía. Pero Jesús no lo conocía, porque no era Dios.

Jesús sigue subordinado

ANTES de que Jesús viniera a la Tierra, y también cuando vivió aquí, estuvo subordinado a Dios. Después de haber resucitado, sigue en posición subordinada, secundaria.

Respecto a la resurrección de Jesús, Pedro y los que estaban con él dijeron al Sanedrín judío: “A este [Jesús], Dios lo ensalzó a su diestra”. (Hechos 5:31.) Pablo dijo: “Dios lo ensalzó a un puesto superior”. (Filipenses 2:9.) Si Jesús hubiera sido Dios, ¿cómo se podría haber ensalzado, es decir, levantado a un puesto superior al que tenía antes? Ya habría sido una parte ensalzada de la Trinidad. Si antes de su ensalzamiento Jesús hubiera sido igual a Dios, el ensalzarlo más lo habría hecho superior a Dios.

Pablo dijo también que Cristo entró “en el mismo cielo para presentarse ahora delante de Dios a favor nuestro”. (Hebreos 9:24, Str.) Si usted se presentara ante otro, ¿cómo podría ser usted ese otro? No podría ser. Tiene que ser diferente y separado.

De igual manera, el mártir Esteban, precisamente antes de morir apedreado, “miró con fijeza al cielo y alcanzó a ver la gloria de Dios y a Jesús de pie a la diestra de Dios”. (Hechos 7:55.) Está claro que vio a dos seres separados... pero no vio a ningún espíritu santo; no vio ninguna Deidad trinitaria.

En el relato de Revelación 4:8 a 5:7 se describe a Dios sentado en su trono celestial, pero Jesús no está allí. Él tiene que acercarse a Dios para tomar un rollo de la mano derecha de Dios. Esto muestra que en el cielo Jesús no es Dios, sino que es una entidad separada de él.

En conformidad con lo anterior, el Bulletin of the John Rylands Library (Boletín de la biblioteca John Rylands) de Manchester, Inglaterra, dice: “A Jesús en su vida celestial de resucitado se le describe con una personalidad individual tan distinta y separada de la persona de Dios como lo fue la que tuvo durante su vida terrestre como el hombre Jesús. Sí, al lado de Dios y comparado con Dios ciertamente aparece como otro ser celestial entre la corte celestial de Dios, como lo que eran los ángeles... aunque, como el Hijo de Dios, está en una categoría diferente, y tiene un rango muy superior al de ellos”. (Compárese con Filipenses 2:11.)

El Bulletin también dice: “Sin embargo, lo que se dice de su vida y sus funciones como el Cristo celestial ni significa ni da a entender que en la condición divina él se halla a la par con Dios mismo y es plenamente Dios. Al contrario, en el cuadro que da el Nuevo Testamento de su persona y su ministerio celestiales contemplamos una entidad separada de Dios y subordinada a él”.

En el futuro eterno en el cielo, Jesús seguirá siendo un siervo separado y subordinado de Dios. La Biblia lo expresa así: “Luego, el fin, cuando [Jesús en el cielo] entregue a Dios Padre el Reino, [...] entonces también el Hijo se someterá a Aquel que ha sometido a él todas las cosas, para que Dios sea todo en todo”. (1 Corintios 15:24, 28, BJ.)

Jesús nunca dijo que fuera Dios

ESTÁ claro lo que la Biblia indica. El Dios Todopoderoso, Jehová, no solo es una personalidad separada de Jesús, sino que también es en todo tiempo su superior. A Jesús siempre se le presenta como separado e inferior, un humilde siervo de Dios. Por eso la Biblia dice claramente que “la cabeza del Cristo es Dios”, tal como “la cabeza de todo varón es el Cristo”. (1 Corintios 11:3.) Y por eso Jesús mismo dijo: “El Padre es más que yo”. (Juan 14:28, BJ.)

La verdad es que Jesús no es Dios, y nunca afirmó serlo. Aumenta la cantidad de los eruditos que reconocen esto. Como declara el Bulletin de Rylands: “Tenemos que enfrentarnos al hecho de que la investigación del Nuevo Testamento durante, digamos, los últimos treinta o cuarenta años ha llevado a una cantidad cada vez mayor de escriturarios acreditados del Nuevo Testamento a la conclusión de que ciertamente Jesús [...] nunca se creyó Dios”.

El Bulletin también dice esto sobre los cristianos del primer siglo: “Por lo tanto, cuando asignaban [a Jesús] títulos de honor, como: Cristo, Hijo del hombre, Hijo de Dios y Señor, estas no eran maneras de decir que él fuera Dios, sino de señalar que hacía la obra de Dios”.

Como se ve, hasta algunos doctos religiosos reconocen que la idea de que Jesús es Dios contradice todo el testimonio de la Biblia. Según la Biblia, Dios es siempre el superior, y Jesús es el siervo subordinado.

El espíritu santo... la fuerza activa de Dios

SEGÚN la doctrina de la Trinidad, el espíritu santo es la tercera persona de una Deidad, igual al Padre y al Hijo. Como dice el libro Our Orthodox Christian Faith: “El Espíritu Santo es totalmente Dios”.

En las Escrituras Hebreas la palabra que más se usa para “espíritu” es rú·aj, que significa “aliento; viento; espíritu”. En las Escrituras Griegas se usa la palabra pnéu·ma, de significado similar. ¿Indican esas palabras que el espíritu santo sea parte de una Trinidad?

Una fuerza activa

EN LA Biblia, el uso de la expresión “espíritu santo” indica que es una fuerza controlada que Jehová Dios usa para llevar a cabo diversos propósitos. Hasta cierto grado puede compararse con la electricidad, una fuerza que puede emplearse para una gran variedad de funciones.

En Génesis 1:2 la Biblia declara que “la fuerza activa [“espíritu” (hebreo: rú·aj)] de Dios se movía de un lado a otro sobre la superficie de las aguas”. Aquí el espíritu de Dios era su fuerza activa obrando para dar forma a la Tierra.

Dios usa su espíritu para iluminar a los que le sirven. David oró: “Enséñame a hacer tu voluntad, porque tú eres mi Dios. Tu espíritu [rú·aj] es bueno; que me guíe en la tierra de la rectitud”. (Salmo 143:10.) Cuando se nombró a 70 hombres capacitados para que ayudaran a Moisés, Dios dijo a este siervo suyo: “Tendré que quitar parte del espíritu [rú·aj] que está sobre ti y colocarlo sobre ellos”. (Números 11:17.)

La profecía bíblica se puso por escrito cuando hombres de Dios fueron “llevados por espíritu [griego: de pnéu·ma] santo”. (2 Pedro 1:20, 21.) De modo que la Biblia fue “inspirada de Dios”, una frase que en griego se expresa por la palabra The·ó·pneu·stos, que significa “insuflada por Dios”. (2 Timoteo 3:16.) Guiadas por espíritu santo, también ciertas personas tuvieron visiones o sueños proféticos. (2 Samuel 23:2; Joel 2:28, 29; Lucas 1:67; Hechos 1:16; 2:32, 33.)

El espíritu santo impelió a Jesús a ir al desierto después de su bautismo. (Marcos 1:12.) El espíritu resultó ser como un fuego dentro de los siervos de Dios, y les dio vigor. Además, los capacitó para hablar con denuedo y valor. (Miqueas 3:8; Hechos 7:55-60; 18:25; Romanos 12:11; 1 Tesalonicenses 5:19.)

Mediante su espíritu, Dios juzgará a hombres y naciones. (Isaías 30:27, 28; 59:18, 19.) Y el espíritu de Dios puede llegar a todo lugar, y obrar a favor de la gente o contra ella. (Salmo 139:7-12.)

‘Poder más allá de lo normal’

EL ESPÍRITU de Dios puede, además, suministrar “poder que es más allá de lo normal” a los que sirven a Dios. (2 Corintios 4:7.) Esto les permite aguantar experiencias que los someten a prueba en cuanto a su fe, así como hacer cosas que de otro modo no podrían hacer.

Por ejemplo, en cuanto a Sansón, Jueces 14:6 relata: “El espíritu de Yahvéh le invadió, y Sansón sin tener nada en la mano despedazó al león como se despedaza un cabrito” (BJ). ¿Entró o de hecho se apoderó de Sansón una persona divina, y se valió de su cuerpo para hacer lo que hizo? No; como lo dice una versión en inglés, fue realmente “el poder del SEÑOR [lo que] hizo fuerte a Sansón” (Today’s English Version).

La Biblia dice que, al bautizarse Jesús, espíritu santo descendió sobre él bajo la apariencia de una paloma, no como forma humana. (Marcos 1:10.) Esta fuerza activa de Dios le permitió a Jesús curar enfermos y levantar muertos. Como dice Lucas 5:17: “El poder del Señor [Dios] le hacía [a Jesús] obrar curaciones” (BJ).

El espíritu de Dios también dio a los discípulos de Jesús facultad para hacer cosas milagrosas. Hechos 2:1-4 relata que los discípulos estaban reunidos en el Pentecostés cuando “de repente ocurrió desde el cielo un ruido exactamente como el de una brisa impetuosa y fuerte, [...] y todos se llenaron de espíritu santo y comenzaron a hablar en lenguas diferentes, así como el espíritu les concedía expresarse”.

De modo que el espíritu santo dio a Jesús y a otros siervos de Dios poder para hacer lo que ordinariamente los seres humanos no podrían hacer.

No es una persona

SIN embargo, ¿acaso no hay versículos bíblicos en que se habla del espíritu santo como si fuera una persona? Sí, pero note lo que dice el teólogo católico Edmund Fortman sobre esto en The Triune God: “Aunque frecuentemente se describe este espíritu en términos personales, parece muy claro que los escritores sagrados [de las Escrituras Hebreas] nunca concibieron ni presentaron distintamente este espíritu como si fuera una persona”.

No es rara la personificación de ciertas cosas en las Escrituras. Se dice que la sabiduría tiene hijos. (Lucas 7:35.) Se llama reyes al pecado y la muerte. (Romanos 5:14, 21.) En Génesis 4:7 dice: “Hay pecado agazapado a la entrada”, y se personifica al pecado como alguien que estuviera agazapado a la puerta de Caín. Pero, por supuesto, el pecado no es una persona; tampoco el personificar al espíritu santo lo hace una persona celestial.

De modo similar, en 1 Juan 5:6-8 (VP) se dice que, no solo el espíritu, sino también “el agua y la sangre” son testigos. Sin embargo, es obvio que el agua y la sangre no son personas, como tampoco lo es el espíritu santo.

Esto armoniza con el hecho de que en general la Biblia se refiere al “espíritu santo” de manera impersonal, como al compararlo con agua y fuego. (Mateo 3:11; Marcos 1:8.) Se insta a la gente a llenarse de espíritu santo y no de vino. (Efesios 5:18.) Se dice que la gente se llena de espíritu santo de la misma manera como se llena de cualidades como sabiduría, fe y gozo. (Hechos 6:3; 11:24; 13:52.) Y en 2 Corintios 6:6 se menciona el espíritu santo entre varias cualidades. Expresiones como esas no serían tan comunes si el espíritu santo fuera en realidad una persona.

Además, aunque es cierto que algunos textos bíblicos dicen que el espíritu habla, otros muestran que esto en realidad se hizo mediante humanos o ángeles. (Mateo 10:19, 20; Hechos 4:24, 25; 28:25; Hebreos 2:2.) La acción del espíritu en esos casos se asemeja a la transmisión de mensajes por ondas de radio entre personas que se hallan a gran distancia.

En Mateo 28:19 se hace referencia al “nombre [...] del espíritu santo”. Pero la palabra “nombre” no siempre se refiere a un nombre personal, ni en griego ni en español. Cuando decimos “en nombre de la ley”, no nos referimos a una persona. Más bien nos referimos a lo que la ley representa, su autoridad. El libro Word Pictures in the New Testament (Cuadros comunicados por palabras en el Nuevo Testamento), de Robertson, dice: “El uso de nombre (onoma) aquí es un uso común en la Septuaginta y en los papiros para referirse a poder o autoridad”. De modo que el bautismo ‘en el nombre del espíritu santo’ es en reconocimiento de la autoridad del espíritu, que viene de Dios y funciona por la voluntad divina.

El “ayudante”

JESÚS asemejó el espíritu santo a un “ayudante”, y dijo que este enseñaría, guiaría y hablaría. (Juan 14:16, 26; 16:13.) La palabra griega que él usó para ayudante (pa·rá·kle·tos) es de género masculino. Por eso, al referirse a lo que el ayudante haría Jesús usó pronombres personales masculinos. (Juan 16:7, 8.) Por otra parte, cuando se usa la palabra griega neutra para espíritu (pnéu·ma), apropiadamente se usa el pronombre neutro “ello”.

La mayoría de los traductores trinitarios ocultan ese hecho, como admite la versión católica en inglés New American Bible en cuanto a Juan 14:17: “La palabra griega para ‘espíritu’ es neutra, y aunque [en esta traducción] usamos pronombres personales en inglés (‘he’ [él], ‘his’ [de él], ‘him’ [(a) él]), la mayoría de los mss. [manuscritos] griegos utilizan ‘it’ [ello]”.

Por eso, cuando la Biblia usa pronombres personales masculinos con la palabra pa·rá·kle·tos en Juan 16:7, 8, está conformándose a reglas gramaticales, y no expresando una doctrina.

No es parte de una Trinidad

VARIAS fuentes reconocen que la Biblia no apoya la idea de que el espíritu santo sea la tercera persona de una Trinidad. Por ejemplo:

The Catholic Encyclopedia: “El Antiguo Testamento no contiene ninguna indicación clara de una Tercera Persona”.

El teólogo católico Fortman: “Para los judíos el espíritu nunca fue persona; tampoco hay prueba sólida de que algún escritor del Antiguo Testamento tuviera ese punto de vista. [...] En los [Evangelios] sinópticos y en Hechos el Espíritu Santo por lo general se presenta como una fuerza o poder divino”.

La New Catholic Encyclopedia: “Está claro que en el A[ntiguo] T[estamento] no se visualiza al espíritu de Dios como una persona [...] El espíritu de Dios es sencillamente el poder de Dios. Si a veces se lo presenta como distinto de Dios, es porque el aliento de Yahvéh obra exteriormente”. También dice: “La mayoría de los textos del N[uevo] T[estamento] revelan que el espíritu de Dios es algo, no alguien; esto se ve especialmente en el paralelismo entre el espíritu y el poder de Dios” (cursiva nuestra).

A Catholic Dictionary: “En general, tanto el Nuevo Testamento como el Antiguo hablan del espíritu como de energía o poder divino”.

Por lo tanto, ni para los judíos ni para los cristianos era el espíritu santo parte de una Trinidad. Esa enseñanza se adoptó siglos después. Como señala A Catholic Dictionary: “La tercera Persona fue confirmada en el Concilio de Alejandría en 362 [...] y aceptada finalmente por el Concilio de Constantinopla en 381”... ¡unos tres siglos y medio después que los discípulos se llenaron de espíritu santo en el Pentecostés!

No, el espíritu santo no es una persona ni es parte de una Trinidad. El espíritu santo es la fuerza activa de Dios que él usa para efectuar su voluntad. No es igual a Dios, sino que siempre está a su disposición y en subordinación a él.

¿Qué hay de los textos que se usan en prueba de la Trinidad?

SE DICE que en algunos textos bíblicos se encuentra prueba en apoyo de la Trinidad. No obstante, al leer esos textos debemos tener presente que la evidencia bíblica e histórica no apoya la Trinidad.

Cualquier remisión a la Biblia como prueba tiene que entenderse teniendo como contexto lo que toda la Biblia enseña consecuentemente. Con mucha frecuencia los versículos circundantes, que dan el contexto, aclaran el verdadero significado del texto bíblico en cuestión.

Tres en uno

EN LA New Catholic Encyclopedia se presentan tres de esos textos bíblicos, “textos de prueba”, para apoyar la Trinidad, pero también se admite lo siguiente: “La doctrina de la Santísima Trinidad no se enseña en el A[ntiguo] T[estamento]. En el N[uevo] T[estamento] la prueba más antigua está en las epístolas paulinas, especialmente en 2 Cor 13:13 [versículo 14 en algunas Biblias] y en 1 Cor 12:4-6. En los Evangelios, la prueba de la Trinidad se encuentra explícitamente solo en la fórmula bautismal de Mat 28:19”.

En esos versículos las tres “personas” se enumeran como sigue en la Biblia de Jerusalén. Segunda a los Corintios 13:13 (14) reúne a las tres de este modo: “La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo sean con todos vosotros”. Primera a los Corintios 12:4-6 dice: “Hay diversidad de carismas, pero el Espíritu es el mismo; diversidad de ministerios, pero el Señor es el mismo; diversidad de operaciones, pero es el mismo el Dios que obra todo en todos”. Y Mateo 28:19 dice: “Id, pues, y haced discípulos a todas las gentes bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo”.

¿Dicen esos versículos que Dios, Cristo y el espíritu santo constituyan una Deidad trinitaria, que los tres sean iguales en sustancia, poder y eternidad? No; no dicen eso, tal como el enumerar a tres personas, como Pepe, Pancho y Antonio, no significa que sean tres en uno.

La Cyclopedia of Biblical, Theological, and Ecclesiastical Literature, de McClintock y Strong, admite que esa clase de referencia “solo prueba que se menciona a tres entidades, [...] pero no prueba, por sí misma, que las tres pertenezcan necesariamente a la naturaleza divina ni que posean igual honra divina”.

Aunque esa fuente es trinitaria, dice de 2 Corintios 13:13 (14): “No podríamos deducir con razón que tuvieran igual autoridad ni la misma naturaleza”. Y de Mateo 28:18-20 dice: “Sin embargo, este texto, tomado por sí mismo, no probaría decisivamente ni la personalidad de las tres entidades mencionadas ni su igualdad ni divinidad”.

También se mencionó a Dios, Jesús y el espíritu santo en el mismo contexto en la ocasión del bautismo de Jesús. Este “vio descender como paloma el espíritu de Dios que venía sobre él”. (Mateo 3:16.) Con todo, ahí no dice que los tres sean uno. Muchas veces se menciona juntos a Abrahán, Isaac y Jacob, pero eso no los hace uno. Aparecen juntos los nombres de Pedro, Santiago y Juan, pero eso no los hace uno tampoco. Además, puesto que el espíritu de Dios descendió sobre Jesús en su bautismo, eso muestra que Jesús no tuvo el espíritu sino hasta ese momento. Puesto que así fue, ¿cómo pudiera haber sido Jesús parte de una Trinidad en la cual él siempre hubiera sido uno con el espíritu santo?

Otra referencia que menciona a los tres juntos está en algunas traducciones antiguas de la Biblia en 1 Juan 5:7. No obstante, los eruditos reconocen que esas palabras no estaban originalmente en la Biblia, sino que fueron añadidas mucho tiempo después. Correctamente, la mayoría de las traducciones modernas omiten ese versículo espurio.

Otros textos bíblicos que se dan como prueba tratan solo de la relación entre dos: el Padre y Jesús. Consideremos algunos de estos.

“Yo y el Padre somos uno”

ESE texto, en Juan 10:30, suele citarse como apoyo para la Trinidad, aunque en él no se menciona a una tercera persona. Pero Jesús mismo mostró lo que quería decir con que él y el Padre fueran “uno”. Según Juan 17:21, 22, oró a Dios para que sus discípulos “todos ellos sean uno, así como tú, Padre, estás en unión conmigo y yo estoy en unión contigo, que ellos también estén en unión con nosotros, [...] que ellos sean uno así como nosotros somos uno”. ¿Estaba Jesús orando para que todos sus discípulos llegaran a ser una sola entidad? No; obviamente Jesús oraba para que estuvieran unidos en pensamiento y propósito, como lo estaban él y Dios. (Véase también 1 Corintios 1:10.)

En 1 Corintios 3:6, 8 Pablo dice: “Yo planté, Apolos regó [...] El que planta y el que riega uno son”. Pablo no quiso decir que él y Apolos fueran dos personas en un solo ser; quiso decir que estaban unidos en propósito. La palabra griega que Pablo usó ahí para “uno” (hen) es neutra, y literalmente se puede traducir “una (cosa)”, lo que indica unidad en cooperación. Es la misma palabra que usó Jesús en Juan 10:30 para describir su relación con el Padre. También es la misma palabra que Jesús empleó en Juan 17:21, 22. Por eso, cuando usó la palabra “uno” (hen) en estos casos, hablaba sobre unidad de pensamiento y propósito.

Respecto a Juan 10:30, Juan Calvino (quien era trinitario) dijo en su Comentario sobre el Evangelio según Juan: “Los antiguos dieron mal uso a este pasaje cuando quisieron probar con él que Cristo es [...] de la misma esencia que el Padre. Pues Cristo no arguye sobre la unidad de la sustancia, sino sobre la conformidad de él con el Padre”.

En el mismo contexto de los versículos que siguen a Juan 10:30 Jesús afirmó vigorosamente que con sus palabras no alegaba ser Dios. Preguntó lo siguiente a los judíos que equivocadamente habían llegado a aquella conclusión y querían apedrearlo: “¿Por qué me acusan de blasfemia a mí, a quien el Padre consagró y envió al mundo, si digo que soy Hijo de Dios?”. (Juan 10:31-36, NBE.) No; Jesús no afirmó que fuera Dios Hijo, sino el Hijo de Dios.

“Haciéndose igual a Dios”

OTRO texto bíblico que se da como apoyo para la Trinidad es Juan 5:18. Este dice que los judíos (como en Juan 10:31-36) querían matar a Jesús porque “también llamaba a Dios su propio Padre, haciéndose igual a Dios”.

Pero ¿quién dijo que Jesús estaba haciéndose igual a Dios? No fue Jesús. Él se defendió de aquella acusación falsa en el mismísimo versículo siguiente (19): “Jesús, pues, tomando la palabra, les decía: ‘[...] el Hijo no puede hacer nada por su cuenta, sino lo que ve hacer al Padre’” (BJ).

Al decir eso, Jesús mostró a los judíos que no era igual a Dios y, por lo tanto, no podía obrar por su propia iniciativa. ¿Podemos imaginarnos que alguien que fuera igual al Dios Todopoderoso dijera que ‘no podía hacer nada por su cuenta’? (Compárese con Daniel 4:34, 35.) Es interesante que el contexto de Juan 5:18 y 10:30 muestra que Jesús se defendió de acusaciones falsas de judíos que, como los trinitarios, ¡habían llegado a conclusiones equivocadas!

¿“Igual a Dios”?

EN FILIPENSES 2:6 la versión católica Scío de San Miguel [Scío] dice de Jesús: “Que siendo en forma de Dios, no tuvo por usurpación el ser él igual a Dios”. La Versión Reina-Valera de 1904 dice: “El cual siendo en forma de Dios, no tuvo por rapiña ser igual a Dios”. Algunos todavía usan versiones que presentan lecturas semejantes para apoyar la idea de que Jesús era igual a Dios. Pero note cómo vierten otras traducciones ese versículo:

1869: “quien, estando en la forma de Dios, no consideró como para procurarse ávidamente el estar en igualdad con Dios” (The New Testament, por G. R. Noyes).

1965: “Él —¡en verdad de naturaleza divina!— nunca desplegó confianza en sí mismo haciéndose igual a Dios” (Das Neue Testament, edición revisada, por Friedrich Pfäfflin).

1968: “quien, aunque estaba en la forma de Dios, no consideró que debería hacer suyo ávidamente el ser igual a Dios” (La Bibbia Concordata).

1972: “quien, a pesar de tener la forma de Dios, no reputó como botín (codiciable) ser igual a Dios” (Versión Nácar-Colunga).

1976: “Él siempre tuvo la naturaleza de Dios, pero no pensó que por fuerza debería tratar de llegar a ser igual a Dios” (Today’s English Version).

1985: “Quien, estando en la forma de Dios, no consideró la igualdad con Dios algo que debería asir ávidamente” (The New Jerusalem Bible).

1987: “quien, aunque existía en la forma de Dios, no dio consideración a una usurpación, a saber, que debiera ser igual a Dios” (Traducción del Nuevo Mundo de las Santas Escrituras).

Sin embargo, algunos alegan que aun estas versiones más exactas dan a entender que 1) Jesús ya tenía igualdad, pero no quería retenerla, o que 2) no tenía que asirse ávidamente de la igualdad porque ya la tenía.

A este respecto, Ralph Martin, en The Epistle of Paul to the Philippians (La epístola de Pablo a los Filipenses), dice sobre el griego original: “Sin embargo, es cuestionable el que el sentido del verbo pueda deslizarse de su verdadero significado de ‘apoderarse de’, ‘arrebatar violentamente’ al de ‘tener firmemente asido’”. The Expositor’s Greek Testament (El Testamento Griego del expositor) dice también: “No podemos hallar ningún pasaje en que ?????? [har·pá·zo] o alguna derivación suya tenga el sentido de ‘tener en posesión’ o ‘retener’. Parece que significa invariablemente ‘apoderarse de’, ‘arrebatar violentamente’. Por eso, no es permisible deslizarse del verdadero sentido de ‘asir ávidamente’ a uno que es totalmente diferente: ‘tener firmemente asido’”.

Por lo anterior es patente que los traductores de versiones como la Scío y la Valera doblan las reglas para apoyar fines trinitarios. Lejos de decir que Jesús pensó que era apropiado ser igual a Dios, lo que dice en griego en Filipenses 2:6, cuando se lee objetivamente, muestra precisamente lo contrario, que Jesús no pensó que fuera apropiado.

El contexto de los versículos circundantes (3-5, 7, 8, Scío) aclara cómo debe entenderse el versículo 6. A los Filipenses se les aconsejó: “Humildad, teniendo cada uno por superiores á los otros”. Entonces Pablo emplea a Cristo como el ejemplo sobresaliente de esta actitud: “Y el mismo sentimiento haya en vosotros, que hubo también en Jesucristo”. ¿Qué “sentimiento”? ¿El de ‘no tener por usurpación ser igual a Dios’? No, ¡eso sería precisamente lo contrario del punto que se comunica! Más bien, Jesús, quien ‘tuvo a Dios como su superior’, nunca ‘asiría ávidamente la igualdad con Dios’; en vez de eso, “se humilló a sí mismo, hecho obediente hasta la muerte”.

Sin duda, eso no puede estar refiriéndose a ninguna parte del Dios Todopoderoso. Se refería a Jesucristo, quien sirvió perfectamente para ilustrar el punto de Pablo aquí, a saber, la importancia de la humildad y de desplegar obediencia al Superior y Creador de uno, Jehová Dios.

“Yo soy”

EN JUAN 8:58 algunas traducciones (por ejemplo, la Biblia de Jerusalén) presentan a Jesús diciendo: “Antes que naciese Abraham, Yo Soy”. En aquella ocasión, ¿estaba Jesús enseñando, como sostienen los trinitarios, que a él se le conocía por el título “Yo Soy”? Y, según alegan ellos, ¿significa eso que él era el Jehová de las Escrituras Hebreas, puesto que en Éxodo 3:14 la Biblia de Jerusalén dice: “Dijo Dios a Moisés: ‘Yo soy el que soy’”?

En Éxodo 3:14 (BJ) la frase “Yo soy” se da como título a Dios para indicar que él en realidad existía y haría lo que prometía. The Pentateuch and Haftorahs, publicado por el doctor J. H. Hertz, dice acerca de esa frase: “Para los israelitas en cautiverio, el significado sería: ‘Aunque Él no ha desplegado todavía Su poder para con ustedes, lo hará; Él es eterno y ciertamente los redimirá’. La mayoría de los modernos siguen a Rashi [comentarista francés de la Biblia y el Talmud] al verter [Éxodo 3:14] ‘Seré lo que ser钔.

La expresión de Juan 8:58 es muy diferente de la que se usa en Éxodo 3:14. Jesús no la usó como nombre ni título, sino como medio de explicar la existencia que tuvo antes de ser humano. Por consiguiente, note cómo vierten Juan 8:58 otras versiones de la Biblia:

1925: “antes que Abraham fuera criado, yo existo” (Sagrada Biblia, Félix Torres Amat).

1972: “Antes de que Abraham naciese, era yo” (Sagrada Biblia, E. Nácar Fuster y A. Colunga).

1978: “antes que Abraham naciese, ya existía yo” (Nuevo Testamento, Felipe de Fuenterrabía).

1979: “yo existo desde antes que existiera Abraham” (Dios habla hoy, Versión Popular).

1980: “Antes que Abraham existiera, yo existo” (Sagrada Biblia, Pedro Franquesa y José M. Solé).

1987: “Antes que Abrahán llegara a existir, yo he sido” (Traducción del Nuevo Mundo de las Santas Escrituras).

Así pues, la verdadera idea de la expresión griega usada en este pasaje es que el “primogénito” (Jesús) creado por Dios había existido mucho antes de que naciera Abrahán. (Colosenses 1:15; Proverbios 8:22, 23, 30; Revelación 3:14.)

De nuevo, el contexto muestra que este es el modo correcto de entender lo que se dijo. Esta vez los judíos quisieron apedrear a Jesús por afirmar que ‘había visto a Abrahán’ aunque, como dijeron, él todavía no tenía 50 años de edad. (Versículo 57.) La respuesta natural de Jesús fue decir la verdad sobre su edad. Así que naturalmente les dijo que ‘existía desde antes que existiera Abraham’ (Versión Popular).

“La Palabra era Dios”

EN JUAN 1:1 la Biblia de Jerusalén dice: “En el principio la Palabra existía y la Palabra estaba con Dios, y la Palabra era Dios”. Los trinitarios alegan que eso significa que “la Palabra” (griego: ho ló·gos), quien vino a la Tierra como Jesucristo, era el Dios Todopoderoso mismo.

Sin embargo, note que una vez más el contexto nos da la base para entender con exactitud el pensamiento. Observe que se dice: “La Palabra estaba con Dios” (cursiva nuestra). El que está “con” otro no puede ser ese otro. En conformidad con eso, Journal of Biblical Literature (Revista de literatura bíblica), una publicación del jesuita Joseph A. Fitzmyer, señala que si se interpretara la parte posterior de Juan 1:1 como “el” Dios, esto “entonces contradiría la cláusula precedente”, la cual dice que la Palabra estaba con Dios.

Note, también, cómo vierten otras traducciones, en varios idiomas, esta parte del versículo:

1808: “y la palabra era un dios” (The New Testament in an Improved Version, Upon the Basis of Archbishop Newcome’s New Translation: With a Corrected Text).

1864: “y un dios era la Palabra” (The Emphatic Diaglott, lectura interlineal, por Benjamin Wilson).

1928: “y la Palabra era un ser divino” (La Bible du Centenaire, L’Evangile selon Jean, por Maurice Goguel).

1935: “y la Palabra era divino” (The Bible—An American Translation, por J. M. P. Smith y E. J. Goodspeed).

1946: “y de género divino era la Palabra” (Das Neue Testament, por Ludwig Thimme).

1958: “y la Palabra era un Dios” (The New Testament, por James L. Tomanek).

1963: “y la Palabra era un dios” (Traducción del Nuevo Mundo de las Escrituras Griegas Cristianas).

1975: “y un dios (o: de género divino) era la Palabra” (Das Evangelium nach Johannes, por Siegfried Schulz).

1978: “y de género parecido a Dios era el Logos” (Das Evangelium nach Johannes, por Johannes Schneider).

En Juan 1:1 aparece dos veces el sustantivo griego the·ós (dios). La primera vez que aparece se refiere al Dios Todopoderoso, con quien estaba la Palabra (“y la Palabra [ló·gos] estaba con Dios [una forma de the·ós]”). Este primer the·ós está precedido por la palabra ton (el), una forma del artículo definido griego que señala a alguien claramente identificado, en este caso el Dios Todopoderoso (“y la Palabra estaba con [el] Dios”).

Por otra parte, no hay artículo delante del segundo the·ós en Juan 1:1. Eso haría que una traducción literal dijera: “y dios era la Palabra”. Sin embargo, hemos visto que varias traducciones vierten “divino”, “parecido a Dios” o “un dios” este segundo the·ós (un complemento predicativo). ¿Qué autoridad tienen para eso?

El lenguaje griego koiné tenía artículo definido (como en español tenemos “el”, “la”, y sus plurales), pero no tenía artículo indefinido (como “un”, “una” y sus plurales). Por eso, cuando un complemento predicativo no está precedido por el artículo definido, puede ser indefinido, dependiendo del contexto.

Journal of Biblical Literature dice que las expresiones “en las cuales un predicado sin artículo precede al verbo son principalmente de significado cualitativo”. Como señala esa publicación, esto indica que el ló·gos puede ser asemejado a un dios. También dice de Juan 1:1: “La fuerza cualitativa del predicado es tan prominente que no puede considerarse definido el sustantivo [the·ós]”.

Esto quiere decir que Juan 1:1 destaca la cualidad de la Palabra, que era “divino”, “parecido a Dios”, “un dios”, pero no el Dios Todopoderoso. Esto está en armonía con el resto de la Biblia, que muestra que Jesús, llamado en este pasaje “la Palabra” por su papel de Vocero de Dios, era un subordinado obediente que fue enviado a la Tierra por su Superior, el Dios Todopoderoso.

Hay muchos otros versículos bíblicos donde traductores al español insertan el artículo indefinido “un” cuando traducen oraciones griegas con esa misma estructura, aunque en español no siempre es necesario, pues en muchos casos se transmite el mismo sentido con simplemente omitir el artículo definido. Por ejemplo, en Marcos 6:49, cuando los discípulos vieron que Jesús andaba sobre el agua, la Biblia de Jerusalén dice: “Creyeron que era un fantasma”. En el griego koiné no hay ningún “un” delante de “fantasma”. Pero casi todas las traducciones añaden el artículo indefinido “un”. De la misma manera, Juan 1:1 muestra que la Palabra no era “Dios”, sino “un dios” o “divino”.

Joseph Henry Thayer, teólogo y erudito que trabajó en la producción de la versión en inglés American Standard Version, declaró sencillamente: “El Logos era divino, no el Ser divino mismo”. Y el jesuita John L. McKenzie escribió en su Dictionary of the Bible: “Rigurosamente, Jn 1:1 debe traducirse [...] ‘la palabra era un ser divino’”.

¿Se viola una regla?

NO OBSTANTE, algunos afirman que esas traducciones violan una regla gramatical del griego koiné publicada por el helenista E. C. Colwell allá en 1933. Él sostuvo que en griego un complemento predicativo “tiene el artículo [definido] cuando sigue al verbo; no tiene el artículo [definido] cuando precede al verbo”. Con eso quería decir que un complemento predicativo que precede al verbo debe entenderse como si en verdad tuviera delante el artículo definido (“el” o “la” y sus plurales). En Juan 1:1, el segundo sustantivo (the·ós), el complemento predicativo, precede al verbo: “y [the·ós] era la Palabra”. Por eso, alegó Colwell, Juan 1:1 debe significar “y [el] Dios era la Palabra”.

Pero considere solo dos ejemplos que se hallan en Juan 8:44. En ese pasaje leemos en algunas versiones en español que Jesús dijo que el Diablo era “un homicida” y “un mentiroso”. Tal como en Juan 1:1, aquí en el texto griego los complementos predicativos (“homicida” y “mentiroso”) preceden a los verbos. No hay ningún artículo indefinido precediendo a ninguno de estos complementos predicativos porque en el griego koiné no hay artículo indefinido. Pero algunas traducciones al español insertan la palabra “un” por lo que ven que piden la gramática griega y el contexto. (Véanse también Marcos 11:32; Juan 4:19; 6:70; 9:17; 10:1; 12:6 en diversas versiones.)

Colwell tuvo que reconocer esto con relación al complemento predicativo, pues dijo: “Es indefinido [pudiera ser acompañado por “un” o “una” y sus plurales] en esta posición solo cuando el contexto lo exige”. Así que hasta él admite que cuando el contexto lo exige los traductores pueden insertar un artículo indefinido delante del complemento predicativo en este tipo de estructura oracional.

¿Exige el contexto un artículo indefinido en Juan 1:1? Sí, porque lo que toda la Biblia atestigua es que Jesús no es el Dios Todopoderoso. Por lo tanto, lo que debe guiar al traductor en casos de esta índole no es la controvertible regla de gramática de Colwell, sino el contexto. Y es patente, por las muchas traducciones en diversos idiomas que insertan el artículo indefinido “un” en Juan 1:1 y en otros lugares, que muchos eruditos no concuerdan con una regla tan artificial; y tampoco lo hace la Palabra de Dios.

No hay ningún conflicto

¿ESTÁ en conflicto con la enseñanza bíblica de que hay un solo Dios el decir que Jesucristo es “un dios”? No, porque a veces la Biblia emplea el término “dios” para referirse a criaturas poderosas. Salmo 8:5 dice: “También procediste a hacerlo [al hombre] un poco menor que los que tienen parecido a Dios [hebreo: ´elo·hím]”, es decir, los ángeles. En la defensa de Jesús contra la acusación de los judíos de que él afirmaba ser Dios, él señaló que “[la Ley] llama dioses a aquellos a quienes se dirigió la Palabra de Dios”, es decir, a jueces humanos. (Juan 10:34, 35, BJ; Salmo 82:1-6.) Hasta a Satanás se le llama “el dios de este sistema de cosas” en 2 Corintios 4:4.

Jesús ocupa una posición mucho más elevada que la de los ángeles, los hombres imperfectos o Satanás. Puesto que se alude a estos como “dioses”, poderosos, de seguro Jesús puede ser y era “un dios”. Por su posición singular con relación a Jehová, Jesús es un “Dios Poderoso”. (Juan 1:1; Isaías 9:6.)

Pero ¿no indica la expresión “Dios Poderoso”, con letras mayúsculas, que Jesús de alguna manera es igual a Jehová Dios? De ningún modo. Isaías simplemente profetizó que ese sería uno de cuatro nombres que se darían a Jesús, y en español estos nombres suelen escribirse con mayúscula. Con todo, aunque a Jesús se le llamó “Poderoso”, solo puede haber uno que sea “Todopoderoso”. Carecería de importancia llamar “Todopoderoso” a Jehová Dios si no existieran otros a quienes también se llamara dioses, pero que ocuparan una posición subalterna o inferior.

El Bulletin of the John Rylands Library, de Inglaterra, indica que, según el teólogo católico Karl Rahner, aunque the·ós se usa en textos bíblicos como Juan 1:1 con referencia a Cristo, “en ninguno de esos casos se usa ‘theos’ de tal manera que identifique a Jesús con aquel que en otros lugares del Nuevo Testamento aparece como ‘ho Theos’, es decir, el Dios Supremo”. Y el Bulletin añade: “Si los escritores del Nuevo Testamento creían vital que los fieles confesaran a Jesús como ‘Dios’, ¿se puede explicar el que en el Nuevo Testamento haya una ausencia casi completa de precisamente esa forma de confesión?”.

Pero ¿qué se puede decir de que el apóstol Tomás dijera a Jesús: “¡Mi Señor y mi Dios!”, en Juan 20:28? Para Tomás, Jesús era como “un dios”, especialmente en las circunstancias milagrosas que impulsaron a Tomás a expresarse como lo hizo. Algunos eruditos sugieren que es posible que Tomás sencillamente saliera con una exclamación emocional de asombro, hablada a Jesús, pero dirigida a Dios. Fuera una cosa o la otra, Tomás no pensaba que Jesús fuera el Dios Todopoderoso, porque él y los demás apóstoles sabían que Jesús nunca había afirmado ser Dios, sino que enseñó que solo Jehová es “el único Dios verdadero”. (Juan 17:3.)

De nuevo, el contexto nos ayuda a entender esto. Pocos días antes, Jesús ya resucitado había dicho a María Magdalena que dijera a los discípulos: “Asciendo a mi Padre y Padre de ustedes y a mi Dios y Dios de ustedes”. (Juan 20:17.) Aunque Jesús ya había sido resucitado en la condición de espíritu poderoso, Jehová todavía era su Dios. Y Jesús siguió refiriéndose a Él como tal hasta en el último libro de la Biblia, después de su glorificación. (Revelación 1:5, 6; 3:2, 12.)

Solo tres versículos después de la exclamación de Tomás, en Juan 20:31, la Biblia aclara más este asunto al declarar: “Estas han sido escritas para que ustedes crean que Jesús es el Cristo el Hijo de Dios”, no que fuera el Dios Todopoderoso. Y en este texto se quiso decir “Hijo” en sentido literal, como cuando se habla de un padre natural y su hijo, no como si Jesús fuera alguna parte misteriosa de una Deidad trinitaria.

Tienen que concordar con la Biblia

SE ALEGA que varios otros textos bíblicos apoyan la Trinidad. Pero estos son similares a los que ya hemos considerado, porque, cuando se examinan cuidadosamente, no ofrecen verdadero apoyo a tal enseñanza. Esos textos solo ilustran que cuando uno considera algún supuesto apoyo para la Trinidad tiene que preguntarse: ¿Armoniza la interpretación que se presenta con lo que toda la Biblia enseña consecuentemente: que solo Jehová Dios es Supremo? Si no es así, entonces esa interpretación tiene que ser errónea.

También tenemos que tener presente que no hay siquiera un “texto de prueba” que diga que Dios, Jesús y el espíritu santo son uno en alguna misteriosa Deidad. Ningún texto bíblico de ninguna parte de la Biblia dice que los tres sean lo mismo en sustancia, poder y eternidad. La Biblia revela consecuentemente al Dios Todopoderoso, Jehová, como el único que es Supremo, a Jesús como su Hijo creado, y al espíritu santo como la fuerza activa de Dios.

Adore a Dios según Sus condiciones

EN ORACIÓN a Dios, Jesús dijo: “Esto significa vida eterna, el que estén adquiriendo conocimiento de ti, el único Dios verdadero, y de aquel a quien tú enviaste, Jesucristo”. (Juan 17:3.) ¿Qué clase de conocimiento? La “voluntad [de Dios] es que hombres de toda clase se salven y lleguen a un conocimiento exacto de la verdad”. (1 Timoteo 2:4.) La versión en inglés The Amplified Bible vierte esta última frase así: “Sepan precisa y correctamente la Verdad [divina]”.

De modo que Dios quiere que lo conozcamos y tengamos conocimiento exacto de sus propósitos, en conformidad con la verdad divina. La Palabra de Dios, la Santa Biblia, es la fuente de esa verdad. (Juan 17:17; 2 Timoteo 3:16, 17.) Cuando la gente aprende con exactitud lo que la Biblia dice acerca de Dios, entonces evita asemejarse a las personas mencionadas en Romanos 10:2, 3, que tenían “celo por Dios; mas no conforme a conocimiento exacto”. Evita también ser como los samaritanos, a quienes Jesús dijo: “Ustedes adoran lo que no conocen”. (Juan 4:22.)

Por lo tanto, si queremos la aprobación de Dios, tenemos que preguntarnos: ¿Qué dice Dios acerca de sí mismo? ¿Cómo quiere él que se le adore? ¿Cuáles son sus propósitos, y cómo debemos amoldarnos a ellos? Un conocimiento exacto de la verdad nos da las respuestas correctas a preguntas como esas. Entonces podemos adorar a Dios según Sus condiciones.

Algo que deshonra a Dios

“A LOS que me honran honraré”, dice Dios. (1 Samuel 2:30.) ¿Honra a Dios el decir que otra persona es su igual? ¿Lo honra el que se llame a María “la madre de Dios”, y la “Mediadora [...] entre el Creador y Sus criaturas”, como lo hace la New Catholic Encyclopedia? No, esas ideas insultan a Dios. Nadie es su igual; tampoco tuvo él madre carnal, puesto que Jesús no era Dios. Y no hay ninguna “Mediadora”, porque Dios ha nombrado “un solo mediador entre Dios y los hombres”, a Jesús. (1 Timoteo 2:5; 1 Juan 2:1, 2.)

No hay duda de que la doctrina de la Trinidad ha confundido y diluido el entendimiento de la gente sobre la verdadera posición de Dios. Impide que la gente conozca con exactitud al Soberano Universal, Jehová Dios, y que lo adore según Sus condiciones. Como lo expresó el teólogo Hans Küng: “¿Por qué quisiera nadie añadir algo a la noción de la unicidad y singularidad de Dios, cuando lo único que se lograría con eso sería diluir o anular esa unicidad y singularidad?”. Pero eso es lo que ha hecho el creer en la Trinidad.

Los que creen en la Trinidad no ‘tienen a Dios en conocimiento exacto’. (Romanos 1:28.) Ese versículo añade: “Dios los entregó a un estado mental desaprobado, para que hicieran las cosas que no son apropiadas”. Los versículos 29 a 31 dan una lista de algunas de esas cosas que “no son apropiadas”, como “asesinato, contienda, [...] falsos en los acuerdos, sin tener cariño natural, despiadados”. Esas mismas cosas han sido practicadas por las religiones que aceptan la Trinidad.

Por ejemplo, con frecuencia los trinitarios han perseguido y hasta matado a los que han rechazado la doctrina de la Trinidad. Y han ido más allá. Han matado a sus compañeros trinitarios en tiempos de guerra. ¿Qué pudiera ser menos ‘apropiado’ que el que católicos hayan matado a católicos, ortodoxos hayan matado a ortodoxos, protestantes hayan matado a protestantes... todo en el nombre del mismo Dios trinitario?

Sin embargo, Jesús dijo claramente: “En esto todos conocerán que ustedes son mis discípulos, si tienen amor entre sí”. (Juan 13:35.) La Palabra de Dios explica esto más a fondo, al decir: “Los hijos de Dios y los hijos del Diablo se hacen evidentes por este hecho: Todo el que no se ocupa en la justicia no se origina de Dios, tampoco el que no ama a su hermano”. Compara a los que matan a sus propios hermanos espirituales con “Caín, que se originó del inicuo [Satanás] y degolló a su hermano”. (1 Juan 3:10-12.)

Así, la enseñanza de doctrinas confusas acerca de Dios ha llevado a acciones que violan Sus leyes. En efecto, lo que ha ocurrido por toda la cristiandad es lo que el teólogo danés Søren Kierkegaard describió así: “La cristiandad ha eliminado el cristianismo sin siquiera darse cuenta de ello”.

La condición espiritual de la cristiandad encaja con esta descripción que escribió el apóstol Pablo: “Declaran públicamente que conocen a Dios, pero por sus obras lo repudian, porque son detestables y desobedientes y no aprobados para obra buena de clase alguna”. (Tito 1:16.)

Pronto, cuando Dios ponga fin al inicuo sistema de cosas actual, la cristiandad trinitaria tendrá que rendir cuentas. Y será juzgada adversamente por sus acciones y doctrinas que deshonran a Dios. (Mateo 24:14, 34; 25:31-34, 41, 46; Revelación 17:1-6, 16; 18:1-8, 20, 24; 19:17-21.)

Rechace la Trinidad

NO SE puede transigir en cuanto a las verdades acerca de Dios. Por lo tanto, el adorar a Dios según Sus condiciones significa rechazar la doctrina de la Trinidad. Esta doctrina contradice lo que los profetas, Jesús, los apóstoles y los cristianos primitivos creyeron y enseñaron. Contradice lo que Dios enseña acerca de sí mismo en su propia Palabra inspirada. Por eso, él aconseja: “Acuérdense de [...] que yo soy el Divino y no hay otro Dios”. (Isaías 46:9.)

El hacer que Dios parezca ser confuso y misterioso no adelanta Sus intereses. Al contrario, mientras más confusa esté la gente con relación a Dios y sus propósitos, mejor es para el Adversario de Dios, Satanás el Diablo, el ‘dios de este mundo’. Él es quien promueve esas doctrinas falsas para ‘cegar la mente de los incrédulos’. (2 Corintios 4:4.) Y la doctrina de la Trinidad también conviene a los clérigos que desean mantener a la gente bajo su poder, porque ellos hacen que parezca que únicamente teólogos pueden entenderla. (Véase Juan 8:44.)

El conocimiento exacto de Dios trae gran alivio. Nos libra de enseñanzas que están en conflicto con la Palabra de Dios y de organizaciones que se han hecho apóstatas. Como dijo Jesús: “Conocerán la verdad, y la verdad los libertará”. (Juan 8:32.)

Al honrar a Dios como el supremo y adorarlo según Sus condiciones, podemos evitar el juicio que él pronto ejecutará contra la cristiandad apóstata. En vez de eso, podemos esperar el favor de Dios cuando este sistema termine: “El mundo va pasando, y también su deseo, pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre”. (1 Juan 2:17.)

¿Que nos sucede cuando morimos? ¿porque permite Dios el sufrimiento?

-----------¿Hay vida después de la muerte?----------------

“Existe esperanza hasta para un árbol. Si es cortado, todavía brota de nuevo [...]. Si un hombre físicamente capacitado muere, ¿puede volver a vivir?”—Moisés, profeta de la antigüedad.

EN UNA funeraria de la ciudad de Nueva York, amigos y parientes desfilan silenciosos ante el ataúd abierto para contemplar el cadáver del joven de 17 años. Sus compañeros de escuela casi no lo reconocen. La quimioterapia le provocó la caída del pelo y el cáncer le hizo perder peso. ¿Es posible que ese sea su amigo? Hace apenas unos meses, rebosaba de ideas, de preguntas, de energía, de vida. La acongojada madre del joven trata de hallar esperanza y consuelo en la idea de que, de algún modo, su hijo sigue viviendo. Repite una y otra vez entre sollozos lo que le han enseñado: “Tommy es más feliz ahora. Dios quería que estuviera con él en el cielo”.

La idea penetra en las religiones orientales

“Siempre pensé que la inmortalidad del alma era una verdad universalmente aceptada, así que me sorprendí mucho al enterarme de que algunos grandes cerebros de Oriente y de Occidente han combatido con fervor la creencia. Ahora me pregunto cómo se introdujo en la conciencia hindú la noción de la inmortalidad.”—Estudiante universitario de crianza hindú.

¿CÓMO se introdujo en el hinduismo y en otras religiones orientales la idea de que el hombre tiene un alma inmortal? La pregunta reviste interés aun para los occidentales que no conozcan muy bien estas religiones, pues la creencia afecta a la visión que todos tenemos del futuro. Como la enseñanza de la inmortalidad humana es un denominador común de la mayoría de las religiones actuales, saber cómo evolucionó el concepto puede fomentar una mejor comprensión y comunicación.

2 Ninian Smart, profesor de estudios religiosos de la Universidad de Lancaster (Gran Bretaña), señala: “El centro de influencia religiosa más importante de Asia fue la India. No solamente porque la India en sí diera origen a diversas fes —hinduismo, budismo, jainismo, sijismo, etc.—, sino porque una de estas, el budismo, llegó a ejercer una enorme influencia en la cultura de prácticamente toda Asia oriental”. Muchas culturas que recibieron tal influjo “todavía consideran a la India su patria espiritual”, dice el erudito hindú Nikhilananda. ¿Cómo se infiltró, entonces, en la India y en otras partes de Asia la enseñanza de la inmortalidad?

La enseñanza hindú de la reencarnación

3 En el siglo VI a.E.C., mientras Pitágoras y sus discípulos abogaban en Grecia por la teoría de la transmigración de las almas, los sabios hindúes de las riberas del Indo y el Ganges, en la India, desarrollaban el mismo concepto. La aparición simultánea de esta creencia “en el mundo griego y en la India difícilmente pudo haber sido fortuita”, dice el historiador Arnold Toynbee. “Una posible fuente común [de influencia] —indica Toynbee— es la sociedad nómada euroasiática, la cual en los siglos VIII y VII a.C. había descendido a la India, Asia sudoccidental, las estepas de la costa norte del mar Negro y la península de los Balcanes y la de Anatolia.” Las tribus euroasiáticas que emigraron a la India aparentemente llevaron consigo la idea de la transmigración.

4 El hinduismo se había originado en la India mucho antes, con la llegada de los arios en torno al año 1500 a.E.C. Desde su mismo inicio, esta religión sostenía que el alma era distinta del cuerpo y que sobrevivía a la muerte. Los hindúes, por consiguiente, practicaban el culto a los antepasados y dejaban comida para que las almas de sus difuntos la consumieran. Siglos después, cuando la idea de la transmigración de las almas llegó a la India, debió atraer a los sabios hindúes que trataban de explicar el problema universal del mal y del sufrimiento humano. Combinando esta creencia con lo que se llama la ley del karma, la ley de causa y efecto, los sabios hindúes concibieron la doctrina de la reencarnación, según la cual los méritos y deméritos de una vida eran recompensados o castigados en la siguiente.

5 Pero hubo otra idea que influyó en la enseñanza hindú del alma. “Parece que en el momento de la elaboración de la teoría de la transmigración y el karma, o incluso antes —dice la Encyclopædia of Religion and Ethics—, otro concepto [...] estaba tomando forma en un círculo intelectual reducido del norte de la India: el concepto filosófico del brahmán-atman [el brahmán absoluto y eterno, la realidad suprema].” Esta idea se fusionó con la teoría de la reencarnación para definir la meta final de los hindúes: la liberación del ciclo de transmigración a fin de unirse a la realidad suprema. Los hindúes creen que dicho objetivo se alcanza esforzándose por tener una conducta socialmente aceptable y un conocimiento especial del pensamiento hindú.

6 Así pues, los sabios hindúes elaboraron la doctrina de la reencarnación mezclando la idea de la transmigración de las almas con la ley del karma y el concepto del brahmán. El poeta Octavio Paz, premio Nobel y anterior embajador de México en la India, escribe: “Al extenderse el hinduismo, se extendió también [...] una idea que es el eje del brahmanismo, el budismo y otras religiones de los pueblos asiáticos: la metempsicosis, la transmigración de las almas a través de sucesivas existencias”.

7 La doctrina de la reencarnación es el pilar del hinduismo actual. El filósofo hindú Nikhilananda dice: “Todo buen hindú está convencido de que la inmortalidad no es prerrogativa de una minoría escogida, sino que es un derecho natural de todos”.

El ciclo de renacimientos del budismo

8 El budismo se originó en la India alrededor del año 500 a.E.C. Según la tradición budista, su fundador fue un príncipe indio de nombre Siddhartha Gautama, que llegó a ser conocido como Buda después de recibir la iluminación. Puesto que surgió del hinduismo, sus doctrinas se asemejan a las de esta religión en ciertos aspectos. El budismo enseña que la existencia es un ciclo continuo de renacimiento y muerte, y que, tal como afirma el hinduismo, la situación del individuo en la vida presente está determinada por sus hechos en la vida anterior.

9 Pero el budismo no explica la existencia en términos de un alma personal que subsiste después de la muerte. “[Buda] solo vio en la psique humana una serie efímera de estados psicológicos discontinuos que se mantienen unidos únicamente por el deseo”, observó Arnold Toynbee. No obstante, Buda creía que algo, un estado o una fuerza, pasaba de una vida a otra. El doctor Walpola Rahula, erudito budista, explica:

10 “Un ser no es más que una combinación de fuerzas o energías físicas y mentales. Lo que llamamos muerte es el cese total del funcionamiento del cuerpo físico. ¿Se detienen por completo todas estas fuerzas o energías al dejar de funcionar el cuerpo? El budismo responde: ‘No’. La voluntad, la volición, el deseo, el ansia de existir, de perdurar, de volver a ser una y otra vez, es una fuerza tremenda que mueve vidas enteras, existencias enteras, que mueve incluso el mundo entero. Esta es la mayor fuerza, la mayor energía del mundo. Según el budismo, esta fuerza no se detiene cuando el cuerpo deja de funcionar, es decir, cuando muere, sino que sigue manifestándose en otra forma, lo cual ocasiona una reexistencia, llamada renacimiento.”

11 La noción budista del más allá es la siguiente: La existencia es eterna, a menos que el individuo alcance la meta final del nirvana, la liberación del ciclo de renacimientos. El nirvana no es un estado de dicha eterna ni de integración en la realidad suprema. Es simplemente un estado de no existencia, el “lugar sin muerte” más allá de la existencia individual. El libro Las religiones del mundo lo define como “una condición que elimina cualquier renacimiento futuro, la extinción de todo deseo, la liberación final del sufrimiento”. A los budistas no se les insta a buscar la inmortalidad, sino a trascenderla alcanzando el nirvana.

12 Al difundirse por diferentes lugares de Asia, el budismo modificó sus enseñanzas para adaptarse a las creencias locales. Por ejemplo, el budismo mahayana, la forma prevaleciente en China y Japón, tiene el concepto de los bodhisatvas celestes, o Budas futuros. Los bodhisatvas aplazan su entrada en el nirvana durante un número indefinido de vidas a fin de servir a los demás y ayudarles a llegar a dicho estado. De modo que se puede optar por continuar en el ciclo de renacimientos aun después de llegar al umbral del nirvana.

13 Otro ajuste que tuvo una gran influencia en China y Japón fue la doctrina de la Tierra Pura del Oeste, creada por el Buda Amithaba, o Amida. Los que invocan con fe el nombre de este Buda renacen en la Tierra Pura, o paraíso, donde las condiciones son más propicias para alcanzar la iluminación final. ¿Qué consecuencias tuvo esta enseñanza? El profesor Smart, mencionado antes, explica: “No es extraño que las maravillas del paraíso, descritas vívidamente en algunas obras mahayanas, acabaran por sustituir al nirvana en la imaginación popular y se convirtieran en la meta suprema”.

14 El budismo tibetano incorpora otros elementos locales. Por ejemplo, el libro tibetano de los muertos describe la suerte de un individuo en el estado intermedio antes de renacer. Explica que los muertos son expuestos a la luz intensa de la realidad suprema, y los que no la soportan no ganan la liberación, sino que renacen. Está claro que el budismo en sus diversas formas transmite la idea de la inmortalidad.

El culto a los antepasados del sintoísmo japonés

15 En Japón ya había religión antes de la llegada del budismo, en el siglo VI a.E.C. Era una religión sin nombre que consistía en creencias relacionadas con la moral y las costumbres populares. Sin embargo, con la introducción del budismo se planteó la necesidad de distinguir la religión japonesa de la extranjera. Así surgió la designación shinto (“el camino de los dioses”), de la que se deriva el término sintoísmo.

16 ¿Qué enseñaba el sintoísmo primitivo respecto al más allá? Con el inicio del cultivo del arroz en terrenos pantanosos, “fue necesario tener comunidades bien organizadas y estables —explica la Kodansha Encyclopedia of Japan—, y se desarrollaron ritos agrícolas que después desempeñaron un papel importante en el sintoísmo”. El temor a las almas de los difuntos llevó a aquel pueblo antiguo a concebir ritos para apaciguarlas, que acabaron convirtiéndose en culto a los espíritus ancestrales.

17 Según la creencia sintoísta, el alma que “parte” retiene su personalidad, pero está manchada a causa de la muerte. Cuando los dolientes realizan ritos conmemorativos, el alma se purifica hasta el punto de librarse de toda maldad, y adquiere un carácter apacible y benévolo. Finalmente, el espíritu ancestral se eleva a la posición de deidad ancestral, o guardián. Al coexistir con el budismo, el sintoísmo incorporó ciertas enseñanzas de aquel, como la doctrina del paraíso. Así pues, la creencia en la inmortalidad es fundamental en el sintoísmo.

La inmortalidad en el taoísmo, el culto a los antepasados en el confucianismo

18 El taoísmo fue fundado por Lao-tse, que se supone vivió en China en el siglo VI a.E.C. El objetivo de la vida, dice el taoísmo, es armonizar la actividad humana con el Tao, el camino de la naturaleza. El pensamiento taoísta respecto a la inmortalidad puede resumirse del siguiente modo: El Tao es el principio regidor del universo. No tiene ni principio ni fin. El individuo que vive de acuerdo con el Tao participa en él y se vuelve eterno.

19 En su afán de alcanzar la unidad con la naturaleza, a los taoístas llegó a interesarles mucho la perpetuidad y el poder de recuperación de esta. Especularon que viviendo en armonía con el Tao, o el camino de la naturaleza, tal vez se podía de algún modo descubrir los secretos de esta y hacerse inmune al daño físico, la enfermedad e incluso la muerte.

20 Los taoístas se pusieron a probar varias técnicas, como la meditación, los ejercicios respiratorios y la dietética, que supuestamente retardaban el deterioro corporal y la muerte. Enseguida empezaron a circular leyendas sobre inmortales que volaban montados en las nubes, aparecían y desaparecían a voluntad y vivían una infinidad de años en montañas sagradas o islas remotas, sustentados por el rocío o por frutas mágicas. Según una crónica china, en el año 219 a.E.C., un emperador de la dinastía Tsin llamado Shih Huang Ti envió una flota con 3.000 niños y niñas en busca de la legendaria isla de P’eng-lai, la morada de los inmortales, donde se hallaba la planta de la inmortalidad. Está de más decir que no regresaron con el elixir.

21 La búsqueda de la vida eterna llevó a los taoístas a experimentar con píldoras de la inmortalidad preparadas mediante la alquimia. Según el parecer taoísta, la vida es el resultado de la combinación de las fuerzas opuestas yin y yang (femenina y masculina). Así, al fundir el plomo (oscuro, o yin) y el mercurio (brillante, o yang), los alquimistas imitaban el proceso de la naturaleza, y pensaban que el producto sería una píldora de la inmortalidad.

22 En el siglo VII E.C., el budismo se infiltró en la vida religiosa china. El resultado fue una amalgama de elementos del budismo, espiritismo y culto a los antepasados. “Tanto el budismo como el taoísmo —dice el profesor Smart— dieron forma y sustancia a creencias sobre la vida después de la muerte que no estaban muy perfiladas en la antigua adoración china a los antepasados.”

23 Confucio, otro sabio chino prominente del siglo VI a.E.C., cuya filosofía constituyó la base del confucianismo, no hizo muchos comentarios sobre el más allá. Subrayó, más bien, la importancia de la bondad y de la conducta socialmente aceptable. Pero favorecía el culto a los antepasados y recalcó mucho la observancia de los ritos y ceremonias relacionados con los espíritus de los difuntos.

Otras religiones orientales

24 El jainismo surgió en la India en el siglo VI a.E.C. Su fundador, Mahavira, enseñó que todo ser vivo tiene un alma eterna y que solo se puede liberar a esta del cautiverio al karma mediante abnegación y autodisciplina extremadas, así como la aplicación rígida de la no violencia para con todas las criaturas. Los jainas mantienen estas creencias hasta el día de hoy.

25 La India también es el lugar de origen del sijismo, religión practicada por 19.000.000 de personas. Este nació en el siglo XVI, cuando el gurú Nanak decidió formar una religión fusionando lo mejor del hinduismo y del islam. El sijismo adoptó las doctrinas hindúes de la inmortalidad del alma, la reencarnación y el karma.

26 Está claro que la creencia en la prolongación de la vida tras la muerte del cuerpo es parte integrante de casi todas las religiones orientales. Pero, ¿qué puede decirse de la cristiandad, el judaísmo y el islam?

La idea penetra en el judaísmo, la cristiandad y el islam

“La religión es, entre otras cosas, un medio para que la gente se resigne al hecho de que algún día ha de morir, ya sea prometiéndole que tendrá una vida mejor después de la muerte, que renacerá, o ambas cosas.”—Gerhard Herm, escritor alemán.

CASI todas las religiones que hacen promesas sobre una vida en el más allá se basan en la creencia de que el hombre tiene un alma inmortal que al morir viaja a otro mundo o transmigra a otra criatura. Como se indicó en la sección precedente, la idea de la inmortalidad humana ha sido parte integrante de las religiones orientales desde sus comienzos. Pero, ¿qué puede decirse del judaísmo, la cristiandad y el islam? ¿Cómo se convirtió la inmortalidad del alma en una enseñanza fundamental de estas religiones?

El judaísmo absorbe conceptos griegos

2 El origen del judaísmo se remonta unos cuatro mil años hasta Abrahán. Los escritos sagrados hebreos empezaron a redactarse en el siglo XVI a.E.C., y se completaron para la época en la que Sócrates y Platón daban forma a la teoría de la inmortalidad del alma. ¿Enseñaban esta doctrina las Escrituras Hebreas?

3 La Encyclopaedia Judaica responde: “Fue en el período posbíblico cuando arraigó una creencia clara y firme en la inmortalidad del alma [...] y se convirtió en un pilar de las fes judía y cristiana”. También afirma: “En tiempos bíblicos se veía a la persona como un todo. Así pues, no había una distinción marcada entre el alma y el cuerpo”. Los primeros judíos creían en la resurrección de los muertos, lo cual “ha de diferenciarse de la creencia en [...] la inmortalidad del alma”, señala dicha enciclopedia.

4 Entonces, ¿cómo se convirtió la doctrina en “un pilar” del judaísmo? La historia nos da la contestación. En el año 332 a.E.C., Alejandro Magno conquistó gran parte del Oriente Medio en una campaña relámpago. A su llegada a Jerusalén, los judíos lo recibieron con los brazos abiertos. Según el historiador judío del siglo I Flavio Josefo, incluso le mostraron la profecía del libro de Daniel, escrito más de doscientos años antes, que describía claramente las conquistas de Alejandro en el papel de “rey de Grecia” (Daniel 8:5-8, 21). Sus sucesores siguieron adelante con su plan de helenización, inculcando en todo el imperio el idioma, la cultura y la filosofía de Grecia. Por consiguiente, era inevitable que se produjera una fusión de las dos culturas, la griega y la judía.

5 A principios del siglo III a.E.C. se empezó la primera traducción de las Escrituras Hebreas al griego, llamada la Septuaginta. Gracias a esta, muchos gentiles llegaron a respetar la religión judía y a conocerla bien. Algunos hasta se convirtieron. Los judíos, por su parte, se iban familiarizando con el pensamiento griego, y algunos se hicieron filósofos, lo cual era enteramente nuevo para ellos. Uno de tales filósofos judíos fue Filón de Alejandría, del siglo I E.C.

6 Filón, que reverenciaba a Platón, intentó explicar el judaísmo desde el punto de vista de la filosofía griega. “Filón, al crear una síntesis única de filosofía platónica y tradición bíblica —dice el libro Historia del Cielo—, dejó el terreno abonado para los pensadores cristianos [y judíos] posteriores.” ¿Y qué pensaba Filón del alma? El libro prosigue: “Para él, la muerte devuelve al alma a su estado originario, en el que se encontraba antes del nacimiento. Dado que el alma pertenece al mundo espiritual, la vida encarnada en un cuerpo no es sino un episodio breve y, a menudo, desafortunado”. Otros pensadores judíos que creían en la inmortalidad del alma fueron el conocido físico del siglo X Isaac Israeli y el filósofo alemán del siglo XVIII Moses Mendelssohn.

7 Otro libro que ha influido mucho en el pensamiento y la vida judíos es el Talmud, que constituye un resumen escrito, con comentarios y explicaciones posteriores, de la llamada ley oral, recopilada por rabinos desde el siglo II E.C. hasta entrada la Edad Media. “Los rabinos del Talmud —dice la Encyclopaedia Judaica— creían que la existencia del alma se prolongaba más allá de la muerte.” El Talmud habla incluso de que los muertos se ponen en comunicación con los vivos. La Encyclopædia of Religion and Ethics indica: “La creencia [de los rabinos] en la preexistencia de las almas probablemente se debía a la influencia del platonismo”.

8 La Cábala, conjunto de escritos místicos del judaísmo posterior, llega al extremo de enseñar la reencarnación. Con relación a esta doctrina, la obra judía The New Standard Jewish Encyclopedia afirma: “Parece ser que la idea se originó en la India. [...] En la Cábala surge primero en el libro Bahir, y luego, a partir del Zohar, fue aceptada habitualmente por los místicos y desempeñó un papel importante en las creencias y literatura hasídicas”. En el Israel actual, la reencarnación se reconoce generalmente como una enseñanza judía.

9 De modo que la idea de la inmortalidad del alma penetró en el judaísmo por influencia de la filosofía griega, y la mayoría de sus ramas aceptan el concepto. ¿Qué puede decirse sobre la introducción de la enseñanza en la cristiandad?

La cristiandad adopta los pensamientos platónicos

10 El cristianismo auténtico comenzó con Cristo Jesús. Miguel de Unamuno, destacado erudito español del siglo XX, escribió respecto a Jesús: “Creía acaso en la resurrección de la carne, a la manera judaica, no en la inmortalidad del alma, a la manera platónica [...]. Las pruebas de esto pueden verse en cualquier libro de exégesis honrada”. Unamuno concluyó: “La inmortalidad del alma [...] es un dogma filosófico pagano”.

11 ¿Cuándo y cómo se infiltró este “dogma filosófico pagano” en el cristianismo? The New Encyclopædia Britannica señala: “Desde mediados del siglo II d.C., los cristianos que habían recibido cierta educación en la filosofía griega empezaron a sentir la necesidad de expresar su fe en los términos de esta, tanto para su propia satisfacción intelectual como para convertir a los paganos cultos. La filosofía que más les convino fue el platonismo”.

12 Hubo dos de tales primeros filósofos que tuvieron una gran incidencia en las doctrinas de la cristiandad: Orígenes de Alejandría (c. 185-254 E.C.) y Agustín de Hipona (354-430 E.C.). La New Catholic Encyclopedia dice de ellos: “Solo con Orígenes en Oriente y san Agustín en Occidente se estableció que el alma es una sustancia espiritual y se formó un concepto filosófico de su naturaleza”. ¿Sobre qué base formaron Orígenes y Agustín sus conceptos del alma?

13 Orígenes era discípulo de Clemente de Alejandría, “el primero de los Padres que adoptó de forma explícita la tradición griega del alma”, según la New Catholic Encyclopedia. Las ideas platónicas sobre el alma debieron de influir mucho en Orígenes. “[Orígenes] convirtió en dogma cristiano todo el conjunto de enseñanzas relativas al alma, que tomó de Platón”, indicó el teólogo Werner Jaeger en la publicación The Harvard Theological Review.

14 A Agustín se le considera en algunos sectores de la cristiandad el mayor pensador del mundo antiguo. Antes de convertirse al “cristianismo”, a la edad de 33 años, Agustín se interesaba mucho en la filosofía y se había hecho neoplatónico. Tras su conversión, mantuvo sus ideas neoplatónicas. The New Encyclopædia Britannica dice de él: “Su mente fue el crisol en el que la religión del Nuevo Testamento se fusionó por completo con la tradición platónica de la filosofía griega”. La New Catholic Encyclopedia admite que la “doctrina [agustiniana del alma], que prevaleció en Occidente hasta finales del siglo XII, le debía mucho [...] al neoplatonismo”.

15 En el siglo XIII, las enseñanzas de Aristóteles ganaban popularidad en Europa, debido en gran parte a la difusión en latín de las obras de doctos árabes que habían comentado extensamente los escritos de aquel filósofo. El pensamiento aristotélico impactó al erudito católico Tomás de Aquino, y las obras de este lograron que las ideas de Aristóteles tuvieran mayor repercusión en las doctrinas de la Iglesia que las ideas de Platón. Pero esta tendencia no afectó al concepto de la inmortalidad del alma.

16 Aristóteles enseñó que el alma estaba inseparablemente unida al cuerpo y que su existencia individual no continuaba después de la muerte. También afirmó que si algo eterno existía en el hombre, era un intelecto abstracto e impersonal. Tal modo de entender el alma no armonizaba con la creencia de la Iglesia en almas personales que sobreviven a la muerte. En consecuencia, Tomás de Aquino modificó el concepto aristotélico del alma y aseveró que su inmortalidad puede probarse con la razón. De manera que la creencia de la Iglesia en la inmortalidad del alma siguió intacta.

17 En los siglos XIV y XV, a comienzos del Renacimiento, resurgió el interés en Platón. La célebre familia italiana de los Médicis incluso contribuyó a la fundación de una academia en Florencia para promover el estudio de la doctrina del filósofo. Durante los siglos XVI y XVII menguó el interés en Aristóteles. Y la Reforma, que tuvo lugar en el siglo XVI, no introdujo ningún cambio en la enseñanza del alma. Aunque los reformadores protestantes disentían en la doctrina del purgatorio, aceptaron la idea del castigo o la recompensa eternos.

18 De ahí que la enseñanza de la inmortalidad del alma esté presente en la mayoría de las confesiones de la cristiandad. Un filósofo estadounidense escribió al respecto: “De hecho, la religión, para la gran mayoría de los occidentales, significa inmortalidad, y nada más. Dios es el originador de la inmortalidad”.

La inmortalidad y el islam

19 El islam se originó con el llamamiento de Mahoma para ser profeta a la edad aproximada de 40 años. Los musulmanes creen por lo general que recibió revelaciones durante un período de unos veinte a veintitrés años, desde alrededor de 610 E.C. hasta su muerte, en 632 E.C. Estas revelaciones están consignadas en el Corán, el libro sagrado de los musulmanes. Para cuando surgió el islam, en el judaísmo y la cristiandad ya se había infiltrado el concepto platónico del alma.

20 Los musulmanes creen que su fe es la culminación de las revelaciones dadas a los hebreos y cristianos fieles de la antigüedad. El Corán cita tanto de las Escrituras Hebreas como de las Griegas, pero en la doctrina de la inmortalidad del alma discrepa de ellas. El Corán enseña que el hombre tiene un alma que sigue viviendo tras la muerte. También habla de una resurrección de los muertos, un día de juicio y el destino final del alma: o vida en un jardín paradisíaco celestial, o castigo en un infierno ardiente.

21 Los seguidores del islam creen que el alma del difunto va al barzakh (“barrera”), término que designa el “tiempo intermedio entre la hora de la muerte y la hora de la resurrección” y el “lugar tal que quien lo alcanza no puede ya retornar a la vida terrena” (sura 23:99, 100; El Corán, edición de Julio Cortés, nota). Allí el alma está consciente, sufriendo castigo si la persona fue impía, o disfrutando de felicidad si fue fiel. Pero los fieles también tienen que experimentar algún tormento debido a los pocos pecados que cometieron durante su vida. En el día del juicio, cada uno se encara con su destino eterno, que pone fin a este estado intermedio.

22 La idea de la inmortalidad del alma apareció en el judaísmo y en la cristiandad a través del platonismo, pero en el islam, el concepto ya existía desde un principio. Esto no significa que los eruditos árabes no intentaran conciliar las enseñanzas islámicas con la filosofía griega. De hecho, la obra de Aristóteles influyó mucho en el mundo árabe. Y destacados filósofos árabes, como Avicena y Averroes, comentaron extensamente el pensamiento aristotélico. No obstante, al tratar de armonizar los conceptos griegos con la enseñanza musulmana del alma, llegaron a teorías distintas. Por ejemplo, Avicena afirmó que el alma personal es inmortal, mientras que Averroes refutó esa idea. Prescindiendo de tales opiniones, los musulmanes siguen creyendo en la inmortalidad del alma.

23 Está claro, pues, que tanto el judaísmo como la cristiandad y el islam enseñan la doctrina de la inmortalidad del alma.

[Nota]

Seguidor del neoplatonismo, una nueva versión de la filosofía platónica desarrollada por Plotino en la Roma del siglo III.

Dónde buscar las respuestas

“La teoría del sufrimiento eterno no es compatible con la creencia de que Dios ama las cosas creadas. [...] Creer que se castiga eternamente al alma por los errores de unos cuantos años, sin darle la oportunidad de enmendarse, va contra los dictados de la razón.”—Nikhilananda, filósofo hindú.

AL IGUAL que el filósofo hindú Nikhilananda, hoy en día muchas personas se sienten incómodas con la enseñanza del tormento eterno. Del mismo modo, a otros les cuesta entender conceptos tales como el acceso al nirvana y la unidad con el Tao.

2 No obstante, partiendo de la idea de que el alma es inmortal, tanto las religiones orientales como las occidentales han creado una sorprendente gama de creencias sobre el más allá. ¿Es posible averiguar qué nos sucede realmente cuando morimos? ¿Es cierto que el alma es inmortal? ¿Dónde podemos buscar las respuestas?

La ciencia y la filosofía

3 ¿Son la ciencia o el método de investigación científico el medio de hallar las respuestas a las preguntas sobre el más allá? Algunos investigadores han teorizado sobre la vida después de la muerte basándose en relatos recientes de experiencias cercanas a la muerte o “extracorpóreas”. El teólogo católico Hans Küng examinó algunas afirmaciones de estos investigadores en su conferencia “¿Es morir entrar en la luz?”, y concluyó: “Tales experiencias de muerte no prueban nada a favor de una posible vida tras la muerte, pues en ellas se trata de los últimos cinco minutos antes de morir, no de una vida eterna después de la muerte”. Küng añadió: “La cuestión de una posible vida después de la muerte es de enorme importancia para la vida antes de la muerte. Reclama una respuesta, que, si la medicina no es capaz de dar, deberá buscarse en otra parte”.

4 ¿Y la filosofía? ¿Puede ayudarnos esta a encontrar las respuestas entre las muchas posibilidades que ofrecen las religiones de una vida después de la muerte? El filósofo británico del siglo XX Bertrand Russell dice que la exploración filosófica es, entre otras cosas, una “actividad especulativa”. La filosofía, según The World Book Encyclopedia, es “una forma de indagación: un proceso de análisis, crítica, interpretación y especulación”. Sobre el tema del más allá, las especulaciones filosóficas han variado desde llamar a la inmortalidad simple ilusión hasta proclamarla derecho natural de todo ser humano.

Una fuente única de respuestas

5 Ahora bien, existe un libro que contiene respuestas veraces a las preguntas importantes sobre la vida y la muerte. Se trata del libro más antiguo que jamás se ha escrito; algunas secciones de él se redactaron hace unos tres mil quinientos años. La primera parte del libro se escribió varios siglos antes de que se compusieran los himnos más antiguos de las escrituras hindúes, los Vedas, y unos mil años antes de que nacieran Buda, Mahavira y Confucio. Su redacción finalizó en el año 98 E.C., más de quinientos años antes de que Mahoma fundara el islam. Esta fuente única de sabiduría extraordinaria es la Biblia.

6 Ningún libro expone la historia antigua con tanta precisión como la Biblia. El relato bíblico se remonta a los inicios de la familia humana y explica cómo llegamos a existir en la Tierra. Nos transporta incluso a antes de la creación del hombre. Un libro así puede, sin duda, ayudarnos a entender cómo fue hecho el hombre y qué es el alma.

7 Además, la Biblia es un libro de profecías que se han cumplido infaliblemente. Por ejemplo, predijo con gran detalle el auge y la caída de los imperios medopersa y griego. Estas predicciones fueron tan exactas que algunos críticos han intentado demostrar en vano que se escribieron después de los sucesos en cuestión (Daniel 8:1-7, 20-22). Algunas profecías bíblicas se están cumpliendo con pormenores en nuestros propios tiempos (Mateo, capítulo 24; Marcos, capítulo 13; Lucas, capítulo 21; 2 Timoteo 3:1-5, 13).

8 Ningún ser humano, por muy inteligente que sea, puede predecir con tanta exactitud acontecimientos futuros. Solo el todopoderoso y omnisapiente Creador del universo puede hacerlo (2 Timoteo 3:16, 17; 2 Pedro 1:20, 21). La Biblia es, en efecto, de origen divino. No cabe duda de que un libro de tales características puede brindarnos respuestas veraces y satisfactorias a las preguntas sobre lo que nos sucede cuando morimos. Veamos primero qué dice sobre el alma.

[Notas]

Véase el folleto Un libro para todo el mundo, editado por Watchtower Bible and Tract Society of New York, Inc.

Véase el libro La Biblia... ¿la Palabra de Dios, o palabra del hombre?, editado por Watchtower Bible and Tract Society of New York, Inc.

El alma según la Biblia

“El hombre vino a ser alma viviente.” (Génesis 2:7.)

COMO hemos visto, hay muchas y variadas creencias sobre el alma. Aun entre los que afirman basar sus creencias en la Biblia, existen ideas distintas sobre qué es el alma y qué le sucede cuando morimos. Pero, ¿qué enseña la Biblia realmente sobre el alma? Para averiguarlo, tenemos que examinar el significado de las palabras hebrea y griega que se traducen por “alma” en la Biblia.

El alma como criatura viviente

2 La palabra hebrea traducida por “alma” es né·fesch, y aparece 754 veces en las Escrituras Hebreas (comúnmente llamadas Antiguo Testamento). ¿Qué significa né·fesch? Según The Dictionary of Bible and Religion, “normalmente se refiere al ser vivo entero, al individuo completo”.

3 Por ejemplo, Génesis 2:7 dice: “Jehová Dios procedió a formar al hombre del polvo del suelo y a soplar en sus narices el aliento de vida, y el hombre vino a ser alma viviente”. Observemos que Adán no tenía un alma, sino que era un alma, tal como el hombre que llega a ser médico es médico. Por lo tanto, el vocablo alma puede designar a la persona completa.

4 Este entendimiento encuentra apoyo a lo largo de todas las Escrituras Hebreas, donde encontramos oraciones como “en caso de que peque un alma” (Levítico 5:1), “cualquier alma que haga trabajo de clase alguna” (Levítico 23:30), “en caso de que se halle a un hombre secuestrando a un alma” (Deuteronomio 24:7), “el alma de él se impacientó” (Jueces 16:16), “¿hasta cuándo seguirán ustedes irritando mi alma?” (Job 19:2) y “mi alma se ha desvelado de desconsuelo” (Salmo 119:28).

5 No hay ninguna indicación en estos pasajes de que el alma sea una entidad inmaterial que siga viviendo tras la muerte. “Decir en nuestros términos que el ‘alma’ del ser querido ha partido para reunirse con el Señor o hablar del ‘alma inmortal’, sería incomprensible en la cultura del A.T. [Antiguo Testamento]”, indica The Dictionary of Bible and Religion.

6 La palabra traducida por “alma” más de cien veces en las Escrituras Griegas Cristianas (comúnmente llamadas Nuevo Testamento) es psy·kjé. Al igual que né·fesch, este término a menudo se refiere a la persona completa. Por ejemplo, fijémonos en las siguientes expresiones: “Mi alma está perturbada” (Juan 12:27), “empezó a sobrevenirle temor a toda alma” (Hechos 2:43), “toda alma esté en sujeción a las autoridades superiores” (Romanos 13:1), “hablen confortadoramente a las almas abatidas” (1 Tesalonicenses 5:14) y “unas pocas personas, es decir, ocho almas, fueron llevadas a salvo a través del agua” (1 Pedro 3:20).

7 Psy·kjé, del mismo modo que né·fesch, designa claramente a la persona completa. Según el escriturario Nigel Turner, esta palabra “denota lo que es característicamente humano, el yo personal, el cuerpo material en el que se ha infundido el rûah [espíritu] de Dios. [...] El énfasis se pone en todo el ser”.

8 En la Biblia, el término alma se aplica no solo a los seres humanos, sino también a los animales. Por ejemplo, al describir la creación de las criaturas marinas, Génesis 1:20 señala que Dios mandó: “Enjambren las aguas un enjambre de almas vivientes”. Y en el siguiente día de la creación, Dios dijo: “Produzca la tierra almas vivientes según sus géneros, animal doméstico y animal moviente y bestia salvaje de la tierra según su género” (Génesis 1:24; compárese con Números 31:28). Así pues, alma puede referirse a una criatura viviente, ya sea humana o animal.

El alma como la vida de la criatura

9 La palabra alma a veces se emplea para indicar la vida del ser humano o del animal, lo cual no altera su definición bíblica como “persona” o “animal”. A modo de ilustración: tal como decimos que el hombre es un ser vivo, también podemos decir que tiene vida. De igual modo, el hombre es un alma, pero, mientras está vivo, puede decirse que tiene alma.

10 Por ejemplo, Dios le dijo a Moisés: “Han muerto todos los hombres que buscaban tu alma” (Éxodo 4:19). Está claro que los enemigos de Moisés estaban tratando de quitarle la vida. En los siguientes pasajes se advierte un uso similar del vocablo alma: “Llegamos a tener mucho miedo por nuestras almas” (Josué 9:24), “siguieron huyendo por su alma” (2 Reyes 7:7), “el justo está cuidando del alma de su animal doméstico” (Proverbios 12:10), “el Hijo del hombre [...] vino para [...] dar su alma en rescate en cambio por muchos” (Mateo 20:28) y “llegó a estar muy próximo a la muerte, al exponer su alma al peligro” (Filipenses 2:30). En cada uno de estos casos, la palabra alma significa “vida”.

11 Por consiguiente, en la Biblia la palabra alma hace referencia a una persona o un animal, o a la vida de estos. La definición bíblica de alma es sencilla y coherente, y está libre de las complicadas filosofías y supersticiones humanas. Pero, ¿qué le sucede al alma en el momento de la muerte? Para responder a esta pregunta, debemos entender antes por qué morimos.

[Nota]

Mateo 10:28 también utiliza alma en el sentido de “vida”.

¿Por qué morimos?

“En todas las cumbres la paz reina; por ninguna parte apenas si un soplo de vida se otea; en el bosque en calma ni un ave gorjea. Aguarda que, pronto, cesarán tus penas.”—Johann Wolfgang von Goethe, poeta alemán.

DIOS creó a los seres humanos con el deseo de vivir para siempre. En efecto, la Biblia dice que puso “en el corazón de ellos el anhelo por la eternidad” (Eclesiastés 3:11, Versión Moderna). Pero Dios no se limitó a infundirles el anhelo de vivir para siempre, sino que también les dio la oportunidad de conseguirlo.

2 Nuestros primeros padres, Adán y Eva, fueron creados perfectos, sin defecto alguno en su mente o cuerpo (Deuteronomio 32:4). Imagínese lo que eso supone: no tener dolores crónicos ni inquietudes ni temores mórbidos. Además, Dios los situó en un precioso hogar paradisíaco. Su propósito era que el hombre viviera para siempre y que la Tierra terminara por llenarse con sus descendientes perfectos (Génesis 1:31; 2:15). Entonces, ¿por qué morimos?

La desobediencia acarrea la muerte

3 Dios mandó a Adán: “De todo árbol del jardín puedes comer hasta quedar satisfecho. Pero en cuanto al árbol del conocimiento de lo bueno y lo malo, no debes comer de él, porque en el día que comas de él, positivamente morirás” (Génesis 2:16, 17). De manera que la vida eterna era condicional para Adán y Eva; dependía de que obedecieran a Dios.

4 Desgraciadamente, Adán y Eva desobedecieron la ley divina (Génesis 3:1-6), con lo que se convirtieron en pecadores, pues “el pecado es desafuero” (1 Juan 3:4). Como consecuencia, perdieron la perspectiva de vivir eternamente. La perdieron “porque el salario que el pecado paga es muerte” (Romanos 6:23). De ahí que al dictar sentencia contra Adán y Eva, Dios dijera: “Polvo eres y a polvo volverás”. Nuestros primeros padres fueron expulsados entonces de su hogar paradisíaco. En el día en que pecaron, iniciaron el lento pero continuo proceso de morir (Génesis 3:19, 23, 24).

“La muerte se extendió a todos los hombres”

5 El pecado quedó firmemente grabado en los genes de Adán y Eva. Por lo tanto, no podían tener descendencia perfecta, tal como de un molde imperfecto no pueden salir objetos perfectos (Job 14:4). Cada nacimiento humano confirma que la primera pareja perdió la salud perfecta y la vida eterna para ella misma y su progenie. El apóstol cristiano Pablo escribió: “Por medio de un solo hombre el pecado entró en el mundo, y la muerte mediante el pecado, y así la muerte se extendió a todos los hombres porque todos habían pecado” (Romanos 5:12; compárese con Salmo 51:5).

6 Los científicos no saben por qué envejece y muere el hombre. La Biblia, en cambio, explica que morimos porque nacemos pecadores, estado que hemos heredado de nuestros primeros padres. Pero ¿qué nos sucede cuando morimos?

¿Qué le sucede al alma a la hora de la muerte?

“La doctrina de la inmortalidad del alma humana y de su pervivencia tras la muerte del hombre y la desintegración de su cuerpo, es uno de los pilares de la filosofía y la teología cristianas.” (New Catholic Encyclopedia.)

LA OBRA de consulta supracitada admite, sin embargo, que “la noción de que el alma sobrevive a la muerte no se percibe fácilmente en la Biblia”. Entonces, ¿qué enseña en realidad la Biblia sobre lo que le sucede al alma a la hora de la muerte?

Los muertos están inconscientes

2 La condición de los muertos se expone claramente en Eclesiastés 9:5, 10, donde leemos: “Los muertos nada saben [...;] no hay obra, ni actividad mental, ni ciencia, ni sabiduría en el sepulcro” (La Biblia, Ediciones Sigal). Por consiguiente, la muerte es un estado de inexistencia. El salmista escribió que cuando muere la persona, “vuelve a su suelo; en ese día de veras perecen sus pensamientos” (Salmo 146:4).

3 De modo que los muertos están inconscientes, inactivos. Al pronunciar sentencia contra Adán, Dios dijo: “Polvo eres y a polvo volverás” (Génesis 3:19). Antes de que Dios lo formara del polvo del suelo y le diera vida, Adán no existía. Cuando murió, retornó a ese estado. Su castigo fue la muerte, no la transferencia a otro mundo.

El alma puede morir

4 ¿Qué le ocurrió al alma de Adán cuando este murió? Pues bien, recordemos que en la Biblia la palabra alma con frecuencia se refiere sencillamente a la persona. Por lo tanto, cuando decimos que Adán murió, estamos diciendo que el alma llamada Adán murió. Esto podría parecer extraño al que cree en la inmortalidad del alma. No obstante, la Biblia afirma: “El alma que peca... ella misma morirᔠ(Ezequiel 18:4). Levítico 21:1 habla de “un alma difunta” (un “cadáver”, Biblia de Jerusalén). Y a los nazareos se les dijo que no se acercaran a “ninguna alma muerta” (un “cuerpo muerto”, Versión Moderna) (Números 6:6).

5 En 1 Reyes 19:4 encontramos una alusión parecida al alma. Elías, muy angustiado, “se puso a pedir que muriera su alma”. De igual modo, Jonás “siguió pidiendo que su alma muriera, y repetidamente decía: ‘Mejor es mi morir que mi estar vivo’” (Jonás 4:8). Y Jesús utilizó la expresión ‘matar un alma’, que en la Biblia del Peregrino se traduce por “dar muerte” (Marcos 3:4). Así que la muerte del alma significa simplemente la muerte de la persona.

¿Cómo ‘sale’ y ‘vuelve’ el alma?

6 Pero ¿qué puede decirse del trágico fallecimiento de Raquel mientras daba a luz a su segundo hijo? En Génesis 35:18 leemos: “Al ir saliendo el alma de ella (porque murió), lo llamó por nombre Ben-oní; pero su padre lo llamó Benjamín”. ¿Implica este pasaje que Raquel tenía un ser interior que a su muerte la abandonó? Ni mucho menos. Recordemos que el término alma también puede referirse a la vida que posee la persona. Así, en este caso, el “alma” de Raquel denota su vida. Por eso otras versiones de la Biblia utilizan, en vez de la expresión “ir saliendo el alma de ella”, las soluciones “la abandonaba la vida” (Mariano Galván Rivera), “exhaló su último suspiro” (Nueva Reina-Valera) y “con su último aliento” (Levoratti-Trusso). No hay ningún indicio de que una parte enigmática de Raquel sobreviviera a la muerte de ella.

7 Un caso parecido es el de la resurrección del hijo de una viuda, que recoge el capítulo 17 de 1 Reyes. En el versículo 22 leemos que cuando Elías oró por el niño, “Jehová escuchó la voz de Elías, de modo que el alma del niño volvió dentro de él, y llegó a vivir”. También en este pasaje la palabra alma significa “vida”. Por esa razón, la versión Nueva Reina-Valera lee: “La vida del niño volvió a él, y revivió”. En efecto, fue la vida, no una entidad inmaterial, lo que regresó al muchacho. Esto concuerda con lo que Elías le dijo a la madre: “Mira, tu hijo [la persona completa] está vivo” (1 Reyes 17:23).

El dilema del “estado intermedio”

8 Dentro de la cristiandad, muchas personas creen que en el futuro habrá una resurrección en la que los cuerpos se unirán a las almas inmortales. Entonces los resucitados recibirán su correspondiente retribución: los que llevaron una vida recta, el premio, y los perversos, el castigo.

9 Aunque el concepto parece sencillo, a los que defienden la inmortalidad del alma les resulta difícil explicar qué le sucede al alma en el lapso entre la muerte y la resurrección. Este “estado intermedio”, como suele denominarse, ha sido objeto de especulación a lo largo de los siglos. Algunos dicen que en este período el alma va al purgatorio, donde se purifica de los pecados veniales para así ser admitida en el cielo.

10 Sin embargo, como hemos visto, el alma es la persona. Cuando perece la persona, perece el alma. Así pues, no hay existencia consciente después de la muerte. Cuando Lázaro falleció, Jesucristo no dijo que estaba en el purgatorio, en el limbo o en otro “estado intermedio”. Más bien, se limitó a decir: “Lázaro se ha dormido” (Juan 11:11, La Biblia, Serafín de Ausejo). Obviamente, Jesús, que sabía la verdad sobre lo que le sucede al alma cuando morimos, creía que Lázaro estaba inconsciente, que había dejado de existir.

¿Qué es el espíritu?

11 La Biblia señala que al morir el individuo, “sale su espíritu, él vuelve a su suelo” (Salmo 146:4). ¿Significa esto que un espíritu incorpóreo literalmente parte y sigue viviendo después de la muerte? Lo que dice el salmista a continuación elimina tal posibilidad: “En ese día de veras perecen sus pensamientos” (“se desvanecen todas sus ideas”, Salmo 145:4, Salterio español [146:4, NM]). Por consiguiente, ¿qué es el espíritu, y en qué sentido “sale” de la persona en el momento de la muerte?

12 El significado primario de las palabras traducidas en la Biblia por “espíritu” (hebreo, rú·aj; griego, pnéu·ma) es “aliento”. De ahí que, en vez de “sale su espíritu”, la versión Reina-Valera (revisión de 1960) utilice la expresión “sale su aliento”. Pero el vocablo espíritu implica mucho más que el aliento o la respiración. Por ejemplo, Génesis 7:22 dice respecto a la destrucción de la vida humana y animal en el diluvio universal: “Todo lo que tenía activo en sus narices el aliento de la fuerza [o espíritu; hebreo, rú·aj] de vida, a saber, cuanto había en el suelo seco, murió”. De manera que espíritu puede referirse a la fuerza de vida que está activa en todas las criaturas vivas, tanto humanas como animales, y que se sostiene mediante la respiración.

13 Puede ilustrarse con la corriente eléctrica que acciona una máquina. Si la corriente se interrumpe, la máquina deja de funcionar. La electricidad no adquiere vida propia. De igual modo, cuando fallece la persona, su espíritu deja de animar las células corporales. No abandona el cuerpo para trasladarse a otro mundo (Salmo 104:29).

14 En ese caso, ¿por qué dice Eclesiastés 12:7 que cuando muere la persona “el espíritu mismo vuelve al Dios verdadero que lo dio”? ¿Significa esto que el espíritu literalmente viaja por el espacio hasta la presencia de Dios? No, tal idea no está implícita. Recordemos que el espíritu es la fuerza de vida. Una vez que la fuerza de vida parte, solo Dios tiene el poder de restituirla. Por eso, el espíritu “vuelve al Dios verdadero” en el sentido de que toda esperanza de vida futura de la persona depende por completo de Dios.

15 Solo Dios puede devolver el espíritu, o fuerza de vida, a una persona, y así revivirla (Salmo 104:30). Pero ¿piensa Dios hacer tal cosa?

[Nota]

Según la New Catholic Encyclopedia, “los Padres [de la Iglesia] por lo general afirman sin ambigüedades la existencia del purgatorio”. Pero esta obra de consulta también admite que “la doctrina católica del purgatorio se basa en la tradición, no en la Sagrada Escritura”.

Una esperanza segura

“Desde el instante del nacimiento existe la constante posibilidad de que un ser humano pueda morir en cualquier momento; inevitablemente dicha posibilidad se convertirá, tarde o temprano, en un hecho consumado.”—Arnold Toynbee, historiador británico.

¿QUIÉN puede cuestionar la verdad histórica citada arriba? La humanidad siempre ha tenido que aceptar la terrible realidad de la muerte. ¡Y qué impotentes nos sentimos cuando se nos muere una persona amada! En esos momentos la pérdida parece totalmente irreversible. ¿Es posible reunirse con los seres queridos que han fallecido? ¿Qué esperanza ofrece la Biblia para los muertos? Examinemos el siguiente relato.

‘Nuestro amigo ha muerto’

2 Corría el año 32 E.C. En el pueblo de Betania, a tres kilómetros de Jerusalén, vivían Lázaro y sus hermanas, Marta y María. Los tres eran amigos íntimos de Jesús. Un día Lázaro enfermó de gravedad, y sus hermanas, muy preocupadas, le enviaron recado a Jesús, que se hallaba al otro lado del río Jordán. Dado que Jesús les tenía cariño a Lázaro y a sus hermanas, decidió partir hacia Betania. En el camino dijo a sus discípulos: “Nuestro amigo Lázaro está descansando, pero yo me voy allá para despertarlo del sueño”. Como los discípulos no captaron el sentido de sus palabras, fue explícito: “Lázaro ha muerto” (Juan 11:1-15).

3 Al enterarse de que Jesús llegaba a Betania, Marta salió corriendo a su encuentro. Conmovido por su pena, Jesús le aseguró: “Tu hermano se levantará”, a lo que Marta repuso: “Yo sé que se levantará en la resurrección en el último día”. Entonces Jesús le dijo: “Yo soy la resurrección y la vida. El que ejerce fe en mí, aunque muera, llegará a vivir” (Juan 11:20-25).

4 A continuación, Jesús fue a la tumba y mandó retirar la piedra que sellaba la entrada. Luego oró en voz alta y clamó: “¡Lázaro, sal!”. Con todas las miradas fijas en la tumba, Lázaro, efectivamente, salió. Jesús lo resucitó, devolviendo así la vida a un hombre que llevaba muerto cuatro días (Juan 11:38-44).

5 Marta ya tenía fe en la promesa de la resurrección (Juan 5:28, 29; 11:23, 24). El milagro de que Lázaro volviera a vivir sirvió para fortalecer la fe de ella e infundir esta cualidad en otras personas (Juan 11:45). Ahora bien, ¿qué significa exactamente el término resurrección?

“Se levantará”

6 La palabra resurrección traduce el vocablo griego a·ná·sta·sis, que significa literalmente “acción de ponerse de pie (levantarse) de nuevo”. El término se ha vertido al hebreo con las palabras teji·yáth ham·me·thím, que quieren decir “reanimación de los muertos”. Así pues, la resurrección implica levantar de su estado inanimado a la persona que ha muerto, reactivar su personalidad.

7 Puesto que su sabiduría y su memoria son infinitas, Jehová Dios puede resucitar fácilmente a una persona. Para él no es difícil recordar la personalidad de la gente antes de morir: su modo de ser, sus vivencias y todos los demás detalles de su identidad (Job 12:13; compárese con Isaías 40:26). Además, Jehová es el Creador de la vida, por lo que puede revivir al mismo individuo, reproduciendo su personalidad en un cuerpo recién formado. También Jesucristo, como muestra la experiencia de Lázaro, tiene tanto el deseo de resucitar a los muertos como el poder para hacerlo (compárese con Lucas 7:11-17; 8:40-56).

8 No obstante, la enseñanza bíblica de la resurrección es incompatible con la doctrina de la inmortalidad del alma. Si el alma fuera inmortal y sobreviviera a la muerte, nadie tendría que resucitar o retornar a la vida. Marta no hizo alusión a ninguna alma inmortal que siguiera viviendo en otra parte después de la muerte. Ella no creía que Lázaro se hubiera marchado a una región espiritual para proseguir allí su existencia. Por el contrario, manifestó fe en el propósito de Dios de anular los efectos de la muerte. Dijo: “Yo sé que se levantará en la resurrección en el último día” (Juan 11:23, 24). De igual modo, Lázaro no contó ninguna vivencia del más allá. No había nada que contar.

9 Está claro que, según la Biblia, el alma muere, y el remedio para la muerte es la resurrección. Pero desde los tiempos del primer hombre, Adán, han fallecido miles de millones de personas. ¿Quiénes resucitarán, y dónde?

“Todos los que están en las tumbas conmemorativas”

10 Jesucristo dijo: “Viene la hora en que todos los que están en las tumbas conmemorativas oirán su voz [la de Jesús] y saldrán” (Juan 5:28, 29). Con estas palabras Jesucristo prometió que todos los que están en la memoria de Jehová resucitarán. Miles de millones de personas han vivido y han muerto. ¿Quiénes, de todas ellas, están en la memoria divina, aguardando la resurrección?

11 Los que han llevado una vida recta por ser siervos de Jehová resucitarán. Pero ha habido millones de seres humanos que han muerto sin poder demostrar si obedecerían las normas justas de Dios, ya que desconocían sus requisitos o no les dio tiempo de efectuar los cambios necesarios. Estos también están en la memoria de Dios y serán resucitados, pues la Biblia promete: “Va a haber resurrección así de justos como de injustos” (Hechos 24:15).

12 El apóstol Juan tuvo una visión emocionante de personas resucitadas que estaban de pie delante del trono de Dios. Parte de su descripción escrita dice: “El mar entregó los muertos que había en él, y la muerte y el Hades entregaron los muertos que había en ellos, y fueron juzgados individualmente según sus hechos. Y la muerte y el Hades fueron arrojados al lago de fuego. Esto significa la muerte segunda: el lago de fuego” (Revelación [Apocalipsis] 20:12-14). ¿Nos damos cuenta de lo que esto significa? Todos los muertos que están en la memoria de Dios serán liberados del Hades, o Seol, la sepultura común de la humanidad (Salmo 16:10; Hechos 2:31). A continuación, “la muerte y el Hades” serán arrojados al llamado “lago de fuego”, un símbolo de destrucción total. La sepultura común de la humanidad dejará de existir.

¿Dónde vivirán los resucitados?

13 Una pequeña cantidad de hombres y mujeres recibirán una resurrección celestial. Gobernarán con Cristo como reyes y sacerdotes, y contribuirán a la eliminación de los efectos de la muerte que la humanidad heredó del primer hombre, Adán (Romanos 5:12; Revelación 5:9, 10). Según la Biblia, son solamente 144.000, y se les escoge de entre los discípulos de Cristo, comenzando con los apóstoles fieles (Lucas 22:28-30; Juan 14:2, 3; Revelación 7:4; 14:1, 3). Jehová les dará a cada uno de estos resucitados un cuerpo espiritual para que puedan vivir en el cielo (1 Corintios 15:35, 38, 42-45; 1 Pedro 3:18).

14 Sin embargo, la gran mayoría de los que han perecido resucitarán para vivir en la Tierra (Salmo 37:29; Mateo 6:10). ¿En qué clase de Tierra? Hoy en día el planeta está plagado de conflictos, matanzas, contaminación y violencia. Si los muertos regresaran a una Tierra en tales condiciones, es obvio que su felicidad duraría poco. Pero el Creador ha prometido que pronto pondrá fin a la actual sociedad mundial que está bajo el dominio de Satanás (Proverbios 2:21, 22; Daniel 2:44). Entonces se hará realidad la “nueva tierra”, una nueva sociedad humana justa (2 Pedro 3:13). En aquel tiempo “ningún residente dirá: ‘Estoy enfermo’” (Isaías 33:24). Se eliminará incluso la angustia de la muerte, porque Dios “limpiará toda lágrima de sus ojos, y la muerte no será más, ni existirá ya más lamento ni clamor ni dolor. Las cosas anteriores han pasado” (Revelación 21:4).

15 En el prometido nuevo mundo de Dios, los mansos “hallarán su deleite exquisito en la abundancia de paz” (Salmo 37:11). El gobierno celestial de Cristo Jesús y sus 144.000 corregentes restituirá gradualmente a la humanidad al estado de perfección que nuestros primeros padres, Adán y Eva, perdieron. Entre los habitantes de la Tierra se encontrarán los resucitados (Lucas 23:42, 43).

16 La Biblia nos da atisbos del gozo que la resurrección reportará a las familias. Imaginémonos la felicidad de la viuda de Naín cuando Jesús detuvo el cortejo fúnebre de su único hijo y lo resucitó (Lucas 7:11-17). Posteriormente, Jesús devolvió la vida a una niña de 12 años cerca del mar de Galilea, y sus padres quedaron “fuera de sí con gran éxtasis” (Marcos 5:21-24, 35-42; véase también 1 Reyes 17:17-24; 2 Reyes 4:32-37).

17 Para los millones de personas que actualmente están durmiendo en la muerte, la resurrección representará vivir en un nuevo mundo pacífico. Pensemos en la emocionante perspectiva que esto abre ante el joven Tommy y el empresario que se mencionan en la primera sección de este folleto. Cuando aquel se despierte en el Paraíso terrestre, será el mismo Tommy que su madre conocía, pero sin dolencias. Ella podrá tocarlo, abrazarlo y darle cariño. Así mismo, el empresario indio, en vez de hallarse atrapado en un ciclo prácticamente interminable de renacimientos, tiene la maravillosa perspectiva de abrir los ojos en el nuevo mundo de Dios y ver a sus hijos.

18 Saber la verdad sobre el alma, lo que nos sucede cuando morimos y la esperanza de la resurrección también puede causar un gran efecto en los que ahora están vivos. Veamos cómo.

[Nota]

Aunque la palabra resurrección no aparece en las Escrituras Hebreas, la esperanza de la resurrección se expresa con claridad en Job 14:13; Daniel 12:13, y Oseas 13:14.

La importancia de conocer la verdad sobre el alma

“Conocerán la verdad, y la verdad los libertará.” (Juan 8:32.)

LAS creencias personales sobre la muerte y el más allá son en gran parte consecuencia de los antecedentes religiosos y culturales de cada persona. Como hemos visto, varían desde la convicción de que el alma alcanza su meta final únicamente tras numerosos renacimientos, hasta la idea de que en el transcurso de una sola vida se determina el destino final del individuo. En consecuencia, unos confían en que al final se integrarán en la realidad suprema, otros en que alcanzarán el nirvana y otros en que recibirán un premio celestial. Por lo tanto, ¿cuál es la verdad sobre el alma? Puesto que las creencias influyen en las actitudes, acciones y decisiones, ¿no deberíamos preocuparnos por encontrar la respuesta a esta pregunta?

2 El libro más antiguo del mundo, la Biblia, narra la historia del hombre desde la creación de la primera alma humana. Sus enseñanzas están libres de las filosofías y tradiciones de los hombres. La Biblia expone claramente la verdad sobre el alma: esta es la persona misma, los muertos se encuentran en un estado de inexistencia absoluta y los que están en la memoria de Dios resucitarán a su debido tiempo. ¿Qué efecto puede tener en nosotros el saber esto?

3 “Conocerán la verdad, y la verdad los libertará”, dijo Jesucristo a sus discípulos (Juan 8:32). Efectivamente, la verdad es liberadora. Pero ¿de qué nos liberta la verdad acerca del alma?

Libertad del temor y la desesperación

4 “La mayoría de las personas temen a la muerte y tratan de no pensar en ella”, dice The World Book Encyclopedia. “La propia palabra ‘muerte’ se ha vuelto casi inmencionable en Occidente”, señala un historiador. En algunas culturas utilizan eufemismos tales como “ha pasado a mejor vida” o “se ha ido de este mundo” para referirse al fallecimiento de alguien. El temor a la muerte es, en realidad, un temor a lo desconocido, pues para la mayoría de las personas la muerte es un misterio. Cuando conocemos la verdad sobre lo que ocurre al morir, dicho temor se aplaca.

5 Tomemos como ejemplo el estado de ánimo de Michaelyn, de 15 años de edad. Esta joven padecía leucemia y se encaraba a una muerte trágica. Su madre, Paula, recuerda: “Michaelyn decía que no le importaba morir porque sabía que la muerte era algo pasajero. Hablábamos mucho sobre el nuevo mundo de Dios y los que resucitarán en él. Michaelyn tenía muchísima fe en Jehová Dios y en la resurrección; no albergaba la menor duda”. La esperanza de la resurrección liberó a esta valiente joven del terror a la muerte.

6 ¿Qué efecto tuvo la verdad en los padres de Michaelyn? “La muerte de nuestra pequeña fue lo más doloroso que jamás nos ha sucedido —explica Jeff, el padre—. Pero confiamos plenamente en la promesa de Jehová de la resurrección, y esperamos con ansias el día en el que podremos abrazar de nuevo a nuestra querida Michaelyn. ¡Qué emocionante será!”

7 Ciertamente, la verdad sobre el alma libera de la desesperación que produce la muerte de un ser querido. Por supuesto, nada puede eliminar por completo el dolor y la congoja que se sienten en tales circunstancias. Pero la esperanza de la resurrección atenúa la pena, haciéndola mucho más llevadera.

8 La verdad bíblica sobre la condición de los muertos también nos libera del temor a estos. Al conocer tal verdad, muchas personas que eran esclavas de ritos supersticiosos relacionados con los muertos han dejado de preocuparse por maldiciones, agüeros, amuletos y fetiches, así como de ofrecer sacrificios costosos para apaciguar a sus antepasados y evitar que regresen para atormentar a los vivos. De hecho, como los muertos “no tienen conciencia de nada en absoluto”, tales prácticas son inútiles (Eclesiastés 9:5).

9 Sin duda alguna, la verdad sobre el alma, que se encuentra en la Biblia, libera y es confiable. Pero analicemos también una esperanza extraordinaria que la Biblia nos ofrece.

Una esperanza extraordinaria

“Todo el que vive y ejerce fe en mí no morirá jamás.” (Juan 11:26.)

CUANDO vuelvan a la vida millones de personas en la resurrección, no lo harán para vivir en una Tierra vacía (Hechos 24:15). Despertarán en un entorno embellecido y descubrirán que se les ha preparado vivienda, ropa y alimento en abundancia. ¿Quiénes realizarán tales preparativos? Obviamente, tendrá que haber gente en el nuevo mundo antes de que comience la resurrección terrestre. Pero ¿quiénes?

2 El cumplimiento de la profecía bíblica muestra que vivimos en “los últimos días” de este sistema de cosas (2 Timoteo 3:1). Dentro de poco, Jehová Dios va a intervenir en los asuntos humanos para eliminar la maldad de la Tierra (Salmo 37:10, 11; Proverbios 2:21, 22). ¿Qué les ocurrirá entonces a los que estén sirviendo fielmente a Dios?

3 Al aniquilar a los malvados, Jehová no destruirá también a los justos (Salmo 145:20). Nunca lo ha hecho ni lo hará cuando limpie la Tierra de toda maldad (compárese con Génesis 18:22, 23, 26). En realidad, el último libro de la Biblia habla de “una gran muchedumbre, que ningún hombre podía contar, de todas las naciones y tribus y pueblos y lenguas”, que sale de “la gran tribulación” (Revelación 7:9-14). En efecto, una gran multitud sobrevivirá a la gran tribulación que pondrá fin al actual mundo perverso, y entrará en el nuevo mundo de Dios. Allí la humanidad obediente se beneficiará a plenitud de la maravillosa provisión divina para liberar a la humanidad del pecado y la muerte (Revelación 22:1, 2). Por lo tanto, la “gran muchedumbre” nunca tendrá que experimentar la muerte. ¡Qué esperanza tan extraordinaria!

4 ¿Podemos confiar en esta asombrosa expectativa? ¡Claro que sí! El propio Jesucristo indicó que llegará el día en el que la gente vivirá indefinidamente. Justo antes de resucitar a su amigo Lázaro, Jesús dijo a Marta: “Todo el que vive y ejerce fe en mí no morirá jamás” (Juan 11:26).

Usted también puede vivir para siempre

5 ¿Desea usted vivir para siempre en el Paraíso terrestre? ¿Anhela volver a ver a sus seres queridos? Entonces debe llegar a conocer con exactitud la voluntad y los propósitos divinos. Jesús dijo en oración a Dios: “Esto significa vida eterna, el que estén adquiriendo conocimiento de ti, el único Dios verdadero, y de aquel a quien tú enviaste, Jesucristo” (Juan 17:3).

6 La voluntad de Dios es que “hombres de toda clase se salven y lleguen a un conocimiento exacto de la verdad” (1 Timoteo 2:3, 4). Ahora es el momento de informarse sobre cómo usted, junto con los demás millones de personas que ya están haciendo la voluntad de Dios, puede vivir para siempre en el Paraíso en la Tierra. Los testigos de Jehová le ayudarán con mucho gusto a aprender más sobre Dios y sus requisitos. ¿Por qué no se pone en comunicación con ellos en un Salón del Reino cercano, o escribe a la dirección de la página siguiente más próxima a su domicilio?

[Nota]

Véase El conocimiento que lleva a vida eterna, páginas 98-107, editado por Watchtower Bible and Tract Society of New York, Inc.

2 A 11.000 kilómetros de distancia, en Jamnagar (India), los tres hijos de un empresario de 58 años ayudan a colocar el cadáver de su padre en una pira funeraria. Bajo el brillante sol de media mañana, el hijo mayor inicia la ceremonia de la incineración. Prende fuego a la leña con una antorcha y derrama una mezcla aromática de especias e incienso sobre el cuerpo sin vida de su padre. El chisporroteo de la leña queda ahogado por las voces de los brahmanes, que recitan mantras en sánscrito. Una de estas fórmulas sagradas, traducida, dice: “Que el alma que nunca muere siga esforzándose por convertirse en parte de la realidad suprema”.

3 Mientras observan la cremación, los tres hijos se preguntan: “¿Creo en la vida después de la muerte?”. Como se han educado en diferentes lugares del mundo, sus respuestas son distintas. El menor confía en que su amado padre se reencarne y disfrute de una posición social más elevada. El de en medio cree que los muertos están, en cierto modo, dormidos, que no son conscientes de nada en absoluto. El mayor sencillamente se esfuerza por aceptar la realidad de la muerte, pues piensa que nadie sabe con certeza lo que nos sucede cuando morimos.

Una pregunta con muchas respuestas

4 La pregunta “¿hay vida después de la muerte?” ha desconcertado a la humanidad por milenios. “Ante pregunta tan directa hasta los mismos teólogos quedan perplejos”, dice Hans Küng, erudito católico. A través de los tiempos, gente de todas las sociedades se ha planteado la cuestión, y ha habido numerosas respuestas.

5 Muchos cristianos nominales creen en el cielo y el infierno, mientras que los hindúes tienen fe en la reencarnación. En cuanto a la idea musulmana, Amir Muawiyah, ayudante en un centro religioso islámico, dice: “Creemos que habrá un día de juicio después de la muerte, en el que nos presentaremos ante Dios, Alá, como si acudiéramos ante un tribunal”. Según la fe islámica, Alá evaluará entonces el comportamiento de cada persona y la enviará al paraíso o al infierno.

6 En Sri Lanka, tanto budistas como católicos dejan las puertas y ventanas abiertas de par en par cuando hay una defunción en la familia. Encienden una lámpara de aceite y colocan el ataúd con los pies del fallecido en dirección a la puerta principal. Piensan que con estas medidas se facilita la salida de la casa al espíritu, o alma, del difunto.

7 Los aborígenes australianos, según Ronald M. Berndt, de la Universidad de Australia Occidental, creen que “el espíritu de los seres humanos es indestructible”. Ciertas tribus africanas piensan que después de la muerte, la gente común se convierte en fantasmas, mientras que las personas prominentes llegan a ser espíritus ancestrales, los cuales, como líderes invisibles de la comunidad, merecen que se les honre y se les suplique.

8 En algunos países, las creencias respecto a las supuestas almas de los muertos son una mezcolanza de tradiciones locales y cristianismo nominal. Por ejemplo, muchos católicos y protestantes del África occidental siguen la costumbre de cubrir los espejos cuando muere alguien, para que nadie mire en ellos y vea el espíritu del difunto. Más adelante, cuarenta días después del fallecimiento del ser querido, los familiares y amigos celebran la ascensión de su alma al cielo.

Un punto en común

9 Las respuestas a la pregunta de qué sucede cuando morimos son tan diversas como las costumbres y creencias de la gente. No obstante, casi todas las religiones coinciden en un punto fundamental: Hay algo dentro del hombre —llámese alma o espíritu— que es inmortal y sigue viviendo tras la muerte.

10 La doctrina de la inmortalidad del alma es prácticamente universal en los miles de religiones y sectas de la cristiandad. Es asimismo un dogma oficial del judaísmo. En el hinduismo constituye el fundamento de la enseñanza de la reencarnación. Los musulmanes creen que el alma llega a existir a la vez que el cuerpo, pero sobrevive a la muerte de este. Otras religiones, como el animismo africano, el sintoísmo e incluso el budismo, enseñan variaciones sobre esa misma creencia.

11 Algunos opinan, por el contrario, que la vida consciente finaliza al morir. La idea de que la vida emocional e intelectual subsiste en un alma impersonal y etérea separada del cuerpo les parece irrazonable. Miguel de Unamuno, escritor y erudito español del siglo XX, escribió: “Creer en la inmortalidad del alma es querer que el alma sea inmortal, pero quererlo con tanta fuerza que esta querencia, atropellando a la razón, pasa sobre ella”. Entre los que negaron la inmortalidad personal se encuentran los célebres filósofos de la antigüedad Aristóteles y Epicuro, el médico Hipócrates, el filósofo escocés David Hume, el docto hispanoárabe Averroes y el primer jefe de gobierno de la India independiente, Jawaharlal Nehru.

12 La pregunta, pues, es la siguiente: ¿Tenemos o no un alma inmortal? En caso de que el alma no sea inmortal, ¿cómo es posible que tal enseñanza falsa sea parte integrante de la mayoría de las religiones actuales? ¿De dónde surgió la idea? Por otro lado, si el alma deja de existir en la muerte, ¿qué esperanza hay para los muertos?

La inmortalidad del alma: el origen de la doctrina

“Ningún tema relacionado con la vida psíquica ha absorbido tanto la mente del hombre como el de su estado tras la muerte.” (Encyclopædia of Religion and Ethics.)

UN ERUDITO y maestro de 70 años de edad es acusado de impiedad y de intentar corromper las mentes jóvenes con su enseñanza. Aunque hace una defensa genial ante el jurado, este lo declara culpable y lo sentencia a muerte, pues está predispuesto en contra de él. Apenas unas horas antes de su ejecución, el anciano maestro presenta a los alumnos congregados a su alrededor una serie de argumentos para corroborar que el alma es inmortal y que no hay que temer a la muerte.

2 El condenado es nada menos que Sócrates, renombrado filósofo griego del siglo V a.E.C. Platón, uno de sus discípulos, registra estos incidentes en sus escritos Apología y Fedón. Se considera que Sócrates y Platón fueron de los primeros en proponer la idea de la inmortalidad del alma. Pero ellos no la inventaron.

3 Como veremos, las raíces de la doctrina de la inmortalidad humana se remontan a tiempos más antiguos. Sócrates y Platón, sin embargo, pulieron el concepto y lo transformaron en enseñanza filosófica, haciéndolo así más atractivo para las clases cultas de su día y del futuro.

De Pitágoras a las pirámides

4 Los griegos anteriores a Sócrates y Platón también creían que el alma sobrevive a la muerte. Por ejemplo, Pitágoras, el famoso matemático del siglo VI a.E.C., sostenía que el alma es inmortal y que transmigra. Antes de él, Tales de Mileto, el más antiguo filósofo griego conocido, alegó que poseían alma inmortal no solo los hombres, los animales y las plantas, sino también objetos tales como los imanes, ya que estos pueden mover el hierro. Los antiguos griegos afirmaban que las almas de los muertos cruzaban en barca el río Estigia para entrar en una inmensa región subterránea conocida como el reino de los muertos. Allí las almas eran sometidas a juicio y, o bien se las sentenciaba a sufrir tormento en una prisión de murallas altas, o bien se las destinaba a la felicidad absoluta del Elíseo.

5 En el siglo VII a.E.C., en Irán (o Persia), hacia el oriente de Grecia, vivió un profeta llamado Zoroastro, fundador de una forma de adoración que llegó a conocerse como zoroastrismo. Esta era la religión del Imperio persa, el cual dominaba el mundo antes de que Grecia se convirtiera en una potencia de primer orden. Las escrituras zoroástricas dicen: “En inmortalidad el alma del justo gozará para siempre de felicidad, pero en tormento el alma del mentiroso sin duda estará. Y estas leyes ha decretado Ahura-Mazda [que significa “un dios sabio”] en virtud de su autoridad soberana”.

6 La enseñanza de la inmortalidad del alma también formaba parte de la religión iraní prezoroástrica. Las tribus antiguas de Irán, por ejemplo, ofrendaban a los muertos alimento y ropa para el beneficio de sus almas en el reino subterráneo.

7 La creencia en la vida después de la muerte era fundamental en la religión egipcia. Los egipcios pensaban que Osiris, el soberano del mundo de ultratumba, sometía a juicio las almas de los fallecidos. Un papiro que, según se afirma, data del siglo XIV a.E.C. muestra a Anubis, dios de los muertos, guiando el alma del escriba Hunefer hasta Osiris. En uno de los dos platillos de una balanza se encuentra el corazón del escriba, que representa su conciencia, y en el otro, la pluma que lleva en la cabeza la diosa de la verdad y la justicia. Otro dios, llamado Thot, anota el resultado: como el corazón de Hunefer no está cargado de culpa, pesa menos que la pluma, así que Hunefer obtiene acceso al reino de Osiris y recibe inmortalidad. El papiro muestra asimismo a un monstruo de figura femenina junto a la balanza, preparado para devorar a los difuntos cuyo corazón no pasa la prueba. Los egipcios también momificaban a los muertos y conservaban los cuerpos de los faraones en pirámides impresionantes, pues creían que la supervivencia del alma dependía de la preservación del cuerpo.

8 De modo que varias civilizaciones de la antigüedad tenían una doctrina en común: la inmortalidad del alma. ¿La recibieron de una misma fuente?

El punto de origen

9 El libro The Religion of Babylonia and Assyria (La religión de Babilonia y Asiria) dice: “En el mundo antiguo [...], Egipto, Persia y Grecia sintieron la influencia de la religión de Babilonia”. A continuación explica: “En vista de que el contacto entre Egipto y Babilonia fue temprano, como lo revelan las tablillas de Tell el-Amarna, hubo muchísimas oportunidades de que los puntos de vista y costumbres babilónicos incidieran en los cultos egipcios. En Persia, el culto de Mitra revela la influencia inequívoca de los conceptos babilónicos [...]. La gran mezcla de elementos semíticos tanto en la mitología griega primitiva como en los cultos griegos está reconocida hoy tan ampliamente por los entendidos que no hay nada que agregar. Para ser más específicos, estos elementos semíticos son principalmente babilónicos”.

10 Pero, ¿no difieren considerablemente la noción babilónica de lo que sucede tras la muerte y el concepto egipcio, persa y griego? Tomemos como ejemplo la Epopeya de Gilgamés. El anciano héroe de este poema babilónico, Gilgamés, angustiado por la realidad de la muerte, parte en busca de la inmortalidad, pero no la halla. Una mesonera que conoce en el viaje incluso le anima a aprovechar al máximo su vida, pues no va a encontrar la eternidad que persigue. La moraleja de la epopeya es que la muerte es inevitable y que la esperanza de la inmortalidad es una ilusión. ¿No indicaría esto que los babilonios no creían en el más allá?

11 El profesor Morris Jastrow, hijo, de la Universidad de Pensilvania (E.U.A.), escribió: “Ni el pueblo ni los principales pensadores religiosos [de Babilonia] se plantearon jamás la posibilidad de que se aniquilara totalmente lo que había llegado a existir. La muerte [a su modo de ver] era un pasaje a otra clase de vida, y la negación de la inmortalidad únicamente recalcaba la imposibilidad de eludir la muerte y el consiguiente cambio de existencia”. En efecto, los babilonios también creían que después de la muerte continuaba alguna clase de vida. Una manifestación de esta creencia era su costumbre de enterrar objetos junto a los muertos para que los utilizaran en el más allá.

12 Está claro que la enseñanza de la inmortalidad del alma se remonta a la antigua Babilonia. Según la Biblia, libro que se caracteriza por su exactitud histórica, la ciudad de Babel, o Babilonia, fue fundada por Nemrod, un bisnieto de Noé. Después del diluvio universal del tiempo de Noé, solo existía un idioma y una religión. Al fundar la ciudad y edificar una torre en ella, Nemrod dio inicio a otra religión. El relato bíblico muestra que tras la confusión de lenguas que tuvo lugar en Babel, los frustrados constructores de la torre se dispersaron para comenzar una vida nueva, y se llevaron consigo su religión (Génesis 10:6-10; 11:4-9). Así se esparcieron por toda la faz de la Tierra las enseñanzas religiosas babilónicas.

13 Según la tradición, Nemrod sufrió una muerte violenta. Era de esperarse que después de su muerte los babilonios lo tuviesen en gran estima por haber sido el fundador, edificador y primer rey de su ciudad. Como al dios Marduk (Merodac) se le consideraba el fundador de Babilonia, algunos eruditos piensan que se trata de una deificación de Nemrod. Si así es, la idea de que el hombre tiene un alma que pervive después de la muerte, debe haber sido común al menos para las fechas en las que murió Nemrod. En cualquier caso, las páginas de la historia revelan que, después del Diluvio, la enseñanza de la inmortalidad del alma nació en Babel, o Babilonia.

14 Pero, ¿cómo llegó a ser una doctrina fundamental de la mayoría de las religiones actuales? En la siguiente sección se analiza su penetración en las religiones orientales.

[Notas]

Las abreviaturas a.E.C. y E.C. significan, respectivamente, “antes de la era común” y “era común”, períodos a menudo designados a.C. (“antes de Cristo”) y d.C. (“después de Cristo”).

En Tell el-Amarna se hallan las ruinas de la ciudad egipcia de Akhetatón, construida probablemente en el siglo XIV a.E.C.

Véase La Biblia... ¿la Palabra de Dios, o palabra del hombre?, páginas 37-54, editado por Watchtower Bible and Tract Society of New York, Inc.

13 ¿Podemos encontrar respuestas fidedignas y satisfactorias a estas preguntas? Sí. En las siguientes páginas se contestarán estas preguntas y otras más. En primer lugar, veamos cómo nació la doctrina de la inmortalidad del alma.

**************Parte 1**********************

¿De veras se interesa Dios por nosotros?

PUEDE que en algún momento de la vida usted se haya preguntado: ‘Si hay un Dios que de veras se interesa por nosotros, ¿por qué permite tanto sufrimiento?’. Todos hemos experimentado el sufrimiento o hemos conocido a alguien que lo ha hecho.

2 Sí, por toda la historia la gente ha experimentado dolor y angustia debido a guerras, crueldades, el delito, la injusticia, la pobreza y la muerte de personas amadas. En tan solo nuestro siglo XX las guerras han causado la muerte a más de 100.000.000 de personas. Otros centenares de millones han sufrido lesiones o han perdido hogares y posesiones. En nuestro tiempo, muchísimos sucesos espantosos han causado gran dolor, mucho llanto y desesperanza a innumerables personas.

3 Amargadas, algunas personas opinan que, si hay un Dios, en realidad no se interesa por nosotros. O quizás piensen que no hay ningún Dios. Por ejemplo, un hombre que por razones raciales experimentó persecuciones que le causaron la pérdida de sus amigos y miembros de su familia durante la I Guerra Mundial preguntó: “¿Dónde estaba Dios cuando lo necesitábamos?”. Otro, que sobrevivió al asesinato de millones de personas por los nazis durante la II Guerra Mundial, se afligió tanto por el sufrimiento que vio que dijo: “Si alguien me lamiera el corazón se envenenaría”.

4 Como se ve, son muchas las personas que no pueden entender por qué un Dios bueno permitiría que ocurrieran cosas malas. Dudan que de veras le interesemos, o que siquiera exista. Y muchas creen que el sufrimiento siempre será parte de la existencia humana.

******************Parte 2*********************

Una Tierra sin sufrimientos

SIN embargo, por toda la Tierra hay millones de personas que tienen un punto de vista totalmente diferente. Prevén un futuro maravilloso para la humanidad. Dicen que aquí mismo en la Tierra pronto habrá un mundo completamente libre de iniquidad y sufrimiento. Confían en que pronto se eliminará lo que es malo y se establecerá un mundo enteramente nuevo. ¡Hasta dicen que los cimientos de ese nuevo mundo se están colocando ahora mismo!

2 Estas personas creen que en el nuevo mundo no habrá guerras, crueldades, delito, injusticia ni pobreza. Será un mundo donde no habrá enfermedades, dolor ni llanto; ni siquiera habrá muerte. En aquel tiempo la gente adelantará hacia la perfección y vivirá para siempre en felicidad en un paraíso terrestre. Sí, ¡los que han muerto hasta serán resucitados y tendrán la oportunidad de vivir para siempre!

3 ¿Es solo un sueño esta vista del futuro, solo una ilusión? No; de ninguna manera. Se funda en una fe cimentada firmemente en el hecho de que es inevitable que ese Paraíso venga. (Hebreos 11:1.) ¿Por qué hay tanta seguridad de esto? Porque el Creador omnipotente del universo lo ha prometido.

4 Sobre las promesas de Dios la Biblia dice: “Ni una sola palabra de todas las buenas palabras que Jehová su Dios les ha hablado ha fallado. Todas se han realizado para ustedes. Ni una sola palabra de ellas ha fallado”. “Dios no es hombre para que diga mentiras [...] ¿Lo ha dicho él mismo, y acaso no lo hará, y ha hablado, y no lo llevará a cabo?” “Jehová de los ejércitos ha jurado, y dicho: ‘De seguro tal como he calculado, así tiene que suceder; y tal como he aconsejado, eso es lo que se realizará’.” (Josué 23:14; Números 23:19; Isaías 14:24.)

5 Sin embargo, si Dios se proponía establecer un paraíso terrestre donde no hubiera sufrimiento, ¿por qué, para empezar, permitió que sucedieran cosas malas? ¿Por qué ha esperado 6.000 años hasta ahora para corregir lo que está mal? ¿No pudieran indicar todos esos siglos de sufrimiento que en realidad Dios no se interesa por nosotros, o hasta que él no existe?

***********Parte 3*******************

Por qué ha permitido Dios el sufrimiento

¿QUÉ pasó? ¿Qué sucedió que echó a perder el excelente comienzo que Dios había dado a nuestros primeros padres en el Paraíso de Edén? ¿Por qué, en lugar de la paz y armonía que existía en el Paraíso, ha habido iniquidad y sufrimiento por miles de años?

2 Esto se debió a que Adán y Eva emplearon mal su libre albedrío. No consideraron el hecho de que no se les había creado de modo que prosperaran sin tomar en cuenta a Dios y sus leyes. Decidieron independizarse de Dios, creyendo que así les iría mejor. Esto los llevó a salirse de los límites que Dios había marcado para su libre albedrío. (Génesis, capítulo 3.)

La cuestión de la soberanía universal

3 ¿Por qué no optó Dios por sencillamente destruir a Adán y Eva y empezar de nuevo con otra pareja humana? Porque se había planteado un desafío a su soberanía universal, es decir, a su derecho inalienable de gobernar.

4 La cuestión era: ¿Quién tiene derecho a gobernar, y quién gobierna como es debido? El que Dios sea todopoderoso y el Creador de toda criatura le da el derecho de gobernarlas. Puesto que es omnisciente, su gobernación es la mejor para todas sus criaturas. Pero ahora se había presentado un desafío a la gobernación de Dios. Además, ¿había algo malo en el hombre como creación de él? Más adelante examinaremos la conexión de este asunto con la cuestión de la integridad humana.

5 Había otra cuestión conectada con el hecho de que el hombre se independizara de Dios, y era esta: ¿Les iría mejor a los humanos si Dios no los gobernara? Por supuesto, el Creador sabía la respuesta a esa pregunta, pero una manera segura de hacer que los humanos la descubrieran era permitiéndoles tener la libertad total que deseaban. Ellos escogieron por voluntad propia aquel proceder, así que Dios lo permitió.

6 Al dar a los humanos suficiente tiempo para hacer experimentos con la libertad total, Dios haría que quedara resuelto para siempre el asunto de qué sería mejor: si la gobernación divina o que el hombre se gobernara a sí mismo. Y el tiempo que se diera tendría que ser lo suficientemente largo como para permitir que los humanos alcanzaran lo que considerarían la cumbre de sus logros políticos, industriales, científicos y médicos.

7 Por lo tanto, Dios le ha dado al hombre rienda suelta hasta nuestros mismos días para que muestre sin lugar a dudas si acaso es verdad que puede gobernarse con éxito en independencia de Dios. Así el hombre ha podido escoger entre la bondad y la crueldad, entre el amor y el odio, entre la justicia y la injusticia. Pero también ha tenido que afrontar las consecuencias de su selección: bondad y paz o iniquidad y sufrimiento.

La rebelión de criaturas espirituales

8 Tenemos que considerar otro factor. Nuestros padres originales no fueron los únicos que se rebelaron contra la gobernación de Dios. Pero ¿quiénes más existían en aquel tiempo? Espíritus, criaturas espirituales. Antes de que Dios creara a los humanos, había creado una forma de vida superior, grandes cantidades de ángeles que habían de vivir en la región celestial. Ellos también fueron creados con libre albedrío y con la necesidad de someterse a la gobernación de Dios. (Job 38:7; Salmo 104:4; Revelación 5:11.)

9 La Biblia muestra que originalmente la rebelión estalló en la región celestial. Un espíritu, una criatura celestial, quiso libertad absoluta. Hasta quiso que las criaturas humanas lo adoraran. (Mateo 4:8, 9.) Este espíritu rebelde contribuyó por su influencia a la rebelión de Adán y Eva, cuando hizo la falsa alegación de que Dios les estaba negando algo bueno. (Génesis 3:1-5.) Por eso se le llama Diablo (Calumniador) y Satanás (Adversario). Tiempo después este indujo a otras criaturas espirituales a rebelarse. A estos se les llegó a conocer como demonios. (Deuteronomio 32:17; Revelación 12:9; 16:14.)

10 Cuando los humanos se rebelaron contra Dios, se entregaron a la influencia de Satanás y sus demonios. Por eso la Biblia llama a Satanás “el dios de este sistema de cosas”, quien “ha cegado las mentes de los incrédulos”. Por lo tanto, la Palabra de Dios dice que “el mundo entero yace en el poder del inicuo”. Jesús mismo llamó a Satanás “el gobernante de este mundo”. (2 Corintios 4:4; 1 Juan 5:19; Juan 12:31.)

Dos cuestiones

11 Satanás planteó otra cuestión en su desafío a Dios. En realidad acusó a Dios de haberse equivocado al crear a los humanos como lo había hecho, y dio a entender que nadie haría lo correcto si se le sometía a presión. De hecho, afirmó que, si se ponía a prueba a los humanos, estos hasta maldecirían a Dios. (Job 2:1-5.) Satanás puso así en duda la integridad de la creación humana.

12 Por lo tanto, Dios permitió suficiente tiempo como para que toda criatura inteligente viera cómo se resolvería esta cuestión, así como la cuestión de la soberanía de Dios. (Compárese con Éxodo 9:16.) Lo que con el tiempo sucedería en la historia humana revelaría la verdad en cuanto a estas dos cuestiones.

13 Ante todo, ¿qué revelaría el tiempo acerca de la cuestión de la soberanía universal, lo correcto de la gobernación de Dios? ¿Podrían los humanos gobernarse a sí mismos mejor de lo que lo puede hacer Dios? ¿Podría cualquier sistema de gobernación humana en independencia de Dios introducir un mundo feliz, libre de guerras, delito e injusticia? ¿Sería posible que alguno de estos gobiernos eliminara la pobreza y suministrara prosperidad para todos? ¿Podría cualquiera de ellos vencer las enfermedades, la vejez y la muerte? La gobernación divina podía hacer todo aquello. (Génesis 1:26-31.)

14 En cuanto a la segunda cuestión, ¿qué revelaría el tiempo acerca de la valía de la creación humana? ¿Había cometido Dios un error al crear a la humanidad como lo había hecho? ¿Haría cualquiera de ellos lo correcto si se le sometía a prueba? ¿Habría quienes prefirieran la gobernación divina a la gobernación humana independiente?

¿Qué resultado ha tenido la rebelión?

EN CUANTO a la cuestión del derecho de Dios a gobernar, ¿qué resultado han tenido todos estos siglos de gobernación humana en independencia de Dios? ¿Han probado los humanos que sean mejores gobernantes que Dios? Si juzgamos por el registro histórico de lo inhumano que ha sido el hombre con su semejante, de seguro no es así.

2 Cuando nuestros primeros padres rechazaron la gobernación de Dios, las consecuencias fueron desastrosas. Se acarrearon sufrimiento a sí mismos y causaron sufrimiento a toda la familia humana que vino de ellos. Y solo podían culparse a sí mismos. La Palabra de Dios dice: “Han obrado ruinosamente por su propia cuenta; no son hijos de él; el defecto es de ellos mismos”. (Deuteronomio 32:5.)

3 La historia ha manifestado lo correcto de la advertencia de Dios a Adán y Eva en el sentido de que si violaban las estipulaciones divinas sufrirían deterioro y con el tiempo morirían. (Génesis 2:17; 3:19.) Ellos se desentendieron de la gobernación divina, y con el tiempo experimentaron deterioro y murieron.

4 Lo que experimentó después toda su prole fue lo que explica Romanos 5:12: “Por medio de un solo hombre [Adán, el cabeza de la familia humana,] el pecado entró en el mundo, y la muerte mediante el pecado, y así la muerte se extendió a todos los hombres”. Así pues, cuando nuestros primeros padres se rebelaron contra la superintendencia de Dios se hicieron pecadores defectuosos. En conformidad con las leyes de la genética, solo podían pasar a su prole la imperfección que fue resultado de su rebelión. Por eso, todos hemos nacido defectuosos, enfermizos y encaminados a la muerte.

5 Han pasado muchos siglos. Han surgido y caído imperios. Se ha hecho el ensayo de todo tipo concebible de gobierno. Sin embargo, vez tras vez la familia humana ha experimentado grandes calamidades. Después de 6.000 años, se esperaría que los humanos hubieran progresado hasta el punto de establecer paz, justicia y prosperidad por toda la Tierra, y que para este tiempo habrían hecho suyos los valores positivos de la bondad, la compasión y la cooperación.

6 Sin embargo, la realidad es precisamente lo opuesto. Ningún tipo de gobierno ideado por el hombre ha traído verdadera paz y prosperidad para todos. En tan solo este siglo XX se ha asesinado sistemáticamente a millones de personas como víctimas del nazismo y se ha dado muerte a más de 100.000.000 en guerras. En nuestros tiempos, debido a la intolerancia y las diferencias políticas, se ha torturado, asesinado y aprisionado a una cantidad innumerable de personas.

La situación hoy

7 Además, considere la condición general de la familia humana hoy día. Cunden el delito y la violencia. El abuso de las drogas es epidémico. Hay una pandemia de enfermedades de transmisión sexual. Millones de personas han adquirido el temible SIDA. Cada año, decenas de millones mueren de hambre o debido a enfermedades, mientras que unos cuantos son extremadamente acaudalados. La gente contamina y saquea la Tierra. La vida familiar y los valores morales han experimentado deterioro en todas partes. La vida de hoy realmente refleja la indeseable gobernación del ‘dios de este mundo’, Satanás. El mundo del cual él es amo es un mundo desamorado, cruel y totalmente corrupto. (2 Corintios 4:4.)

8 Dios ha permitido suficiente tiempo para que los humanos alcancen la cumbre de su progreso científico y material. Pero ¿hay progreso genuino cuando el arco y la flecha han sido reemplazados con ametralladoras, tanques, bombarderos de rápido vuelo y misiles nucleares? ¿Hay adelanto cuando la gente puede viajar al espacio sideral pero no puede vivir junta en paz en la Tierra? ¿Hay progreso cuando la gente teme andar por las calles de noche, o hasta de día en algunos lugares?

Lo que ha mostrado el tiempo

9 Lo que han probado los siglos que han pasado es que los humanos no pueden dirigir sus propios pasos con éxito en independencia de la gobernación divina. Eso es tan imposible para ellos como vivir sin comer, beber y respirar. Está claro este hecho: Es tan seguro que se nos diseñó para depender de la guía de nuestro Creador como que se nos creó para depender del alimento, el agua y el aire.

10 Al permitir la iniquidad, Dios ha demostrado de una vez por todas los lamentables resultados de abusar del libre albedrío. Y este es un don tan precioso que, en vez de privar de él a los humanos, Dios les ha permitido percatarse de lo que significa usarlo indebidamente. La Palabra de Dios expresa la verdad cuando dice: “No pertenece al hombre que está andando siquiera dirigir su paso”. También dice la verdad cuando afirma: “El hombre ha dominado al hombre para perjuicio suyo”. (Jeremías 10:23; Eclesiastés 8:9.)

11 El que Dios haya permitido la gobernación humana por 6.000 años ilustra contundentemente que el hombre no puede acabar con el sufrimiento. En ningún tiempo ha logrado hacer eso. Por ejemplo, en sus días el rey Salomón de Israel, con toda su sabiduría, caudal y poder, no pudo corregir el dolor que era resultado de la gobernación humana. (Eclesiastés 4:1-3.) De manera similar, en nuestros tiempos los líderes mundiales, aunque equipados con los últimos adelantos técnicos, no pueden eliminar el sufrimiento. Peor todavía, la historia atestigua que los humanos en independencia de Dios han aumentado el sufrimiento en vez de eliminarlo.

La previsión de Dios

12 El que Dios haya permitido el sufrimiento ha significado penalidad para nosotros. Pero él ha mostrado previsión pues sabe que con el tiempo los resultados serán buenos. Lo que Dios tiene presente no beneficiará a sus criaturas por solo unos cuantos años, ni por solo unos miles de años, sino por millones de años, sí, por toda la eternidad.

13 Si alguna vez en el futuro sucediera que alguien usara mal su libre albedrío para poner en cuestión el modo de actuar de Dios, no sería necesario otorgar a esa persona tiempo para que tratara de probar sus puntos de vista. Al haber permitido a los rebeldes miles de años, Dios ha establecido un precedente legal que puede aplicarse por toda la eternidad en cualquier lugar del universo.

14 Debido a que Jehová ha permitido la iniquidad y el sufrimiento ahora, se habrá probado de lleno que nada que esté fuera de armonía con él puede prosperar. Se habrá demostrado más allá de toda duda que ningún proyecto independiente ideado por hombres o por criaturas espirituales puede redundar en beneficios duraderos. Por lo tanto, Dios entonces estará plenamente justificado para aplastar sin dilación a cualquier rebelde. “A todos los inicuos los aniquilará.” (Salmo 145:20; Romanos 3:4.)

Adelanta el cumplimiento del Propósito de Dios

POR muchos siglos, la gobernación de hombres y demonios en rebeldía ha estado arrastrando consigo hacia el desastre a la familia humana. Sin embargo, Dios no ha pasado por alto nuestros sufrimientos. Más bien, durante todos los siglos ha estado dando pasos para liberar a los humanos del dominio de la iniquidad y el sufrimiento.

2 Cuando surgió la rebelión en Edén, Dios empezó a revelar su propósito de formar un gobierno que haría de esta Tierra un hogar paradisíaco para la gente. (Génesis 3:15.) Más tarde, Jesús, como vocero principal de Dios, hizo de este venidero gobierno de Dios el tema de su enseñanza. Dijo que sería la única esperanza de la humanidad. (Daniel 2:44; Mateo 6:9, 10; 12:21.)

3 Jesús llamó a ese gobierno venidero “el reino de los cielos”, puesto que regiría desde el cielo. (Mateo 4:17.) También lo llamó “el reino de Dios”, ya que Dios sería su Autor. (Lucas 17:20.) A través de los siglos Dios inspiró a ciertos hombres para que pusieran por escrito profecías acerca de los que compondrían aquel gobierno y lo que este lograría.

El nuevo Rey de la Tierra

4 Fue Jesús quien, hace casi 2.000 años, cumplió las muchas profecías acerca del que sería Rey del Reino de Dios. Resultó ser el Escogido de Dios para Gobernante de aquel gobierno celestial que regiría sobre la humanidad. Y después de su muerte Jesús fue resucitado por Dios para que viviera en el cielo como poderosa criatura celestial con inmortalidad. Hubo muchos testigos de su resurrección. (Hechos 4:10; 9:1-9; Romanos 1:1-4; 1 Corintios 15:3-8.)

5 Jesús entonces “se sentó a la diestra de Dios”. (Hebreos 10:12.) Allí esperó el momento en que Dios le daría el poder para actuar como Rey del Reino celestial de Dios. Esto cumplió la profecía de Salmo 110:1, donde Dios le dice: “Siéntate a mi diestra hasta que coloque a tus enemigos como banquillo para tus pies”.

6 Mientras estuvo en la Tierra, Jesús mostró que satisfacía los requisitos para ocupar tal puesto. A pesar de la persecución, escogió mantenerse íntegro a Dios. Al hacer eso, mostró que Satanás había mentido cuando afirmó que ningún humano sería fiel a Dios si se le sometía a prueba. Jesús, un hombre perfecto, el ‘segundo Adán’, mostró que Dios no se había equivocado cuando creó a humanos perfectos. (1 Corintios 15:22, 45; Mateo 4:1-11.)

7 ¿Qué gobernante ha efectuado alguna vez tanto bien como Jesús en los pocos años de su ministerio? Con el poder que recibió por el espíritu santo de Dios, Jesús sanó a los enfermos, los lisiados, los ciegos, los sordos, los mudos. ¡Hasta levantó a muertos! Demostró en pequeña escala lo que haría para la humanidad en escala mundial cuando adquiriera el poder del Reino. (Mateo 15:30, 31; Lucas 7:11-16.)

8 Tanto bien hizo Jesús mientras estuvo en la Tierra que su discípulo Juan dijo: “Hay, de hecho, muchas otras cosas también que Jesús hizo, que, si se escribieran alguna vez en todo detalle, supongo que el mundo mismo no podría contener los rollos que se escribieran”. (Juan 21:25.)

9 Jesús era bondadoso y compasivo, y amaba mucho a la gente. Ayudaba a los pobres y a los oprimidos, pero no manifestaba discriminación contra los acaudalados o encumbrados. Las personas de corazón sincero respondieron a esta amorosa invitación de Jesús: “Vengan a mí, todos los que se afanan y están cargados, y yo los refrescaré. Tomen sobre sí mi yugo y aprendan de mí, porque soy de genio apacible y humilde de corazón, y hallarán refrigerio para sus almas. Porque mi yugo es suave y mi carga es ligera”. (Mateo 11:28-30.) Muchísimas personas que temían a Dios acudían a él y anhelaban su gobernación. (Juan 12:19.)

Gobernantes asociados

10 Tal como en los gobiernos humanos hay administradores asociados, los hay en el Reino celestial de Dios. Con Jesús, otros gobernarán sobre la Tierra, pues él prometió a asociados íntimos suyos que ellos reinarían con él sobre la humanidad. (Juan 14:2, 3; Revelación 5:10; 20:6.)

11 Por lo tanto, junto con Jesús se resucita también a la vida celestial a una cantidad limitada de humanos. Estos componen el Reino de Dios que traerá bendiciones eternas a la humanidad. (2 Corintios 4:14; Revelación 14:1-3.) Como vemos, a través de las edades Jehová ha colocado los cimientos para una gobernación que traerá bendiciones eternas a la familia humana.

El fin de la gobernación independiente

12 En este siglo Dios ha intervenido directamente en los asuntos de la Tierra. Como se considerará en la Parte 9 de este folleto, la profecía bíblica muestra que el Reino de Dios bajo Cristo fue establecido en 1914 y ahora está por aplastar a todo el sistema de Satanás. Ese Reino está listo para ‘ir sojuzgando en medio de los enemigos de Cristo’. (Salmo 110:2.)

13 A este respecto la profecía de Daniel 2:44 dice: “En tiempo de estos reyes [ahora existentes], el Dios del cielo hará surgir [en el cielo] un reino que jamás será destruido, y este reino no pasará a otro pueblo [nunca jamás se permitirá de nuevo la gobernación humana]. [El Reino de Dios] pulverizará y aniquilará a todos estos reinos, y él subsistirá eternamente” (Biblia de Jerusalén).

14 Al eliminarse toda gobernación en independencia de Dios, el Reino de Dios tendrá dominio completo sobre la Tierra. Y porque el Reino gobierna desde el cielo, nunca puede ser corrompido por humanos. El poder gubernativo estará donde estaba originalmente, a saber, en el cielo, en manos de Dios. Y puesto que la gobernación divina tendrá el dominio de toda la Tierra, ya nadie será engañado por las religiones falsas, las filosofías humanas ni las teorías políticas insatisfactorias. No se permitirá que exista ninguna de esas cosas. (Mateo 7:15-23; Revelación, capítulos 17 a 19 inclusive.)

[Nota a pie de página]

Para una consideración completa de la vida de Jesús, véase el libro El hombre más grande de todos los tiempos, publicado en 1991 por la Sociedad Watchtower

Cómo sabemos que estamos en “los últimos días”

¿CÓMO podemos estar seguros de que vivimos en el tiempo en que el Reino de Dios entrará en acción contra el sistema de gobernación humana de hoy? ¿Cómo podemos saber que estamos muy cerca del tiempo en que Dios pondrá fin a toda la iniquidad y el sufrimiento?

2 Los discípulos de Jesucristo querían tener esa información. Le preguntaron cuál sería “la señal” de su presencia en el poder del Reino y “de la conclusión del sistema de cosas”. (Mateo 24:3.) Jesús contestó dando los detalles de acontecimientos y condiciones de trascendencia mundial que, combinados, mostrarían que la humanidad habría entrado en “el tiempo del fin”, “los últimos días” de este sistema de cosas. (Daniel 11:40; 2 Timoteo 3:1.) ¿Hemos visto esa señal compuesta nosotros los de este siglo? Sí, ¡muy claramente!

Guerras mundiales

3 Jesús predijo que ‘se levantaría nación contra nación y reino contra reino’. (Mateo 24:7.) En 1914 el mundo se envolvió en una guerra en la que naciones y reinos fueron movilizados de manera diferente de como lo habían sido hasta entonces en las guerras. Los historiadores de aquel tiempo reconocieron ese hecho, y llamaron a aquel conflicto la Gran Guerra. Fue la primera guerra de su tipo en la historia, la primera guerra mundial. Unos 20.000.000 de soldados y civiles perdieron la vida, muchos más que en cualquier guerra anterior.

4 La I Guerra Mundial señaló el comienzo de los últimos días. Jesús dijo que estos y otros sucesos serían “principio de dolores de angustia”. (Mateo 24:8.) Así fue, pues la II Guerra Mundial fue más mortífera aún, un conflicto en que unos 50.000.000 de soldados y ciudadanos comunes perdieron la vida. En este siglo XX, más de 100.000.000 de personas han muerto en conflictos bélicos, ¡más de cuatro veces la cantidad de los que murieron en guerras en los 400 años anteriores! ¡Qué tremenda condenación de los esfuerzos del hombre por gobernarse a sí mismo!

Otras pruebas

5 Jesús dio otros rasgos de los últimos días: “Habrá grandes terremotos, y en un lugar tras otro pestes [epidemias] y escaseces de alimento”. (Lucas 21:11.) Eso cuadra muy bien con todo lo ocurrido desde 1914, pues ha habido un aumento tremendo en las angustias causadas por esas calamidades.

6 Con regularidad ocurren grandes terremotos que causan muchas muertes. Tan solo la gripe española mató a unos 20.000.000 de personas después de la I Guerra Mundial; algunos cálculos son de 30.000.000 o más. El SIDA ha causado centenares de miles de muertes y pudiera causar millones más en el futuro cercano. Cada año mueren millones de personas por enfermedades cardíacas, cáncer y otras aflicciones. Otros millones mueren lentamente de hambre. Sin duda los ‘jinetes del Apocalipsis’, con sus guerras, escaseces de alimento y epidemias, han segado gran cantidad de vidas en la familia humana desde 1914. (Revelación 6:3-8.)

7 Jesús también predijo el aumento de la delincuencia y el crimen que se ve en todos los países. Dijo: “Por el aumento del desafuero se enfriará el amor de la mayor parte”. (Mateo 24:12.)

8 Además, la profecía bíblica predijo la decadencia moral tan obvia por todo el mundo hoy: “En los últimos días se presentarán tiempos críticos, difíciles de manejar. Porque los hombres serán amadores de sí mismos, amadores del dinero, presumidos, altivos, blasfemos, desobedientes a los padres, desagradecidos, desleales, sin tener cariño natural, no dispuestos a ningún acuerdo, calumniadores, sin autodominio, feroces, sin amor del bien, traicioneros, testarudos, hinchados de orgullo, amadores de placeres más bien que amadores de Dios, teniendo una forma de devoción piadosa, pero resultando falsos a su poder [...] Los hombres inicuos e impostores avanzarán de mal en peor”. (2 Timoteo 3:1-13.) Todo eso se ha realizado ante nuestros mismos ojos.

Otro factor

9 Hay otro factor que explica por qué ha aumentado tanto el sufrimiento en este siglo. Coincidiendo con el comienzo de los últimos días en 1914, algo sucedió que puso a la humanidad en peligro aún mayor. En aquel tiempo, como lo relata una profecía del último libro de la Biblia, “estalló guerra en el cielo: Miguel [Cristo con poder celestial] y sus ángeles combatieron con el dragón [Satanás], y el dragón y sus ángeles [los demonios] combatieron, pero este no prevaleció, ni se halló ya lugar para ellos en el cielo. De modo que hacia abajo fue arrojado el gran dragón, la serpiente original, el que es llamado Diablo y Satanás, que está extraviando a toda la tierra habitada; fue arrojado abajo a la tierra, y sus ángeles fueron arrojados abajo con él”. (Revelación 12:7-9.)

10 ¿Cuáles fueron las consecuencias de esto para la familia humana? La profecía pasa a decir: “¡Ay de la tierra y del mar!, porque el Diablo ha descendido a ustedes, teniendo gran cólera, sabiendo que tiene un corto espacio de tiempo”. Sí, Satanás sabe que el fin del sistema que él controla está cerca, de modo que hace cuanto puede para poner a los humanos en contra de Dios antes de que él y su mundo sean suprimidos. (Revelación 12:12; 20:1-3.) ¡Qué degradación manifiestan esas criaturas por haber dado mal uso a su libre albedrío! ¡Qué terribles condiciones ha habido en la Tierra bajo su influencia, especialmente desde 1914!

11 No es extraño que, sobre nuestro tiempo, Jesús predijera: “Sobre la tierra angustia de naciones, por no conocer la salida [...] Los hombres desmayan por el temor y la expectación de las cosas que vienen sobre la tierra habitada”. (Lucas 21:25, 26.)

Se acerca el fin de la gobernación humana y demoníaca

12 ¿Cuántas profecías quedan por cumplirse antes de que Dios destruya el sistema actual? ¡Muy pocas! Una de las últimas se encuentra en 1 Tesalonicenses 5:3, que dice: “Cuando estén diciendo ‘hay paz y seguridad’, entonces les caerá encima de imprevisto el exterminio” (Nueva Biblia Española). Esto muestra que el fin de este sistema empieza “cuando estén diciendo”. Sin que el mundo lo prevea, la destrucción azotará cuando menos se espere, cuando la atención de los humanos esté en su paz y seguridad esperada.

13 Se le está acabando el tiempo a este mundo bajo la influencia de Satanás. Pronto terminará en medio de una tribulación de la cual Jesús dijo: “Entonces habrá gran tribulación como la cual no ha sucedido una desde el principio del mundo hasta ahora, no, ni volverá a suceder”. (Mateo 24:21.)

14 La “gran tribulación” culminará en la guerra de Dios, Armagedón. El profeta Daniel dijo que en ese tiempo Dios “triturará y pondrá fin a todos estos reinos”. Eso significará el fin de toda gobernación humana actual en independencia de Dios. Desde el cielo, la gobernación del Reino ejercerá completo control sobre los asuntos humanos. Daniel predijo que a “ningún otro pueblo” se le dejará jamás la autoridad de gobernar. (Daniel 2:44; Revelación 16:14-16.)

15 En ese tiempo también cesará toda la influencia de Satanás y los demonios. Se suprimirá a esas criaturas celestiales rebeldes para que no puedan ‘extraviar más a las naciones’. (Revelación 12:9; 20:1-3.) Se les ha sentenciado a muerte y les espera la destrucción. ¡Qué alivio sentirá la humanidad cuando se vea libre de su vil influencia!

¿Quiénes sobrevivirán?, ¿quiénes no?

16 Cuando los juicios de Dios se ejecuten sobre este mundo, ¿quiénes sobrevivirán?, ¿quiénes no? La Biblia muestra que los que desean la gobernación de Dios recibirán protección y sobrevivirán. Los que no desean la gobernación de Dios no serán protegidos, sino que se les destruirá junto con el mundo de Satanás.

17 Proverbios 2:21, 22 dice: “Los rectos [los que se someten a la gobernación divina] son los que residirán en la tierra, y los exentos de culpa son los que quedarán en ella. En cuanto a los inicuos [los que no se someten a la gobernación divina], serán cortados de la mismísima tierra; y en cuanto a los traicioneros, serán arrancados de ella”.

18 También Salmo 37:10, 11 dice: “Solo un poco más de tiempo, y el inicuo ya no será [...] Pero los mansos mismos poseerán la tierra, y verdaderamente hallarán su deleite exquisito en la abundancia de paz”. El versículo 29 añade: “Los justos mismos poseerán la tierra, y residirán para siempre sobre ella”.

19 Debemos tomar en serio el consejo de Salmo 37:34, que dice: “Espera en Jehová y guarda su camino, y él te ensalzará para tomar posesión de la tierra. Cuando los inicuos sean cortados, tú lo verás”. Los versículos 37 y 38 dicen: “Vigila al exento de culpa y mantén a la vista al recto, porque el futuro de ese hombre será pacífico. Pero los transgresores mismos ciertamente serán aniquilados juntos; el futuro de los inicuos verdaderamente será cortado”.

20 ¡Qué consolador, sí, qué animador es saber que en realidad Dios se interesa por nosotros, y que él pronto acabará con toda la iniquidad y el sufrimiento! ¡Qué emocionante es saber que falta poco tiempo para el cumplimiento de esas gloriosas profecías!

El maravilloso nuevo mundo hecho por Dios

DESPUÉS de la limpieza que Dios hará mediante la guerra de Armagedón, ¿qué podemos esperar? Entonces empezará una gloriosa nueva era. Los sobrevivientes del Armagedón, que habrán probado ya su lealtad a la gobernación divina, serán introducidos en un nuevo mundo. ¡Qué emocionante nuevo período de la historia será ese, mientras desde Dios fluyen maravillosos beneficios a la familia humana!

2 Bajo la dirección del Reino de Dios, los sobrevivientes empezarán a producir un paraíso. Emplearán sus energías en actividades altruistas que beneficiarán a todos los que entonces vivan. Se empezará a hacer de la Tierra un hogar hermoso, apacible, satisfaciente para la humanidad.

La justicia reemplaza a la iniquidad

3 Todo esto será posible debido a que el mundo de Satanás habrá sido destruido. Ya no existirá la influencia divisiva de las religiones falsas, los sistemas sociales ni los gobiernos. Ya no habrá propaganda satánica para engañar a la gente; todos los organismos que la producen desaparecerán con el sistema de Satanás. Imagínese eso: ¡toda la venenosa atmósfera del mundo de Satanás eliminada! ¡Qué alivio significará eso!

4 Entonces las ideas destructivas de la gobernación humana serán reemplazadas por la enseñanza edificante que viene de Dios. “Todos tus hijos serán personas enseñadas por Jehová.” (Isaías 54:13.) Al impartirse año tras año esta sana instrucción, “la tierra ciertamente estará llena del conocimiento de Jehová como las aguas cubren el mismísimo mar”. (Isaías 11:9.) La gente ya no aprenderá lo malo, pues “justicia es lo que los habitantes de la tierra productiva ciertamente aprenden”. (Isaías 26:9.) Regirán los pensamientos y las acciones edificantes. (Hechos 17:31; Filipenses 4:8.)

5 Así que no habrá más asesinatos, violencia, ultrajes sexuales, asaltos ni delitos de otra índole. Nadie tendrá que sufrir por las iniquidades de otros. Proverbios 10:30 dice: “En cuanto al justo, hasta tiempo indefinido no se le hará trastabillar; pero en cuanto a los inicuos, no seguirán residiendo en la tierra”.

Restauración de la salud perfecta

6 En el nuevo mundo se desharán todos los malos efectos de la rebelión original. Por ejemplo, la gobernación del Reino eliminará las enfermedades y la vejez. Hoy, aun cuando uno disfruta hasta cierto grado de buena salud, la dura realidad es que a medida que uno envejece la vista se le oscurece, los dientes se le deterioran, el oído se le embota, la piel se le arruga, los órganos internos empiezan a fallarle, y finalmente uno muere.

7 Sin embargo, pronto esos efectos angustiosos que heredamos de nuestros primeros padres serán cosas del pasado. ¿Recuerda usted lo que demostró Jesús acerca de la salud mientras estuvo en la Tierra? La Biblia nos da este relato: “Se le acercaron grandes muchedumbres, teniendo consigo personas que eran cojas, mancas, ciegas, mudas, y muchas en otras condiciones, y casi se las tiraron a los pies, y él las curó; de modo que la muchedumbre se asombró al ver que los mudos hablaban y los cojos andaban y los ciegos veían”. (Mateo 15:30, 31.)

8 ¡Cuánta felicidad habrá en el nuevo mundo cuando nos veamos libres de toda dolencia! Nunca más nos atormentará el sufrimiento que es resultado de la mala salud. “Ningún residente dirá: ‘Estoy enfermo’.” “En aquel tiempo los ojos de los ciegos serán abiertos, y los oídos mismos de los sordos serán destapados. En aquel tiempo el cojo trepará justamente como lo hace el ciervo, y la lengua del mudo clamará con alegría.” (Isaías 33:24; 35:5, 6.)

9 ¿Verdad que será emocionante para uno despertar cada mañana sabiendo que ahora disfruta de excelente salud? ¿Verdad que será agradable para las personas de edad avanzada saber que se les ha devuelto el pleno vigor de la juventud y que alcanzarán la perfección de que disfrutaron originalmente Adán y Eva? La promesa bíblica es: “Que su carne se haga más fresca que en la juventud; que vuelva a los días de su vigor juvenil”. (Job 33:25.) ¡Qué deleite será librarse de las ayudas para la vista o para la audición, de las muletas, las sillas de ruedas y las medicinas! Nunca más habrá necesidad de hospitales, médicos ni dentistas.

10 Las personas que tengan tan vigorosa salud no querrán morir. Y eso no tendrá que pasarles, porque ya la humanidad no estará dominada por la imperfección heredada ni la muerte. Cristo “tiene que reinar hasta que Dios haya puesto a todos los enemigos debajo de sus pies. Como el último enemigo, la muerte ha de ser reducida a nada”. “El don que Dios da es vida eterna.” (1 Corintios 15:25, 26; Romanos 6:23; véase también Isaías 25:8.)

11 Resumiendo los beneficios procedentes de un Dios a quien le importa la familia humana en el Paraíso, el último libro de la Biblia dice: “Y [Dios] limpiará toda lágrima de sus ojos, y la muerte no será más, ni existirá ya más lamento ni clamor ni dolor. Las cosas anteriores han pasado”. (Revelación 21:3, 4.)

Regresan los muertos

12 Las obras de Jesús fueron más allá de curar a los enfermos y hacer andar, sanados, a los cojos. También levantó de la muerte a algunas personas. Así demostró el maravilloso poder de efectuar resurrecciones que Dios le había dado. ¿Recuerda la ocasión en que Jesús fue a la casa de un hombre cuya hija había muerto? Jesús dijo a la muerta: “Jovencita, te digo: ¡Levántate!”. ¿Con qué resultado? “Inmediatamente la jovencita se levantó y echó a andar.” Los que vieron aquello “estuvieron fuera de sí con gran éxtasis”. ¡Difícilmente podían controlar su felicidad! (Marcos 5:41, 42; véase también Lucas 7:11-16; Juan 11:1-45.)

13 En el nuevo mundo “va a haber resurrección así de justos como de injustos”. (Hechos 24:15.) En ese tiempo Jesús usará el poder que Dios le ha dado para levantar a los muertos porque, como dijo: “Yo soy la resurrección y la vida. El que ejerce fe en mí, aunque muera, llegará a vivir”. (Juan 11:25.) También dijo: “Todos los que están en las tumbas conmemorativas [en la memoria de Dios] oirán su voz [la de Jesús] y saldrán”. (Juan 5:28, 29.)

14 ¡Grande será el gozo que habrá por toda la Tierra cuando grupo tras grupo de personas que han muerto vuelvan a la vida para unirse a sus amados! Ya no se publicarán listas de difuntos para tristeza de los que les sobreviven. En vez de eso, bien puede ser que haya precisamente lo contrario: anuncios sobre personas recién resucitadas, para gozo de los que las amaron. Por eso, ¡no habrá más funerales, piras, crematorios ni cementerios!

Un mundo verdaderamente pacífico

15 Habrá verdadera paz en todo aspecto de la vida. Las guerras, sus promotores y la fabricación de armas serán cosas del pasado. ¿Por qué? Porque los intereses nacionales, tribuales y raciales que causan división desaparecerán. Entonces, en el sentido más pleno, “no alzarán espada, nación contra nación, ni aprenderán más la guerra”. (Miqueas 4:3.)

16 Esto quizás parezca sorprendente en vista de la sangrienta historia de guerrear constante del hombre. Pero eso se ha debido a que la humanidad ha estado bajo gobernación humana y demoníaca. En el nuevo mundo, bajo la gobernación del Reino, esto es lo que sucederá: “Vengan, contemplen las actividades de Jehová [...] Hace cesar las guerras hasta la extremidad de la tierra. Quiebra el arco y verdaderamente corta en pedazos la lanza; quema los carruajes [de guerra] en el fuego”. (Salmo 46:8, 9.)

17 También habrá paz entre el hombre y las bestias, como la que había en Edén. (Génesis 1:28; 2:19.) Dios dice: “Para ellos ciertamente celebraré un pacto en aquel día con relación a la bestia salvaje del campo y con la criatura voladora de los cielos y la cosa del suelo que se arrastra, y [...] sí haré que se acuesten en seguridad”. (Oseas 2:18.)

18 ¿Cuánta paz habrá? “El lobo realmente morará por un tiempo con el cordero, y el leopardo mismo se echará con el cabrito, y el becerro y el leoncillo crinado y el animal bien alimentado todos juntos; y un simple muchachito será guía sobre ellos.” Nunca más serán los animales una amenaza para el hombre ni para sí mismos. ¡Hasta “el león comerá paja justamente como el toro”! (Isaías 11:6-9; 65:25.)

La Tierra convertida en un paraíso

19 Toda la Tierra será convertida en un hogar paradisíaco para la humanidad. Por eso Jesús pudo hacer esta promesa a un hombre que creyó en él: “Estarás conmigo en el Paraíso”. La Biblia dice: “El desierto y la región árida se alborozarán, y la llanura desértica estará gozosa, y florecerá como el azafrán. [...] Pues en el desierto habrán brotado aguas, y torrentes en la llanura desértica”. (Lucas 23:43; Isaías 35:1, 6.)

20 Bajo el Reino de Dios el hambre no volverá jamás a afligir a millones de personas. “Llegará a haber abundancia de grano en la tierra; en la cima de las montañas habrá sobreabundancia.” “El árbol del campo tendrá que dar su fruto, y la tierra misma dará su producto, y realmente resultarán estar en su suelo en seguridad.” (Salmo 72:16; Ezequiel 34:27.)

21 Ya no habrá pobreza, gente sin hogar, barrios bajos ni vecindarios donde reine el crimen. “Ciertamente edificarán casas, y las ocuparán; y ciertamente plantarán viñas y comerán su fruto. No edificarán y otro lo ocupará; no plantarán y otro lo comerá.” “Realmente se sentarán, cada uno debajo de su vid y debajo de su higuera, y no habrá nadie que los haga temblar.” (Isaías 65:21, 22; Miqueas 4:4.)

22 En el Paraíso los humanos serán bendecidos con todas estas cosas, y con más. Salmo 145:16 dice: “[Tú, Dios,] estás abriendo tu mano y satisfaciendo el deseo de toda cosa viviente”. No en balde la profecía bíblica declara: “Los mansos mismos poseerán la tierra, y verdaderamente hallarán su deleite exquisito en la abundancia de paz. [...] Los justos mismos poseerán la tierra, y residirán para siempre sobre ella”. (Salmo 37:11, 29.)

Se reparará el mal pasado

23 El Reino de Dios reparará todo el daño que se le ha causado a la familia humana durante los pasados 6.000 años. Los gozos de ese tiempo más que compensarán por cualquier sufrimiento que la gente haya experimentado. La vida no será perturbada por malos recuerdos del sufrimiento anterior. Los pensamientos y las actividades edificantes, que serán parte de la vida cotidiana de la gente, borrarán gradualmente los recuerdos dolorosos.

24 El Dios que se interesa por nosotros declara: “Voy a crear nuevos cielos [un nuevo gobierno celestial sobre la humanidad] y una nueva tierra [una sociedad humana justa]; y las cosas anteriores no serán recordadas, ni subirán al corazón. Pero alborócense y estén gozosos para siempre en lo que voy a crear”. “Toda la tierra ha entrado en descanso, ha quedado libre de disturbio. La gente se ha puesto alegre con clamores gozosos.” (Isaías 14:7; 65:17, 18.)

25 De modo que por medio de su Reino Dios cambiará por completo la mala situación que tanto tiempo ha durado. Por toda la eternidad mostrará lo mucho que se interesa por nosotros cuando nos dé bendiciones que compensarán de sobra cualquier daño recibido en el pasado. Las dificultades anteriores que hayamos experimentado serán entonces simplemente un recuerdo vago, si acaso quisiéramos recordarlas.

26 De ese modo Dios nos pagará con bien el sufrimiento que hayamos aguantado en este mundo. Él sabe que no se nos puede culpar por haber nacido imperfectos, pues la imperfección nos vino por herencia de nuestros primeros padres. No ha sido culpa nuestra haber nacido en un mundo satánico, porque si Adán y Eva hubieran sido fieles, no habríamos nacido en tal mundo, sino en un paraíso. Por lo tanto, por su gran compasión, Dios nos compensará de sobra por el mal pasado que se nos impuso.

27 En el nuevo mundo la humanidad experimentará la libertad que se predijo en Romanos 8:21, 22: “La creación misma también será libertada de la esclavitud a la corrupción y tendrá la gloriosa libertad de los hijos de Dios. Porque sabemos que toda la creación sigue gimiendo juntamente y estando en dolor juntamente hasta ahora”. La gente verá entonces el cumplimiento pleno de la oración: “Venga tu reino. Efectúese tu voluntad, como en el cielo, también sobre la tierra”. (Mateo 6:10.) Las maravillosas condiciones de la Tierra paradisíaca reflejarán las condiciones del cielo.

Se van formando los cimientos del nuevo mundo

LO QUE también es maravilloso es que los cimientos del nuevo mundo de Dios se están formando ahora mismo, mientras degenera el viejo mundo de Satanás. Ante nuestros propios ojos Dios está juntando a personas de todas las naciones y formando con ellas los cimientos de una nueva sociedad terrestre que pronto reemplazará al mundo desunido de hoy. En la Biblia, en 2 Pedro 3:13, se llama a esta nueva sociedad “una nueva tierra”.

2 La profecía bíblica también dice: “En la parte final de los días [el tiempo en que vivimos] [...] muchos pueblos ciertamente irán y dirán: ‘Vengan, y subamos a la montaña de Jehová [su adoración verdadera], [...] y él nos instruirá acerca de sus caminos, y ciertamente andaremos en sus sendas’ ”. (Isaías 2:2, 3.)

3 Esa profecía se cumple hoy entre los que se someten ‘a los caminos de Dios y andan en sus sendas’. El último libro de la Biblia dice que esta sociedad internacional que ama la paz es “una gran muchedumbre [...] de todas las naciones y tribus y pueblos y lenguas”, una verdadera hermandad mundial que rinde servicio unido a Dios. Y la Biblia dice además: “Estos son los que salen de la gran tribulación”. Esto quiere decir que sobrevivirán al fin de este malvado sistema de cosas. (Revelación 7:9, 14; Mateo 24:3.)

Una verdadera hermandad internacional

4 Millones de testigos de Jehová se esfuerzan sinceramente por vivir en conformidad con las instrucciones y los caminos de Dios. Cifran su esperanza de vida eterna en el nuevo mundo de Dios. Al obedecer las leyes de Dios en su vida cotidiana, le muestran que están dispuestos a someterse tanto ahora como en el nuevo mundo a su manera de gobernar. Por todas partes, prescindiendo de su nacionalidad o raza, obedecen las mismas normas: las que Dios estipula en su Palabra. Por eso son una verdadera hermandad internacional, una sociedad del nuevo mundo hecha por Dios. (Isaías 54:13; Mateo 22:37, 38; Juan 15:9, 14.)

5 Los testigos de Jehová no se atribuyen el mérito por ser una singular hermandad mundial. Saben que esto se debe a que el poderoso espíritu de Dios funciona en las personas que se someten a las leyes divinas. (Hechos 5:29, 32; Gálatas 5:22, 23.) Dios lo ha hecho. Como dijo Jesús, “las cosas que son imposibles para los hombres son posibles para Dios”. (Lucas 18:27.) Así que el Dios que hizo posible el universo perdurable es el que también hace posible la perdurable sociedad del nuevo mundo.

6 Por lo tanto, el modo de gobernar de Jehová en el nuevo mundo ya se puede ver por lo que él está produciendo en los cimientos para el nuevo mundo que está formando ahora. Y lo que él ha hecho con sus Testigos es, en cierto sentido, un milagro moderno. ¿Por qué? Porque ha hecho de los testigos de Jehová una verdadera hermandad mundial, una que nunca podrá ser desbaratada por divisivos intereses nacionales, raciales o religiosos. Aunque hay millones de Testigos, y viven en más de 200 países, están enlazados inquebrantablemente en su unión. Esta maravillosa hermandad, singular en toda la historia, es ciertamente un milagro moderno... la obra de Dios. (Isaías 43:10, 11, 21; Hechos 10:34, 35; Gálatas 3:28.)

Cómo identificar al pueblo de Dios

7 ¿De qué otra manera se puede determinar quiénes forman el pueblo que Dios usa como los cimientos para su nuevo mundo? Pues bien, ¿quiénes cumplen las palabras de Jesús en Juan 13:34, 35? Él dijo: “Les doy un nuevo mandamiento: que se amen unos a otros; así como yo los he amado, que ustedes también se amen los unos a los otros. En esto todos conocerán que ustedes son mis discípulos, si tienen amor entre sí”. Los testigos de Jehová creen las palabras de Jesús y obran en conformidad con ellas. Como manda la Palabra de Dios, ‘tienen amor intenso unos para con otros’. (1 Pedro 4:8.) ‘Se visten de amor, porque es un vínculo perfecto de unión.’ (Colosenses 3:14.) De modo que el amor fraternal es el “adherente” o el “pegamento” que los mantiene unidos por todo el mundo.

8 Además, 1 Juan 3:10-12 dice: “Los hijos de Dios y los hijos del Diablo se hacen evidentes por este hecho: Todo el que no se ocupa en la justicia no se origina de Dios, tampoco el que no ama a su hermano. Porque este es el mensaje que ustedes han oído desde el principio, que debemos tener amor unos para con otros; no como Caín, que se originó del inicuo y degolló a su hermano”. Como vemos, el pueblo de Dios es una hermandad mundial que no practica la violencia.

Otro rasgo identificador

9 Hay otra manera de identificar a los siervos de Dios. En su profecía acerca del fin del mundo, Jesús mencionó muchos sucesos que indicarían que estos tiempos son los últimos días. (Véase la Parte 9.) Un rasgo fundamental de esta profecía se da en sus palabras registradas en Mateo 24:14: “Estas buenas nuevas del reino se predicarán en toda la tierra habitada para testimonio a todas las naciones; y entonces vendrá el fin”.

10 ¿Hemos visto cumplirse esa profecía? Sí. Desde el comienzo de los últimos días en 1914, los testigos de Jehová han predicado las buenas nuevas del Reino de Dios por todo el mundo como ordenó Jesús, es decir, en los hogares de la gente. (Mateo 10:7, 12; Hechos 20:20.) Millones de Testigos visitan a personas de toda nación para hablarles acerca del nuevo mundo. Como resultado de esto usted ha recibido este folleto, pues la obra de los testigos de Jehová incluye la impresión y distribución de miles de millones de piezas de literatura acerca del Reino de Dios. ¿Sabe usted de otros que prediquen el Reino de Dios de casa en casa por todo el mundo? Y Marcos 13:10 muestra que esta obra de predicar y enseñar tiene que hacerse “primero”, antes de que venga el fin.

Respuesta a la segunda gran cuestión

11 Al someterse a las leyes y principios de Dios los testigos de Jehová logran algo más. Muestran que Satanás mintió cuando afirmó que los humanos no podrían ser fieles a Dios si se les sometía a prueba, respondiendo así a la segunda gran cuestión, que incluye la integridad humana. (Job 2:1-5.) Como un cuerpo unido, la sociedad de millones de Testigos de todas las naciones demuestra lealtad a la gobernación de Dios. Aunque son humanos imperfectos, a pesar de la presión satánica sostienen el lado de Dios en la cuestión de la soberanía universal.

12 Hoy estos millones de testigos de Jehová añaden su testimonio al de una larga línea de otros testigos del pasado que demostraron lealtad a Dios. Algunos de estos fueron Abel, Noé, Job, Abrahán, Sara, Isaac, Jacob, Débora, Rut, David y Daniel, para solo mencionar a algunos. (Hebreos, capítulo 11.) Estos, como dice la Biblia, son una ‘gran nube de testigos fieles’. (Hebreos 12:1.) Estos y otros, entre ellos los discípulos de Jesús, se mantuvieron íntegros a Dios. Y Jesús mismo dio el mayor ejemplo por su integridad perfecta.

13 Esto prueba que es cierto lo que Jesús dijo a los líderes religiosos acerca de Satanás: “Pero ahora procuran matarme, un hombre que les ha dicho la verdad que oí de parte de Dios. [...] Ustedes proceden de su padre el Diablo, y quieren hacer los deseos de su padre. Ese era homicida cuando principió, y no permaneció firme en la verdad, porque la verdad no está en él. Cuando habla la mentira, habla según su propia disposición, porque es mentiroso y el padre de la mentira”. (Juan 8:40, 44.)

¿Qué escoge usted?

14 Los cimientos del nuevo mundo que ahora forma Dios en la sociedad internacional de los testigos de Jehová se van haciendo cada vez más firmes. Cada año centenares de miles de personas usan su libre albedrío, sobre la base del conocimiento exacto, para aceptar la gobernación divina. Llegan a ser parte de la sociedad del nuevo mundo, sostienen el lado de Dios en la cuestión de la soberanía universal, y prueban que Satanás es un mentiroso.

15 Al escoger la gobernación divina, satisfacen los requisitos para ser colocados a la “derecha” de Cristo mientras él efectúa una separación entre “las ovejas” y “las cabras”. En su profecía sobre los últimos días Jesús predijo: “Todas las naciones serán reunidas delante de él, y separará a la gente unos de otros, así como el pastor separa las ovejas de las cabras. Y pondrá las ovejas a su derecha, pero las cabras a su izquierda”. Las ovejas son personas humildes que se asocian con los hermanos de Cristo y los apoyan, sometiéndose así a la gobernación divina. Las cabras son personas tercas que rechazan a los hermanos de Cristo y no dan ningún apoyo a la gobernación divina. ¿Qué resultado tiene esto? Jesús dijo: “Estos [las cabras] partirán al cortamiento eterno, pero los justos [las ovejas] a la vida eterna”. (Mateo 25:31-46.)

16 Sí, ¡Dios se interesa por nosotros! Muy pronto él proveerá un deleitable paraíso terrestre. ¿Quisiera usted vivir en ese Paraíso? Si así es, muestre que aprecia las provisiones de Jehová por aprender acerca de él y actuar en conformidad con lo que aprende. “Busquen a Jehová mientras pueda ser hallado. Clamen a él mientras resulte estar cerca. Deje el inicuo su camino, y el hombre dañino sus pensamientos; y regrese a Jehová, quien tendrá misericordia de él.” (Isaías 55:6, 7.)

17 No hay tiempo que perder. Muy pronto terminará este viejo sistema de cosas. La Palabra de Dios aconseja: “No estén amando ni al mundo ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él [...] Además, el mundo va pasando, y también su deseo, pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre”. (1 Juan 2:15-17.)

18 Ahora el pueblo de Dios está recibiendo educación para la vida eterna en el nuevo mundo. Están aprendiendo las aptitudes —espirituales y de otra índole— que se necesitan para producir un paraíso. Lo instamos a escoger a Dios como Gobernante y apoyar la obra salvadora de vidas que por dirección de él se efectúa por toda la Tierra hoy. Estudie la Biblia con los testigos de Jehová, y llegue a conocer al Dios que realmente se interesa en usted y que pondrá fin al sufrimiento. De esa manera usted también puede llegar a ser parte de los cimientos del nuevo mundo. Así podrá esperar con confianza obtener el favor de Dios y vivir para siempre en ese maravilloso nuevo mundo.

porquè adorar a Dios, Jehová y no a dioses falsos?

Amar a Dios con acciones y con verdad

1.“Dirige a Mí [...] tu mente, tu amor, [...] tus actos de adoración”, dice la divinidad en el Bhagavad Gita. Llama a esta manera de actuar “la [palabra o verdad] más secreta” en lo que respecta a la religión suprema.1 Pero ¿cómo demostramos amor y devoción a Dios?

2 ‘La devoción lleva aparejada la obediencia a la voluntad divina’, comenta el swami S. Radhakrishnan, pues toda otra ofrenda que hagamos a Dios ya Le pertenece.2 Igualmente, el gurú Nanak afirma que el que ‘oye, obedece y ama a Dios en su corazón’ tiene más mérito que la persona que se limita a dar limosna o llevar una vida ascética.3

3 ¿Está usted de acuerdo con estos comentarios? La mayoría de las personas sinceras lo estarían. Sin embargo, para obedecer a Dios necesitamos saber cuál es su voluntad. ¿Dónde hemos de buscar la verdad divina?

¿Se accede a la verdad mediante el yo?

4 Algunos sabios hindúes sostienen que la verdad espiritual yace oculta en el corazón y se revela mediante la meditación yogui o con el canto de mantras. Por su parte, el swami Satprakashananda mantiene que la meditación sin conocimiento previo de Dios “probablemente dependa de la fantasía, que no puede eliminar la ignorancia ni revelar la Verdad”.4

5 El siguiente comentario del swami Vivekananda destaca las limitaciones del conocimiento humano: “[Las] preguntas de si hay un alma inmortal [...] [y] si existe una mente suprema que rija el universo exceden al ámbito de la razón. La razón nunca puede contestar estas interrogantes. [...] Sin embargo, estas cuestiones son de suma importancia para nosotros. Si no reciben respuestas adecuadas, la vida del hombre carece de propósito”.5 En vista de que no podemos resolverlas con el razonamiento humano, ¿adónde podemos acudir?

Las escrituras sagradas

6 Los sabios hindúes más eminentes siempre han dicho que la escritura es el medio por el cual Dios revela su verdad. ‘La escritura es la única fuente de verdades en lo que respecta a lo suprasensible’, dice Sankaracarya.6 El Gita también dice: “Sean las Escrituras tu norma en la determinación de lo que debe y no debe hacerse. Obra siempre en este mundo de conformidad con las Escrituras cuyos preceptos conoces”.7

7 Tal como la abeja que desea néctar ha de hallar una flor, el que ama a Dios debe buscar Su verdad. El swami Prabhavananda explica: “Por encima de todo, Dios es verdad. Por consiguiente, el hombre que ama la verdad tiene que amar, a fin de cuentas, a Dios; el que no ama la verdad, nunca amará a Dios”.8

8 Al buscar la verdad, ¿bastará con que mire a sí mismo para hallar la respuesta? ¿Por qué no mira más allá de usted y examina la escritura? No obstante, hay muchos textos sagrados que dicen provenir de Dios. ¿Cómo puede identificarse el que contiene Su verdad?

¿Cómo se puede identificar la verdad de Dios?

Cómo podemos distinguir entre la palabra de Dios y la del hombre, entre la verdadera y la falsa? Pues bien, si surge una disputa respecto a la balanza de un comerciante, ¿no comprobamos los sellos oficiales para zanjar el asunto? Igualmente, si queremos adorar a nuestro Hacedor con amor y verdad, hemos de comprobar las credenciales básicas de los santos escritos.

2 Como hemos visto, solo Dios puede saciar nuestras necesidades espirituales, por lo que cabe esperar que las escrituras que de él procedan ensalcen a Dios y contesten las preguntas que nos hacemos tocante a él, como: ¿Quién es Dios? ¿Por qué nos ha creado? ¿Cómo debemos adorarle? ¿Por qué hay tanto sufrimiento? Y ¿vivirá algún día la humanidad en unidad, paz y felicidad duraderas? Estas preguntas fundamentales nos atañen a todos. ¿Qué respuesta da Dios?

3 Los padres que quieren a sus hijos nunca desatienden las necesidades de ninguno de ellos. Igualmente, es lógico que Dios ponga sus escritos sagrados al acceso de toda su familia humana. Si estuvieran disponibles solo en sánscrito o gurmukhi, por ejemplo, no podrían beneficiar a toda la gente, ¿verdad?

4 El padre cariñoso, aunque sea muy culto, siempre habla a sus hijos conforme al nivel de comprensión que tienen. Así mismo, las escrituras de Dios deben ser fáciles de entender. Pablo, predicador del siglo I de nuestra era, comenta: “Prefiero decir cinco palabras que se entiendan, para enseñar así a otros, que decir diez mil palabras en lengua extraña”. (1 Corintios 14:19, Versión Popular.)

5 A nadie le gusta que lo engañen y le cuenten mentiras. Nos atraen, por el contrario, los que dicen la verdad. La honradez infunde confianza. Dado que nuestro sentido del bien y del mal tiene su origen en nuestro Hacedor, este no puede decir falsedades. Esperamos que enseñe doctrinas y normas morales verdaderas y que sean exactas sus referencias a sucesos históricos.

6 ¿Qué opinión deben merecernos, por tanto, las escrituras que presentan mitos como si fueran historia? Como veremos, los relatos míticos, a diferencia de la verdad, discrepan entre sí y a veces presentan a Dios como un Ser débil o inmoral. La palabra de Dios tiene que estar libre de mitos.

7 Muchas personas recurren a agüeros, maleficios y médium espiritistas. A menudo, los espíritus que se invocan en secreto con tales prácticas hacen daño a víctimas inocentes; por ejemplo, a los niños. Puesto que Dios no es malo, ¿pudieran tener origen en él las escrituras vinculadas a estas modalidades de demonismo? Todas las revelaciones del Dios verdadero han de estar libres de demonismo.

8 También podemos determinar si una escritura proviene de Dios o del hombre observando los frutos que produce en la vida de quienes siguen sus enseñanzas. ¿Son personas limpias, honradas y trabajadoras, o mentirosas, tramposas y corruptas? ¿Tienen relaciones familiares afectuosas, o ven normal el maltrato a la mujer y a otras personas? ¿Conocen a Dios íntimamente, como a un amigo, o se limitan a seguir la guía de sus dirigentes religiosos? El libro de origen divino debe ofrecer soluciones a nuestros problemas y tener un buen efecto en nuestra vida.

9 El conjunto de estos siete requisitos constituye el baremo por el que se pueden medir todos los escritos sagrados. Sin duda el libro que los cumpla todos procede de Dios.

10 Examinemos a continuación varios textos sagrados para ver qué nivel alcanza cada uno. Recuerde que estamos interesados en recibir la guía divina. Nuestro Hacedor, como padre amoroso que es, también quiere que conozcamos su voluntad para que lo amemos y adoremos.

-------------------------------Textos sagrados de la India------------------------------------

EL GURÚ NANAK Y EL GURÚ GRANTH SAHIB

Según el Gurú Granth Sahib, el gurú Nanak, fundador del sijismo, nunca admitió sin reservas la autoridad de las escrituras hindúes porque se oponía a las ceremonias védicas, al sistema de castas y al culto a multitud de dioses. No obstante, al trazar el origen de las creencias de Nanak, el escritor sij Khushwant Singh comenta: “Aun una lectura superficial de sus himnos acusa la influencia del Rigveda, los Upanishads [...] y el Bhagvad Gita”. Por tanto, para entender el Gurú Granth Sahib tenemos que examinar las fuentes de sus doctrinas: los Vedas, los Upanishads y el Bhagavad Gita. (The Sikh Gurus and the Sikh Religion, Anil Chandra Banerjee, 1983, páginas 133, 134.)

BRAHMI: ORIGEN DE LOS ALFABETOS DE LA INDIA

Los alfabetos que utilizan los idiomas de la India, como el sánscrito, el hindi, el panjabí, el marathi, el malayalam, el tamil y el bengalí, “se han derivado en última instancia del brahmi, la escritura que utilizó el emperador Asoka en el siglo III a.C. en las inscripciones más antiguas que se conservan en la India”. (Indian Manuscripts, The British Library, 1977, página 1.)

“El brahmi, prototipo tradicional de todos los alfabetos indoarios, puede haberse introducido en el siglo VIII o VII a.C.” (A Dictionary of Hinduism, Margaret y James Stutley, 1977, página 267.)

LOS VEDAS

Los himnos más antiguos de los cuatro Vedas (Rig-Veda, Yajur-Veda, Sama-Veda y Atharva-Veda) se compusieron hace casi tres mil años y se transmitieron oralmente de maestro a alumno. “El Veda no se puso por escrito hasta el siglo XIV d. C.” (A History of India, P. K. Saratkumar, 1978, página 24.)

LOS UPANISHADS

Hace unos dos mil quinientos años se compusieron más de un centenar de tratados hindúes de filosofía y misticismo. “Aunque la compilación de los Upanisads más antiguos es anterior al año 500 a.C., la redacción prosiguió hasta una época tan tardía como la difusión de la influencia mahometana en la India.” (A History of Indian Philosophy, Surendranath Dasgupta, edición de la India, 1975, tomo 1, página 39.)

LOS PURANAS

Colección de escritos sánscritos que contienen antiguos relatos y mitología hindú. “Ninguno de los dieciocho puranas principales es anterior a la era de los Guptas (320-480 d.C.), aunque buena parte de las leyendas es más antigua.” (Hinduism, M. Stutley, 1985, página 37.)

MAHAVIRA Y LOS AGAMAS

Las enseñanzas recogidas en las escrituras jainitas, que en conjunto reciben el nombre de agamas, se atribuyen en parte a Mahavira y sus discípulos. ¿En qué basaron ellos su doctrina?

“La filosofía del jainismo se inspira principalmente en el sistema ateo de la sankhya”, señala la obra Epics, Myths and Legends of India (P. Thomas, 1980, página 132). La filosofía de la sankhya (llamada también samkhya) se basa, a su vez, en los Upanishads y enseña que es posible liberarse del sufrimiento y de la reencarnación mediante la buena conducta y el ascetismo. Por consiguiente, para entender las creencias jainitas hay que estudiar su origen: los Upanishads.

EL GURÚ GRANTH SAHIB

Colección de cerca de seis mil himnos compuestos por varios gurús sijs y por místicos hindúes y musulmanes. “El Gurú-Granth es una compilación del quinto gurú sij, Arjun, en 1604 d.C.” (Sri Guru Granth Sahib, traducción del Dr. Gopal Singh, 1987, tomo 1, página XVIII.)

LAS EPOPEYAS

El Ramayana narra la historia de Rama, príncipe que llegó a regir desde la capital de Ayodhya (India septentrional) y al que se deificó como el séptimo avatar de Visnú.

El Mahabharata relata la lucha que sostuvieron dos familias por conseguir el dominio de la parte superior de la India hace casi tres mil años.

“El Ramayana de Valmiki y el Mahabharata de Vyasa deben de haberse terminado entre los años 500 a.C. y 200 d.C.; aquel en la primera mitad de este período, y este, en la última.” (Advanced History of India, K. A. Nilakanta Sastri y G. Srinivasachari, 1982, página 59.)

LOS AGAMAS

Textos jainitas compilados en sánscrito y prácrito sobre la vida y doctrina de Mahavira, personaje que vivió hace más de dos mil cuatrocientos años. “El canon de la escritura de los svetambaras, que no recibió su forma definitiva hasta casi el año 500 d.C., consta de unos cuarenta y cinco textos agrupados en seis secciones.” (Abingdon Dictionary of Living Religions, edición de Keith Crim, 1981, página 371.

-----------------------La búsqueda de la verdad en los Vedas----------------------------------

Las escrituras hindúes más antiguas e importantes son los Vedas. Hasta el día de hoy, son la fuente principal en que se basan las ceremonias hindúes relativas al nacimiento, el matrimonio y la muerte. Sus himnos manifiestan de qué manera procuran los adoradores que Dios los bendiga y les conceda prosperidad en su cotidiano vivir.

2 Los hindúes ortodoxos creen que los Vedas son sruti, escrituras reveladas por Dios, y por ello están libres de errores e imperfecciones. Por otra parte, Buda, al que muchos reverencian como la novena encarnación de Visnú, negó que tuvieran autoridad y los llamó ‘jungla sin caminos’. Entre estos dos polos opuestos existen muchas otras creencias.

3 Los rishis (videntes) afirmaron haber compuesto los himnos védicos según su propia ‘aptitud y ciencia’.1 En un himno a Agni, un rishi ora: “En nuestro espíritu creamos un himno en honor de quien es digno de alabanza [...] como un operario construye un carro”.2 Al igual que los poetas y los artistas, los rishis se sintieron movidos desde su interior a componer más de mil himnos védicos. ¿Qué importancia tienen estas obras?

El código moral védico

4 Guiados por su conciencia, los rishis destacan el mal que encierra la inmoralidad. Al jugador le aconsejan: “No juegues con los dados, sino cultiva tu sembrado”.3 Cuando les remuerde la conciencia, rezan: “Si hacemos algún daño hacia los dioses, nosotros los hombres, Oh, Varuna, si por inconsciencia hemos violado tus leyes, ¡no nos dañes por ese agravio, Oh, dios!”.4

5 Algunos himnos de los rishis se inspiran en las cualidades humanas del amor y la bondad. Por ejemplo, a los miembros de la familia se les exhorta a tener “tal apego mutuo como el del ternero recién nacido a la vaca. [...] Hable la esposa a su marido palabras melosas, sí, propicias. No odie el hermano a su hermano ni la hermana a su hermana”.5

Los rishis buscan la verdad

6 Los Vedas ponen de manifiesto cuánto ansiaban la verdad los rishis. También dejan ver los límites de su comprensión. A fin de descubrir el sentido de la vida, inquirían sobre el origen del universo: “¿Cuál fue la madera, cuál fue el árbol, con los cuales construyeron [los dioses] el cielo y la tierra?”, pregunta un rishi.6 Algunos himnos indican que la materia existía antes que Dios, mientras que otros dicen que Dios la produjo y formó con ella el universo.

7 Según otro himno, los dioses hicieron el universo inmolando a un hombre cósmico. “De su mente fue engendrada la luna, y de su ojo nació el sol [...]; el cielo fue formado de su cabeza, la tierra de sus pies.”7 De él también surgieron las diversas castas y especies animales.

8 Sin embargo, estas explicaciones no convencieron a los rishis que deseaban saber la verdad. Por consiguiente, cuando están terminando los Vedas, aún se preguntan: “¿Quién sabe y quién puede decir de dónde todo esto procede y cómo sucedió la creación? Los mismos dioses [védicos] son posteriores a la creación, ¿quién puede en verdad saber de dónde ha surgido? Cuáles son los orígenes de la creación, él, si la modeló como si no la modeló, él lo sabe, el que la vigila desde el sumo cielo, él lo sabe. O quizá tampoco lo sepa”.8

9 Los rishis dirigían sus himnos a elementos naturales deificados, como el Sol, el cielo, el viento y el fuego. Sin embargo, no creían que ninguno de ellos fuera la divinidad suprema. Por eso, en el último libro del Rig-Veda se preguntan: “¿A qué Dios adoraremos con nuestra ofrenda?”.9 En otras palabras: ¿cuál de los 33 dioses de los Vedas es el Creador al que hemos de adorar con amor y verdad?

10 Cuando se completaron los Vedas, los rishis no habían hallado al Dios verdadero al que tenían que adorar. Todavía lo andaban buscando. Los Vedas, por tanto, no revelan la verdad de Dios, sino que constatan la intensa búsqueda que realizaron los rishis con la intención de encontrarla. La búsqueda continúa con los Upanishads, el siguiente gran conjunto de escrituras de la India.

-------------------------El amor a la filosofía en los Upanishads----------------------------

“Todas las escuelas filosóficas y religiones de la India —heréticas u ortodoxas— han surgido de los Upanishads”, dice el libro The Vedic Age.1 En estas obras se enseña por vez primera el ciclo del karma y la reencarnación, la doctrina fundamental de hindúes, jainas y sijs. ¿Qué más enseñan?

Reflexiones sobre el sentido de la vida

2 Los Upanishads prosiguen con la búsqueda de la verdad que habían iniciado los rishis en los Vedas. “En los Upanisads los sabios ya habían apuntado la idea de que había un controlador o ente supremo que preside al hombre y el universo”, explica el Dr. S. Dasgupta. Luego agrega: “Pero ¿de qué naturaleza era? ¿Se le podría identificar con algún [...] nuevo dios, o no era ninguna divinidad? Los Upanisads nos presentan la historia de esta búsqueda”.2

3 En el retiro de los bosques, los sabios se entregaban a la meditación y el debate de preguntas de este tipo: “¿Cuál es el origen de este universo? [...] ¿De dónde venimos? ¿Qué poder nos sostiene en la vida? ¿Dónde hallaremos reposo [al morir]? ¿Quién rige nuestras alegrías y nuestros pesares?”.3 Como esperaban hallar las respuestas valiéndose de su raciocinio y experiencias personales, en vez de alguna revelación de Dios, suplicaban: “¡Oh, vosotros, filósofos!, decídnoslo”.4

Los frutos de la filosofía

4 Los sabios atribuían la creación del mundo a Brahman, quien, según el Isa Upanishad, es un ser aparte del universo. (Verso 1.) Por otro lado, el Mundaka Upanishad ve a Brahman como el universo mismo. Una tercera opinión, fundada en el Svetasvatara Upanishad, da a entender que, aunque Brahman es real, el universo es tan solo una ilusión (maya).

5 Un relato de la creación que aparece en el Chandogya Upanishad afirma que el mundo nació de un huevo gigante. Por su parte, el Brihadarayanka Upanishad dice, al hablar del origen de la vida, que el Creador, al sentirse solo e infeliz, “se hizo tan grande como un hombre y una mujer juntos. Entonces hizo que su Ser se dividiera en dos (‘pat’), y de ahí surgió el marido (‘pati’) y la esposa (‘patri’). [...] De este modo todo lo que existe fue creado en parejas, inclusive las hormigas”.5

6 ¿Qué ocurre a la hora de la muerte? Según el Katha Upanishad, el joven Nachiketas se dirige a Yama, dios de la muerte, y le pregunta: “Cuando un hombre exhala el último aliento, surge una duda: los unos dice[n] que ‘todavía es’; los otros dicen que ‘ya no es’. Enséñame la verdad”. Yama responde: “Aun los dioses tuvieron tal duda en tiempos lejanos; que es misteriosa la ley de la vida y de la muerte. Pídeme otra gracia”.6 No obstante, Nachiketas persiste, y Yama acaba exponiéndole la doctrina de la reencarnación.

7 Al describir el ciclo de la reencarnación, el Chandogya Upanishad menciona que cuando mueren las personas sus almas van a la Luna y permanecen allí ‘hasta el agotamiento de las consecuencias o frutos de sus buenas obras’.7 Después caen como lluvia a la tierra. “Nacen aquí como arroz y cebada, como yerbas y árboles.”8 Luego tienen que esperar hasta que al fin entran en una matriz, cuando “alguien los ingiere como alimento y los despide como semen”.9 Su karma anterior determinará en la reencarnación la casta o forma de vida que tendrá.

Continúa la búsqueda

8 Al igual que los Vedas, “los Upanishads dejaron sin resolver algunas cuestiones muy importantes”, señala el libro India. “Cada hindú aún tiene la libertad de decidir si va a creer que la Realidad Suprema es un espíritu [...] impersonal [...] o un Dios personal. [...] Igualmente, el creyente puede elegir entre ver el mundo como un aspecto de Brahman o Brahma, o simplemente como la creación de Él o de Ello, o hasta quedarse indeciso.”10

9 Aunque en la actualidad los fieles del hinduismo creen que la doctrina del karma y la reencarnación es una verdad revelada por Dios, “los Upanishads —leemos en el libro The Vedic Age— no contienen ‘conceptos sobrehumanos’, sino humanos, intentos absolutamente humanos de aproximarse a la verdad”.11 Igualmente, el libro Advanced History of India explica: “En los upanishads se reflejan tentativas de averiguar la Verdad, partiendo de distintos criterios; estos intentos llevaron en última instancia a la evolución de las escuelas filosóficas [de la India]”.12

10 Por consiguiente, si usted desea conocer la verdad de Dios, debe continuar la búsqueda y dejar atrás los Vedas y los Upanishads. Si obra así, demostrará que realmente ama a Dios y quiere adorarlo con verdad. Examinemos, pues, las epopeyas y el Bhagavad Gita, que ocupan en la tradición la posición más destacada entre las escrituras smriti. ¿Nos ayudarán en la búsqueda?

[Recuadro en la página 13]

Datos interesantes sobre los Upanishads

“Literalmente, [“Upanishad”] se refiere a la acción de estar sentado cerca con devoción, lo que evoca la imagen de un discípulo aplicado que aprende de su gurú, su maestro espiritual. También significa enseñanza secreta; secreta, sin duda, porque la enseñanza solo se confía a los que están preparados espiritualmente para recibirla.” (The Spiritual Heritage of India, del swami Prabhavananda, 1980, página 39.)

-------------------------Verdad y fábula en las epopeyas--------------------------------------

“Desde el principio, el Ramayana y el Mahabharata han influido profundamente en la India”, comenta el swami Prabhavananda. Sus leyendas “han suministrado a poetas y dramaturgos, teólogos e ideólogos políticos, pintores y escultores, su [...] inagotable inspiración”.1 Sin duda usted conoce muchas de estas leyendas. ¿Qué opinión le merecen?

2 En la actualidad muchos hindúes buscan en las epopeyas guía moral y espiritual. Otros las consideran de más valor histórico que religioso. Ahora bien, ¿contienen verdades tocante a Dios y su adoración?

Elementos de verdad

3 “La gran batalla que se narra en el Mahabharata puede tener fundamento histórico: el recuerdo de un combate que tuvo lugar en la zona norte de la India durante el siglo X a.C.”, propone M. Stutley en su libro Hinduism.2 Los arqueólogos han confirmado que algunos lugares mencionados en esta epopeya existieron entre los años 800 y 400 a.E.C. Sin embargo, “la esencia de la epopeya fue ampliada y adornada” a lo largo de los siglos hasta englobar “un gran conjunto de leyendas, mitos y fantasías mezclados con moralidad, religión y filosofía”, explica la obra History of Philosophy Eastern and Western.3

4 El relato que da el Mahabharata sobre Manu, personaje que salvó a la humanidad de un diluvio universal, también contiene algunos elementos históricos. El Diluvio fue “el hito más importante de la historia de la antigüedad, y las leyendas diluvianas comunes dan a entender que en los relatos hindú, hebreo y babilonio se narra el mismo suceso”, explica The Vedic Age.4

5 Ese mismo libro dice que la historia de Rama, si se “despoja de sus elementos milagrosos, fabulosos, increíbles y mitológicos, indica con claridad que [Rama] era un gran rey que difundió las ideas e instituciones arias por amplias regiones”.5

6 Además de estos datos históricos, las epopeyas también contienen principios religiosos y morales. Por ejemplo, el Mahabharata recomienda ser hospitalarios: “Hay que tener la debida hospitalidad hasta con los enemigos que nos visitan como huéspedes; el árbol ampara con sus hojas al hombre que lo tala”.6 En otro pasaje dice: “Al cielo no le complacen tanto los dones suntuosos, que se ofrecen con esperanza de obtener una recompensa futura, como la más simple de las menudencias, apartada de las ganancias honradas y santificada por la fe”.7

Relatos imaginarios

7 Sin embargo, en contraposición con estos buenos principios, las epopeyas reflejan a veces las opiniones de sus compiladores. En el Ramayana, por ejemplo, se dice que la Tierra se sustenta sobre ocho elefantes que se mueven al fatigarse, lo que origina los terremotos. Los compiladores también ignoraban que el río Ganges nace en el Himalaya. Creían que destilaba del cielo. (Ramayana 1:40-44.)

8 ¿Sabía usted que los escritores del Mahabharata adoptaron la idea predominante en su época de que la mujer había sido creada tan solo para corromper a los hombres castos e impedir que se salvaran? (Mahabharata 13:40.) Hasta el Gita las considera de nacimiento inferior y las rebaja al nivel de los esclavos. ¿Cree usted esta enseñanza? ¿Le parece justa y razonable? (Bhagavad Gita 9:32.)

9 La ausencia de sruti inspiradas llevó a los poetas épicos a crear fábulas para dar respuesta a las preguntas. Por ejemplo, al explicar la muerte el Mahabharata dice que hubo un tiempo en que los hombres se multiplicaban sin morir, de modo que se hicieron tantos que “no había espacio ni para respirar”.8 Temeroso de que por ello ‘se hundiera la tierra en las aguas’, el Creador formó a una diosa para que matara a los hombres con enfermedades o hiriéndolos. (Mahabharata 12:248-250.)

10 Según los eruditos de la India, los compiladores de las epopeyas también crearon sus leyendas. En el Gita, Krisna afirma ser Dios. Tocante a este punto, el Dr. S. Radhakrishnan explica: “El poeta Vyasa [que lo escribió] se imagina vívidamente cómo hablaría Krisna de sí como Dios encarnado”. De igual modo, el escritor M. Hariharan explica que “otra persona tiene que haber deificado a Krisna y haberlo convertido en ejecutor de portentos”.9 En el Ramayana, Rama no alega ser un dios, sino tan solo un hombre que sufre por sus pecados. (Ramayana 3:63, 64.)

Las epopeyas: la elección

11 Los poemas épicos se cantaban originalmente en las cortes reales durante los grandes festivales que se celebraban para proclamar la fama de los príncipes. Los compiladores añadieron posteriormente las fábulas religiosas.10 “La más brillante de estas adiciones —comenta D. D. Kosambi— es el Bhagavad-Gita, un discurso que supuestamente pronunció el dios Krisna justo antes del combate. Este mismo dios era nuevo; su divinidad suprema no se admitiría sino hasta siglos después.”11 Como resultado, en las epopeyas van lado a lado verdades históricas y fábulas religiosas.

12 Así, al proseguir con su búsqueda de sruti, una revelación completa de la verdad de Dios, examine a continuación los Puranas, el fundamento del culto hindú actual.

[Nota a pie de página]

El relato hebreo, el más antiguo y exacto, aparece en Génesis, el primer libro de la Biblia, capítulos 6, 7 y 8.

-------------------------Los Puranas y el culto hindú actual----------------------------------

La adoración hindú contemporánea se basa en las escrituras llamadas Puranas que, a diferencia de los Vedas, favorecen el empleo de imágenes, los ritos en los templos y las peregrinaciones a santuarios. Con tales devociones, los fieles buscan la bendición de Dios para librarse del ciclo de la reencarnación.

2 “Se ha llamado a los Puranas ‘los Vedas del vulgo’, pues presentan en forma de mito y leyenda, de historias y símbolos, gran cantidad de elementos tradicionales y ortodoxos”, explica Hindu World.1 Aunque los brahmanes ortodoxos y los reformadores no suelen aceptar los Puranas, estos gozan de popularidad entre los hindúes de término medio. ¿Pueden ayudarle estos escritos a adorar a Dios con verdad? Examinemos qué enseñan.

La creación en los Puranas

3 Influidos por las ideas védicas, los compiladores del Vishnu Purana creían que el universo constaba de siete niveles superiores —de los cuales el más bajo era la Tierra— y siete inferiores, habitados por una raza de hombres-serpientes.

4 El Bhagavata Purana transmite la idea de que el Sol y la Luna giran alrededor de la Tierra. Se dice que la Luna, al describir su órbita, deja atrás al Sol debido a que va más rápido. La Tierra, que descansa sobre una cobra, está dividida en continentes separados por océanos de agua, vino y cierta mantequilla purificada que recibe el nombre de gui. (Bhagavata Purana 5:16-22, 25.)

En busca de Dios

5 Los Puranas, al igual que los Vedas y los Upanishads, prosiguen con la búsqueda del Dios verdadero. Aunque los sabios adoren a muchos dioses, tienen el ferviente deseo de saber lo siguiente: “¿A qué divinidad adorará el devoto que desea liberación [...]? ¿Quién es el dios de dioses?”. ¡Qué preguntas tan importantes!

6 En respuesta, el Brahma Purana explica que aunque se adore a Brahma, Visnú o Siva, el verdadero Creador es otro.2 Confirma este punto el que Brahma diga en el Bhagavata Purana que tanto él como Siva todavía tienen que comprender la naturaleza del Creador. (Bhagavata Purana 2:6.)

7 Ahora bien, sin revelación divina era imposible que los sabios conocieran a Dios. Como resultado, algunos adoradores se imaginaron que era un ser humano, un animal, o hasta mitad hombre y mitad bestia. El Bhagavata Purana describe a Visnú como un pez “dorado, que tiene un cuerno y un cuerpo que sobrepasa los diez millones de yojanas”.3 El Vayu Purana lo representa como un jabalí oscuro de una altura de 6.400 kilómetros.

8 En la imaginación de los compiladores de las leyendas puránicas, los dioses también tenían debilidades humanas. El Brahmavai Purana dice que el sabio no adora a Brahma porque fue maldecido como castigo por un grave pecado.4 Otros Puranas dicen que Siva “desatendía a su familia [y] dejaba que pasara hambre, mientras que él se daba al opio y otras drogas”, según explica Hindu World.5

9 Inquieto por las noticias de que un dios tenía amoríos con las ordeñadoras del lugar, un rey pregunta en el Bhagavata Purana: ‘¿Cómo puede el señor divino, nacido para consolidar la virtud y reprimir el vicio, practicar lo contrario, a saber, la corrupción de las esposas de otros hombres?’.7 A esta pregunta, el sabio responde que si los seres superiores se desvían de la virtud, no puede considerarse pecado, tal como no se puede achacar culpa al fuego si consume objetos impuros.8

Métodos de adoración

10 El culto puránico gira en torno a templos o santuarios que siguen un diseño cuidadoso. La planta del edificio es un mandala, que, según el swami Harshananda, “es un diagrama geométrico con poderes ocultos”.9 El objeto más sagrado del templo es el yantra, una plancha de oro con diagramas ocultistas. Lo utilizaron en el pasado los seguidores de las sectas tántricas que practicaban los ritos eróticos representados en las paredes de los grandes templos hinduistas y jainitas.

11 Los adeptos bañan los ídolos en agua o leche con la esperanza de recibir riquezas o salud. Además, como explica el Brahmavai Purana, las personas se ponen tilaks en la frente para asegurar el poder mágico de los ritos.10 Se encienden lámparas y ofrecen flores para ahuyentar a los espíritus malignos, a la vez que se cantan mantras que alaban a las divinidades o les imploran favores.

12 Según el Skanda Purana, el uso de ídolos se remonta a la maldición que lanzó la diosa Parvati contra los dioses por haberse inmiscuido en su vida privada. La Encyclopaedia of Puranic Beliefs and Practices comenta: “Esto parece explicar la práctica [hindú] de adorar como dioses a bloques de piedra y también a ídolos bien esculpidos”.11

¿Qué elección hará usted?

13 Los hindúes clasifican los Puranas como smriti porque no son escritos inspirados por Dios, sino de origen humano. Por tanto, si de veras deseamos que Dios acepte nuestra adoración y nos bendiga, debemos continuar la búsqueda de sruti. ¿Qué guía pueden ofrecernos los gurús?

[Notas a pie de página]

La yojana es una antigua medida de longitud que varía entre 6 y 16 kilómetros.

“[Pushkar (Rajastán)] posee cinco templos principales, uno de ellos el único de la India consagrado [a] Brahma.” (Enciclopedia Universal Ilustrada Europeo Americana.)

--------------------------El cometido de los gurús en el culto--------------------------------

“Si se desea alcanzar el conocimiento de Dios —escribe el swami Prabhavananda—, es esencial la dirección de un maestro competente, pues la religión es una ciencia empírica para la que no bastan como guía ni los libros ni las escrituras.”1 Por esta razón, muchos hindúes acuden a los gurús para que los ayuden a elaborar un sistema de creencias y adoración.

2 No cabe duda de que necesitamos guía para comprender las verdades espirituales. Dado que los gurús no dependen de las escrituras, ¿qué origen tienen sus enseñanzas y milagros?

El origen del guruismo

3 El guruismo se introduce primero en los Upanishads como un desafío a la autoridad de los Vedas. En vez de los caros ritos védicos, los Upanishads favorecieron el ‘conocimiento secreto’ como medio de salvación.2

4 El rechazo de los Vedas hizo que cobraran importancia los gurús. Se sostenía que la persona únicamente podría obtener la liberación si la había iniciado un gurú que le hubiera dado un mantra secreto u otro medio. La obra The World of Gurus dice: “Al hacerse indispensable, el gurú se fue convirtiendo en autoridad suprema, aun por encima de las escrituras. [...] Su autoridad, que se derivaba de la experiencia mística privada, era incontestable”.3

5 Como el gurú había ocupado en la práctica el lugar de las escrituras, no se tardó en identificarlo con Dios. El Yogashikhopanishad afirma que el gurú también es Dios y añade que esta afirmación es incontrovertible.4 Se dice que durante su iniciación, mientras se halla en trance, el gurú recibe experiencias sobrenaturales de su divinidad, y a partir de ese momento se le considera la encarnación de esa deidad. “El Gurú es Dios Mismo, que se manifiesta en forma personal para guiar al aspirante”, explica el swami Sivananda.5

6 Además de afirmar que son iguales a Dios, los gurús añaden en los Upanishads: “Se debe adorar con suma devoción al gurú que imparte sabiduría divina, que es el guía espiritual, que es el Propio Señor Supremo”.6 Por consiguiente, Hindu World explica: “Se agitan velas ante ellos, se quema incienso en su presencia, se cantan himnos y la gente se prosterna. [...] Se le lavan los pies al gurú y el agua del lavatorio se pasa para que la beban sus seguidores”.7

¿Qué origen tienen los milagros?

7 Muchos siguen a los gurús porque les impresionan sus milagros, que los devotos atribuyen a Dios. Ahora bien, las escrituras hindúes dejan constancia de que malvados como Ravana poseían poderes sobrenaturales parecidos. ¿Tienen, por lo tanto, un origen distinto de Dios tales obras poderosas?

8 Los gurús adquieren sus poderes sobrenaturales practicando las artes del yoga. Sin embargo, en los Yoga Sutra, Patányali, el padre de la filosofía yoga, atribuye estos poderes a “seres celestiales” que, según el swami Vivekananda, tienen este objetivo principal: “van hacia el yogui para tentarlo” e impedir así que obtenga la perfecta libertad.8 Por ello, el swami “previno contra tratar de conseguir esos poderes mágicos y destacó que era necesario evitarlos por completo”, comenta la obra Tantrism.9

¿Hasta qué punto es real la liberación?

9 Los antiguos hindúes acudieron al yoga tratando de descubrir la realidad última que no les enseñaron los Vedas. El Katha Upanishad dice que la verdad no puede conocerse ni con las escrituras ni por la razón, sino solo mediante las experiencias místicas. (1:2:23.) Por esta razón, el swami hindú Sivananda dice: “El intelecto es una traba. La mente te separa de Dios”.10 De este modo, los místicos practican la meditación yogui para embotar el intelecto y tener trances o entrar en éxtasis. De quienes llegan a tal estado, se dice que han hallado la verdad y alcanzado la moksa.

10 Al vaciar la mente y anular los sentidos, el yogui puede contemplar y oír cosas extrañas. “Sin embargo, si la meditación [yogui] se ha combinado, como suele ocurrir, con técnicas como el ayuno, la ingestión de drogas, el aislamiento extremo y prácticas que rayan en la tortura, el estado de privación [mental] puede ir acompañado de alucinaciones quiméricas. También pueden concurrir sucesos ‘místicos’ del tipo de kundalini”, indica el libro Understanding Yoga.11 El yogui se persuade de que las extrañas experiencias que tuvo fuera del estado racional son reales y buenas.

11 Siguiendo esta senda, algunos yoguis dicen haber alcanzado la unidad con el mundo espiritual, que según ellos es Dios. En el libro Mysticism Sacred and Profane, R. C. Zaehner advierte: “Este vacío es peligroso, pues es una ‘casa barrida y adornada’, y aunque es posible que Dios entre si el mobiliario es hermoso, es igualmente probable que los siete diablos proverbiales entren en tropel si [...] no hay muebles”.12 Por eso, los gurús suelen advertir a los nuevos discípulos que el yoga puede exponerles a influencias demoníacas. ¿Serían necesarias tales advertencias si interviniera en estas prácticas el Dios verdadero?

12 Muchos gurús promueven sus creencias personales, alegando que se fundan en escrituras confiables. Por ejemplo, la Asociación para la Conciencia de Krisna asegura tener ‘las escrituras védicas’ como fundamento de sus creencias. Por otra parte, The World of Gurus señala: “No se intenta demostrar la autenticidad de las escrituras [...]. Si [los devotos] leyeran las escrituras sabrían que los relatos acerca de Krisna y Radha no se basan en escrituras que tengan autoridad ni mucho menos en hechos”.13

13 En vista de que los gurús se guían por su propia experiencia y conocimiento, ¿dónde puede buscar usted la verdad que Dios ha revelado? Obviamente, tiene que consultar las auténticas escrituras inspiradas por Dios. ¿Dónde puede hallarlas?

[Notas a pie de página]

Entre estos se cuentan la clarividencia, las curaciones, la levitación y el andar sobre el fuego.

Los yoguis dicen que kundalini es una energía misteriosa que, como una serpiente enroscada, se halla en la base de la columna vertebral. Cuando esta energía despierta —mediante el ejercicio físico o sexual—, el yogui tiene sensaciones y visiones extrañas que interpreta como una “liberación”: la fusión de su ser con Dios.

Zaehner alude a las palabras de Jesús que recoge el libro bíblico de Lucas, capítulo 11, versículos 24-26.

-------------------Cómo identificar la verdad que Dios ha inspirado---------------------------

¿Sabía usted que la Biblia ha influido en reformadores hindúes modernos como Ramakrishna y Vivekananda? Asimismo, Mohandas Gandhi sostuvo que las enseñanzas bíblicas pueden ‘solucionar los problemas del mundo entero’. Hindúes y sijs deben a la Biblia el concepto de la bhakti, que, como explica Hindu World, surgió del “impacto del cristianismo en los primeros siglos de nuestra era”.1 Así pues, la Biblia se ha ganado el respeto de grandes pensadores de la India.

La Escritura y la ciencia

2 El primer versículo de la Biblia, escrito hace casi tres mil quinientos años, describe el origen del universo de este modo: “En el principio Dios creó los cielos y la tierra”. (Génesis 1:1.) En conformidad con esta frase, los científicos actuales reconocen que el universo decididamente tuvo un principio, una génesis.2

3 La fuente de la materia del universo es, como explica la Biblia, “la abundancia de energía dinámica” de Dios. (Isaías 40:26.) Hoy, unos dos mil setecientos años después de haberse escrito esas palabras, la ciencia moderna ha descubierto que toda materia es, en última instancia, energía materializada.3

4 Cuando la gente creía que el universo estaba constituido por los pocos miles de estrellas que podían contemplar a simple vista, la Biblia comparó el número de estrellas a los granos de arena de la orilla del mar. (Génesis 22:17.) Aunque se llegó a decir que esta comparación era muy exagerada, en la actualidad vemos que la cantidad de astros es incalculable.4 Igualmente, mucho antes que la ciencia moderna, la Biblia se refirió con exactitud a la Tierra como un “círculo” —un globo— que ‘cuelga sobre nada’. (Isaías 40:22; Job 26:7.)

5 La Biblia dice que Adán, el primer hombre, fue creado “del polvo del suelo”. (Génesis 2:7.) Hoy sabemos que el cuerpo humano se compone de diferentes elementos químicos, todos ellos presentes en la tierra. También manifiesta un sorprendente conocimiento el comentario bíblico de que ‘las partes de un embrión están escritas en un libro’. Esta afirmación se hizo tres mil años antes de que la ciencia moderna descubriera el código genético, que, a semejanza de un libro, contiene todas las características del embrión humano en gestación. (Salmo 139:14-16.)

Historia auténtica

6 Los estudiantes de historia suelen asombrarse de la exactitud bíblica. D. D. Kosambi, estudioso de la India, dice: “El valor histórico de los Vedas es más bien pequeño si se compara con el del Antiguo Testamento de la Biblia, al que siempre presentaron como historia algunos de los que se mantuvieron en contacto con su tierra. La arqueología de Palestina [...] proporciona sobrada confirmación de muchos acontecimientos bíblicos”.5

7 La Biblia también recoge sucesos importantes de la historia universal y explica cómo repercutieron en otras naciones, entre ellas la India. Piense, por ejemplo, en la invasión persa de la India en los siglos V y VI a.E.C., por la que Darío Histaspes obtuvo el control de zonas que hoy corresponden a Sind y parte del Punjab. Como explica Advanced History of India, “este territorio continuó siendo parte del imperio persa durante el reinado de Jerjes”.6 Este hecho histórico se constató con exactitud en la Biblia (Ester 1:1) hacia el año 475 a.E.C., una de las menciones más antiguas de la India.7

Una forma de adoración limpia

8 La Biblia nos dice que hay un único Dios verdadero. Solo en la Biblia nos revela él su nombre: JEHOVÁ. Allí dice: “Antes de mí no fue formado Dios alguno, y después de mí continuó sin que lo hubiera”. Jehová, por tanto, no tiene avatares ni existe en diferentes aspectos. Todas las cualidades y fuerzas necesarias para sustentar la creación existen en él solo. “¿A quién pueden ustedes asemejar a Dios, y qué semejanza pueden poner al lado de él?”, pregunta el profeta. (Isaías 40:18; 43:10.)

9 La adoración de Jehová no exige rituales, sino conducta limpia, para recibir la bendición de Dios. Él dice: “¿De qué provecho me es la multitud de sus sacrificios? [...] El incienso... me es algo detestable. Luna nueva y sábado, el convocar una convocación... no puedo soportar el uso de poder mágico junto con la asamblea solemne. [...] Aunque hagan muchas oraciones, no escucho; [...] cesen de hacer lo malo. Aprendan a hacer lo bueno”. (Isaías 1:11-17.)

10 Los que viven de acuerdo con la Biblia están bien protegidos de los peligros del espiritismo. La Biblia aconseja: “No debería hallarse en ti nadie que haga pasar por el fuego a su hijo o a su hija, [...] ni nadie que busque agüeros ni hechicero, ni uno que ate a otros con maleficio ni nadie que consulte a un médium espiritista o a un pronosticador profesional de sucesos ni nadie que pregunte a los muertos. Porque todo el que hace estas cosas es algo detestable a Jehová”. (Deuteronomio 18:10-12.)

Un código moral superior

11 Otra diferencia importante entre la Biblia y los demás libros sagrados es que puede ayudarnos a vivir mejor. Por ejemplo, dice: “El que hurta, ya no hurte más, sino, más bien, que haga trabajo duro, haciendo con las manos lo que sea buen trabajo, para que tenga algo que distribuir a alguien que tenga necesidad. No proceda de la boca de ustedes ningún dicho corrompido, sino todo dicho que sea bueno para edificación según haya necesidad [...]. Que se quiten toda amargura maliciosa y cólera [...], junto con toda maldad. Más bien háganse bondadosos unos con otros”. (Efesios 4:28-32.) ¡Qué magnífico consejo!

12 La superioridad del código moral de la Biblia se hace patente también en que apela a nuestro amor a Dios. Por ejemplo, exhorta a las mujeres: “Que su adorno no sea el de trenzados externos del cabello ni el de ponerse ornamentos de oro ni el uso de prendas de vestir exteriores, sino que sea la persona secreta del corazón en la vestidura incorruptible del espíritu quieto y apacible, que es de gran valor a los ojos de Dios”. De igual modo, aconseja a los esposos que ‘asignen honra’ a sus esposas “a fin de que sus oraciones no sean estorbadas”. (1 Pedro 3:3, 4, 7.)

La mayor prueba

13 ¿Es el Dios bíblico el Dios vivo y verdadero? Para probar su divinidad, Jehová convoca a los dioses de otras religiones a una prueba. Proclama: “Congréguense los pueblos para oír lo que tengo que decir [...]: ¿Quién de vosotros, dioses [...], nos ha hecho conocer lo pasado, o vaticinado lo futuro? Si alguno ha dado tales pruebas de su divinidad, presente los testigos que lo acrediten”. (Isaías 43:9, versión de M. G. Rivera, ortografía actualizada.)

14 ¿Quién ha podido explicar los importantes sucesos del mundo actual? Hace casi dos mil años la Biblia vaticinó la agitación que padece el mundo desde 1914. Predijo: “Se levantará nación contra nación, y reino contra reino; y habrá grandes terremotos, y en un lugar tras otro pestes y escaseces de alimento”. (Lucas 21:10, 11.) A diferencia de las enseñanzas hindúes, la Biblia, que está traducida, parcial o totalmente, en unos dos mil idiomas y dialectos, contiene profecía auténtica cuyo cumplimiento presenciamos.

15 Decenios antes de 1914, año en que comenzó la Primera Guerra Mundial, los adoradores de Jehová estaban dando a conocer la importancia de aquel año. El diario neoyorquino The World del 30 de agosto de 1914 explica: “El tremendo estallido de guerra en Europa ha cumplido una profecía extraordinaria. Durante la pasada cuarta parte de un siglo, por medio de predicadores y por medio de la prensa, los ‘Estudiantes Internacionales de la Biblia’ [nombre por el que se conocía a los testigos de Jehová] [...], han estado proclamando al mundo que el Día de la Ira profetizado en la Biblia amanecería en 1914”.8 Desde que se produjeron los sucesos trascendentales de aquel año, sucesos que se habían predicho con tanta exactitud únicamente en la Biblia, el entero sistema de cosas mundial se halla en sus “últimos días”. (2 Timoteo 3:1-5.)

16 El cumplimiento de muchas otras profecías de la Biblia acreditan que es “inspirada de Dios”. (2 Timoteo 3:16.) Por consiguiente, usted puede confiar plenamente en sus enseñanzas y predicciones. Esto incluye el propósito de Dios de eliminar de la Tierra en breve a las religiones que Le deshonran (como la homicida cristiandad) y traer paz y concordia eternas entre las razas de la humanidad. (Revelación 18:4, 5.) Es urgente que haga caso de esta exhortación: “Teman a Dios y denle gloria, porque ha llegado la hora del juicio por él, de modo que adoren al que hizo el cielo y la tierra”. (Revelación 14:7.) ¿Cómo se cumple este mandato?

[Nota a pie de página]

Si se desea analizar con detalle el cumplimiento de las profecías bíblicas, véanse las páginas 117-148 del libro La Biblia... ¿la Palabra de Dios, o palabra del hombre?, editado en 1989 por la Watchtower Bible and Tract Society of New York, Inc.

---------------------Los adoradores de Dios aman Su verdad------------------------------------

De nuestro examen de varios libros sagrados se desprende que la Biblia es única como la Palabra inspirada de Dios. No es solo un libro referente a Dios, sino procedente de Dios. Nos enseña todo lo que tenemos que saber tocante a la adoración verdadera, nuestra felicidad y el futuro.

2 Como hemos visto, para recibir la bendición de Dios no basta con adorarle motivados por el amor; también tenemos que basarnos en la verdad. Dice la Biblia: “Dios es un Espíritu, y los que lo adoran tienen que adorarlo con espíritu y con verdad”. (Juan 4:24.) Jehová Dios es “un Espíritu”, invisible para el hombre. Adorarle “con espíritu” significa darle servicio sagrado movidos por un corazón lleno de amor y fe. (Mateo 22:37-40; Gálatas 2:16.) ¿Cómo le adoramos “con [...] verdad”? Rechazando las mentiras y aprendiendo a hacer Su voluntad según se revela en las páginas de la Biblia.

Ayuda para entender las Escrituras

3 Cada uno de nosotros puede aprender mucho al leer por su cuenta la Biblia. No obstante, para comprender sus enseñanzas hemos de aceptar la ayuda de los verdaderos siervos de Dios. Hace casi dos mil años, un oficial de la corte de Etiopía iba leyendo las profecías de Isaías cuando Felipe, discípulo de Jesús, se acercó a preguntarle: “¿Verdaderamente sabes lo que estás leyendo?”. Con humildad, el oficial respondió: “¿Realmente, cómo podría hacerlo, a menos que alguien me guiara?”. Como Felipe pertenecía a la verdadera congregación cristiana, pudo contestar correctamente las preguntas de este funcionario. (Hechos 8:27-38.)

4 Al igual que Felipe, los testigos de Jehová ayudan a millones de personas de todo el mundo a comprender la Biblia. Sin importar su casta, raza o religión, usted también puede beneficiarse de estudios bíblicos gratuitos en su hogar y a la hora que más les convenga a usted y a su familia. Con la ayuda de las publicaciones adecuadas, estudiarán asuntos que atañen a sus creencias y a sus seres amados. Al ir descubriendo las respuestas que Dios da a sus preguntas, sentirá que ‘los ojos de su corazón han sido iluminados’ y verá que se acerca cada vez más a él. (Efesios 1:18.)

Progrese espiritualmente

5 Algunas personas le tienen aversión al estudio, y otras creen que son muy mayores para aprender. Sin embargo, adquirir conocimiento de Dios no es una carga cuando deseamos profundizar el amor que le tenemos. No es raro ver a un aficionado al cine absorto en las revistas cinematográficas aunque no le apasione la lectura. ¿Por qué razón? Porque le encantan las películas. De igual modo, si reflexiona en el hecho de que Dios lo ama y en que usted tiene el privilegio de servirle, puede superar los sentimientos negativos tocante a leer la Palabra de Dios y estudiarla con otras personas.

6 La vida social y otras presiones de este mundo pueden robarle fácilmente el tiempo que haya apartado para estudiar la Palabra de Dios. En vez de dejar el estudio a la ventura o postergarlo, examine con cuidado su valor. El niño que se encontrara una joya podría perderla por desconocer su valor. Un joyero, por el contrario, la pondría a buen recaudo y dedicaría tiempo a tallarla y pulirla para que tuviese más valor. De igual modo, si usted saca tiempo para los asuntos espirituales, demostrará a Dios que valora su verdad y no va a perderla por culpa de otras actividades menos importantes. (Compárese con Efesios 5:15-17.)

7 Para crecer en el conocimiento de la verdad, tenga cuidado de no perder el apetito espiritual. La Biblia es la guía completa y perfecta que Dios nos da, por lo que no hacen falta otros libros sagrados que la complementen. (Salmo 19:7; 2 Timoteo 3:16, 17.) Por el contrario, nos da esta exhortación: “Cuidado: quizás haya alguien que se los lleve como presa suya mediante la filosofía y el vano engaño según la tradición de los hombres”. (Colosenses 2:8.) A la persona que estima la verdad de Dios y la ama no le parecerá prudente seguir buscando en la filosofía humana.

8 La Biblia dice que algunos hombres buscarán maestros “para que les regalen los oídos” y como consecuencia “apartarán sus oídos de la verdad, puesto que serán desviados a cuentos falsos”. (2 Timoteo 4:3, 4.) Como ellos, usted también podría apartarse de la verdad de Dios si hace caso de los mitos y leyendas religiosos. Por ello, la Biblia da este consejo: “Niégate a admitir los cuentos falsos que violan lo que es santo, y [...] ve entrenándote con la devoción piadosa como mira”. (1 Timoteo 4:7.)

Cómo superar el desánimo

9 Aunque muchos afirman respetar la verdad, no siempre se esfuerzan en serio por buscarla. Otros sí la buscan, pero se desaniman por la presión de los demás. Cuando usted reciba oposición por examinar la Biblia, ¿qué debe hacer? Ore de continuo a Jehová y pídale el valor necesario para seguir aprendiendo acerca de él. También, ponga en práctica este consejo de Jesús: “Continúen amando a sus enemigos, haciendo bien a los que los odian, bendiciendo a los que los maldicen, orando por los que los insultan”, pues es la forma correcta de actuar. (Lucas 6:27, 28.)

10 Si decide servir al Dios verdadero, no estará solo. Tendrá el apoyo de millones de adoradores de Jehová, que constituyen una hermandad internacional. En comparación con los amigos que pierda por adorar a Jehová, recibirá “el céntuplo” en la comunidad del pueblo de Dios. (Marcos 10:29, 30.) Todos ellos le aprecian y, como una familia, se preocupan por su bienestar. Únase a ellos para recibir fuerzas cuando se reúnen para orar y estudiar la Biblia.

11 En un mundo donde se engaña a tantas personas, la verdad es una posesión inapreciable. Véala como un tesoro. (Mateo 7:13, 14.) El conocimiento de la verdad bíblica le permite demostrar a Dios que le ama con todo el corazón y la mente. Le lleva a adorarle del único modo que se granjea su aprobación, lo que resulta en abundantes bendiciones.

12 La auténtica felicidad pertenece a los que tienen la verdad. Esta le ofrece la esperanza bien fundada de vivir eternamente en un nuevo mundo donde los que adoran a Dios con amor y verdad permanecerán para siempre. El núcleo de este nuevo mundo ya existe como una hermandad de millones de personas de toda raza y lengua que adoran a Jehová. Usted y su familia tienen el gran privilegio de contarse entre ellas. (2 Pedro 3:13; 1 Juan 2:15-17.)

Quiénes son?

Los testigos de Jehová desean que los conozca mejor. Es posible que ya los haya tratado como vecinos o compañeros de trabajo, o en otro aspecto de la vida cotidiana. Tal vez los haya visto en la calle ofreciendo sus revistas a los transeúntes, o haya conversado brevemente con ellos en la puerta de su casa.

En realidad, los testigos de Jehová se interesan por usted y su bienestar. Quieren ser sus amigos y ofrecerle más información sobre sí mismos, sus creencias, su organización y su parecer sobre la gente y el mundo en el que todos vivimos. Por eso han preparado este folleto para usted.

Los testigos de Jehová son como cualquier otra persona en casi todo aspecto. Tienen los problemas comunes, sean económicos, físicos o emocionales. A veces se equivocan, pues no son perfectos ni infalibles, ni están inspirados por Dios. Sin embargo, tratan de aprender de las experiencias de la vida y estudian a conciencia la Biblia para efectuar los cambios necesarios. Se han dedicado a Dios para hacer Su voluntad, y procuran cumplir con esa dedicación. Buscan para todo la guía de la Palabra de Dios y de Su espíritu santo.

Consideran fundamental que sus creencias estén basadas en la Biblia y no en simples conjeturas o credos religiosos de hombres. Concuerdan con estas palabras que escribió el apóstol Pablo por inspiración divina: “Sea Dios hallado veraz, aunque todo hombre sea hallado mentiroso” (Romanos 3:4, Traducción del Nuevo Mundo). Con respecto a las enseñanzas que se presentan como verdades bíblicas, están totalmente de acuerdo con lo que hicieron los bereanos cuando escucharon el mensaje que predicaba el apóstol Pablo: “Recibieron la palabra con suma prontitud de ánimo, y examinaban con cuidado las Escrituras diariamente en cuanto a si estas cosas eran así” (Hechos 17:11). Los testigos de Jehová creen que toda enseñanza religiosa —la ofrezcan ellos u otras personas— debe someterse a esta prueba de concordancia con las Escrituras inspiradas por Dios. Por eso lo invitan, es más, lo instan a seguir este procedimiento en sus conversaciones con ellos.

De lo anterior se desprende que los testigos de Jehová creen que la Biblia es la Palabra de Dios. Consideran que los 66 libros que la componen están inspirados por Dios y son exactos desde el punto de vista histórico. Para referirse a lo que comúnmente se llama el Nuevo Testamento usan la expresión Escrituras Griegas Cristianas, y al Antiguo Testamento lo denominan las Escrituras Hebreas. Confían tanto en las Escrituras Griegas como en las Hebreas y las interpretan de manera literal, salvo en los casos en los que por el contexto o las expresiones empleadas es obvio que el sentido es figurado o simbólico. Creen que muchas profecías bíblicas ya se han cumplido, algunas se están cumpliendo y otras están por cumplirse.

SU NOMBRE

¿Testigos de Jehová? En efecto, así se autodenominan. Se trata de un nombre descriptivo que indica que dan testimonio de Jehová, su divinidad y sus propósitos. Dios, Señor y Creador —al igual que presidente, rey y general— son títulos que pueden aplicarse a distintos personajes. Jehová, en cambio, es un nombre propio que designa al Dios todopoderoso y Creador del universo. Así lo muestra Salmo 83:18, que, según la versión Reina-Valera (RV) de 1909, dice: “Y conozcan que tu nombre es JEHOVÁ; Tú solo Altísimo sobre toda la tierra” (véase también la versión católica Torres Amat [82:19]).

El nombre Jehová (o Yavé y variantes de esta forma, como prefieren muchas versiones católicas y algunos biblistas) aparece casi siete mil veces en el texto original de las Escrituras Hebreas. Pero hay versiones que lo reemplazan por los términos Señor y Dios. En algunas de ellas, como La Biblia de las Américas y la Nueva Versión Internacional, el lector normalmente puede determinar cuándo se utiliza Jehová en hebreo, ya que los términos sustitutivos aparecen en versalitas con la inicial en mayúscula (DIOS, SEÑOR). Sin embargo, en la mayoría de las traducciones se emplea el nombre Jehová o Yavé, o variantes de este. La Traducción del Nuevo Mundo, por ejemplo, dice en Isaías 42:8: “Yo soy Jehová. Ese es mi nombre”.

El relato bíblico del que toman su nombre los testigos de Jehová se encuentra en el capítulo 43 de Isaías. En este capítulo se compara la escena mundial a un juicio en el que se invita a los dioses de las naciones a que presenten testigos para demostrar que han obrado con justicia, tal como alegan, o a que escuchen a los testigos que defienden el lado de Jehová y reconozcan la verdad. En ese contexto, él declara a su pueblo: “Vosotros sois mis testigos [...] y mi siervo que yo escogí, para que me conozcáis y creáis, y entendáis que yo mismo soy; antes de mí no fue formado dios, ni lo será después de mí. Yo, yo Jehová, y fuera de mí no hay quien salve” (Isaías 43:10, 11, RV, 1960).

Jehová Dios tuvo testigos en la Tierra a lo largo de los milenios que antecedieron al nacimiento de Jesús. En el capítulo 11 de Hebreos encontramos una lista de algunos de estos hombres de fe, y a continuación leemos en Hebreos 12:1: “Pues, entonces, porque tenemos tan grande nube de testigos que nos cerca, quitémonos nosotros también todo peso, y el pecado que fácilmente nos enreda, y corramos con aguante la carrera que está puesta delante de nosotros”. Jesús dijo ante Poncio Pilato: “Para esto he nacido, y para esto he venido al mundo, para dar testimonio acerca de la verdad”. Las Escrituras lo llaman “el testigo fiel y verdadero” (Juan 18:37; Revelación [Apocalipsis] 3:14). Jesús aseguró a sus discípulos: “Recibirán poder cuando el espíritu santo llegue sobre ustedes, y serán testigos de mí tanto en Jerusalén como en toda Judea, y en Samaria, y hasta la parte más distante de la tierra” (Hechos 1:8).

Por lo tanto, los aproximadamente seis millones de personas que hoy difunden en más de doscientos treinta países las buenas nuevas del Reino de Jehová dirigido por Jesucristo, creen que llevan con propiedad el nombre de testigos de Jehová.

Sus comienzos y su crecimiento en tiempos modernos

LA HISTORIA moderna de los testigos de Jehová comenzó hace más de un siglo. A principios de la década de 1870 se formó un pequeño círculo de estudio de la Biblia en Allegheny, que hoy forma parte de Pittsburgh (Pensilvania, E.U.A.). El promotor del grupo era Charles Taze Russell. En julio de 1879 se publicó el primer número de la revista Zion’s Watch Tower and Herald of Christ’s Presence (ahora conocida en español como La Atalaya). De aquel grupito surgieron muchas congregaciones, y en 1880 ya había un gran número en los estados vecinos. En 1881 se creó la entidad Zion’s Watch Tower Tract Society, que se constituyó legalmente en 1884 con Russell como primer presidente. Más adelante se le cambió el nombre por el de Watch Tower Bible and Tract Society (a la que llamaremos Sociedad de aquí en adelante). Por aquel entonces, muchos daban testimonio de casa en casa y ofrecían publicaciones bíblicas. En 1888, unas cincuenta personas realizaban esta obra a tiempo completo; hoy la cifra ha ascendido a unas setecientas mil en todo el mundo.

En 1909, cuando la obra ya había alcanzado proyección internacional, la sede de la Sociedad se trasladó a Brooklyn (Nueva York), donde aún permanece. Se empezaron a publicar sermones bíblicos en distintos periódicos simultáneamente. En 1913 se editaban en cuatro idiomas en 3.000 periódicos de Estados Unidos, Canadá y Europa. Para ese año se habían distribuido cientos de millones de libros, folletos y tratados.

En 1912 se inició la preparación del “Foto-Drama de la Creación”, programa de diapositivas y películas sonoras que abarcaba desde la creación hasta el fin del Reinado Milenario de Cristo. Las primeras proyecciones, que tuvieron lugar en 1914, registraron 35.000 asistentes diarios. El “Foto-Drama” fue una producción pionera en el campo del cine sonoro.

EL AÑO 1914

Se acercaba un año crucial. En el número de octubre de 1876 de la revista Bible Examiner (editada en Brooklyn), el estudiante de la Biblia C. T. Russell publicó el artículo “¿Cuándo terminan los tiempos de los gentiles?”. En la página 27 respondió: “Los siete tiempos terminarán en 1914 d.C.”. (Los tiempos de los gentiles, o siete tiempos, se denominan en una versión bíblica “los tiempos señalados de las naciones” [Lucas 21:24].) Aunque en 1914 no sucedió todo lo esperado, aquel año marcó, en efecto, el fin de los tiempos de los gentiles y tuvo una gran trascendencia. Muchos historiadores y comentaristas coinciden en que en 1914 se produjo un cambio crucial en la historia, como muestran las siguientes citas:

“El último año totalmente ‘normal’ de la historia fue 1913, el año anterior al estallido de la I Guerra Mundial.” (Editorial del Times-Herald, de Washington, D.C., 13/3/1949.)

“Cada vez más historiadores ven el período de setenta y cinco años que va de 1914 a 1989 y que comprendió las dos guerras mundiales y la Guerra Fría como una época única y diferenciada, un período singular en el que gran parte del mundo participó en la guerra, se estaba recuperando de ella o se preparó para ella.” (The New York Times, 7/5/1995.)

“El mundo entero estalló hacia el inicio de la I Guerra Mundial, y aún no sabemos por qué. Antes de ese conflicto se creía que la utopía pronto iba a hacerse realidad. Había paz y prosperidad. De repente, todo voló en pedazos. Desde entonces, la humanidad tiene el alma en vilo [...]. Jamás en la historia se ha matado a tantas personas como en este siglo.”—Doctor Walker Percy, American Medical News, 21/11/1977.

Más de cincuenta años después de 1914, el estadista alemán Konrad Adenauer escribió: “La seguridad y la tranquilidad desaparecieron de la vida de los hombres en 1914” (The West Parker, Cleveland [Ohio], 20/1/1966).

El primer presidente de la Sociedad, C. T. Russell, murió en 1916, y al año siguiente le sucedió Joseph F. Rutherford. A partir de entonces hubo muchos cambios. Empezó a publicarse una revista hermana de La Torre del Vigía, llamada The Golden Age. (Ahora se conoce en español como ¡Despertad!, y tiene una tirada de más de veinte millones de ejemplares en más de ochenta idiomas.) También se dio mayor énfasis a la predicación de casa en casa. Para distinguirse de las religiones de la cristiandad, en 1931 estos cristianos adoptaron el nombre de testigos de Jehová, basado en Isaías 43:10-12.

En la década de los veinte y los treinta, la radiodifusión cobró gran auge. En 1933, la Sociedad transmitía discursos bíblicos por 403 emisoras de radio. Posteriormente, los Testigos fueron aumentando las visitas de casa en casa provistos de fonógrafos portátiles que reproducían los discursos, y este método de predicación fue sustituyendo al uso de la radio. Cuando una persona se interesaba en la verdad bíblica, comenzaban a estudiar las Escrituras con ella en su hogar.

VICTORIAS EN LOS TRIBUNALES

Durante los años treinta y cuarenta se arrestó a muchos Testigos por realizar su obra de evangelizar, y estos acudieron a los tribunales para defender la libertad de expresión, prensa, reunión y religión. En Estados Unidos apelaron contra las sentencias de tribunales inferiores ante el Tribunal Supremo del país y ganaron 43 procesos. Los tribunales supremos de otros países también han fallado en su favor. El profesor C. S. Braden dijo en su libro These Also Believe con respecto a sus victorias judiciales: “Han prestado un servicio notable a la democracia con su lucha por sus derechos civiles, porque esta ha contribuido considerablemente a garantizar esos derechos para todas las minorías de Estados Unidos”.

PROGRAMAS DE CAPACITACIÓN

J. F. Rutherford murió en 1942, y le sucedió en la presidencia N. H. Knorr. Con él se inició un programa de capacitación. En 1943 se abrió una escuela de formación misional, la Escuela Bíblica de Galaad de la Watchtower, cuyos graduados han sido enviados por toda la Tierra. Se han formado nuevas congregaciones en países en los que no había ninguna, y ya se han establecido más de cien sucursales en todo el mundo. De vez en cuando se organizan cursos especiales para capacitar a los ancianos de congregación, los trabajadores voluntarios de las sucursales y los precursores (evangelizadores a tiempo completo). En un centro educativo situado en Patterson (Nueva York) se imparten, además, una serie de cursos de instrucción especializada para ministros religiosos.

N. H. Knorr murió en 1977. Uno de los últimos cambios de organización que promovió antes de su muerte fue la ampliación del Cuerpo Gobernante, que reside en Brooklyn, en la sede mundial de la organización. En 1976 se dividieron las responsabilidades administrativas entre diversos comités compuestos por miembros del Cuerpo Gobernante, todos los cuales son ministros con muchos decenios de experiencia.

AMPLIACIÓN DE LAS INSTALACIONES

La historia moderna de los testigos de Jehová está repleta de sucesos sorprendentes. El pequeño grupo de estudio de la Biblia que se formó en Pensilvania en 1870 ha crecido hasta convertirse en 90.000 congregaciones en el año 2000. Al principio encargaban la impresión de todas sus publicaciones a empresas comerciales, pero en 1920 empezaron a imprimir ellos mismos parte de sus obras en locales industriales alquilados. De 1927 en adelante realizaron dicha labor en una fábrica de ocho pisos situada en Brooklyn, propiedad de Watchtower Bible and Tract Society of New York, Inc., y la producción de publicaciones aumentó considerablemente. En la actualidad cuentan con varios edificios fabriles y un complejo de oficinas. Otros edificios situados en los alrededores alojan a los ministros religiosos que trabajan como voluntarios en esas instalaciones. Por otra parte, en el norte del estado de Nueva York, cerca de la población de Wallkill, poseen una combinación de granja e imprenta. En ese lugar se imprimen las revistas La Atalaya y ¡Despertad!, y se produce parte de los alimentos que consumen los voluntarios que sirven en las distintas instalaciones. Todos los voluntarios reciben un pequeño reembolso mensual por gastos personales.

ASAMBLEAS INTERNACIONALES

En 1893 celebraron en Chicago (Illinois, E.U.A.) su primera gran asamblea, en la que hubo 360 asistentes y se bautizaron 70 nuevos Testigos. La última asamblea internacional celebrada en una sola ciudad tuvo lugar en 1958 en Nueva York. Para ella se utilizaron el Estadio Yankee y el desaparecido Polo Grounds. La asistencia máxima fue de 253.922 personas, y hubo 7.136 nuevos bautizados. Desde entonces, el programa de las asambleas internacionales se presenta en una serie de convenciones celebradas en muchos países. En total pueden tener lugar mil asambleas por todo el planeta.

¿Qué creen?

LOS testigos de Jehová creen en el Dios todopoderoso, Jehová, el Creador de los cielos y la Tierra. La misma existencia de las maravillas de complejo diseño que observamos en el universo, nos lleva a la conclusión lógica de que fueron obra de un Creador sumamente inteligente y poderoso. Tal como las obras de los seres humanos reflejan sus cualidades, así lo hacen las de Jehová Dios. La Biblia nos dice que “las cualidades invisibles de él se ven claramente desde la creación del mundo en adelante, porque se perciben por las cosas hechas”. Además, sin voz ni palabras, “los cielos están declarando la gloria de Dios” (Romanos 1:20; Salmo 19:1-4).

El hombre no moldea vasijas de arcilla ni fabrica televisores ni computadoras sin un propósito en particular. En comparación, la Tierra y la creación vegetal y animal son obras mucho más prodigiosas. Nuestra mente no alcanza a comprender del todo el funcionamiento del cuerpo humano, con sus billones de células; el propio cerebro, el asiento del intelecto, es de una complejidad incomprensible. Si los hombres realizan sus inventos, que son relativamente insignificantes, con un propósito, sin duda Jehová Dios también creó sus impresionantes obras con una finalidad. Proverbios 16:4 lo confirma al decir: “Todo lo ha hecho Jehová para su propósito”.

Jehová creó la Tierra con un objetivo, como indicó a la primera pareja humana: “Sean fructíferos y háganse muchos y llenen la tierra [...], y tengan en sujeción los peces del mar y las criaturas voladoras de los cielos y toda criatura viviente que se mueve sobre la tierra” (Génesis 1:28). Al desobedecer a Dios, no pudieron llenar la Tierra de familias justas que cuidaran bien el planeta, con su fauna y flora. Pero su fracaso no significa que el propósito de Jehová se haya frustrado. Miles de años más tarde se escribió: “Dios [...], el Formador de la tierra [...,] no la creó sencillamente para nada”. “La formó aun para ser habitada.” No será destruida, pues “la tierra para siempre permanece” (Isaías 45:18; Eclesiastés 1:4, Biblia de Jerusalén, 1975). El propósito de Dios para la Tierra se realizará: “Mi propio consejo subsistirá, y todo lo que es mi deleite haré” (Isaías 46:10).

Por lo tanto, los testigos de Jehová creen que nuestro planeta existirá para siempre y se convertirá en un paraíso, donde podrán vivir eternamente todas las personas —las que estén vivas y las que resuciten— que actúen en armonía con el propósito de Jehová. Todos los seres humanos hemos heredado la imperfección de Adán y Eva, de modo que somos pecadores (Romanos 5:12). La Biblia nos dice: “El salario que el pecado paga es muerte”. “Los vivos tienen conciencia de que morirán; pero en cuanto a los muertos, ellos no tienen conciencia de nada en absoluto.” “El alma que peca... ella misma morirá.” (Romanos 6:23; Eclesiastés 9:5; Ezequiel 18:4, 20.) Entonces, ¿cómo pueden volver a la vida los muertos para beneficiarse de las bendiciones terrenales? Gracias únicamente al sacrificio redentor de Cristo Jesús, pues él afirmó: “Yo soy la resurrección y la vida. El que ejerce fe en mí, aunque muera, llegará a vivir”. “Todos los que están en las tumbas conmemorativas oirán su voz y saldrán.” (Juan 5:28, 29; 11:25; Mateo 20:28.)

¿Cómo se cumplirá esta promesa? La respuesta se encuentra en “las buenas nuevas del reino”, que Jesús empezó a proclamar cuando estuvo en la Tierra (Mateo 4:17-23). Los testigos de Jehová predican hoy esas buenas nuevas de manera muy especial.

[Tabla de la página 13]

(Véase la publicación para ver el texto completo)

CREENCIAS DE LOS TESTIGOS DE JEHOVÁ

Creencia Razón bíblica

La Biblia es la Palabra de Dios 2 Tim. 3:16, 17;
y es la verdad 2 Ped. 1:20, 21; Juan 17:17

La Biblia es más confiable Mat. 15:3; Col. 2:8
que la tradición

El nombre de Dios es Jehová Sal. 83:18; Isa. 26:4; 42:8,
RV, 1960; Éxo. 6:3

Cristo es el Hijo de Dios Mat. 3:17;
y es inferior a él Juan 8:42; 14:28; 20:17;
1 Cor. 11:3; 15:28

Cristo fue la primera creación Col. 1:15; Rev. 3:14
de Dios

Cristo murió en un madero, Gál. 3:13; Hech. 5:30
no en una cruz

Cristo ofreció su vida humana Mat. 20:28; 1 Tim. 2:5, 6;
como rescate por las personas 1 Ped. 2:24
obedientes

Con el sacrificio de Jesús Rom. 6:10; Heb. 9:25-28
fue suficiente

Cristo fue levantado de entre los 1 Ped. 3:18; Rom. 6:9;
muertos como espíritu inmortal Rev. 1:17, 18

La presencia de Cristo Juan 14:19; Mat. 24:3;
es espiritual 2 Cor. 5:16; Sal. 110:1, 2

Ahora estamos en el ‘tiempo Mat. 24:3-14; 2 Tim. 3:1-5;
del fin’ Luc. 17:26-30

El Reino en manos de Cristo Isa. 9:6, 7; 11:1-5;
gobernará la Tierra con Dan. 7:13, 14; Mat. 6:10
justicia y paz

El Reino producirá condiciones Sal. 72:1-4;
de vida idóneas en la Tierra Rev. 7:9, 10, 13-17; 21:3, 4

La Tierra nunca será destruida Ecl. 1:4; Isa. 45:18;
ni quedará despoblada Sal. 78:69

Dios destruirá el sistema de Rev. 16:14, 16; Sof. 3:8;
cosas actual en la batalla de Dan. 2:44;
Har–Magedón Isa. 34:2; 55:10, 11

Los malvados serán aniquilados Mat. 25:41-46; 2 Tes. 1:6-9
para siempre

Las personas aprobadas por Dios Juan 3:16; 10:27, 28; 17:3;
recibirán vida eterna Mar. 10:29, 30

Solo hay un camino que conduce Mat. 7:13, 14; Efe. 4:4, 5
a la vida

La muerte humana se debe al Rom. 5:12; 6:23
pecado de Adán

El alma humana deja de existir Eze. 18:4; Ecl. 9:10;
en el momento de la muerte Sal. 6:5; 146:4; Juan 11:11-14

El infierno es la sepultura Job 14:13, Scío;
común de la humanidad Rev. [Apoc.] 20:13, 14, RV,
1909

La esperanza para los muertos 1 Cor. 15:20-22;
es la resurrección Juan 5:28, 29; 11:25, 26

La muerte adánica terminará 1 Cor. 15:26, 54; Rev. 21:4;
Isa. 25:8

Solo un pequeño rebaño de Luc. 12:32; Rev. 14:1, 3;
144.000 personas va al cielo 1 Cor. 15:40-53; Rev. 5:9, 10
para gobernar con Cristo

Los 144.000 nacen de nuevo 1 Ped. 1:23; Juan 3:3;
como hijos espirituales de Dios Rev. 7:3, 4

El nuevo pacto se hizo con Jer. 31:31; Heb. 8:10-13
el Israel espiritual

La congregación de Cristo Efe. 2:20; Isa. 28:16;
se edifica sobre él Mat. 21:42

Las oraciones deben dirigirse Juan 14:6, 13, 14; 1 Tim. 2:5
solo a Jehová por medio de Cristo

No deben usarse imágenes Éxo. 20:4, 5; Lev. 26:1;
religiosas 1 Cor. 10:14; Sal. 115:4-8

Debe evitarse el espiritismo Deu. 18:10-12; Gál. 5:19-21;
Lev. 19:31

Satanás es el gobernante 1 Juan 5:19; 2 Cor. 4:4;
invisible del mundo Juan 12:31

El cristiano no debe participar 2 Cor. 6:14-17; 11:13-15;
en movimientos ecuménicos Gál. 5:9; Deu. 7:1-5

El cristiano debe mantenerse Sant. 4:4; 1 Juan 2:15;
separado del mundo Juan 15:19; 17:16

Hay que obedecer las leyes Mat. 22:20, 21;
humanas que no estén en pugna 1 Ped. 2:12; 4:15
con las de Dios

Introducir sangre en el cuerpo Gén. 9:3, 4; Lev. 17:14;
por la boca o las venas viola Hech. 15:28, 29
las leyes divinas

Deben obedecerse las leyes 1 Cor. 6:9, 10; Heb. 13:4;
bíblicas sobre la moralidad 1 Tim. 3:2; Pro. 5:1-23

La ley del sábado se dio solo Deu. 5:15; Éxo. 31:13;
a Israel y fue abolida junto Rom. 10:4; Gál. 4:9, 10;
con la Ley mosaica Col. 2:16, 17

No debe haber una clase Mat. 23:8-12; 20:25-27;
clerical ni deben usarse Job 32:21, 22
títulos especiales

El hombre no evolucionó; Isa. 45:12;
fue creado Gén. 1:27; Mat. 19:4

Debe servirse a Dios siguiendo 1 Ped. 2:21; Heb. 10:7;
el ejemplo de Cristo Juan 4:34; 6:38

El bautismo por inmersión Mar. 1:9, 10; Juan 3:23;
completa simboliza la dedicación Hech. 19:4, 5
a Dios

Los cristianos dan testimonio Rom. 10:10; Heb. 13:15;
público de la verdad bíblica Isa. 43:10-12
de buena gana

Preguntas que suelen hacer las personas interesadas

Si Dios es amor, ¿por qué permite la maldad?

EN EFECTO, Dios permite la maldad, y millones de seres humanos la practican deliberadamente. Por ejemplo, declaran guerras, matan a niños en los bombardeos, arrasan los terrenos y provocan hambres. Millones fuman y contraen cáncer de pulmón, cometen adulterio y se contagian de enfermedades de transmisión sexual, abusan del alcohol y enferman de cirrosis, por citar algunos casos. Tales personas no desean realmente que se elimine la maldad, sino, más bien, sus consecuencias. Cuando recogen lo que han sembrado, preguntan indignadas: “¿Por qué yo?”, y culpan a Dios. Como dice Proverbios 19:3, “la necedad del hombre malogra sus empresas y luego su corazón se irrita contra Dios” (Pontificio Instituto Bíblico). Por otra parte, si Dios les impidiera seguir practicando el mal, protestarían por la pérdida de libertad.

Jehová permite la maldad principalmente para responder al desafío de Satanás el Diablo. Este alegó que Dios no podía tener a hombres en la Tierra que fueran leales a Él bajo prueba (Job 1:6-12; 2:1-10). Jehová consiente que siga con vida para darle la oportunidad de que pruebe su afirmación (Éxodo 9:16). En su afán por demostrar que tiene razón, el Diablo sigue hoy causando dificultades para que el hombre se vuelva contra Dios (Revelación 12:12). No obstante, al igual que Job y Jesús, los cristianos verdaderos de la actualidad se mantienen íntegros (Job 27:5; 31:6; Mateo 4:1-11; 1 Pedro 1:6, 7).

Quisiera creer en un Paraíso terrenal en el que se vivirá para siempre, pero ¿no es demasiado bueno para ser verdad?

No, según la Biblia. La única razón por la que parece demasiado bueno para ser verdad es que la humanidad vive en condiciones penosas desde hace muchos siglos. Jehová creó la Tierra y mandó a la primera pareja que la llenara de hombres y mujeres justos, personas que cuidaran de la vida vegetal y animal del planeta y conservaran la belleza de este, no que lo destruyeran (véanse las págs. 12, 17). Así pues, la promesa del Paraíso no es tan buena que resulte increíble; lo que sí resultaría increíble sería que las deplorables condiciones de nuestros días se toleraran indefinidamente. Por ello, el Paraíso las reemplazará.

¿Cómo puedo responder a los que se burlan de la Biblia y dicen que está llena de mitos y que carece de rigor científico?

No es credulidad lo que motiva a tener fe en estas promesas. “La fe sigue a lo oído.” Al estudiar la Palabra de Dios, su sabiduría se hace patente y la fe aumenta (Romanos 10:17; Hebreos 11:1).

La arqueología bíblica confirma la exactitud de gran parte de los relatos históricos de las Escrituras. Además, la ciencia verdadera armoniza con la Biblia. Mucho antes de que los científicos lo descubrieran, esta ya indicaba el orden de las etapas por las que pasó nuestro planeta, que la Tierra es redonda, que cuelga de la nada en el espacio y que las aves realizan viajes migratorios (Génesis, capítulo 1; Isaías 40:22; Job 26:7; Jeremías 8:7).

El cumplimiento de las profecías demuestra que la Biblia es inspirada por Dios. Daniel predijo el ascenso y la caída de potencias mundiales, así como el año de la llegada y el de la muerte del Mesías (Daniel, capítulos 2, 8; 9:24-27). Hoy se están cumpliendo otras profecías, las cuales indican que vivimos en “los últimos días” (2 Timoteo 3:1-5; Mateo, capítulo 24). El hombre no posee tal presciencia (Isaías 41:23). Encontrará más argumentos en los libros La Biblia... ¿la Palabra de Dios, o palabra del hombre? y ¿Existe un Creador que se interese por nosotros?, editados por Watchtower Bible and Tract Society.

¿Qué tengo que hacer para poder contestar preguntas sobre la Biblia?

Estudiarla, meditar sobre su contenido y, a la vez, pedir a Dios que Su espíritu lo guíe (Proverbios 15:28; Lucas 11:9-13). “Si alguno de ustedes tiene deficiencia en cuanto a sabiduría —dice la Biblia—, que siga pidiéndole a Dios, porque él da generosamente a todos, y sin echar en cara; y le será dada.” (Santiago 1:5.) También vale la pena consultar publicaciones para el estudio de la Biblia. Por lo general se necesita asimismo la ayuda de otras personas, como la que Felipe ofreció a un etíope (Hechos 8:26-35). Los testigos de Jehová dan cursos bíblicos gratuitos a domicilio a quienes les interesa. Puede solicitar dicho servicio cuando desee.

¿Por qué se oponen tantas personas a los testigos de Jehová y me dicen que no estudie con ellos?

Jesús encontró oposición cuando predicaba, y dijo que a sus seguidores les ocurriría lo mismo. En una ocasión, ciertos hombres quedaron impresionados con la enseñanza de Jesús, y los opositores religiosos les dijeron: “Ustedes no se han dejado extraviar también, ¿verdad? Ni uno de los gobernantes o de los fariseos ha puesto fe en él, ¿verdad?” (Juan 7:46-48; 15:20). Muchas personas que le aconsejan dejar de estudiar con los Testigos, o no están bien informadas, o tienen prejuicios. Estudie con ellos y vea por sí mismo si aumenta su conocimiento de la Biblia o no (Mateo 7:17-20).

¿Por qué visitan los Testigos a gente que ya tiene su religión?

Porque siguen el ejemplo de Jesús. Él predicó a los judíos, quienes tenían una religión, aunque en muchos aspectos esta se había desviado de la Palabra de Dios (Mateo 15:1-9). En todas las naciones se practica algún tipo de religión, se llame o no cristiana. Sin embargo, es esencial que las creencias personales estén en conformidad con la Palabra de Dios, de modo que la ayuda que los Testigos brindan a la gente con ese fin constituye una muestra de amor al prójimo.

¿Creen los Testigos que la única religión verdadera es la suya?

Toda persona que tome en serio su religión debería creer que es la verdadera. ¿Por qué practicarla si no fuera así? La Biblia aconseja a los cristianos: “Asegúrense de todas las cosas; adhiéranse firmemente a lo que es excelente” (1 Tesalonicenses 5:21). Uno debe asegurarse de que sus creencias están fundadas en la Biblia, ya que solo existe una fe verdadera. Efesios 4:5 lo confirma al hablar de “un Señor, una fe, un bautismo”. Jesús no aprobaba la opinión liberal, tan común en nuestros días, de que hay muchos caminos, muchas religiones, y todos llevan a la salvación. Dijo, más bien: “Angosta es la puerta y estrecho el camino que conduce a la vida, y pocos son los que la hallan”. Los testigos de Jehová creen que la han encontrado. Si no fuera así, buscarían otra religión (Mateo 7:14).

¿Creen que son los únicos que se salvarán?

No. Millones de personas que vivieron en siglos pasados y que no eran testigos de Jehová resucitarán y recibirán la oportunidad de obtener la vida. Muchas que están vivas ahora pueden ponerse de parte de la verdad y la justicia antes de la “gran tribulación” y así salvarse. Además, Jesús dijo que no debemos juzgar al prójimo. Nosotros vemos la apariencia; Dios ve el corazón. Él conoce todos los factores y juzga con misericordia. Ha dejado el juicio en las manos de Jesús, no en las nuestras (Mateo 7:1-5; 24:21; 25:31).

¿Qué contribuciones monetarias se esperan de los que asisten a las reuniones de los testigos de Jehová?

El apóstol Pablo dijo con respecto a las contribuciones monetarias: “Que cada uno haga tal como lo ha resuelto en su corazón, no de mala gana ni como obligado, porque Dios ama al dador alegre” (2 Corintios 9:7). Ni en los Salones del Reino ni en los lugares donde celebran las asambleas los testigos de Jehová se hacen jamás colectas. Solo se colocan cajas para que ofrezcan sus donativos aquellos que así lo deseen. Nadie sabe ni quiénes contribuyen ni la cantidad contribuida. Algunos pueden aportar más que otros; tal vez haya quienes no puedan dar nada. Jesús mostró el debido criterio a este respecto en un comentario que hizo sobre los que contribuían en las arcas de la tesorería de Jerusalén. Indicó que lo importante no es la cantidad de dinero que se ofrece, sino las posibilidades de la persona y el espíritu con el que da (Lucas 21:1-4).

Si me hago testigo de Jehová, ¿tendré que predicar como ellos?

Cuando la promesa del Paraíso terrestre bajo la dominación del Reino de Cristo llega al corazón de la persona, esta se siente impulsada a hablar de ello, pues es una buena noticia. A usted le sucederá lo mismo (Hechos 5:41, 42).

La participación en la obra de predicar es una de las principales pruebas de que se es discípulo de Jesucristo. La Biblia llama a este “el testigo fiel y verdadero”. Cuando estuvo en la Tierra, Jesús predicó el mensaje: “El reino de los cielos se ha acercado”, y dijo a sus discípulos que hicieran lo mismo (Revelación 3:14; Mateo 4:17; 10:7). Posteriormente les mandó: “Vayan, por lo tanto, y hagan discípulos de gente de todas las naciones, [...] enseñándoles”. También predijo que antes del fin, “estas buenas nuevas del reino se [predicarían] en toda la tierra habitada para testimonio a todas las naciones” (Mateo 24:14; 28:19, 20).

Hay muchas formas de anunciar las buenas nuevas. A menudo se presenta la oportunidad de hacerlo en conversaciones con amigos y conocidos. Hay quienes predican por carta o por teléfono. Otros envían por correo a sus conocidos ciertas publicaciones que piensan que pueden interesarles. Y como no desean pasar por alto a nadie, los Testigos llevan el mensaje de casa en casa.

La Biblia contiene esta afectuosa invitación: “El espíritu y la novia siguen diciendo: ‘¡Ven!’. Y cualquiera que oiga, diga: ‘¡Ven!’. Y cualquiera que tenga sed, venga; cualquiera que desee, tome gratis el agua de la vida” (Revelación 22:17). El testimonio acerca del Paraíso terrestre y de sus bendiciones debe darse por voluntad propia, porque se tenga el vivo deseo de hablar de las buenas nuevas.

Estamos seguros de que tiene más preguntas sobre los testigos de Jehová y sus creencias. Algunas pudieran ser de naturaleza polémica. Por falta de espacio, no podemos contestarlas aquí todas como quisiéramos, de modo que lo invitamos a plantearlas a los Testigos de su localidad, bien en el Salón del Reino, bien cuando lo visiten en su hogar.

Jehová

Definición: El nombre personal del único Dios verdadero. Es el nombre que él mismo se ha dado. Jehová es el Creador y —con todo derecho— el Gobernante Soberano del universo. “Jehovᔠes la traducción del tetragrámaton hebreo, ????, que significa “Él causa que llegue a ser”. Esas cuatro letras hebreas se representan en muchos idiomas con las letras JHVH o YHWH.

¿Dónde se halla el nombre de Dios en las traducciones de la Biblia que se usan comúnmente hoy día?

La Versión Torres Amat: El nombre de Jehová se halla en Salmo 82:19 (83:18); Isaías 42:8; pero usa “ADONAI” en Éxodo 6:3; y sustituye el nombre de Dios por “Señor” en la mayoría de los casos.

Versión Moderna: En esta traducción se usa consecuentemente el nombre Jehová en las Escrituras Hebreas, comenzando en Génesis 2:4. También aparece en una nota al margen en Hebreos 1:10.

La Biblia al Día: El nombre de Jehová aparece en Éxodo 3:15, 6:3. Véanse también Génesis 22:14, Éxodo 17:15, Jueces 6:24 y Ezequiel 48:35. (Pero si esta traducción de la Biblia y otras traducciones usan el nombre “Jehovᔠen varios lugares, ¿por qué no son consecuentes y lo emplean en todos los lugares en que aparece el tetragrámaton en el texto hebreo?)

Traducción de Felipe Scío de San Miguel: En una nota sobre Éxodo 6:3 dice: “Jehovah [...] Este nombre Adonai no se debe tomar en su propia significación, que es Señor, sino como está en el hebreo ???? [...] Era tan grande la veneración que le profesaban, considerándole como el propio y esencial de Dios, y como la raíz y fundamento de los otros nombres del Señor, que solamente el Sumo Pontífice solía pronunciarlo públicamente cuando bendecía al pueblo en el templo [...] Después de la ruina del templo cesó enteramente de pronunciarse, y así se olvidó su primitiva y verdadera pronunciación; de donde se originó la variedad de opiniones, que hay en esta parte entre los Expositores”. En esta versión también se usa el nombre Jehovah en notas sobre otros textos. Véanse, por ejemplo, las notas sobre Génesis 17:1, Éxodo 34:5 e Isaías 42:8. (Es interesante notar que The Catholic Encyclopedia, 1913, tomo VIII, pág. 329, declara: “Jehovah, el nombre propio de Dios en el Antiguo Testamento; por consiguiente los judíos lo llamaban el nombre por excelencia, el gran nombre, el único nombre”.)

El libro del pueblo de Dios, la Biblia, por Levoratti-Trusso: Dice en la nota sobre Génesis 4:26 “‘El Señor’: siguiendo una costumbre judía, algunas versiones antiguas y modernas de la Biblia sustituyen con esta expresión el nombre del Dios de Israel, que en el texto hebreo aparece solamente con sus cuatros consonantes: YHWH. Hacia el siglo IV a. C., los Judíos dejaron de pronunciar ese nombre y lo sustituyeron por Adonai, “el Señor”. De allí que sea difícil saber cómo se lo pronunciaba realmente aunque varios indicios sugieren que la pronunciación correcta es Yahvé”. (Véase también la nota sobre Éxodo 3:13-15.)

Biblia de Jerusalén: El tetragrámaton se traduce Yahvéh, comenzando en Génesis 2:4, que es el primer lugar donde aparece.

Traducción del Nuevo Mundo: En esta traducción se usa el nombre Jehová tanto en las Escrituras Hebreas como en las Escrituras Griegas Cristianas, y aparece un total de 7.210 veces.

Traducción de Cantera-Iglesias: En Génesis 2:4, 5; 3:11, 14, y en otros lugares usa Yahveh seguido por “’Elohim”.

La Versión Valera: El nombre Jehová aparece por todas las Escrituras Hebreas. También en la nota al margen (versión de 1977) en Mateo 26:64.

The Emphatic Diaglott de Benjamin Wilson: El nombre Jehová (escrito: Jehovah) se halla en Mateo 21:9 y en otros 17 lugares en esta traducción en inglés de las Escrituras Griegas Cristianas.

El Nuevo Testamento, por Pablo Besson: El nombre Jehová aparece unas 120 veces (Yahvé, y variantes, 4 veces) en el Índice de las citas.

The Holy Scriptures According to the Masoretic Text—A New Translation (Las Santas Escrituras según el texto masorético—Una nueva traducción), versión en inglés por la Sociedad de Publicaciones Judías de América, Max Margolis editor en jefe: En Éxodo 6:3 aparece el tetragrámaton hebreo en el texto inglés.

La Nueva Biblia, Latinoamérica: Se puede hallar el nombre Yavé por todas las Escrituras Hebreas, y en una nota sobre Éxodo 3:15 se afirma que los judíos cambiaron la escritura Yavé por Yehovah.

Versión Popular: No utiliza el nombre de Dios, pero en una nota sobre Éxodo 6:2 dice: “EL SEÑOR. Siguiendo las tradiciones judía y cristiana antiguas, se ha traducido por Señor el nombre divino representado por las cuatro consonantes hebreas YHWH”.

¿A qué se debe que muchas traducciones de la Biblia no usen el nombre personal de Dios, o lo usen sólo unas cuantas veces?

El prefacio de la Revised Standard Version (Versión Normal Revisada, en inglés) explica: “Por dos razones el Comité ha vuelto al uso más familiar empleado por la Versión del Rey Jaime: 1) la palabra ‘Jehovah’ no representa con exactitud ninguna forma del Nombre que se haya usado en hebreo; y 2) el uso de cualquier nombre propio para el Dios que es uno y único, como si hubiera otros dioses de los cuales él tuviera que ser distinguido, fue descontinuado en el judaísmo antes de la era cristiana y es enteramente inapropiado para la fe universal de la Iglesia Cristiana”. (Así, han confiado en su propio punto de vista en cuanto a lo que es apropiado como la base para remover de la Santa Biblia el nombre personal del Autor Divino de ella, cuyo nombre aparece en el hebreo original más a menudo que cualquier otro nombre o cualquier título. Reconocen que siguen el ejemplo de los partidarios del judaísmo, de quienes Jesús dijo: “Han invalidado ustedes la palabra de Dios a causa de su tradición”. [Mat. 15:6.])

Los traductores que se han sentido obligados a incluir el nombre personal de Dios por lo menos una vez, o quizás varias veces, en el texto principal, aunque no lo hagan todas las veces que el nombre aparece en hebreo, evidentemente han seguido el ejemplo de William Tyndale, quien incluyó el nombre divino en su traducción del Pentateuco, publicada en 1530, rompiendo así con la práctica de excluir completamente el nombre de Dios.

¿Utilizaron el nombre Jehová los escritores inspirados de las Escrituras Griegas Cristianas?

Jerónimo, del cuarto siglo, escribió: “Mateo, quien también es Leví, y quien de publicano llegó a ser apóstol, compuso primero un Evangelio de Cristo en Judea en el lenguaje y caracteres hebreos para beneficio de los circuncisos que habían creído” (De viris inlustribus, cap. III). Este Evangelio contiene 11 citas directas de porciones de las Escrituras Hebreas en las que se halla el tetragrámaton. No hay razón para creer que Mateo no citara los pasajes tal como estaban escritos en el texto hebreo del cual citó.

Otros escritores inspirados que contribuyeron al contenido de las Escrituras Griegas Cristianas citaron centenares de pasajes de la Septuaginta, una traducción al griego de las Escrituras Hebreas. Muchos de estos pasajes contenían el tetragrámaton hebreo en el mismísimo texto griego de las copias primitivas de la Septuaginta o Versión de los Setenta. En conformidad con la propia actitud de Jesucristo con relación al nombre de su Padre, los discípulos de Jesús retendrían ese nombre en esas citas. (Compárese con Juan 17:6, 26.)

En Journal of Biblical Literature, George Howard, de la Universidad de Georgia (E.U.A.), escribió: “Es realidad conocida que los judíos de habla griega continuaron escribiendo ???? en sus Escrituras en griego. Además, parece muy poco probable que los primeros cristianos de entre los judíos de habla griega, que serían conservadores, siguieran una práctica diferente. Aunque en referencias secundarias a Dios ellos probablemente usaron los vocablos [Dios] y [Señor], hubiera sido extremadamente raro el que hubieran removido del texto bíblico mismo el tetragrámaton. [...] Puesto que el tetragrámaton todavía se escribía en las copias de la Biblia griega que componía las Escrituras de la iglesia primitiva, es razonable creer que los escritores del N[uevo] T[estamento], al citar de la Escritura, conservaron el tetragrámaton en el texto bíblico. [...] Pero cuando fue removido del A[ntiguo] T[estamento] griego, fue removido también de las citas del A[ntiguo] T[estamento] en el N[uevo] T[estamento]. Así, pues, para algún tiempo al principio del siglo segundo el uso de reemplazos [sustitutivos para el nombre de Dios] tiene que haber desplazado al tetragrámaton en ambos testamentos” (vol. 96, núm. 1, marzo de 1977, págs. 76, 77).

¿Cuál es la forma correcta del nombre divino... Jehová (Jehovah), o Yavé (también escrito Yahvé, Yahvéh y Yahweh)?

Ningún humano hoy día puede estar seguro de cómo se pronunciaba originalmente en hebreo. ¿Por qué no? El hebreo de la Biblia se escribía originalmente sólo con consonantes, sin vocales. Cuando el idioma se usaba todos los días, los lectores fácilmente suplían las vocales correspondientes. Sin embargo, con el tiempo los judíos cultivaron la idea supersticiosa de que era incorrecto pronunciar en voz alta el nombre personal de Dios, y por eso usaron expresiones sustitutivas. Siglos más tarde, eruditos judíos desarrollaron un sistema de puntuación por medio del cual indicaban las vocales que se debían usar cuando se leía el hebreo antiguo, pero pusieron las vocales correspondientes a las expresiones sustitutivas alrededor de las cuatro consonantes que representaban el nombre divino. De modo que la pronunciación original del nombre divino se perdió.

Muchos escriturarios favorecen la grafía “Yahweh”, pero hay incertidumbre, y no existe acuerdo entre ellos. Por otro lado, “Jehovᔠes la forma del nombre que más rápidamente se reconoce, porque se ha usado en español por siglos, y cuando se escribe con “h” final, al igual que otras formas, conserva las cuatro consonantes del tetragrámaton hebreo.

En The Emphasised Bible (La Biblia con énfasis), J. B. Rotherham usó la forma Yahweh por todas las Escrituras Hebreas. Sin embargo, posteriormente usó la forma “Jehovah” en sus Studies in the Psalms (Estudios sobre los Salmos). Explicó: “JEHOVAH... El empleo de esta forma inglesa del nombre Conmemorativo [...] en la actual versión del Salterio no brota de duda alguna en cuanto a la pronunciación más correcta, que es Yahwéh; más bien, únicamente de evidencia práctica, seleccionada personalmente, de lo deseable que es mantener la comunicación con el oído y el ojo públicos en un asunto de esta clase, en que lo principal es la intención de que se reconozca fácilmente el nombre Divino” (Londres, 1911, pág. 29).

Después de considerar varias pronunciaciones del nombre, el profesor alemán Gustav Friedrich Oehler llegó a esta conclusión: “Desde este punto en adelante uso la palabra Jehovah, porque la realidad es que este nombre en la actualidad ha llegado a estar más naturalizado en nuestro vocabulario, y no puede ser reemplazado” (Theologie des Alten Testaments, segunda edición, Stuttgart, 1882, pág. 143).

El erudito jesuita Paul Joüon declara: “En nuestras traducciones, en lugar de la forma (hipotética) Yahweh, hemos usado la forma Jéhovah [...] que es la forma literaria convencional que se usa en francés” (Grammaire de l’hébreu biblique, Roma, 1923, nota al pie de la pág. 49).

Muchos nombres cambian hasta cierto grado en la traducción de un idioma a otro. Jesús nació judío, y su nombre en hebreo quizás se pronunciaba Ye·shu´a', pero los escritores inspirados de las Escrituras Cristianas no titubearon en usar la forma griega del nombre, I·e·sous´. En la mayoría de los otros idiomas, la pronunciación es levemente diferente, pero usamos libremente la forma que es común en nuestra lengua. Lo mismo aplica en el caso de otros nombres bíblicos. Entonces, ¿cómo podemos mostrar el debido respeto por Aquel a quien pertenece el más importante de todos los nombres? ¿Sería mediante nunca pronunciar ni escribir Su nombre porque no sabemos exactamente cómo se pronunciaba originalmente? Más bien, ¿no sería mediante usar la pronunciación y la forma de escribirlo que sean más comunes en nuestro idioma, a la vez que hablamos bien del Poseedor de ese nombre y, como adoradores de Él, nos comportamos de una manera que lo honre?

¿Por qué es importante conocer el nombre de Dios y usarlo?

¿Tiene usted una relación íntima con alguien cuyo nombre personal desconozca? Para las personas que creen que Dios no tiene nombre, a menudo él es simplemente una fuerza impersonal, no una persona real, no alguien a quien ellas conozcan y amen y a quien puedan hablar desde el corazón en oración. Si oran, sus oraciones son sencillamente una ceremonia, una repetición formalista de expresiones aprendidas de memoria.

Los cristianos verdaderos han recibido de parte de Jesús la comisión de hacer discípulos de gente de todas las naciones. Cuando se enseña a estas personas, ¿cómo podrían ellas identificar al Dios verdadero como diferente de los dioses falsos de las naciones? Solamente mediante Su nombre personal, como lo hace la Biblia misma. (Mat. 28:19, 20; 1 Cor. 8:5, 6.)

Éxo. 3:15: “Dios le dijo [...] a Moisés: ‘Esto es lo que habrás de decir a los hijos de Israel: “Jehová el Dios de sus antepasados [...] me ha enviado a ustedes.” Este es mi nombre hasta tiempo indefinido, y éste es el memorial de mí a generación tras generación.’”

Isa. 12:4: “¡Den gracias a Jehová! Invoquen su nombre. Den a conocer entre los pueblos sus tratos. Hagan mención de que su nombre está puesto en alto.”

Eze. 38:17, 23: “Esto es lo que ha dicho el Señor Soberano Jehová: ‘[...] Y ciertamente me engrandeceré y me santificaré y me daré a conocer delante de los ojos de muchas naciones; y tendrán que saber que yo soy Jehová.’”

Mal. 3:16: “Los que estaban en temor de Jehová hablaron unos con otros, cada uno con su compañero, y Jehová siguió prestando atención y escuchando. Y un libro de recuerdo empezó a ser escrito delante de él para los que estaban en temor de Jehová y para los que pensaban en su nombre.”

Juan 17:26: “[Jesús dijo en oración a su Padre:] Yo les [es decir, a sus seguidores] he dado a conocer tu nombre y lo daré a conocer, para que el amor con que me amaste esté en ellos y yo en unión con ellos.”

Hech. 15:14: “Simeón ha contado cabalmente cómo Dios por primera vez dirigió su atención a las naciones para tomar de entre ellas un pueblo para su nombre.”

¿Es el Jehová del “Antiguo Testamento” el Jesucristo del “Nuevo Testamento”?

Mat. 4:10: “Jesús le dijo: ‘¡Vete, Satanás! Porque está escrito: “Es a Jehová [“al Señor”, VV y otras] tu Dios que tienes que adorar, y es a él solo que tienes que rendir servicio sagrado.”’” (Es obvio que Jesús no estaba diciendo que era a él mismo a quien se debía adorar.)

Juan 8:54: “Jesús contestó [a los judíos] ‘Si yo me glorifico a mí mismo, mi gloria no es nada. Es mi Padre quien me glorifica, el que ustedes dicen que es su Dios.’” (Las Escrituras Hebreas identifican claramente a Jehová como el Dios a quien los judíos afirmaban adorar. Jesús no dijo que él fuera Jehová, sino que Jehová era su Padre. Aquí Jesús hizo muy claro que él y su Padre eran distintos.)

Sal. 110:1: “La expresión de Jehová a mi Señor [el Señor de David] es: ‘Siéntate a mi diestra hasta que coloque a tus enemigos como banquillo para tus pies.’” (En Mateo 22:41-45, Jesús explicó que él mismo era el “Señor” de David, a quien se hace referencia en el Salmo. De modo que Jesús no es Jehová, sino que es aquel a quien Jehová dirigió esas palabras.)

Fili. 2:9-11: “Por esta misma razón también Dios lo ensalzó [a Jesucristo] a un puesto superior y bondadosamente le dio el nombre que está por encima de todo otro nombre, para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en el cielo y de los que están sobre la tierra y de los que están debajo de la tierra, y reconozca abiertamente toda lengua que Jesucristo es Señor para la gloria de Dios el Padre. [TA dice: “[...] toda lengua confiese, que el Señor Jesucristo está en la gloria de Dios Padre”. Kx y Scío dicen de manera similar, pero la nota al pie de la página en Kx reconoce lo siguiente: “[...] tal vez se vierta más naturalmente el griego si se dice ‘para gloria,’” y NBE y NC lo vierten de esa manera.] (Nótese que aquí se muestra que Jesucristo es diferente de Dios el Padre y está en sujeción a Él.)

¿Cómo puede alguien amar a Jehová si también tiene que temerle?

La Biblia nos dice que debemos amar a Jehová (Luc. 10:27) y temerle (1 Ped. 2:17; Pro. 1:7; 2:1-5; 16:6). Un temor saludable a Dios hará que seamos sumamente cuidadosos para no incurrir en su disfavor. Nuestro amor por él nos moverá a querer hacer las cosas que le agradan, a expresar nuestro agradecimiento por las incontables expresiones de su amor y de su bondad inmerecida para con nosotros.

Ilustraciones: Es correcto que un hijo tema desagradar a su padre, pero la gratitud por todo lo que su padre hace por él también debe mover al hijo a expresar amor verdadero a su padre. Un buzo puede decir que ama el mar, pero un temor sano al mar le ayuda a comprender que hay ciertas cosas que debe evitar. De manera semejante, nuestro amor a Dios debe ir aunado a un temor sano de hacer cualquier cosa que hubiera de acarrearnos el desagrado de Dios.

El nombre de Dios... su significado y pronunciación

UNO de los escritores de la Biblia preguntó: “¿Quién ha recogido el viento en el hueco de ambas manos? ¿Quién ha envuelto las aguas en un manto? ¿Quién ha hecho que todos los cabos de la tierra se levanten? ¿Cuál es su nombre y cuál el nombre de su hijo, si acaso lo sabes?” (Proverbios 30:4). ¿Cómo podemos nosotros descubrir cuál es el nombre de Dios? Ésa es una pregunta importante. La creación es prueba sólida de que Dios tiene que existir, pero no nos dice su nombre (Romanos 1:20). De hecho, nunca pudiéramos conocer el nombre de Dios a menos que el Creador mismo nos lo dijera. Y él ha hecho eso en su propio Libro, la Santa Biblia.

En una ocasión célebre, Dios pronunció su propio nombre y lo repitió al alcance del oído de Moisés. Moisés escribió un relato de aquel acontecimiento, y éste se ha conservado en la Biblia hasta nuestros días (Éxodo 34:5). Dios hasta escribió su nombre con su propio “dedo”. Cuando había dado a Moisés lo que hoy llamamos los Diez Mandamientos, Dios los puso por escrito mediante un milagro. El registro dice: “Ahora bien, tan pronto como [Dios] hubo acabado de hablar con él en el monte Sinaí, procedió a darle a Moisés dos tablas del Testimonio, tablas de piedra en las que estaba escrito por el dedo de Dios” (Éxodo 31:18). El nombre de Dios aparece ocho veces en los Diez Mandamientos originales (Éxodo 20:1-17). Así, Dios mismo ha revelado su nombre a la humanidad, tanto verbalmente como por escrito. Por eso, ¿cuál es ese nombre?

En hebreo se escribe ????. Estas cuatro letras, llamadas el Tetragrámaton, se leen de derecha a izquierda en hebreo, y pueden representarse en muchos idiomas modernos como YHWH, YHVH o JHVH. El nombre de Dios, representado por estas cuatro consonantes, aparece casi 7.000 veces en el “Antiguo Testamento” original, o las Escrituras Hebreas.

Ese nombre es una forma de un verbo hebreo, hawáh (???), que significa “llegar a ser”, y de hecho da el sentido de “Él Causa que Llegue a Ser”. Así, pues, el nombre de Dios lo identifica como Aquel que cumple progresivamente sus promesas y realiza infaliblemente sus propósitos. Solo el Dios verdadero podría llevar un nombre tan significativo.

¿Recuerda usted las diferentes maneras como apareció el nombre de Dios en Salmo 83:18, como indicamos en la sección previa (página 5)? Una de aquellas traducciones tenía un simple título (“el Señor”) como sustitutivo para el nombre de Dios. Pero en dos de ellas, que tenían Yahvéh y Yahweh, usted puede ver las cuatro letras del nombre de Dios; lo mismo sucede con la forma Jehová cuando, a veces, se escribe Jehovah. Sin embargo, hay diferencia en la pronunciación de estas diversas formas del nombre. ¿Por qué?

¿Cómo se pronuncia el nombre de Dios?

La verdad es que nadie sabe con certeza cómo se pronunciaba originalmente el nombre de Dios. ¿Por qué no? Pues bien, el primer lenguaje que se usó al escribir la Biblia fue el hebreo, y cuando el idioma hebreo se ponía por escrito los escritores solo escribían consonantes, no vocales. Por eso, cuando los escritores inspirados escribieron el nombre de Dios, naturalmente hicieron lo mismo y solo pusieron por escrito las consonantes.

Mientras el hebreo antiguo fue un idioma de uso cotidiano esto no presentó problema alguno. Los israelitas estaban familiarizados con la pronunciación del Nombre, y cuando lo veían escrito suplían las vocales sin pensarlo (tal como, para un lector de habla española, la abreviatura “afmo.” representa “afectísimo” y “km” representa “kilómetro”).

Esta situación cambió debido a dos sucesos. Primero, entre los judíos surgió la idea supersticiosa de que era malo pronunciar el nombre divino en voz alta; por eso, cuando llegaban a él en su lectura de la Biblia pronunciaban la palabra hebrea ’Adhonaí (“Señor Soberano”). Además, con el transcurso del tiempo el mismísimo idioma hebreo antiguo cesó de usarse en la conversación diaria, y así llegó el tiempo en que la pronunciación original hebrea del nombre de Dios pasó al olvido.

Para impedir que se perdiera la pronunciación del lenguaje hebreo en general, eruditos judíos de la mitad posterior del primer milenio E.C. inventaron un sistema de puntos para representar las vocales que faltaban, y colocaron los puntos alrededor de las consonantes en la Biblia hebrea. Así, ambas cosas, vocales y consonantes, se escribieron, y se conservó la pronunciación como se efectuaba en aquel tiempo.

En lo referente al nombre de Dios, en vez de colocar los signos vocálicos apropiados alrededor de él, en la mayoría de los casos pusieron otros signos vocálicos para recordar al lector que debería decir ’Adhonaí. De esto vino la grafía Iehouah, y, con el tiempo, la pronunciación aceptada del nombre divino en español llegó a ser Jehová. Cuando esta forma de pronunciar el nombre se escribe con “h” final, Jehovah, exhibe los elementos esenciales del nombre de Dios tomados del hebreo original.

¿Cuál pronunciación usará usted?

Sin embargo, ¿de dónde vinieron pronunciaciones como Yahweh y Yahvéh? Éstas son formas sugeridas por eruditos modernos que han tratado de deducir la pronunciación original del nombre de Dios. Algunos —pero no todos— creen que los israelitas de antes del tiempo de Jesús probablemente daban al nombre de Dios la pronunciación Yahweh o Yahvéh. Pero nadie puede estar seguro de eso. Pudiera ser que lo pronunciaran así, y pudiera ser que no.

Con todo, muchas personas prefieren la pronunciación Jehová, escrita a veces también Jehovah. ¿Por qué? Porque tiene un uso generalizado y un aspecto familiar que Yahweh o Yahvéh no tienen. Sin embargo, ¿no sería mejor usar la forma que pudiera estar más cerca de la pronunciación original? Realmente no, porque eso no es lo que se acostumbra hacer con los nombres bíblicos.

Para considerar el ejemplo más prominente, piense en el nombre de Jesús. ¿Sabe usted cómo llamaban a Jesús en la conversación cotidiana su familia y los amigos de él mientras Jesús crecía en Nazaret? La verdad es que ningún ser humano sabe eso con seguridad, aunque puede haber sido algo como Yeshua (o quizá Yehoshua). Ciertamente no era Jesús.

Sin embargo, cuando los relatos de la vida de Jesús fueron escritos en griego, los escritores inspirados no trataron de conservar aquella pronunciación hebrea original. Más bien, vertieron el nombre en griego: Iesóus. Hoy se vierte de diferentes maneras según el lenguaje del lector de la Biblia. Los que leen la Biblia en inglés encuentran Jesus (pronunciación aproximada: Yisos). Los italianos lo escriben Gesù (pronunciación aproximada: Yesú). Y los alemanes lo escriben Jesus (pronunciación aproximada: Yesus).

¿Tenemos que dejar de usar el nombre de Jesús porque la mayoría de nosotros —o hasta todos nosotros— realmente ignoramos cómo se pronunciaba originalmente? Hasta ahora, ningún traductor ha sugerido que se haga eso. Nos agrada usar el nombre, porque éste identifica al Hijo amado de Dios, Jesucristo, quien dio su sangre vital por nosotros. ¿Sería honrar a Jesús el quitar de la Biblia toda mención de su nombre y reemplazarla con un simple título como “Maestro” o “Mediador”? ¡Por supuesto que no! Podemos vernos en relación con Jesús cuando usamos su nombre de la manera como comúnmente se pronuncia en nuestro idioma.

Se pudiera comentar de modo similar en cuanto a todos los nombres que leemos en la Biblia. Los pronunciamos en nuestro propio idioma y no tratamos de imitar la pronunciación original. Así, decimos “Jeremías”, no Yirmeyahu. También decimos Isaías, aunque en su propio día a este profeta probablemente lo conocían como Yesha-yahu. Hasta eruditos que están al tanto de la pronunciación original de estos nombres utilizan la pronunciación moderna, no la antigua, cuando hacen referencia a ellos.

Y lo mismo es verdad respecto al nombre Jehová. Aunque la pronunciación moderna Jehová quizá no sea exactamente la manera como se pronunciaba originalmente el nombre, esto de ninguna manera detrae de la importancia del nombre. Identifica al Creador, el Dios vivo, el Altísimo a quien Jesús dijo: “Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre”. (Mateo 6:9.)

“No puede ser reemplazado”

Aunque muchos traductores favorecen la pronunciación Yahweh o Yahvéh, la Traducción del Nuevo Mundo y varias otras traducciones continúan utilizando la forma Jehová porque la gente ha estado familiarizada con esa forma por siglos. Además, en algunas ediciones de esta traducción, que usan la forma Jehovah, se conservan, al igual que en otras formas, las cuatro letras del Tetragrámaton, YHWH, YHVH o JHVH.

En época anterior, el profesor alemán Gustav Friedrich Oehler tomó una decisión similar por más o menos la misma razón. Él consideró varias pronunciaciones y llegó a esta conclusión: “Desde este punto en adelante uso la palabra Jehovah, porque la realidad es que este nombre en la actualidad ha llegado a estar más naturalizado en nuestro vocabulario, y no puede ser reemplazado”. (Theologie des Alten Testaments [Teología del Antiguo Testamento], segunda edición, publicada en 1882, página 143.)

De modo semejante, en su Grammaire de l’hébreu biblique (Gramática del hebreo bíblico), edición de 1923, en una nota al pie de la página 49, el erudito jesuita Paul Joüon declara: “En nuestras traducciones, en lugar de la forma (hipotética) Yahweh, hemos usado la forma Jéhovah [...] que es la forma literaria convencional que se usa en francés”. En muchos otros idiomas los traductores de la Biblia usan una forma similar, como lo indica el recuadro en la página 8.

Entonces, ¿es incorrecto utilizar una forma como Yahweh o Yahvéh? De ninguna manera. Es solo que la forma Jehová, o Jehovah, probablemente evoque una respuesta más rápida del lector porque es la forma que se ha “naturalizado” en la mayoría de los idiomas. Lo importante es que usemos el nombre y lo declaremos a otras personas. “¡Den gracias a Jehová! Invoquen su nombre. Den a conocer entre los pueblos sus tratos. Hagan mención de que su nombre está puesto en alto.” (Isaías 12:4.)

Veamos cómo han obrado en armonía con este mandato los siervos de Dios a través de los siglos.

[Notas a pie de página]

Véase Apéndice 1A en la edición de 1984 de la Traducción del Nuevo Mundo de las Santas Escrituras en inglés.

Véase Apéndice 1A en la edición de 1984 de la Traducción del Nuevo Mundo de las Santas Escrituras en inglés.

[Recuadro en la página 7]

Diferentes eruditos tienen ideas que varían en cuanto a cómo se pronunciaba originalmente el nombre YHWH.

En The Mysterious Name of Y.H.W.H. (El misterioso nombre de Y.H.W.H.), página 74, el Dr. M. Reisel dijo que “originalmente la lectura del Tetragrámaton con sus vocales debe haber sido YeHuàH o YaHuàH”.

El canónigo D. D. Williams, de Cambridge, sostuvo que la “evidencia indica, o mejor, casi prueba, que la pronunciación verdadera del Tetragrámaton no era Jahwéh [...] El Nombre mismo probablemente era JAHÔH”. (Zeitschrift für die alttestamentliche Wissenschaft [Periódico para conocimiento del Antiguo Testamento], 1936, volumen 54, página 269.)

En el glosario de la Versión de Segond Revisada, en francés, página 9, se da el siguiente comentario: “La pronunciación Yahvé que se usa en algunas traducciones recientes se basa en unos cuantos testigos antiguos, pero éstos no constituyen prueba concluyente. Si se toman en cuenta los nombres personales que incluyen en sí el nombre divino, tales como el nombre hebreo del profeta Elías (Eliyahou), la pronunciación bien pudiera ser Yaho o Yahou”.

En 1749 el escriturario alemán Teller se expresó en cuanto a diferentes pronunciaciones del nombre de Dios que él había leído: “Diodoro de Sicilia, Macrobio, Clemente de Alejandría, San Jerónimo y Orígenes escribieron Jao; los samaritanos, Epifanio, Teodoreto, Jabe, o Jave; Luis Cappel presenta la lectura Javoh; Driesche, Jahve; Hottinger, Jehva; Mercier, Jehovah; Castalión, Jovah; y Leclerc, Jawoh, o Javoh”.

De esto se desprende claramente que ya no se conoce la pronunciación original del nombre de Dios. Y eso en realidad no es importante. Si lo fuera, entonces Dios mismo se habría asegurado de que tal pronunciación se hubiera conservado para que la usáramos. Lo importante es usar el nombre de Dios según su pronunciación convencional en nuestro propio idioma.

[Recuadro en la página 8]

Formas del nombre divino en diferentes idiomas, como muestra de que internacionalmente se acepta la forma Jehová (Jehovah)

alemán - Jehova

awabakal - Yehóa

bugotu - Jihova

cantonés - Yehwowah

danés - Jehova

efik - Jehovah

español - Jehová

fijiano - Jiova

finlandés - Jehova

francés - Jéhovah

futunés - Ihova

holandés - Jehovah

húngaro - Jehova

igbo - Jehova

inglés - Jehovah

italiano - Geova

japonés - Ehoba

maorí - Ihowa

motu - Iehova

mwala-malu - Jihova

narrinyeri - Jehovah

nembe - Jihova

petats - Jihouva

polaco - Jehowa

portugués - Jeová

rumano - Iehova

samoano - Ieova

sotho - Jehova

sueco - Jehova

swahíli - Yehova

tagalo - Jehova

tahitiano - Iehova

tongano - Jihova

vendal - Yehova

xhosa - uYehova

yoruba - Jehofah

zulú - uJehova

[Recuadro en la página 11]

“Jehová”, o “Jehovah”, ha llegado a ser extensamente conocido como el nombre de Dios hasta en contextos no bíblicos.

Franz Schubert compuso la música para el poema lírico titulado “La Omnipotencia”, escrito por Johann Ladislav Pyrker, en el cual el nombre Jehová aparece dos veces. También se utiliza al fin de la última escena de la ópera “Nabucco”, de Verdi.

Además, el oratorio “El rey David”, del compositor francés Arthur Honegger, da prominencia al nombre Jehová, y el renombrado autor francés Victor Hugo lo usó en más de 30 obras suyas. Tanto él como Lamartine escribieron poemas que llevaron el título “Jehová”.

En el libro Deutsche Taler (El tálero alemán), publicado en 1967 por el Banco Federal de Alemania, hay una ilustración de una moneda de las más antiguas con el nombre “Jehovah”, un Reichstaler de 1634 del ducado de Silesia. Respecto a lo representado en el reverso de la moneda, dice: “Bajo el radiante nombre JEHOVAH, levantándose de en medio de nubes, hay un escudo coronado que lleva el blasón silesiano”.

En un museo de Rudolstadt, Alemania Oriental, puede verse sobre el cuello de la armadura que usaba Gustavo Adolfo II, un rey sueco del siglo XVII, el nombre JEHOVAH en letras mayúsculas.

Así, por siglos la forma Jehová (Jehovah) ha sido la forma de pronunciar el nombre de Dios que cuenta con reconocimiento internacional, y la gente que oye esta forma del nombre reconoce instantáneamente de quién se habla. Como dijo el profesor Oehler: “Este nombre ahora ha llegado a estar más naturalizado en nuestro vocabulario, y no puede ser reemplazado”. (Theologie des Alten Testaments [Teología del Antiguo Testamento].)

[Fotografía en la página 6]

Detalle de un ángel con el nombre de Dios, hallado en la tumba del papa Clemente XIII en la Basílica de San Pedro, en el Vaticano

[Fotografía en la página 7]

Se han acuñado muchas monedas con el nombre de Dios. Ésta, con fecha de 1661, es de Nuremberg, Alemania. El texto, en latín, dice: “Bajo la sombra de tus alas”

[Fotografías en la página 9]

En el pasado, el nombre de Dios en la forma del Tetragrámaton fue hecho parte de la decoración de muchos edificios religiosos

Basílica católica en Fourvière, Lyon, Francia

Catedral de Bourges, Francia

Iglesia en La Celle Dunoise, Francia

Iglesia en Digne, en el sur de Francia

Iglesia en São Paulo, Brasil

Catedral de Estrasburgo, Francia

Catedral de San Marcos, Venecia, Italia

El nombre de Jehová como aparece en un monasterio de Bordesholm, Alemania;

en una moneda alemana con fecha de 1635;

sobre la puerta de una iglesia en Fehmarn, Alemania;

y en una lápida de 1845 en Harmannschlag, Baja Austria

Santificado sea tu nombre”... ¿qué nombre?

¿ES USTED persona religiosa? Entonces no hay duda de que usted, como muchas otras personas, cree en un Ser Supremo. Y probablemente respete mucho la bien conocida oración a ese Ser que Jesús enseñó a sus seguidores, y que se conoce como la Oración del Señor, o el Padrenuestro. Esa oración empieza así: “Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu nombre”. (Mateo 6:9, Versión Popular.)

¿Se ha preguntado usted alguna vez por qué Jesús puso en primer lugar en esta oración la santificación del nombre de Dios? Después, él mencionó otras cosas, tales como la venida del Reino de Dios, el que la voluntad de Dios se hiciera en la Tierra y el que se nos perdonaran los pecados. El cumplimiento de estas otras peticiones significará al fin paz duradera en la Tierra y vida eterna para la humanidad. ¿Puede usted pensar en algo que sea más importante que eso? No obstante, Jesús nos dijo que, ante todo, oráramos por la santificación del nombre de Dios.

No fue simplemente por casualidad que Jesús enseñó a sus seguidores a poner en primer lugar en sus oraciones el nombre de Dios. Claramente ese nombre era de gran importancia para él, pues lo mencionó vez tras vez en sus propias oraciones. En cierta ocasión, cuando oraba públicamente a Dios, se le oyó decir: “Padre, glorifica tu Nombre”. Y Dios mismo contestó: “Le he glorificado y de nuevo le glorificaré”. (Juan 12:28, Biblia de Jerusalén.)

La noche antes de su muerte, Jesús estuvo orando a Dios al alcance del oído de sus discípulos, y una vez más éstos le oyeron dar énfasis a la importancia del nombre de Dios. Dijo él: “He manifestado tu Nombre a los que me has dado sacándolos del mundo”. Más tarde, repitió: “Yo les he dado a conocer tu Nombre y se lo seguiré dando a conocer”. (Juan 17:6, 26, BJ.)

¿Por qué tenía tanta importancia para Jesús el nombre de Dios? ¿Por qué mostró él que es importante para nosotros, también, al decirnos que oráramos por su santificación? Para entender esto, tenemos que darnos cuenta del punto de vista que se tenía de los nombres en los tiempos bíblicos.

Los nombres en tiempos bíblicos

Es obvio que Jehová Dios puso en el hombre el deseo de dar nombre a las cosas. El primer humano tuvo nombre: Adán. En la historia de la creación, una de las primeras cosas de que se da informe que Adán hizo fue poner nombre a los animales. Cuando Dios le dio esposa a Adán, inmediatamente Adán la llamó “Mujer” (’Ishshah, en hebreo). Después, le dio el nombre de Eva, que significa “Viviente”, porque “ella tenía que llegar a ser la madre de todo el que viviera” (Génesis 2:19, 23; 3:20). Aun hoy día seguimos la costumbre de dar nombre a las personas. En verdad es difícil imaginarnos cómo pudiéramos pasarlo sin nombres.

Sin embargo, en los tiempos de los israelitas los nombres no eran simplemente rótulos. Significaban algo. Por ejemplo, el nombre de Isaac, “Risa”, recordaba la risa que hubo entre sus padres de edad avanzada cuando originalmente oyeron que habrían de tener un hijo (Génesis 17:17, 19; 18:12). El nombre de Esaú significaba “Velludo”, y describía una característica física. Su otro nombre, Edom, “Rojo” o “Rubicundo”, recordaba que él había vendido su primogenitura por un plato de guisado rojo (Génesis 25:25, 30-34; 27:11; 36:1). Jacob, aunque sólo era poco menor que su hermano gemelo, Esaú, compró de Esaú la primogenitura y recibió de su padre la bendición del primogénito. Desde el nacimiento, el significado del nombre de Jacob fue “Asir el Talón” o “Suplantador” (Génesis 27:36). De modo semejante, el nombre de Salomón, durante cuyo reinado Israel disfrutó de paz y prosperidad, significaba “Pacífico”. (1 Crónicas 22:9.)

Así, el Diccionario ilustrado de la Biblia (página 455) declara lo siguiente: “Entre los hebreos, el n[ombre] estaba estrechamente ligado con la existencia. Lo que no tenía n[ombre] no existía. [...] El n[ombre] de un hombre era la expresión de su personalidad”.

El hecho de que para Dios los nombres son importantes se ve en que, mediante un ángel, él instruyó a los que llegarían a ser los padres de Juan el Bautista y Jesús respecto a qué nombre dar a sus hijos (Lucas 1:13, 31). Y hubo ocasiones en que cambió el nombre de ciertas personas, o les dio nombres adicionales, para mostrar el lugar que ocuparían en Su propósito. Por ejemplo, cuando Dios predijo que su siervo Abrán (“Padre de Ensalzamiento”) llegaría a ser padre de muchas naciones, cambió el nombre de Abrán a Abrahán (“Padre de una Multitud”). Y cambió el nombre de la esposa de Abrahán, Sarai (“Contenciosa”), a Sara (“Princesa”), puesto que ella sería madre de la descendencia de Abrahán. (Génesis 17:5, 15, 16; compárese con Génesis 32:28; 2 Samuel 12:24, 25.)

También Jesús reconoció la importancia de los nombres, y se refirió al nombre de Pedro al darle un privilegio de servicio (Mateo 16:16-19). Hasta las criaturas de la región espiritual tienen nombres. Dos a quienes se menciona en la Biblia son Gabriel y Miguel (Lucas 1:26; Judas 9). Y cuando el hombre pone nombre a cosas inanimadas tales como estrellas, planetas, pueblos, montañas y ríos, simplemente está imitando a su Creador. Por ejemplo, la Biblia nos dice que Dios llama por nombre a todas las estrellas. (Isaías 40:26.)

Sí; los nombres son importantes para Dios, y él puso en el hombre el deseo de identificar a las personas y las cosas mediante nombres. Por eso, ángeles, personas, animales, así como astros y otras cosas inanimadas, tienen nombre. ¿Hubiera sido consecuente el que el Creador de todas estas cosas se dejara a sí mismo sin nombre? Por supuesto que no, especialmente cuando se consideran estas palabras del salmista: “Bendiga toda carne el santo nombre de [Dios] hasta tiempo indefinido, aun para siempre”. (Salmo 145:21.)

The New International Dictionary of New Testament Theology (El nuevo diccionario internacional de teología del Nuevo Testamento), tomo 2, página 649, dice: “Uno de los rasgos más fundamentales y esenciales de la revelación bíblica es el hecho de que Dios no está sin nombre: tiene un nombre personal, por el cual se le puede, y debe, invocar”. Jesús ciertamente tenía presente ese nombre cuando enseñó a sus seguidores a orar: “Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre”. (Mateo 6:9.)

De todo esto se destaca que obviamente es importante que conozcamos el nombre de Dios. ¿Conoce usted el nombre personal de Dios?

¿Cuál es el nombre de Dios?

Es cosa sorprendente el hecho de que para la mayoría de los centenares de millones de miembros de las iglesias de la cristiandad probablemente sería difícil el dar respuesta a esa pregunta. Algunos dirían que el nombre de Dios es Jesucristo. Sin embargo, Jesús estuvo orando a otra persona, y no a sí mismo, cuando dijo: “He puesto tu nombre de manifiesto a los hombres que me diste del mundo” (Juan 17:6). Estaba orando a Dios, que estaba en el cielo, como un hijo que habla a su padre (Juan 17:1). Era el nombre de su Padre celestial el que tenía que ser “santificado”.

Sin embargo, hay muchas Biblias modernas que no contienen el nombre, y rara vez se da uso a éste en las iglesias. Por eso, lejos de que sea “santificado”, ha sido un nombre perdido para millones de lectores de la Biblia. Para un ejemplo de cómo los traductores de la Biblia han tratado con el nombre de Dios, considere tan solo un versículo donde el nombre aparece: Salmo 83:18 (marcado 83:19 en algunas Biblias). He aquí como se vierte este texto bíblico en cuatro diferentes Biblias:

“Y reconozcan que te llamas Señor, que tú eres el Soberano de toda la tierra” (Nueva Biblia Española, de 1975);

“Y conozcan que tu nombre es JEHOVÁ; tú solo Altísimo sobre toda la tierra” (Versión Valera, impresión de 1934);

“Para que sepan que sólo tú tienes el nombre de Yahvéh, Altísimo sobre toda la tierra” (Biblia de Jerusalén, de 1967);

“Y conozcan que Tú, cuyo nombre es Yahweh, sólo Tú eres excelso sobre toda la tierra” (Bartina-Roquer, de 1971).

¿Por qué se ve tan diferente el nombre de Dios en estas versiones? ¿Es su nombre Señor, Jehová, Yahvéh o Yahweh, u otra forma similar? ¿O serán aceptables todas estas formas?

Para hallar la contestación a esto, tenemos que recordar que la Biblia no se escribió originalmente en español. Los escritores de la Biblia eran hebreos, y escribieron mayormente en los idiomas hebreo y griego de su día. La mayoría de nosotros no hablamos esos lenguajes antiguos. Pero la Biblia ha sido traducida a muchísimas lenguas modernas, y podemos usar estas traducciones cuando deseamos leer la Palabra de Dios.

Los cristianos respetan profundamente la Biblia y, como es correcto, creen que “toda Escritura es inspirada de Dios” (2 Timoteo 3:16). Por eso, el traducir la Biblia es una responsabilidad de peso. Si alguien cambia u omite deliberadamente parte del contenido de la Biblia, está cambiando o alterando la Palabra inspirada. A tal persona aplicaría la advertencia bíblica: “Si alguien hace una añadidura a estas cosas, Dios le añadirá a él las plagas que están escritas en este rollo; y si alguien quita algo de las palabras del rollo de esta profecía, Dios le quitará su porción de los árboles de la vida”. (Revelación 22:18, 19; vea también Deuteronomio 4:2.)

Indudablemente la mayoría de los traductores de la Biblia respetan la Biblia y sinceramente desean hacerla entendible en esta era moderna. Pero los traductores no trabajan bajo inspiración. Además, la mayoría de ellos tienen fuertes opiniones sobre asuntos religiosos y pueden hallarse bajo la influencia de ideas y preferencias personales. También pueden cometer fallas o errores de juicio humanos.

Por qué tenemos que conocer el nombre de Dios

“Todo el que invoque el nombre de Jehová será salvo” (Romanos 10:13). Con esas palabras el apóstol Pablo dio énfasis a lo vital que es para nosotros conocer el nombre de Dios. Su declaración nos devuelve a la pregunta que hicimos originalmente: ¿Por qué puso Jesús el ‘santificar’ el nombre de Dios en el mismísimo principio de su Oración Modelo, antes de muchos otros asuntos importantes? Para entender esto, tenemos que entender a mayor grado el significado de dos palabras claves.

Primero, ¿qué significa, realmente, la palabra ‘santificar’? Literalmente significa: “hacer santo”. Pero ¿no es santo ya el nombre de Dios? Por supuesto que sí. Cuando santificamos el nombre de Dios, no lo hacemos más santo de lo que es. Más bien, lo reconocemos como santo, lo ponemos aparte, lo tenemos en la más alta estima. Cuando oramos que el nombre de Dios sea santificado, esperamos con anhelo el tiempo en que toda la creación lo respete como santo.

En segundo lugar, ¿qué implica, en realidad, la palabra “nombre”? Hemos visto que Dios tiene un nombre, Jehová, y que su nombre aparece miles de veces en la Biblia. Hemos considerado, también, la importancia de restituir ese nombre a su lugar legítimo en el texto bíblico. Si el nombre no está allí, ¿cómo pueden cumplirse estas palabras del salmista: “Los que conocen tu nombre confiarán en ti, porque ciertamente no dejarás a los que te buscan, oh Jehová”? (Salmo 9:10.)

Pero ¿envuelve el ‘conocer el nombre de Dios’ simplemente un conocimiento intelectual de que el nombre de Dios en hebreo es YHWH, o, en español, Jehová? No; significa más que eso. Cuando Moisés estuvo en el monte Sinaí, “procedió Jehová a bajar en la nube y a estacionarse con [Moisés] allí y a declarar el nombre de Jehová”. ¿En qué consistió esta declaración del nombre de Jehová? En una descripción de sus cualidades: “Jehová, Jehová, un Dios misericordioso y benévolo, tardo para la cólera y abundante en bondad amorosa y verdad” (Éxodo 34:5, 6). Además, Moisés, poco antes de su muerte, dijo a los israelitas: “Yo declararé el nombre de Jehová”. ¿Qué vino después de esto? La mención de algunos de los magníficos atributos de Dios, y entonces un repaso de lo que Dios había efectuado con relación a Israel por consideración a Su nombre (Deuteronomio 32:3-43). Por eso, el conocer el nombre de Dios significa aprender lo que ese nombre representa, y adorar al Dios que posee ese nombre.

Puesto que Jehová ha conectado su nombre con sus cualidades, propósitos y hechos, podemos ver por qué la Biblia dice que el nombre de Dios es santo (Levítico 22:32). Es majestuoso, grande, inspirador de temor e inalcanzablemente alto (Salmo 8:1; 99:3; 148:13). Sí; el nombre de Dios es más que un simple rótulo. Lo representa como persona. No era sencillamente un nombre temporal que se hubiera de usar por un tiempo y entonces hubiera de ser reemplazado por un título tal como “Señor”. Jehová mismo dijo a Moisés: “‘Jehová [...]’ Éste es mi nombre hasta tiempo indefinido, y éste es el memorial de mí a generación tras generación”. (Éxodo 3:15.)

El hombre jamás eliminará de la Tierra el nombre de Dios, por más que se esfuerce por hacerlo. “‘Desde el nacimiento del sol aun hasta su puesta mi nombre será grande entre las naciones, y en todo lugar se hará humo de sacrificio, una presentación se hará a mi nombre, aun una dádiva limpia; porque mi nombre será grande entre las naciones,’ ha dicho Jehová de los ejércitos.” (Malaquías 1:11; Éxodo 9:16; Ezequiel 36:23.)

Como vemos, la santificación del nombre de Dios es mucho más importante que cualquier otra cuestión. Todos los propósitos de Dios están enlazados con su nombre. Los problemas de la humanidad empezaron cuando Satanás originalmente profanó el nombre de Jehová al llamarlo, por decirlo así, mentiroso e indigno de gobernar a la raza humana (Génesis 3:1-6; Juan 8:44). Solo cuando el nombre de Dios sea debidamente vindicado disfrutará la humanidad de liberación completa de los efectos desastrosos de la mentira de Satanás. Por eso los cristianos oran tan fervorosamente por la santificación del nombre de Dios. Pero hay cosas que ellos pueden hacer, también, para santificarlo.

¿Cómo podemos santificar el nombre de Dios?

Una manera de hacer eso es hablar a otras personas acerca de Jehová y señalar a su Reino mediante Cristo Jesús como la única esperanza de la humanidad (Revelación 12:10). Muchas personas están haciendo esto, en un cumplimiento moderno de estas palabras de la profecía de Isaías: “En aquel día ustedes ciertamente dirán: ‘¡Den gracias a Jehová! Invoquen su nombre. Den a conocer entre los pueblos sus tratos. Hagan mención de que su nombre está puesto en alto. Celebren a Jehová con melodía, porque ha obrado de manera sobresaliente. Esto se da a conocer en toda la tierra’”. (Isaías 12:4, 5.)

Otra manera es la de obedecer las leyes y mandatos de Dios. Jehová dijo a la nación de Israel: “Tienen que guardar mis mandamientos y ponerlos por obra. Yo soy Jehová. Y no deben profanar mi santo nombre, y tengo que ser santificado en medio de los hijos de Israel. Yo soy Jehová que está santificándolos”. (Levítico 22:31, 32.)

¿Cómo santificaba el nombre de Jehová el que los israelitas guardaran la Ley de Jehová? La Ley fue dada a los israelitas sobre la base de Su nombre (Éxodo 20:2-17). Por eso, cuando ellos guardaban la Ley, estaban mostrando debido honor y estima por ese nombre. Además, el nombre de Jehová estaba sobre los israelitas como nación (Deuteronomio 28:10; 2 Crónicas 7:14). Cuando ellos actuaban u obraban apropiadamente, esto redundaba en alabanza a Él, tal como el hijo que hace lo correcto trae honra a su padre.

Por otra parte, cuando los israelitas no observaban la Ley de Dios profanaban su nombre. Así, pecados como el ofrecer sacrificios a ídolos, jurar en apoyo de una mentira, oprimir a los pobres y cometer fornicación se describen en la Biblia como ‘profanar el nombre de Dios’. (Levítico 18:21; 19:12; Jeremías 34:16; Ezequiel 43:7.)

De manera similar, los cristianos han recibido mandatos en el nombre de Dios (Juan 8:28). Y ellos, también, están asociados con ‘un pueblo para el nombre de Jehovᒠ(Hechos 15:14). Por tanto, el cristiano que sinceramente ora: “Santificado sea tu nombre” santificará ese nombre en su propia vida mediante obedecer todos los mandatos de Dios (1 Juan 5:3). Esto incluiría también obedecer los mandatos dados por el Hijo de Dios, Jesús, quien siempre glorificó a su Padre. (Juan 13:31, 34; Mateo 24:14; 28:19, 20.)

La noche antes de su ejecución, Jesús dio realce a la importancia del nombre de Dios para los cristianos. Después de decir a su Padre: “Yo les he dado a conocer tu nombre y lo daré a conocer”, pasa a explicar: “para que el amor con que me amaste esté en ellos y yo en unión con ellos” (Juan 17:26). El que los discípulos aprendieran el nombre de Dios implicaba que personalmente llegaran a conocer el amor de Dios. Jesús había hecho posible que ellos llegaran a familiarizarse con Dios como el Padre amoroso de ellos. (Juan 17:3.)

El efecto de esto en usted

En el primer siglo, en una reunión celebrada en Jerusalén por los apóstoles y ancianos cristianos, el discípulo Santiago dijo: “Simeón ha contado cabalmente cómo Dios por primera vez dirigió su atención a las naciones para tomar de entre ellas un pueblo para su nombre”. ¿Pudiera usted identificarse con aquellos a quienes Dios saca para que sean un “pueblo para su nombre” si usted no usa ni lleva ese nombre? (Hechos 15:14.)

Aunque muchos vacilan en cuanto a usar el nombre Jehová, y muchos traductores de la Biblia lo dejan fuera de sus traducciones, por todo el mundo millones de personas han aceptado gustosamente el privilegio de llevar el nombre de Dios, de usarlo no solo en la adoración, sino en el habla cotidiana, y de declararlo a otros. Si alguien le hablara a usted acerca del Dios de la Biblia y usara el nombre Jehová, ¿con qué grupo religioso asociaría usted a esa persona? Hay un solo grupo en el mundo que usa el nombre de Dios con regularidad en su adoración, tal como lo hacían los adoradores de Dios de tiempos antiguos. Son los testigos de Jehová.

El nombre testigos de Jehová, que tiene base bíblica, identifica a estos cristianos como un ‘pueblo para el nombre de Dios’. Ellos se enorgullecen de llevar ese nombre, porque es uno que Jehová Dios mismo dio a los adoradores verdaderos. En Isaías 43:10 leemos: “‘Ustedes son mis testigos,’ es la expresión de Jehová, ‘aun mi siervo a quien he escogido’”. ¿De quiénes hablaba Dios aquí? Considere algunos versículos precedentes.

En los versículos 5 a 7 del mismo capítulo, Isaías dice: “No tengas miedo porque yo estoy contigo. Desde el naciente traeré tu descendencia, y desde el poniente te juntaré. Diré al norte: ‘¡Entrega acá!’ y al sur: ‘No retengas. Trae a mis hijos desde lejos, y a mis hijas desde la extremidad de la tierra, a todo el que es llamado por mi nombre y a quien he creado para mi propia gloria, a quien he formado, sí, a quien he hecho’”. En nuestro día, esos versículos se refieren al propio pueblo de Dios que él ha recogido de todas las naciones para que lo alaben y sean sus testigos. Así, el nombre de Dios no solo lo identifica a él, sino que también ayuda a identificar a Sus verdaderos siervos en la Tierra hoy día.

Las bendiciones que provienen de conocer el nombre de Dios

Jehová protege a los que aman su nombre. El salmista dijo: “Porque en mí ha puesto su cariño, yo también le proveeré escape. Lo protegeré porque ha llegado a conocer mi nombre” (Salmo 91:14). También los recuerda: “En aquel tiempo los que estaban en temor de Jehová hablaron unos con otros, cada uno con su compañero, y Jehová siguió prestando atención y escuchando. Y un libro de recuerdo empezó a ser escrito delante de él para los que estaban en temor de Jehová y para los que pensaban en su nombre”. (Malaquías 3:16.)

Así, los beneficios de conocer y amar el nombre de Jehová no se limitan solo a esta vida. Para la humanidad obediente Jehová ha prometido vida eterna en felicidad en una Tierra paradisíaca. David escribió por inspiración: “Los malhechores mismos serán cortados, pero los que esperan en Jehová son los que poseerán la tierra. Pero los mansos mismos poseerán la tierra, y verdaderamente hallarán su deleite exquisito en la abundancia de paz”. (Salmo 37:9, 11.)

¿Cómo será posible esto? Jesús dio la respuesta. En la misma Oración Modelo en que nos enseño a orar: “Santificado sea tu nombre”, añadió: “Venga tu reino. Efectúese tu voluntad, como en el cielo, también sobre la tierra” (Mateo 6:9, 10). Sí, el Reino de Dios en las manos de Jesucristo santificará el nombre de Dios y también traerá buenas condiciones a esta Tierra. Eliminará la iniquidad y quitará la guerra, el delito, el hambre, las enfermedades y la muerte. (Salmo 46:8, 9; Isaías 11:9; 25:6; 33:24; Revelación 21:3, 4.)

Usted puede disfrutar de vida eterna bajo ese Reino. ¿Cómo? Llegando a conocer a Dios. “Esto significa vida eterna, el que estén adquiriendo conocimiento de ti, el único Dios verdadero, y de aquel a quien tú enviaste, Jesucristo” (Juan 17:3). Los testigos de Jehová se deleitarán en ayudarle a adquirir ese conocimiento dador de vida. (Hechos 8:29-31.)

Esperamos que la información de este impreso lo haya convencido de que el Creador tiene un nombre personal que es muy precioso para él. Debe ser muy precioso para usted también. Nuestro deseo es que usted se dé cuenta de la importancia de conocer y usar ese nombre, especialmente al adorar.

Y que usted esté resuelto a decir como denodadamente dijo el profeta Miqueas hace muchos siglos: “Todos los pueblos, por su parte, andarán cada cual en el nombre de su dios; pero nosotros, por nuestra parte, andaremos en el nombre de Jehová nuestro Dios hasta tiempo indefinido, aun para siempre”. (Miqueas 4:5.)

Cómo puede usted encontrar la religión verdadera

1. Jesús fundó una sola religión cristiana verdadera. Por lo tanto, hoy día únicamente tiene que haber un grupo de adoradores verdaderos de Jehová Dios. (Juan 4:23, 24; Efesios 4:4, 5.) La Biblia enseña que son pocos los que andan por el camino estrecho que lleva a la vida. (Mateo 7:13, 14.)

2. La Biblia predijo que después de la muerte de los apóstoles se introducirían poco a poco en la congregación cristiana enseñanzas falsas y prácticas no cristianas. Habría hombres que arrastrarían a los creyentes tras de sí y los apartarían de seguir a Cristo. (Mateo 7:15, 21-23; Hechos 20:29, 30.) Por eso vemos tantas religiones distintas que dicen ser cristianas. ¿Cómo podemos identificar a los cristianos verdaderos?

3. Lo que más se destaca de los cristianos verdaderos es que tienen auténtico amor entre sí. (Juan 13:34, 35.) No se les ha enseñado a considerarse superiores a las personas de otras razas o color de piel. Tampoco se les ha enseñado a odiar a la gente de otros países. (Hechos 10:34, 35.) De ahí que no tomen parte en ninguna guerra. Los cristianos verdaderos se tratan unos a otros como hermanos y hermanas. (1 Juan 4:20, 21.)

4. Otra marca identificadora de la religión verdadera es el profundo respeto que sus miembros profesan a la Biblia. La aceptan como la Palabra de Dios y creen lo que dice. (Juan 17:17; 2 Timoteo 3:16, 17.) Para ellos, la Palabra de Dios es más importante que las ideas o costumbres humanas. (Mateo 15:1-3, 7-9.) Procuran regirse por ella en su vida cotidiana. Así que no predican una cosa y practican otra. (Tito 1:15, 16.)

5. Los que practican la religión verdadera también tienen que honrar el nombre de Dios. (Mateo 6:9.) Jesús dio a conocer el nombre de Dios, Jehová, y los cristianos verdaderos deben hacer lo mismo. (Juan 17:6, 26; Romanos 10:13, 14.) ¿Quiénes son los que divulgan el nombre de Dios en su vecindario?

6. Los cristianos verdaderos tienen que predicar el Reino de Dios. Jesús lo hizo. Él siempre hablaba acerca del Reino. (Lucas 8:1.) Además, mandó a sus discípulos que predicaran ese mismo mensaje en toda la Tierra. (Mateo 24:14; 28:19, 20.) Los cristianos verdaderos creen que lo único que traerá verdadera paz y seguridad a la Tierra es el Reino de Dios. (Salmo 146:3-5.)

7. Los discípulos de Jesús no son parte de este mundo malvado. (Juan 17:16.) No se mezclan en las cuestiones políticas ni en las controversias sociales del mundo. Evitan la conducta, las prácticas y las actitudes perjudiciales que son comunes en el mundo. (Santiago 1:27; 4:4.) ¿Conoce usted algún grupo religioso en su vecindario que posea estas marcas identificadoras del cristianismo verdadero?

Creencias y costumbres que no agradan a Dios

1. No todas las creencias y costumbres son malas. Pero Dios no aprueba las que provienen de la religión falsa o contradicen las enseñanzas de la Biblia. (Mateo 15:6.)

2. Trinidad: ¿Es Jehová una Trinidad, es decir, tres personas en un solo Dios? No. Jehová, el Padre, es “el único Dios verdadero”. (Juan 17:3; Marcos 12:29.) Jesús es Su Hijo primogénito, y está subordinado a Dios. (1 Corintios 11:3.) El Padre es mayor que el Hijo. (Juan 14:28.) El espíritu santo no es una persona; es la fuerza activa de Dios. (Génesis 1:2; Hechos 2:18.)

3. Navidad y Pascua Florida: Jesús no nació el 25 de diciembre, sino alrededor del 1 de octubre, una época del año en la que los pastores cuidaban sus rebaños al aire libre por la noche. (Lucas 2:8-12.) Jesús nunca mandó a los cristianos que celebraran su nacimiento. Lo que sí les dijo que conmemoraran, o recordaran, fue su muerte. (Lucas 22:19, 20.) La Navidad y sus costumbres provienen de religiones falsas de la antigüedad. Lo mismo puede decirse de las costumbres de la Pascua Florida, como las que se relacionan con los huevos y conejos de Pascua. Los primeros cristianos no celebraban la Navidad ni la Pascua Florida, ni tampoco lo hacen los cristianos verdaderos de la actualidad.

4. Cumpleaños: Las únicas dos celebraciones de cumpleaños que se mencionan en la Biblia corresponden a personas que no adoraban a Jehová. (Génesis 40:20-22; Marcos 6:21, 22, 24-27.) Los primeros cristianos no celebraban cumpleaños. Esa costumbre proviene de las religiones falsas de la antigüedad. Los cristianos verdaderos hacen regalos y pasan buenos ratos juntos en otras ocasiones durante el año.

5. Temor a los muertos: Los muertos no pueden hacer ni sentir nada. Nosotros no podemos ayudarlos, y ellos no pueden hacernos daño. (Salmo 146:4; Eclesiastés 9:5, 10.) El alma muere; no continúa viviendo después de la muerte. (Ezequiel 18:4.) Pero a veces ángeles inicuos, llamados demonios, se hacen pasar por los espíritus de los muertos. Toda costumbre relacionada con temer o adorar a los muertos es incorrecta. (Isaías 8:19.)

6. Cruz: Jesús no murió en una cruz, sino en un poste o madero. La palabra griega que en muchas Biblias se traduce “cruz”, se refiere a una sola pieza de madera. El símbolo de la cruz proviene de religiones falsas de la antigüedad. Los primeros cristianos no utilizaban ni adoraban la cruz. Por lo tanto, ¿cree usted que estaría bien utilizar una cruz en nuestra adoración? (Deuteronomio 7:26; 1 Corintios 10:14.)

7. Quizás sea muy difícil abandonar algunas de esas creencias y costumbres. Tal vez haya parientes o amigos que traten de convencerle de que no cambie de creencias. Pero agradar a Dios es más importante que agradar al prójimo. (Proverbios 29:25; Mateo 10:36, 37.)